Difuntos.

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(Cementerio de Ahillones)

Aquí está lo que quedó de nuestros muertos: un silencio que estremece cuando se está sólo. Sus cuerpos están en los sepulcros reducidos a ceniza y huesos. Nos quedan sus recuerdos anclados en  fechas sobre el mármol.  Se van alejando en la bruma del tiempo y cuando pasemos nosotros y pasen nuestros hijos y nietos no quedará memoria de su estancia en tierra en las mentes de los vivos. Nadie evocará  entonces hechos ni andanzas de los enterrados. Y sin embargo aquí estuvieron, amaron, rieron  y sufrieron. Sólo los cipreses, succionados por el cielo,  seguirán señalando un asidero de esperanza,  un camino por el  que nadie ha vuelto. La Biblia lo dice claramente: polvo somos y en polvo nos convertiremos. Puestos a escoger prefiero los que dan origen a la vida a  los que están deshaciéndose en  los  nichos.

 

Halloween y otras fiestas.

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Las  grandes fiestas cristianas han tenido su origen en antiguas fiestas paganas. La Navidad, por ejemplo, en las celebraciones con motivo del solsticio de invierno, cuando el sol parece que está a punto de extinguirse. Se decía  que en este tiempo los reinos de los vivos y los muertos entraban en comunicación. Los celtas, los griegos y los germanos compartieron  estas creencias. Celebraban en estas fechas el triunfo del sol que,  pasadas  las escasas horas de luz invernales retornaría y con él el triunfo de nuevo de la vida.

La Semana Santa tuvo su origen en las fiestas de la siembra que en el equinocio de primavera celebraban muchos pueblos. La luna llena y el equinoccio son acontecimientos  importantes en los calendarios de las antiguas sociedades agrícolas.

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La fiesta de Halloween tiene un origen celta. Cada año, el 31 de octubre, los druidas, sacerdotes paganos,  celebraban la víspera del año nuevo céltico en honor de su dios Samhain, dios de la muerte. En esta fiesta, los druidas, como si fueran de médiums, se comunicaban con sus antepasados esperando ser guiados en esta vida hacia la inmortalidad. Los druidas creían que en esa noche los espíritus de los muertos regresaban a sus antiguos hogares para visitar a los vivos. Y si los vivos no proveían comida a estos espíritus malignos, toda clase de sucesos terribles podrían ocurrirles. Se encendían miles de velas Estas velas encendidas servían también para paliar la falta de luz solar que iba menguando con la entrada del otoño. La luz volverá  a resurgir con la celebración de la fiesta de las luces y de la purificación, cuando se alargan los días por febrero. Otro origen de una fiesta cristiana: la Candelaria.

Los Papas Gregorio III  y Gregorio IV  intentaron sustituir esta fiesta pagana  por festividades cristianas, como son Todos los Santos y los Difuntos.

 Pero  el auge  y la extensión de Halloween es evidente. No sólo ahora. Yo recuerdo las sandías y los melones que vaciábamos y recortábamos para que parecieran calaveras.  Los utilizábamos  en lugar de  la calabaza, que es el fruto por excelencia de la fiesta de Halloween. Les poníamos una vela dentro y nos íbamos a las callejas oscuras intentando amedrentar a los vecinos que pasaban por allí. Brujería, muerte, calaveras, el más allá siempre presente en todas las religiones.  Esta de Halloween  es una tradición de origen celta, lógicamente anterior a Jesucristo, que ha pervivido a lo largo de siglos y de civilizaciones.

Nuevo día.

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(Ahillones, cazadores en Piedras Gordas)

La aurora  pinta de rosa

los perfiles de la sierra

y acota con luz  dorada

las brumas de las cañadas.

Flotan vellones dispersos

en el aire de cristal.

La sombra de la alameda,

de brillante argentería,

reluce sobre la hierba.

Canta el gallo en los cortijos

y en las lomas la perdiz.

El viento se despereza

en brazos de la retama,

mientras se lava la cara

con aromas de tomillo.

¡Cazador, qué privilegio

despertar con tus pisadas

la virgen de la mañana! 

 

Agua de canales.

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Mecen mis sueños

arrullos acuosos de palomas  

 y vuelos susurrantes

de abejas libando en los tejados.

Un estrépito de lanzas rotas

se estrella   en las aceras.

Caen las canales.

Con los ojos cerrados

siento el gozoso deleite 

de escuchar  la lluvia,

que bulle  de rumores

en el cálida burbuja de la noche.

 

Las leyes y el cinismo.

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(Carta en el periódico HOY 23-10-2013)

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictado sentencia sobre la doctrina Parot de acuerdo con la legislación vigente. Las leyes las elaboran y aprueban  los parlamentos de los distintos países, que también son los que tienen la potestad de adherirse a los organismos y  convenios internacionales que consideren conveniente con los requisitos y procedimientos previstos, incluidos  referendos cuando sea el caso.  Ello conlleva el compromiso de respetar sus normativas.

España pertenece a la UE y, guste unas veces más y otras menos, porque a veces lo legal no siempre es justo,  debe acatar las decisiones del tribunal referido pues su legislación forma parte de nuestro ordenamiento jurídico.

Lo que produce indignación es que una de las abogadas de la    etarra Inés del Río diga que se han vulnerado los derechos humanos de su defendida. Posiblemente, y a tenor de la  sentencia así sea, pero recurrir a ese argumento cuando la citada Inés ha cortado con plomo y metralla  el principal de esos derechos a veintitrés personas  es de un cinismo insultante.

Piedras

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El tiempo se enquistó en  las piedras

y estranguló el discurrir de su existencia,

y sin embargo cuánta vida late

en la rugosa piel de su rudeza.

El esponjoso musgo  nace

en  su  parte más  umbría

y  al sol primaveral

la vivaz lagartija despereza

la frialdad invernal de su  letargo.

Tiende la araña su  sedosa tela

en la oquedad abierta

y una flor  delicada

asoma entre las grietas  su cabeza. 

Brisa de otoño.

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Si pudiera trenzar la luz del alba

la daría  a la brisa rumorosa

que bulle en la alameda esta mañana.

Que la lleve a  la orilla de su sueño

en la  tibia penumbra de la alcoba

y deje, como  un copo de seda,

un beso en la rosa de  su cara.

Un velero con la vela henchida

trae  aromas de espliego  y  de romero

y un abrazo de luz y  de deseo

se posa en el  rocío de la vega.

Dame la mano.

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Dame tu mano en esta noche oscura

porque la edad convierte en vacilantes

estos pasos que ayer fueron prestantes

y  hoy dejan huella torpe e insegura.

Yo conduje los tuyos  con dulzura,

cuando eran indecisos e inconstantes

y tus miedos buscaban anhelantes

protección en mi cuello con ternura.

Empezabas tú a andar con alegría

colmado de  cuidados y  de abrazos;

yo regreso  al refugio en la bahía.

Para acabar de hacer la travesía

necesito la ayuda de tus brazos

y la voz  de  tu grata compañía.

 

Otra vuelta más.

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(Carta en el periódico HOY 13-10-2013)

“¡Otra le cabe!”, gritaban los mozos  exaltados de lujuria ante la  media revolera que la vedette daba sobre el escenario enseñando  sus torneadas piernas blancas.

Sin televisión y con el cine censurado por probos hombres  vigilantes de la  moral ajena, el único desahogo visual para el ímpetu sexual adolescente eran esas artistas que de vez en cuando recalaban por el pueblo con circos y teatros.

Entre silbidos y rascones en las entrepiernas  los mozos daban rienda suelta a la represión pidiendo otra vuelta a la bailaora  para que su falda volase  de nuevo en círculo y dejase al aire  el muslo bello, que dijo Espronceda, ¡qué gozo, qué placer!

El espectáculo ha cambiado de protagonistas. Los doctos hombres y mujeres del FMI desde el patio de butacas jalean  a nuestros gobernantes para que suban un poco más los impuestos. Hay margen para ello. Aunque la soga de la penuria está  ajustada sobre el cuello, aún no estamos  cianóticos. ¡Otra le cabe!

Zapatos viejos.

zapatos

Unos zapatos tirados

en un páramo cualquiera

tienen la melancolía

de todos los abandonos.

Llevan restos en sus plantas

del polvo de los  senderos

y el barro de las callejas.

Sus recuerdos son sus huellas

convertidas en caminos

y de su dueño les queda

la horma de su vaciado

y el trajín de sus pisadas

en los días de faena

y  en noches de luna llena.

Boquiabiertos y torcidos

por soles, lluvias y estrellas

lanzan lastimoso aullido

en un silencio de suelas.