Las leyes y el cinismo.

código+Penal

 

(Carta en el periódico HOY 23-10-2013)

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictado sentencia sobre la doctrina Parot de acuerdo con la legislación vigente. Las leyes las elaboran y aprueban  los parlamentos de los distintos países, que también son los que tienen la potestad de adherirse a los organismos y  convenios internacionales que consideren conveniente con los requisitos y procedimientos previstos, incluidos  referendos cuando sea el caso.  Ello conlleva el compromiso de respetar sus normativas.

España pertenece a la UE y, guste unas veces más y otras menos, porque a veces lo legal no siempre es justo,  debe acatar las decisiones del tribunal referido pues su legislación forma parte de nuestro ordenamiento jurídico.

Lo que produce indignación es que una de las abogadas de la    etarra Inés del Río diga que se han vulnerado los derechos humanos de su defendida. Posiblemente, y a tenor de la  sentencia así sea, pero recurrir a ese argumento cuando la citada Inés ha cortado con plomo y metralla  el principal de esos derechos a veintitrés personas  es de un cinismo insultante.

Piedras

IMG_4379

El tiempo se enquistó en  las piedras

y estranguló el discurrir de su existencia,

y sin embargo cuánta vida late

en la rugosa piel de su rudeza.

El esponjoso musgo  nace

en  su  parte más  umbría

y  al sol primaveral

la vivaz lagartija despereza

la frialdad invernal de su  letargo.

Tiende la araña su  sedosa tela

en la oquedad abierta

y una flor  delicada

asoma entre las grietas  su cabeza. 

Brisa de otoño.

otonla

Si pudiera trenzar la luz del alba

la daría  a la brisa rumorosa

que bulle en la alameda esta mañana.

Que la lleve a  la orilla de su sueño

en la  tibia penumbra de la alcoba

y deje, como  un copo de seda,

un beso en la rosa de  su cara.

Un velero con la vela henchida

trae  aromas de espliego  y  de romero

y un abrazo de luz y  de deseo

se posa en el  rocío de la vega.

Dame la mano.

mano

 

 

 

 

 

Dame tu mano en esta noche oscura

porque la edad convierte en vacilantes

estos pasos que ayer fueron prestantes

y  hoy dejan huella torpe e insegura.

Yo conduje los tuyos  con dulzura,

cuando eran indecisos e inconstantes

y tus miedos buscaban anhelantes

protección en mi cuello con ternura.

Empezabas tú a andar con alegría

colmado de  cuidados y  de abrazos;

yo regreso  al refugio en la bahía.

Para acabar de hacer la travesía

necesito la ayuda de tus brazos

y la voz  de  tu grata compañía.

 

Otra vuelta más.

bailaora

(Carta en el periódico HOY 13-10-2013)

“¡Otra le cabe!”, gritaban los mozos  exaltados de lujuria ante la  media revolera que la vedette daba sobre el escenario enseñando  sus torneadas piernas blancas.

Sin televisión y con el cine censurado por probos hombres  vigilantes de la  moral ajena, el único desahogo visual para el ímpetu sexual adolescente eran esas artistas que de vez en cuando recalaban por el pueblo con circos y teatros.

Entre silbidos y rascones en las entrepiernas  los mozos daban rienda suelta a la represión pidiendo otra vuelta a la bailaora  para que su falda volase  de nuevo en círculo y dejase al aire  el muslo bello, que dijo Espronceda, ¡qué gozo, qué placer!

El espectáculo ha cambiado de protagonistas. Los doctos hombres y mujeres del FMI desde el patio de butacas jalean  a nuestros gobernantes para que suban un poco más los impuestos. Hay margen para ello. Aunque la soga de la penuria está  ajustada sobre el cuello, aún no estamos  cianóticos. ¡Otra le cabe!

Zapatos viejos.

zapatos

Unos zapatos tirados

en un páramo cualquiera

tienen la melancolía

de todos los abandonos.

Llevan restos en sus plantas

del polvo de los  senderos

y el barro de las callejas.

Sus recuerdos son sus huellas

convertidas en caminos

y de su dueño les queda

la horma de su vaciado

y el trajín de sus pisadas

en los días de faena

y  en noches de luna llena.

Boquiabiertos y torcidos

por soles, lluvias y estrellas

lanzan lastimoso aullido

en un silencio de suelas.

Una copita para abrir el apetito.

baraja_española_cartas

Sucedió en mi pueblo a comienzos de los años sesenta. Había un grupo de hombres jugándose el dinero a las cartas en un reservado de uno de los  bares del pueblo. Luz macilenta y “caldo de gallina” en el ambiente.  En aquellos tiempos estaban prohibidos los envites con los naipes y los que   se arriesgaban buscaban lugares discretos dentro de los locales, como la conocida como “sala del burro”.  

Aquella noche al entrar la Guardia Civil sorpresivamente en las sala, como solía hacer en algunas ocasiones,  disolvió la reunión con algo más que palabras. Los jugadores no  tuvieron tiempo nada más que de recoger lo que no cayó al suelo con el alboroto  y la timba terminó como el rosario de la aurora, saliendo cada uno por la puerta que tenía más cercana.

Los parroquianos que estaban en la barra abandonaron prudentemente el local con el último sorbo de vino en la boca para evitar algún posible contratiempo. Sólo uno, con una melopea de no te menees y que había observado la entrada de los guardias y la salida impetuosa de los admiradores de Heraclio Fournier permanecía anclado en el mostrador ante el temor de que sus pies no respondieran a la urgencia que la situación requería.

-¿Y tú qué? , inquirió uno de la pareja.

-Pues ya ve usted, tomando una copita “pa comé”.

Almendras amargas.

almendros_borrachera

Sin saber por qué ha sentido

la tristeza  y el vacío

de tantas cosas idas.

Ha notado las costuras

de la herida en la memoria,

la añoranza de otro tiempo más feliz,

-quizás sólo espejismos

que el tiempo endulza y lima-,

huellas en la piel del alma,

si es que existe el alma,

y el alma  tiene piel.

Un gozo reprimido,

impotente, por no abarcar la vida,

pesar por las palabras nunca dichas

que debieron llegar a otros oídos,

hueras, podridas,

sin aliviar heridas

ni consolar tristezas.

Sensación de vida insuficiente, 

fruta desgajada y verde,

limón que no llegó a amarillo.

Un sabor  amargo

de almendras inmaduras.

La hucha.

huchas

 

(Carta en el periódico HOY 4-10-2013)

Cuando venía el  botijero de Salvatierra con su burro y su carga de botijos, barriles, tinajas, orzas y pucheros, colocados cuidadosamente entre pajas en las angarillas, a  los niños y niñas nos compraban una alcancía. Por su ranura metíamos el dinero  que conseguíamos ahorrar y  que destinábamos, generalmente, para los gastos de la feria del Cristo.

Pero, a veces, con un cuchillo y a escondidas, sacábamos algunas monedas para algún dispendio que se nos antojara. No debía repetirse muchas veces esta acción porque corríamos el peligro de que nos sorprendieran con las manos en el recipiente de barro o, ponderado el peso por nuestros padres, notasen la merma pecuniaria, independientemente de pasar la feria a dos velas.

Señores del gobierno, se están  ustedes empicando a meter con peligrosa asiduidad  el cuchillo por la ranura de la hucha de las pensiones. Quizás no haya más remedio, pero me temo que de seguir así pronto veremos el fondo  y pasaremos la feria con las manos en los bolsillos, silbando en cualquier esquina.

Maquillaje de muertos.

carnaval

¡Qué mal  sienta el maquillaje a los muertos!

¡Qué simulacro de plácido  sueño

cuando  no hay alborada

ni monedas de luz sobre la colcha

al tibio despertar de las mañanas!

Falsa  quietud de la que  no  se goza.

La mueca de la muerte,

eterna y sarcástica instantánea

con el semblante exangüe,

rechaza los  afeites,

colorido postizo de caretas

de un carnaval inerte.