Confianza.

(Carta en el periódico HOY, 27-05-2012)

Cuidado, señores banqueros. Cuando ustedes cuentan con rapidez vertiginosa un fajo de billetes,  no sólo  pasan  por sus manos unos papeles con unos grabados. Van en ellos muchas historias humanas de esfuerzo y muchos sueños de futuro para nuestros hijos.  Las personas que les entregamos nuestros  ahorros conseguidos con muchas horas de trabajo y con no pocas privaciones lo hacemos por la confianza que nos inspiran sus empresas. Esa confianza es la base de su negocio y de nuestra tranquilidad.

Aunque a algunos de ustedes, de sus consejeros y gestores  les sea muy fácil ganarlo con  remuneraciones e indemnizaciones que producen estupor,  a la mayoría nos ha costado mucho esfuerzo conseguir lo poco que tenemos. Confiamos en su prudente gestión para la salvaguarda de nuestros intereses, que no está reñida con el incremento de sus beneficios, pero no dilapiden esa confianza con aventuras de filibustero, ni envites de tahúr.

Con el  trabajo y el sacrificio de tanta gente no se puede jugar irresponsablemente. Están resquebrajando la piedra angular del sistema y el edificio se nos puede venir  abajo a todos.

El busto es mío.

¡Qué prestante y altiva delantera,

ajustada  picuda y prominente

llevada con  frescura de insolente

tras el suéter ceñido a la pechera!

Exuberante, bella y   placentera

presenta credencial tan imponente

que el canal que divide la vertiente

es sima que si vértigo sufriera

nadie salvaría de la caída

al mozo que al cruzarse por la acera

escruta el busto con tan gran fijeza

que si con la mirada se comiera

no tendría  apetito  en esta vida

que  no fuera saciado con largueza.

Dualidad.

¿Eres tú ese guiñapo  que araña con su imagen el azogue?

¡Pobre idiota, beodo y triste en la soledad de tu guarida!

¿Eres éste o aquél?

¿Esqueleto de sombras o el compuesto y esforzado que recita su papel?

¿El de rostro descompuesto y mirada extraviada o el de risas y licores  adornados de oropel?

Estallaron las burbujas de la noche y los brillos deslumbrantes se apagaron.

Despojado de lo puesto, aquí no caben trucos.

La soledad te desnuda y te delata. El espejo te devuelve esta imagen de  fantoche.

Un cero al infinito, evanescente efímero y caduco.

Una vela

Se fue la luz.

En las pupilas  dilatadas de los  niños

se refleja  la llama vacilante de la vela

que lanza sobre las paredes

deformadas siluetas fantasmales.

Es una noche de invierno.

Sentados en la camilla

la abuela les narra un cuento

y el miedo los arracima

con las personas mayores.

Preguntan con voz quebrada

sobre qué pasó después.

Ya en la cama sueñan sombras

recobradas a la vida.

Mil enemigos deformes

acuden a su captura

desde el fondo de la noche.

Al sollozo de la angustia

la  madre acude a su lado

para quitarles el miedo

y ahuyentar la pesadilla.

Achares.

 

 

 

 

 

Ya podría tener el alma llena

por ofensas de memos intentadas

 y estarían las cestas rebosadas

y desbordado mi ánimo de pena.

Lo que consigue su conducta obscena

es amargar sus vidas limitadas

por  profundas envidias amargadas

sin obtener provecho ni alacena.

Reserven  para sí todas sus  ganas

y no gasten en mí sus energías

pues  sólo sacarán cáscaras  vanas

sin quitar   a mi vida lozanías

ni conseguir  más luz a sus mañanas

aunque empeñen en ello celo y días.

Octava soñada.

 

Al  medio del rastrojo en plena siesta

llegué  por  suaves lomas onduladas

de veredas, caminos y floresta.

 Los bordes de babosas remojadas

me conducen al fondo en forma presta

por cálidas paredes sonrosadas.

 Y envuelto el goce en suaves humedeces

fluyo y voy como el agua entre los peces.

Agradecimiento.

Carta al periódico HOY (7-5-2012)

 

Gracias a todos  los que han puesto su granito de arena para que, a este paso, recuperemos las más ínclitas y enraizadas tradiciones españolas que nunca debieron perderse.

Volveremos a disfrutar de  la ilusión que producía a las familias recibir aquellas cartas que llegaban por avión con rayas rojas y azules en los bordes y que traían noticias de los padres de familia desde Alemania, donde contaban qué buenas estaban las cervezas y las salchichas  de allí.

Gracias por impulsar  la convivencia familiar como en los tiempos en que  escuchábamos radio Andorra y a Alberto Oliveras en la cadena Ser  con  “Ustedes son formidables” al calor de brasero de picón. Ya está bien  tanto salir de casa  de copas y comilonas.

Gracias también por  favorecer la probable vuelta de los carburos, quinqués y velas que han propiciado desde tiempo inmemorial  las conversaciones familiares en un  ambiente intimista.

Por llenar las  acogedoras  solanas de parados con gorras viseras y manos en los bolsillos,  típica estampa sureña.

Por adornar las calles de nuestros pueblos y ciudades con   letreros de “Se vende” porque nos recuerda los años sesenta  cuando se podían comprar casas y solares  sólo con pagar la contribución atrasada que no podían saldar sus dueños.

Porque se volverá a utilizar la  técnica del remiendo y el zurcido que tan bien hacían nuestras abuelas metiendo un huevo de madera dentro de los calcetines  y que los jóvenes de hoy no tienen ni idea de su práctica desde que las cátedras ambulantes de la Sección Femenina dejaron de visitar nuestros pueblos.

Por reducir el número de jóvenes que puedan estudiar una carrera con  beca. Los que no la consigan y  puedan que  se la paguen y el resto que abandone los estudios, que también hace falta mano de obra sin cualificar.

Gracias  por ayudarnos a recuperar nuestras raíces y nuestra idiosincrasia,  que han sido envidia y asombro de  extranjeros.

Canas.

Las pavesas de los años,

copos que el tiempo desgrana,

siembran tu pelo de canas,

lentamente y en silencio.

Un día notas las primeras hebras,

pequeñas veredas albas

entre la  espesura negra.

Montan su base en las sienes

y desde allí escalarán

sin grandes dificultades

las empinadas paredes

de tu  noble calavera.

Su peso blanco te encorva

y baja tu mirada al suelo.

¡Oh altanería vencida

por tan sigilosa albura!

Lluvia en la madrugada.

La lluvia criba el silencio de la noche

con sonido de abejas rumorosas.

El viento columpia  sombras 

en los cables del tendido

y se rasga en  las cornisas

con  afilados silbos.

Fustas acuosas azotan paredes y ventanas.

Me regodeo 

en el cálido confort que me rodea.

Mi  imaginación  vuela

sobre  prados, oteros y cañadas…

y, a lomos del aire, llego a la sierra

sosteniendo el vuelo

como el águila planea.

A lo lejos el pueblo,

entre  oblicuas cortinas de  agua

y fanales de luz.

Alameda mojada en la ribera,

profunda negrura,

ruidoso ramaje.

Ulula el viento por las  oquedades de la noche.

Mi imaginación regresa a su morada,

al dulce cobijo de la cama.

Fuera caen sobre el suelo las canales.

Dedicatoria de Joaquín Calvo.

Este soneto me lo dedicó mi amigo Joaquín Calvo Flores , excelente y laureado poeta, con motivo de mi jubilación.

Un soneto me manda tu amistad

porque tu alma es soneto bien medido

y en ella tus alumnos han bebido

del agua de la ciencia y la verdad.

Y en él quiero cantar tu puerta abierta,

tu abierto corazón,  tu vasta frente

donde fundes pasado con presente

por donarnos mil oros de tu huerta.

Y ayer en aula,  y hoy en tiempo tuyo,

y siempre en bicicleta cabalgando

-niño en alma, sí, el mismo que denantes-

nos das del río interno su murmullo

en cartas al diario, y vas mezclando

minucioso Azorín, fresco Cervantes.