El progreso

wassap

(Carta en el periódico HOY 11/09/2013)

Cerca de dos millones de españoles hicieron las maletas en los años sesenta para emigrar a otros países en busca de un medio de vida y un porvenir para sus hijos. Jornaleros y pequeños agricultores, sobre todo,  dejaron su tierra y sus pueblos para ofrecer lo que tenían: sus brazos y su buena disposición para el trabajo.

 La forma de comunicación más habitual con la familia que quedaba en el pueblo eran  aquellas cartas que se distinguían del resto de la correspondencia por  unas rayas  rojas y azules  en los bordes de los sobres.

  Los nietos de esos hombres y mujeres vuelven a hacer lo mismo que sus abuelos: emigrar, pero el bagaje que llevan consigo para ofrecer en los países de destino ha cambiado:  carreras universitarias, idiomas,  másteres…

Las maletas son de colores variados y mucho más manejables que las que llevaban sus ascendientes. Hasta tienen ruedas para portarlas con más facilidad.

Se comunican con sus familias en el pueblo a través de ordenadores, móviles y otros artilugios electrónicos. Es el progreso. La cosa tiene “wassap”.

Reformar a los reformadores.

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(Carta en el periódico HOY 21-7-2013)

Los partidos políticos extienden sus tentáculos por todos los niveles administrativos, institucionales  y de servicios del Estado.

Cada vez que hay un cambio de poder se producen en muchos puestos de trabajo el cese de los que pierden y su sustitución por los afiliados y adictos de los vencedores.

Hay, además, como en los movimientos sísmicos, réplicas y contrarréplicas que afectan a los niveles inferiores de los organismos, derivadas del cambio en las cabezas de los organigramas. De un día para otro te encuentras a quien ayer era un soldado raso con cartera de cuero y galones de mando.

¿Los méritos de los recién llegados? Los mismos que tuvieron los que salen. Por encima de otros cualesquiera, su  afiliación o afección al partido de turno. En esta especie  de interregno se producen el desconcierto  y la ralentización en el ritmo de trabajo debidos a la falta de experiencia de los que llegan y al lógico proceso adaptativo. 

La profesionalización de la Administración debería acabar con esta práctica  cada vez que hay un  vuelco electoral.  Estos puestos sometidos a mudanzas cíclicas deben ser ocupados teniendo en cuenta los principios de igualdad, mérito  y capacidad. Esto supondría  debilitar una de las características no deseadas de estas  formaciones políticas, que es el clientelismo y eso quizás sea pedir demasiado.

Quinielas y azar.

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(Carta en el periódico HOY 14-7-2013)

Al principio fue la quiniela de fútbol, antes que toda la caterva de juegos que nos invadió después, la que ilusionaba cada semana a millones de españoles con hacerse rico sin esfuerzo, sobre todo después  de que en 1968 el  agricultor de Valladolid, Gabino Moral,  ganara el mayor premio  hasta la fecha. Más de treinta millones de pesetas, con sólo dos columnas y la ayuda de un dado.

Con los primeros frescos del final del verano y principios del otoño, las cábalas y los pronósticos eran habituales en peñas y tertulias. Un anuncio de entonces asociaba la marcha de las golondrinas  con la caída del cielo de aquellos boletos con publicidad  de dentífricos e impermeables,  invitándonos al juego y a la fantasía.

A los que todavía conservábamos esa ilusión cada semana, nos han defraudado. Si se confirman las sospechas,  los resultados no dependen ya del buen juego o el azar, sino también del tongo.

 O el  ONLAE admite la variable, quedando entonces en cuatro los signos: 1-X 2 y T o un servidor se da de baja.

Espías.

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Carta al periódico HOY (4-7-2013)

La desconfianza  entre naciones, camuflada con saludos y  sonrisas dentífricas, está cargada de puñaladas invisibles. La farsa de las fotos oficiales  se hace con  el brillo de los  flashes que desprenden las hojas de  los cuchillos. La cortesía barniza y disimula las verdaderas intenciones. Para saber cuáles son estas se recurre pérfidamente al espionaje. Esta práctica no es exclusiva de las relaciones entre países. También se da entre compatriotas de distintos partidos políticos. En la cima de la indefensión está  el ciudadano corriente que es espiado a través de las redes sociales.

Además de  los encantos de las Mata Hari de turno, actualmente  se emplean sofisticadas técnicas para meterse en las vidas ajenas.  Ya sabemos que las paredes oyen, que  lo  avisó Juan Ruiz de Alarcón  en  el siglo XVI y lo comprobamos diariamente en nuestras casas. El ruido de las cisternas y de los cabeceros, son de dominio vecinal. Esta intromisión es casi inevitable, pero, la otra, la que se hace voluntariamente con intención aviesa, sí debiera eliminarse. Pido al menos que queden  a salvo de las pesquisas  algunas zonas. ¿O es que ya uno no va a poder largar  una sonora ventosidad en medio de la dehesa por temor a que lo estén grabando? Si ya es tarde para que atiendan mi ruego y  lo han captado sus micrófonos y cámaras, iba por ustedes, señores espías.

 

La línea divisoria.

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Carta en el periódico HOY (26/06/2013)

«Por este lado se va a Panamá, a ser pobres; por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere».  Con estas palabras, según  cuenta el historiador peruano  José Antonio del Busto, se dirigió Francisco Pizarro a sus desmoralizados hombres en la isla del Gallo. Sólo trece, los “Trece de la Fama” cruzaron la línea.

José Ignacio Wert ha trazado en las actas de calificaciones una raya con su espada de 6,5 de hoja. Los pudientes y los que superen esta nota, a estudiar. Los que no la superen y  que sean no pudientes, hacia la marginación.

Hay una diferencia entre aquellos míticos trece soldados de Pizarro y los que no van a cruzar la línea de Wert. Los de la isla del Gallo renunciaron voluntariamente a seguir en la lucha.  Muchos de los que queden separados por la de Wert posiblemente querrán seguir estudiando y no podrán hacerlo.

Las bebidas en el Congreso.

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Fotografía de abc.es

Carta en el periódico HOY (7-6-2013)

El abuelo paseaba por  los rollitos del centro de la casa en esas horas previas a la comida en que la calle está tranquila porque aún no han salido los niños de la escuela y el hogar se mantiene en un acogedor sosiego. Le tenía cogidas las vueltas a su mujer  y cuando ésta se metía en la cocina o iba al corral  a tender la ropa, él aprovechaba para beberse un vaso de la botella de  vino que guarda en la alacena, saltándose así la prescripción médica y la vigilancia de su compañera.

Hasta que cualquier día, en una aparición sorpresa, lo cogía con el codo empinado y le escondía el suministro. Duraba unos días la abstinencia  hasta que daba con el escondite.

La opinión pública ha  sorprendido a  los señores diputados y senadores  con  el gin tonic de 3,50 €  en la mano, es un decir,  y  se ha escandalizado con éste y otros precios subvencionados de los que se benefician ellos y  los asiduos visitantes  del  Congreso. No  es que la ciudadanía esté preocupada con  la tensión arterial, el colesterol o la diabetes que puedan padecer sus señorías y convidados, sino que las libaciones están en parte sufragadas con dinero público. En estos tiempos que corren,  en los que a la mayoría  se nos ha quedado el talle estrecho por las apreturas del cinturón, no están bien esas liberalidades tan prescindibles que se hacen con el dinero de todos, sobre todo por quienes deben dar ejemplo de lo que predican.

 

¿Para cuándo el consenso?

perdizPor estas tierras de olivares, campiñas  y dehesas, llegado febrero, comienza el celo de la perdiz. Al aire, gallardos los  reclamos  de los machos intentan atraer a su terreno a las hembras y  echar de allí a los intrusos que se las disputan. En turnos de réplicas y contrarréplicas las mañanas y atardecidas se llenan del lenguaje amoroso y retador de la hermosa “patirroja”. Acabado el tiempo de celo y cubierto el instinto sexual, la hembra anida e incuba a sus polluelos, quedando el macho vigilante de la puesta.

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Pero no faltan otros reclamos, piñoneos y cuchicheos sobre la superficie de esta piel de toro. Subidos a “pulpitillos” de privilegiado  otero, personajes del espécimen humano que nos representan, se crecen y marcan terreno con florido verbo. Cada uno en  endogamia   narcisista  se recrea en la exposición de sus  motivos y lanza al aire bucles engallados. Esperan que acudan los demás a compartir sus irrenunciables principios para salvar el solar patrio. No acaban, claro está, incubando ideas surgidas de un consenso, que falta le  hace al devenido  páramo  de España, sobre todo en trascendentales asuntos  como la educación, sino que elevan el tono, exaltando las  virtudes  propias y  desacreditando las ajenas.

Hay que salir

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Ya tienen sol las esquinas donde los parados hablan a las doce del mediodía. El reloj, que a esa hora marca la divisoria  entre el  trajín y la indolencia, cruza  sus brazos  en la   frontera de la tarde.  Doce tañidos quedan vibrando en el aire como doce interrogaciones y  anuncian el final de  la espera sin esperanza. Nadie vino a tocar la aldaba del trabajo. Los bolsillos se agrandan con la horma de las manos  para dar cobijo a la impotencia. Los ojos rehúyen las miradas de otros ojos. Se está apoderando de nuestros pueblos una resignación peligrosa  que hace que la gente se refugie en sus casas a aguardar hasta que  pase esta nube negra que dura ya demasiado. Una lenta filtración de escepticismo y miedo se  cuela entre las grietas del futuro.

Pero hay que evitar que esta resbaladiza  pendiente de resignación nos arrastre hasta el fondo. Hay que agarrarse a la esperanza y luchar por un sitio bajo el sol que no sean las esquinas del conformismo.

Herbicidas. ¿Sólo las hierbas?

Carta en el periódico HOY 21/02/2012.

Cuando yo era niño  para quitar las malas hierbas  se escardaban los sembrados.  Las cuadrillas de trabajadores recorrían las sementeras con las azadas y las quedaban limpias de ballicos, gramas y cardos.

 En el arroyo del pueblo, que pasaba pegando a la escuela,  había peces, renacuajos y lampreas.  Como no había recinto cerrado para el recreo, los escolares nos íbamos allí  a buscarlos en las covachuelas y  debajo de la arena.  En el campo podía beberse el agua clara  que corría por  las gavias. 

Ahora para quitar las hierbas de  las hazas y olivares pasan los tractores  con un depósito y  unas largas barras  tirando  los herbicidas o lo hacen  mismos agricultores cargándolo  en mochilas a sus espaldas.  Cuando llueve abundantemente la lluvia corre hacia los regajos que desembocan en la presa de donde nos surtimos de agua  potable los pueblos de la Campiña. Entre el 2001 y el 2002 la Dirección General de Salud Pública de la Junta de Extremadura realizó 2.553 análisis a la red de agua de consumo público, de los que 484 tenían restos de herbicidas.

Ignoro si  con las nuevas técnicas de depuración  se eliminan totalmente  los restos de tantos productos químicos como se le echan al campo. Los  acuíferos subterráneos  no se depuran y seguro que reciben también parte  de esos productos.  No hacen falta análisis para saber que  en el arroyo de mi pueblo ya no hay peces, renacuajos ni lampreas, que las alondras y los pájaros  trigueros han disminuido considerablemente  y que los cazadores,  caminantes y labriegos ya no pueden beber el agua  corriente  de las gavias cuando salen  al campo.

Democracia sin rufianes.

 

 

 

 

Carta publicada en el periódico HOY ( 2/2/2013)

A los presuntos cuando les  llegue la hora y a los corruptos convictos y confesos  ya, hay que cargarles en su debe, aparte de las penas que les correspondan por sus delitos,  la felonía de haber llevado a la democracia al desprestigio.

Ya dijo  W.Churchill que era el menos malo de los sistemas conocidos y aunque siempre hay quienes  están dispuestos a empeorar su estado sigue siendo preferible    a cualquier dictadura.

Los de mi generación vislumbramos, con muchas imperfecciones aún,  la luz de los derechos  y  de las libertades con el fondo de la canción “Libertad sin ira” que tan maravillosamente  interpretaba Jarcha. Fue un tiempo de ilusiones que, respetando opiniones que disienten, nos  dio, con no pocas dificultades, la posibilidad de elegir a nuestros representantes y de acceder a la  gestión de los asuntos públicos. 

 Los que vivimos cuando sonaba “Habla pueblo habla”  guardamos grato recuerdo de  aquellos tiempos políticos. Las nuevas generaciones  recordarán probablemente los actuales con desdén y desprecio porque  rufianes y saqueadores se enriquecen con el ejercicio de la actividad política o medrando a su sombra en lugar de procurar el bien común.  Esta herencia es  su mayor delito.  Afortunadamente no  todos los que se dedican a este noble y necesario oficio se sirven de él para enriquecerse ilícitamente. A ellos y a los demás  ciudadanos nos corresponde expulsar a los indeseables de las instituciones públicas.