Las castañas.
Como todos los años,
llegaron las castañas
con el corazón color trigueño.
Germinaron en el vientre del erizo
y traen del monte fresco
la rubia arruga
hecha apetitoso fruto.
El asador raja sus pechos
para darle al fuego,
abiertas en canal, su ardiente entraña.
Esparcen fragancias en el aire de noviembre,
calientan nuestras manos
en cucuruchos de papel de estraza
y ya en la boca
abren en ramilletes de sabores
las esencias del otoño.
Gracias.
Tengo los chivos vendidos y el dinero en la faldriquera, o recurriendo a prestado y más fino, puesto ya el pie en el estribo… pocas trabas o anclas me sujetan o atan al puerto de la timidez que no sean las del respeto debido a los demás. Por eso, sin ofender y guardando la necesaria compostura, escribo lo que me viene en gana. Carente de pudores, no me importa desnudar mi sentimientos y mostrarlos tal cual. ¿Qué gano con el disimulo y las fintas sinuosas a esta altura del camino? A las claras, desbrozadas las hierbas del alma y abierto el espíritu en canal, aquí está lo que siento.
Gratitud a la nobleza y a la crítica sincera, que lo cortés no quita lo valiente, y uno, que no ignora sus múltiples fallos y carencias, las agradece vivamente. Con la edad y la experiencia se va descubriendo que cuanto más se cree saber, más se ignora. Así que lejos de autosuficiencias, presto este blog, con sumo gusto, a la curiosidad ajena y al deleite gozoso de quien lo disfrute.
Sobrepasadas las cuarenta mil visitas, agradezco de corazón a todos los que se asoman por aquí su cortesía y gentileza y pido disculpas si alguna palabra, expresión u opinión han llegado a molestarles.
Ofensas
Coronan sus cabezas con laureles
y ondean las banderas a su gloria
pidiendo para ellos la memoria
labrada en ornados capiteles.
Las gestas de tan bravos paladines,
aguerridos y valientes luchadores
no son guerras ganadas con sudores
ni asaltos a difíciles fortines.
Son el tiro en la nuca y la metralla,
la bomba traicionera en el mercado
y el rapto de personas indefensas.
Mi voz no puede permitir ni calla
que del abyecto crimen ensalzado
lancen a nuestras caras las ofensas.
Carpe diem
El tiempo pasa sin que tú lo empujes,
no fijes metas en lejanos días
por gozar de hipotéticos placeres,
pues puede suceder que nunca lleguen.
Disfruta de la vida cada instante,
sin prisas por que pasen los presentes.
Los futuros son pájaros al aire:
vuelan hoy, pueden no hacerlo mañana.
Si fías al incierto porvenir
placeres, diversiones y fortuna
cualquier insospechado albur arruina
la esperanza de gozo que aplazaste
y quedas como el gallo de Morón
el canto al aire y perdidas las plumas.
Soledad.
La soledad, si es triste,
oscurece la sombra de su vuelo
con negros presagios
y agudos graznidos.
Un tictac penetrante
de buril de acero
horada la sala vacía.
De madrugada el ángel
marca las puertas de los elegidos
con la espada de sangre y de fuego.
Punzan las sienes latidos
y la pupila dilata los miedos.
Al llegar la mañana hay por las calles
jirones de niebla,
estelas frías del dios vengativo.
Difuntos.
(Cementerio de Ahillones)
Aquí está lo que quedó de nuestros muertos: un silencio que estremece cuando se está sólo. Sus cuerpos están en los sepulcros reducidos a ceniza y huesos. Nos quedan sus recuerdos anclados en fechas sobre el mármol. Se van alejando en la bruma del tiempo y cuando pasemos nosotros y pasen nuestros hijos y nietos no quedará memoria de su estancia en tierra en las mentes de los vivos. Nadie evocará entonces hechos ni andanzas de los enterrados. Y sin embargo aquí estuvieron, amaron, rieron y sufrieron. Sólo los cipreses, succionados por el cielo, seguirán señalando un asidero de esperanza, un camino por el que nadie ha vuelto. La Biblia lo dice claramente: polvo somos y en polvo nos convertiremos. Puestos a escoger prefiero los que dan origen a la vida a los que están deshaciéndose en los nichos.











