Manos a la obra

En el hogar ardían lentamente los troncos de encina en las noches de invierno con un juego de lenguas sinuosas y una paleta de colores naranjas, azules y amarillos. La cocina era la sala de máquinas de la casa.

Cada rincón, cada esquina fue llenando nuestras vidas de vivencias que ahora de mayores añoramos. El patio con macetas, el corral con el pozo donde se reflejaban las estrellas en la cuba del brocal en las noches de verano. El zaguán de visitas rápidas y maceta de aspidistra tras la puerta entornada de la calle.  La alacena con ventana calada de celosías triangulares.  El dormitorio de sueños y desvelos.  La mesa del espacioso salón en el que cada uno tenía asignado su sitio y el hueco irremplazable que dejaban los que se iban.

Cada parte de nuestros hogares dejó huellas en la memoria que evocamos con nostalgia.

La casa es el lugar donde el cuerpo descansa y la mente se relaja. Donde se ponen en orden las ideas y se planifican proyectos.  El refugio que da calor y protección, al que anhelamos llegar si nos lastiman los zapatos o del que nos pesa haber salido si alguien nos está dando la tabarra. En ella nos libramos de los corsés, abalorios y aderezos que nos imponen las normas sociales de convivencia.

También los animales buscan protección en sus madrigueras, vivares, cubiles, cuevas, nidos … cuando se encuentran en peligro.

Hasta el famoso y entrañable extraterrestre ET, creado por Steven Spielberg, pidió ayuda para regresar a la suya.

Me contó un sacerdote ya fallecido, compañero de estudios y amigo desde entonces, que un día estaba consolando a una viejecita en el tramo final de su vida diciéndole que no estuviera triste porque en la casa del Padre iba a estar mucho mejor. Pero la mujer no tenía muchas ganas de emprender el viaje y le respondió que ella donde estaba realmente a gusto era en la suya, con sus tardes de visillo, sus enagüillas y su brasero, viendo pasar a la gente por la calle. Y sin negar futuras   glorias, de momento, las encontraba más placenteras entre las cuatro paredes de su hogar.

El refranero español lo resume de manera clara: “En su casa hasta el culo le descansa”.

Por muy impersonales que nos parezcan desde el exterior, por muy parecidas que sean a colmenas, cuando la luz natural se va y se encienden las artificiales, las de cada piso de los grandes bloques en las ciudades, son un hogar que cobija sentimientos y los que los habitan se sienten protegidos de hostilidades e inclemencias.

A ver si los poderes públicos, estatales, autonómicos y municipales reman en la misma dirección y ofrecen a la ciudadanía algo más que trifulcas entre ellos. La vivienda es un bien esencial para los ciudadanos. Menos promesas incumplidas, menos acrecentar las narices de Pinocho y más manos a la obra.

Honradez e incongruencias

Hay personas que tienen autoridad moral entre sus vecinos por coherencia entre sus actos y sus palabras. No depende del cargo ni del oficio que desempeñan. Tampoco de nombramientos en boletines oficiales. La reputación se gana a lo largo de los años. A tales personas acuden los que los conocen en busca de consejo cuando tienen un problema o van a emprender un negocio y tienen dudas sobre la viabilidad del mismo.  Ese prestigio se refleja en la forma en que los paisanos se refieren a ellos.  No es lo mismo nombrar a un individuo como Juanillo que como señor Juan, o tío Juan, como decimos en mi pueblo. No hace falta el don, que es más distante.

Sin embargo, ese poder de influencia puede venirse abajo como un castillo de naipes en poco tiempo. El refranero, igual que en otros casos, tiene el veneno y el antídoto. La buena fama sube por escaleras y baja en ascensor, como el precio de los combustibles, pero a la inversa. El dicho de cría fama y échate a dormir, es muy relativo. No dura para siempre.

En los juegos de cartas el tahúr queda en evidencia cuando en una partida lo pillan en un renuncio. Con una acción fraudulenta dilapida su crédito y el resto de jugadores empieza a dudar de él y a vigilarlo de cerca.

Por el contrario, la coherencia, libre de contradicciones, ha llevado a algunos hombres y mujeres a sufrir prisión y hasta pagarla con la vida. Honor y gloria a ellos.

 La historia es maestra de la vida, en expresión de Cicerón, y la forma de ser de los humanos es más duradera que las modas. Encontramos ejemplos de ilustres personajes que de la cima de la estimación pública cayeron en el desprestigio. Julio César, de la gloria del imperio a morir apuñalado por un grupo de senadores. María Antonieta, reina consorte de Luis XVI, de los aduladores fastos cortesanos al afilado acero de la guillotina.

En el ejercicio de la actividad política hay multitud de contradicciones entre lo que se promete y lo que se hace. Las hemerotecas producen vergüenza ajena y deberían provocar la propia, cuando se les echa un vistazo. Hay actividades en que lo coherente es la incoherencia.

Considerar a alguien adalid de la integridad y ser sorprendido en un renuncio es demoledor. Queda el recurso de aquel clérigo: Haced lo que yo os diga, no lo que yo haga.

Pero habría que ver si los que jalean las caídas de los referentes no son también merecedores de la misma reprobación social.  El que esté libre de culpa que tire la primera piedra. La condición humana, con sus miserias y grandezas, repite comportamientos recogidos desde hace siglos en las obras de eminentes escritores. Nada es nuevo. Pero necesitamos creer en la esperanza de que al menos habrá diez justos en la ciudad para evitar otra Sodoma.

Leer y escribir

 

Los de mi generación empezamos a leer y escribir con el Método de Rayas, guiándonos con el dedo índice a modo de linterna para no perdernos entre letras y sílabas en una actividad tan novedosa para nosotros. Era el comienzo de una alucinante aventura exploratoria por el maravilloso mundo de la lectura y escritura.

Con él comenzamos a descubrir el mundo que nos rodeaba y a desarrollar nuestra imaginación con la llave que abre las puertas de todos los demás conocimientos. No vale alegar que se es de letras o de ciencias.

Antes de empezar a estudiar el sistema métrico decimal hay que saber qué significan cada una de esas tres palabras y antes de profundizar en cualquier materia hay que tener la seguridad de que los cimientos están preparados para soportar el peso y la complejidad de las estructuras del lenguaje.  Una comprensión deficiente dificulta, si no imposibilita los avances.

Los primeros cursos de la Educación Primaria son fundamentales. No debe haber prisas por terminar el temario, como si en ello fuese el éxito del desempeño docente. En esos niveles el objetivo es fortalecer las herramientas que dan acceso a la cultura. Una vez conseguido habrá tiempo de profundizar y ampliar las ramas del saber. En una época se abusó de las fichas, del verdadero o falso, de las cruces, de rodear la respuesta… El mínimo esfuerzo. Pero la lengua en sus vertientes comprensiva y expresiva necesita sosiego y tiempo para sedimentarse y afianzarse.

Los comentarios de textos, adaptados a los niveles y edades, han sido una herramienta muy provechosa.

Descubrir el contenido implícito y explícito de un texto. Subrayar, resumir, ampliar; exponer oralmente y por escrito. Extraerle el corazón y analizarlo.

Comenzamos a hacer composiciones y comprobamos lo difícil que es expresar lo que queremos decir y mucho más lo que sentimos.

La llegada de los ordenadores a la enseñanza pareció la panacea y las Comunidades rivalizaban por ser las primeras y mejor dotadas.  Se poblaron las aulas de pantallas. Hoy nos devuelven nuestra imagen con los ojos cansados de mirar en el fondo del abismo. Son útiles, pero nos distrajimos observando al dedo y no al objetivo que señalaban. Las máquinas no sustituyen el fruto del esfuerzo. Ya ha sonado la voz de alarma con la IA. Puede volverse en nuestra contra. Por lo pronto nos  hace más vagos y dependientes.

De la expresión oral, siempre he admirado a los naturales de los países hispano americanos por la riqueza de su vocabulario y la forma de expresarse. Si antes era la pata coja de nuestra enseñanza, ahora con la comunicación tecleada nos hemos ido convirtiendo en mudos que sustituyen palabras por emoticonos.

Esfuerzo y lectura son los dos pilares que el informe Pisa ha descubierto con fallos en la base. Difícil arreglo al que no ayuda el cambio de leyes educativas y la falta de acuerdo de los gobernantes.

Septiembre de nuevo

Mientras observamos el horizonte en una plácida tarde de estos días de septiembre, el planeta tierra, en el que tenemos posada y amplia ventanilla panorámica, viaja por el espacio a 108.000 km/hora alrededor del sol y a 1.670 km por hora sobre sí mismo, sin que por tal motivo se nos mueva un pelo.

Nos dirigimos ahora hacia el equinoccio de otoño, donde el sol dará perpendicularmente sobre el ecuador y se igualará la duración de los días y las noches, para seguir después, con progresiva inclinación de su eje, aumentando las horas de oscuridad y mermando la luz de los días.

Se va el verano. Las celebraciones en honor de santos, como san Miguel y san Mateo, ubicadas en fechas de finalización de cosechas y tratos de ganados, lo despiden. Agosto nos trajo un eclipse de sol, otro de luna y mucho humo.  Una alineación que volverá a repetirse el próximo año. El universo sigue su marcha sincronizada, ajeno a las miserias de los pobladores de este minúsculo lugar dentro de la Vía Láctea.

A pesar de la pequeñez, algunos machos alfa se crecen.  Golpean sus pecheras con los puños cerrados y lanzan gritos de poder para mostrar su dominio sobre lo propio y lo ajeno.

África llama a las puertas de Europa en la aldaba de las olas.  Los autócratas de sus países subdesarrollados son incapaces de ofrecerles alternativas dignas para que no huyan en desbandada buscando una vida mejor.  Además del efecto llamada que pueden originar las leyes, el desequilibrio económico estructural y la atracción que provocan las imágenes de este Dorado con deportistas de élite originarios de esos países, que han alcanzado la tierra de promisión y la riqueza, alimentan sus ansias de huir de sus miserias.

Los incendios han provocado la pérdida de miles de hectáreas de pastos, arboledas, viviendas y algunas vidas humanas en este “trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín”. El año que viene, si no se ponen bocas en las hierbas y cortafuegos en los montes volveremos a las quemadas.

En esta vuelta a empezar que supone el mes de septiembre, afilan sus navajas los verdugos mientras enseñan con falsas sonrisas, dentaduras relucientes dispuestas al bocado.

En España volverán los niños a las escuelas, los jóvenes a los institutos y a las universidades. Los trabajadores a sus labores.

Se añoran otros meses de septiembre. Los aromas de los membrillos sobre el topetón de la chimenea, cerca del almirez y de tazones de fina porcelana. El verdeo de la aceituna. Las uvas colgadas en racimos y los melones en redes de torvisca. La abuela hilando a la sombra del parrón, el gato a sus pies con jirones de sol sobre su pelo y la gallina cacareando en los corrales.  Por la calle se escucha a un vendedor pregonando acelgas, fruta fresca y perejil.  El mundo, en la paz de las rutinas.

Cálido verano

Con la misma cadencia que se suceden los veranos, lo hacen los consejos para sobrellevar las canículas y las noches tropicales. Dietistas, médicos y meteorólogos, aportan cada uno la parte de su ciencia para atravesar este desierto.

 Los psicólogos explican que el calor provoca irritabilidad y que un incidente puntual, como tropezar con la pata de la cama cuando nos levantamos de la siesta, puede provocar un alud de imprecaciones y juramentos dignos de mejor causa.

Hemos entrado en el tiempo en que el azul del cielo se enturbia de calimas y el aire se carga con plomo de solanos. En ese agobio que provoca la flama hay que echar mano de flema y como el calor no impide el pensamiento, conviene reflexionar ahora sobre las sensaciones de estos primeros seis meses del año. Un examen de conciencia, si es que nos queda. Analizar el poso que dejan los acontecimientos, sin móviles ni ordenadores, pero sí con la inteligencia que nos aportan nuestras neuronas y no la que nos muestra la manipulable inteligencia artificial.

Es muy complicado ser neutral y no perecer en el intento. Quizás los árboles no nos dejan ver el bosque. Es mi percepción, claro. Tengo la impresión de que nuestros representantes políticos están más ocupados en las disputas partidistas y su repercusión en los medios de comunicación que en los problemas de la vivienda, educación, sanidad e infraestructuras y que, cuando lo intentan, acaban como el rosario de la aurora o tirándose los candiles al culo.  Su lenguaje, con insultos personales, va camino de la jerga de los carreteros y de discusiones tabernarias de suburbio. Qué lejos de la oratoria razonada, de la fina e inteligente ironía de otros tiempos.

No es que no se respeten entre ellos, es que tampoco nos respetan a nosotros.

Si usted es una persona moderada, los exaltados lo acusarán de equidistante, de que no se compromete y si da una opinión que defienda o ataque a cualquier bando, acantonados en sus irreductibles posiciones, lo calificarán de facha, radical de extrema derecha o extrema izquierda. Ellos, siempre ellos, tan lejanos, se consideran a sí mismos como modelos de proceder, de estar en posesión de la verdad, en el lugar donde sus ideas son la piedra angular que sostiene el edificio del Estado.

Mal lo tendría un Adolfo Suárez en una situación como la actual. Quizás lo que sobre sean vísceras y hagan falta más cabeza y corazón.

Mientras pienso esto, echado sobre la cama, entra por una pequeña rendija de la ventana un rayo de luz hasta el suelo por donde cruzan motitas de polvo.  Fuera reina el silencio. En una difusa duermevela veo una mecedora donde un hombre dormita y una mujer con gafas de cerca zurce sentada en una silla. Otros tiempos. Que el verano nos traiga un poco de calma y lucidez. Hasta septiembre, si por bien es.

Cartas y carteros

Los carteros llevaban las cartas en una cartera grande de cuero grueso y duro con una amplia solapa para protegerlas de la lluvia, cierres de hebillas y una correa para colgarla al hombro. En su interior iban misivas de amor, de amistad, de luto en sus bordes negros o de cumplidas felicitaciones.  La escritura sale del corazón y, a través de la mano, se posa en el papel con la identidad irremplazable que a cada cual le aporta su caligrafía.

Cartas que sorprendían por inesperadas después de muchos años sin noticias o aliviaban la angustia si la espera se alargaba. Servían para salvar las distancias que separaban las orillas, como pasiles en los arroyos, para hacer más llevadera la ausencia y ahuyentar al olvido.

De enamorados que intercambiaban besos y promesas con corazones atravesados por flechas, de padres e hijos, de esposas y maridos, de amigos…

Tenían sus formulismos que abrían y cerraban el mensaje principal.  “Espero que a la llegada de esta os encontréis todos bien, nosotros quedamos bien, gracias a Dios”.  “Y tú, recibe un abrazo de este tuyo que lo es”.

Cartas que hacían llorar o reír. Casi siempre con algunas gotas de melancolía. Al cartero se le esperaba detrás de la puerta entornada o de los visillos, sabiendo la hora aproximada de su paso.

Los que no querían esperar a que pasase por su puerta acudían a la oficina, que era una habitación de la casa en que vivía, y aguardaban a que hiciese el apartado.  Consistía en agruparlas por calles. Nadie lo molestaba mientras tanto. Terminada su tarea entregaba a cada uno su correspondencia. O les presentaba las manos vacías con las palmas hacia arriba.

 Si antes se aguardaba su llegada con ilusión ahora, si lo ves pararse en tu puerta, se te ponen las orejas como conejo que escucha ruido. Las notificaciones de organismos administrativos (hacienda, catastro y tráfico, fundamentalmente) con acuses de recibo no suelen traer dádivas en su interior.

El servicio de correos, que tuvo antes gestión privada en manos de una familia de origen italiano, pasó a ser servicio público en el siglo XVIII, en 1716. Los primeros carteros comenzaron a repartir la correspondencia unos años después, en 1756. Al principio no existían muchos medios de transporte, así que entre localidades se utilizaban caballos para este menester.

Los emisarios utilizaban una clase de corneta, que tocaban para reunir a los vecinos en los lugares de reparto. Tiene el nombre de cornamusa y ha pasado a ser componente fundamental del logotipo actual de correos, diseñado en 1977 por José María Cruz Cubillo.

Ya no se escriben cartas. Los medios tecnológicos han reducido el intercambio postal al mínimo y Correos se ha ido adaptando a las demandas que piden los tiempos.

Las abreviaturas y los emoticonos, como la grama, han inundado la besana de la caligrafía. No nos queda otra que acostumbrarnos a ellos.

Otras Semanas Santas

Nuestras primeras Semanas Santas fueron de vigilias, matracas, bulas de la santa cruzada, procesiones con dobles filas paralelas de hombres y mujeres y sermones de siete palabras que parecían setenta. Veníamos del chis y el dedo en los labios pidiendo silencio porque había muerto el Señor.

 Mayorales con trajes oscuros y calvas brillantes en los oficios de la tarde. Gente que llegaba de los cortijos al pueblo con el rostro curtido por el sol y un día reservado para confesar los pecados cometidos en el campo y en los chozos.

Las imágenes de los santos en la iglesia, tapadas con telas moradas.  Suaves ojeras lilas de mocitas bellas a la luz de las velas. Jubileos de beatas sacando almas del purgatorio con entradas y salidas al cancel. La solemne soledad de la madrugada del jueves al viernes velando al sagrario vacío.

A ese tiempo, a dos luces fusionado, lo llaman los entendidos nacional catolicismo, un ensamblaje en el que era difícil deslindar las competencias de las dos instituciones. Privilegio de presentación de cardenales y algunos prelados saludando brazo en alto.

Como no habíamos conocido otras, nos parecía que siempre fue así y así seguiría siendo. Quedaban todavía por suceder muchos acontecimientos para ir deslindando el mundo del César del de Dios.

De eso veníamos. Así que la primera vez que fui a una discoteca en un viernes santo, en los albores de la democracia, sentí una culpa difusa de no saber bien qué infracción estaba cometiendo, temor a verme sorprendido, como el niño de la enciclopedia Álvarez a punto de coger el caramelo de un tarro de cristal, sorprendido por la voz de la conciencia. Miraba de vez en cuando a la puerta por si entraban las fuerzas del orden a pedirnos la documentación.

Les refiero un caso como muestra de este solapamiento de competencias. Los quintos de aquel año, los nacidos en el cincuenta y uno, decidimos pedir permiso al que ejercía de alcalde para que nos dejara hacer baile el día de San José.  Vaya aprieto al que se vio abocado. Para no comprometerse ni desairarnos, nos dio una respuesta entre la de Salomón, partiendo en dos, y Pilatos, lavándose las manos. Por mí no hay impedimento, pero decídselo al cura.  Era tiempo de cuaresma y nunca antes habían dado permiso. Ni siquiera aquella vez en que le dejaron un gato colgado en la ventana: “Cura, curato, como no nos dejes hacer baile te verás como este gato”. Con estos antecedentes nos dirigimos a la casa parroquial con el argumentario preparado.  Le expusimos que el día de san José es como una isla dentro de la liturgia propia del tiempo de cuaresma.  Pero no hubo manera y los quintos de aquel año, como los de años anteriores, nos quedamos sin baile. Y nosotros, ‘unos sollozando y otros en silencio’, salimos sin saber quién era el que mandaba en el pueblo.

Derechos humanos

 

Día Internacional de los Derecho Humanos

Hoy, veinte de febrero, se celebra el Día Mundial de la Justicia Social. Su finalidad es concienciar sobre la equidad, la igualdad y los derechos humanos. La declaración de estos derechos fue promulgada por la ONU, institución venida a menos por la irrefrenable paranoia de algunos de sus miembros, y recoge en treinta artículos los civiles y políticos, como el derecho a la vida y la prohibición de la esclavitud y la tortura. Los económicos, sociales y culturales, entre los que se encuentran el derecho al trabajo, a la educación y a la salud. Son, por naturaleza, universales, inalienables, indivisibles e interdependientes. Total, casi nada. Son suficientes para sentar las bases sólidas de cualquier constitución que se precie.

Por defenderlos hay quienes han sido encarcelados, torturados y asesinados. En nombre de unas patrias se arrasan a otras patrias y en defensa de unas ideas se ataca a quienes piensan diferente.  Hay donde elegir la forma más mortífera de hacerlo. Escojan los estados y sus cloacas entre el variado surtido que ofrece el mercado para satisfacer las peticiones más exigentes. Drones, bombas de racimos, misiles, ojivas nucleares, infusiones de plutonio… Hasta alguna rana puede prestar servicios inestimables y discretos. Muestran la fuerza de sus razones en imponentes desfiles de alineados soldados. Tanques, camiones y cazabombarderos dotados de  los más modernos misiles nucleares constituyen la fuerza de sus razones ante la complacida y altanera mirada de los gobernantes de turno y su cohorte protectora, elevados a semidioses por la propaganda y el miedo que provocan.

Con el pretexto de la seguridad nacional se califica de traidores a quienes sólo son adversarios que se oponen a la barbarie de los que detentan el poder y se cuelgan medallas en las pecheras de los que son brazos ejecutores de sus atrocidades.

Han convertido los principios éticos en una interminable procesión de hipocresías donde lucen más los que llevan los varales y la compostura trajeada que la autenticidad de lo que se predica.

¿Son rojos o azules los derechos? ¿Diestros o zurdos?  ¿Grises, opacos o tintados?  Aunque algunos estados han llevado a sus constituciones estos principios, llegado el caso, saltan sobre ellos como banderillero la barrera de la plaza, perseguido por el toro o limpiamente los eluden como un saltador de pértiga el listón. Al fin y al cabo, el papel es muy sufrido y no se queja.   

Al rey absolutista Luis XIV de Francia (el Rey Sol) se le atribuye la frase “El Estado soy yo”. La soberanía, el poder y la justicia emanaban de su persona. Hoy no hay soles para tantos gerifaltes.

Nuestro planeta se está convirtiendo en lo que dice la letra del tango Cambalache: “Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé… vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos… Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador…”

 

Progresistas

 

Si en una encuesta nos preguntaran si somos partidarios del progreso, una gran mayoría de los encuestados respondería que sí. Siempre hay que dejar un margen para los que piensan que se vivía mejor en las cavernas.

El problema está a nivel lingüístico porque el adjetivo que califica a los que así piensan ha sufrido desviaciones semánticas que generan controversias.  

Cuando nombramos a las cosas las dotamos de identidad. Las trasladamos de las difusas tinieblas de lo inconcreto a lo preciso de la luz. Es una manera de organizar las ideas, conceptos, emociones, modas y actividades que van surgiendo.  Gabriel García Márquez, en Cien años de soledad escribe: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.  Asignarles nombres es un acto de creación.

Una vez creadas, las circunstancias sociales y culturales las van perfilando y a veces cargándolas de matices que modifican su significado original e incluso vaciándolas de los mismos.

La lengua evoluciona. Unos vocablos dejan de usarse y otros aparecen para designar nuevas realidades. Con préstamos de otros idiomas y términos de elaboración propia estructuramos la realidad y enriquecemos nuestro idioma.

El uso abusivo de ciertas palabras lleva a debilitarlas, a que pierdan lozanía y expresividad. El adjetivo genial ha pasado de la excelencia a algo parecido a no está mal o a ser un latiguillo para salir del paso de los cumplidos.

 

 

 

 

 

 

Otro tanto sucede con sublime. Tanto y en tan variadas situaciones se utiliza que ha perdido brillo y eminencia, bajando peldaños en el escalafón hasta situarse cerca de lo ordinario.

Si a los juristas se les clasifica de progresistas y conservadores, se deteriora el neutral fin que debe presidir la impartición de la justicia, como cuando a la democracia se le añaden apellidos, que en lugar realzar degradan.

Con el sufijo -ista, unido a raíces, nombramos oficios y profesiones: pianista, futbolista, dentista…

También designamos a los seguidores o simpatizantes de una ideología, creencia o sistema político: comunista, fascista, centrista…

Calificamos las características personales o estados de ánimo: optimista, pesimista, derrotista…

El término progreso y su familia semántica tienen en común el sentido de ir hacia adelante, en oposición a retroceso o estancamiento. Pero a un miembro de tan liberal linaje, a progresista, lo ha deteriorado la contaminación política con unos matices peyorativos donde caben la ironía, el desdén, la burla, el insulto o el desprecio de los que defienden ideologías más conservadoras y tradicionales.

Quizás la culpa la tienen quienes, alardeando de defender el progreso, no han estado a la altura de las exigencias éticas y morales que ello lleva consigo.

El descrédito de algunas palabras en ocasiones refleja el de las personas o instituciones que tienen obligación de darles lustre. O el de quienes, a falta de argumentos más consistentes, utilizan la lengua para debilitar al adversario e intentar transformar la realidad a conveniencia.

¡Ay de los vencidos!

Existen sentimientos y conductas que son atemporales, inherentes a la condición humana.  El amor, el odio, los celos, la ira, la envidia, la ambición… vuelven en cada época histórica, como las olas del mar a las orillas, con formas y modos diferentes, pero con la misma índole.

El jefe galo, Breno, en el siglo IV antes de Cristo, accedió a retirarse de la ciudad de Roma tras un pacto con los romanos, los cuales debían pagar una determinada cantidad de oro por la retirada.  Estos protestaron al comprobar que Breno había puesto su espada en el platillo de las pesas, con lo cual tendrían que aportar más cantidad del metal dorado.  Ante las quejas, respondió con una frase lapidaria: «Vae Victis». ¡Ay de los vencidos! O lo que es lo mismo, yo soy el vencedor y pongo las condiciones.  O lo tomáis o lo dejáis.

La caída en desgracia de los que un día gozaron del poder y la gloria en cualquier actividad social es un tema del que tratan muchas obras literarias, clásicas y modernas.

A nivel popular existe una canción que describe claramente lo que va del éxito al fracaso: “Cuando yo tuve dinero me rondabas los umbrales, ahora paso y no me miras porque no tengo dos reales”.

Quienes utilizan la política en su propio beneficio se aprovechan de ella. Algunos, no todos, son repudiados por meter la mano o la pata. Los mismos que les aplaudían y les reían las gracias manifiestan que no los conocen, les niegan el saludo o se mudan de acera cuando los ven venir. De palmotear efusivamente sus espaldas con abrazos de los que levantan el polvo de las chaquetas, a esquivarlos.

Dos frases compendian lo que refiero pronunciadas en casos recientes, sin señalar porque está feo. Pero usted, amable lector, puede identificar fácilmente a sus protagonistas.   “En el aspecto personal es un gran desconocido para mí”. Y la otra, en el otro bando: “Ese señor del que usted me habla”.

Hasta las pulgas huyen de los zorros cuando mueren.

Cicerón decía que la historia es maestra de la vida porque de ella se aprende. Y bien que aprendieron los espabilados que previendo que tarde o temprano tendrán que abandonar sus cargos, aplican a su proceder lo que cuenta el evangelio que hizo un mayordomo que iba a ser despedido por no administrar honestamente los bienes de su dueño. Llamó a los deudores y les rebajó las cantidades que le debían. Con ello se granjeó amigos para su inmediato futuro. La astucia previsora. ¿No hacen eso cierta clase de personajes para asegurarse un futuro acomodo bien remunerado?

De los vencidos con honra, gloria a Justino Nassau al que Ambrosio Espínola dignificó y Velázquez inmortalizó en la rendición de Breda. No son iguales todas las caídas. De los que lo son por robo, fraude o negligencia, que la justicia los juzgue y la Macarena los ampare.