Luna llena

La luna llena levantó su vuelo,
desde el regazo acogedor del monte,
bola amarilla sobre el horizonte,
hasta la cima cóncava del cielo.
Manto y mimo, acaricia las espigas
a la hora de las ranas y los grillos
cuando baña tejados con sus brillos
y descansa el labriego sus fatigas.
Entre turbias encinas un sendero
sobresale con suave luz de harina
en este anochecer del mes de mayo.
En el lienzo violáceo, el lucero
destaca su rejón como una espina
y el sol deja la estela de un desmayo.

Muerte callada

Los últimos días lloraba a solas,
un llanto silencioso de almohadas.
De sus labios, secos de llanto y rezos
salió una despedida,
reproche oculto y claro desengaño.
Articuló sus últimas palabras
con voz quebrada:
” Yo ya no me levanto más,
que venga a mí la muerte cuando quiera”.
Así se fue,
así se la llevaron
una tarde de tantas,
como aquellas, cuando zurcía penas
detrás de la puerta entornada.

El cuerpo en las manos

En julio, de calor seco y cansino,
con luz que ciega y quema los rastrojos,
perdió el verde que el mar puso en sus ojos,
oasis a esta altura del camino
que, por dulce, querido y por divino
frescura y juventud, mofletes rojos,
tornaron a la tierra ya de abrojos
en lozano vergel y repentino.
Con el ánimo en paz, aunque aturdido,
– ¿fue un sueño, una quimera, una utopía? –
volvió la vista atrás agradecido.
Sintió cómo en sus manos aún latía
el cuerpo tantas veces recorrido
que nadie nunca más le quitaría.

Caminos

Tras el arco de verde honor trenzado,
que grata sombra al caminante ofrece,
la luz a bocanadas aparece
con un cielo de azules coronado.
Siguiendo el caminar, en la hondonada,
un arroyo entre adelfas espejea
y en la montaña el águila planea
en la quietud del tiempo abandonada.
A veces el camino son veredas,
trochas, desfiladeros o cañada.
Bajo el éter azul con blancas nubes,
caminas por dehesas y alamedas
y ahincando el paso a la colina subes
entre escarpados riscos y roquedas

Armonía

Las amapolas son la espuma roja
de las olas del mar de los trigales.
Los senderos, corrientes naturales
que el corazón de la dehesa aloja.
El mismo viento que en la mar arroja
bajeles al abismo en temporales
furiosamente azota matorrales
y al tronco de sus ramas lo despoja.
Islas son los pequeños pegujales,
las espigas dobladas, mar rizada
que acaricia la brisa de poniente.
Tierra y mar, tan opuestos, pero iguales
en la bella armonía no captada
que rige el universo desde siempre.

Fuente del Arco

 

A sus pies amplias dehesas,

Fuente del Arco, patena,

crisol de Sierra Morena

donde el sol hace promesas.

El agua en sus manantiales

canta nanas de voz clara

para la virgen del Ara

con arrullos celestiales.

Orgullo de Extremadura,

la mina de la Jayona

y la ermita a su patrona,

magia de luz y hermosura.

Quien siempre va conmigo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo, cuando estoy mejor es cuando yago,

en la grata acepción de estar tendido.

No sea usted mal pensado, buen amigo,

pues no es goce carnal que satisfago.

 

En dulce duermevela, feliz vago,

hablo con el que siempre va conmigo,

ese complementario con quien sigo,

me entiende y no me exige ningún pago.

 

Lo dejo abandonado cuando el sueño

me lleva de su mano al otro lado,

donde todo se vuelve fantasía.

 

Y aguarda, siempre fiel, siempre risueño

mi vuelta, sin pesar y sin enfado,

para seguir la charla en compañía.

Corona de laurel

 

A lo lejos, la gloria de la cima.

¿Cuántos recodos quedan al sendero?

¿Cuánto peligro acecha traicionero

antes que la congoja el pecho oprima?

 

El justo premio a tanto esfuerzo anima,

hace nuestro penar más llevadero,

el andar, con tal fin, asaz ligero

y el ánimo exultante con la estima.

 

Así vamos, etapa tras etapa,

un poco más allá, como que escapa

al inmediato alcance nuestra meta

 

por afán de tenerla ya completa,

mas, por mucho que tarden nuestras mieles,

coronarán las testas de laureles.

Zapatero, a tus zapatos.

 

 

 

 

 

 

 

No te afanes ni sufras por librar

batallas que no deben importarte,

a no ser por justicia o caridad,

que tal  razón merece empeño aparte.

Fijada la excepción, en lo demás,

ni metas las narices ni te muestres

falsamente afectado de pesar

porque ni lustre obtienes ni mereces.

Si por fija obsesión de tal actúas

no te extrañes si airados te responden

que limpies bien tu casa de basuras

antes que  tus pies ajen predio extraño,

pues en el  propio cada cual conoce

dónde colgar candil  y guardar paño.

 

 

 

Sé prevenido.

tempestad-en-el-mar-por-la-noche-ivan-ayvazowsky
(Tempestad en el mar por la noche de Iván Aivazovsky)
Súbito vendaval e inesperado
sorprendió a mi velero sin  anclaje,
y al albur de inclemencias mi equipaje
por taludes y simas despeñado.
Más estragos sufrí por ser confiado
que los que provocó el turbión salvaje
y extraída lección y aprendizaje
surtiré para el próximo tornado.
Que la calma presente no previene
providencias de nuevas singladuras
y dejar las espaldas inseguras,
blanco ofrece al rival y no conviene,
pues habrá  quien de cañas haga lanzas
y convierta amistad en asechanzas.