
Me contaba hace unos días el alcalde de Casas de Reina, Fernando Gallego, que el bar del Hogar del Pensionista de su pueblo había cerrado y que estaban a la espera de una nueva licitación para adjudicarlo. Era el único que permanecía abierto, con lo que el pueblo se quedaba sin un local donde reunirse y echar un rato de charla, tomar unas copas o jugar una partida con los amigos.
Es un hecho que viene sucediendo estos últimos años en las localidades pequeñas. Haciendo números, no es rentable mantenerlo todo el año para tan pocos clientes. Apunta como una posible solución que se rebaje la cuota a los autónomos, pues no es comparable un negocio aquí que otro en una ciudad.
La Junta de Extremadura, en un intento de frenar la despoblación, ha puesto en marcha el programa ‘Yo Repueblo’, en una de cuyas líneas de actuación se contempla la posibilidad de solicitar ayudas para cubrir los gastos ordinarios en entidades de menos de trescientos vecinos. Un fogonazo temporal que después se apaga, mientras sigan igual las circunstancias socio económicas.
Me refería también que la escuela está cerrada y que los alumnos tienen que asistir al CRA (Centro Rural Agrupado) de Fuente del Arco, donde oficialmente les corresponde, aunque algunos padres los llevan a Llerena por sus propios medios.
Es triste un pueblo sin colegio. Los niños y niñas son la savia que los renueva. Alegran las calles con sus idas y venidas. La escuela es el corazón que los impulsa. Sus juegos y sus voces a la hora del recreo son la señal de que el pueblo sigue vivo y su corazón latiendo.

Estos cierres son el preludio de una muerte anunciada. Si no se le pone remedio, los pueblos pequeños desaparecerán. Para que las personas se establezcan en ellos tienen que vislumbrar un futuro que los atraiga. Y eso lo da tener un trabajo del que vivir. El problema, como siempre, tiene raíces económicas. Si no existen las necesarias, las demás solo son parches. Pan para hoy y hambre para mañana.
Casas de Reina, con sus doscientos siete habitantes, aparte de tener en su término el emblemático teatro romano, donde cada año se celebra el Festival de Regina, que ya va por su vigésima primera edición, tiene personas emprendedoras, que crean riqueza y le dan fama y lustre en actividades como la cárnica, restauración y carpintería, gestionadas por excelentes profesionales. Hay que crear condiciones para atraer y que no se vayan los que están. Una de estas empresas de embutidos y jamones ha conseguido con esfuerzo y dedicación crecer y crear puestos de trabajo. Quieren ampliar su actividad y renovar sus instalaciones y maquinaria, intención no exenta de dificultades y trámites administrativos, que, por aquí, en este rincón de la Campiña Sur, sin tejido industrial variado, no es fácil. Pero merece la pena intentarlo. Mucho ánimo.


















