Luz de otoño.

alamsfa

 

Cuando apunta  la mañana,

luz y sombra confundidas,

la paloma torcaz trenza

madejas de niebla fría

en brazos de las encinas.

Después, esclarece el día.

Abre el surco a la semilla

el labriego en la besana.

Tapiz de notas caídas

del pentagrama callado

a los pies  de la alameda.

La majestad, allá  arriba,

donde el águila planea

sobre llanos y colinas.

Silencio otoñal dorado

que espera otra primavera

de  veloces  golondrinas.

Pero esta plácida  espera,

con frágil  luz fugitiva,

me muestra así la belleza

del misterio de la vida.

 

 

Recuerdos de Guadalcanal (I).

torreguadalcanal

Esta fotografía la he cogido de la página web del Ayuntamiento de Guadalcanal.

A mediodía íbamos al casino Nuevo Circulo a tomar las copas.  Antonio Osorio   regentaba  por entonces los servicios de bar y repostería. Del orden y protocolo se encargaba con probada eficacia don Juan Ceballos que tenía su oficina en un rincón del salón, justo enfrente después de  franquear  la puerta de entrada, desde donde iba dando complacidas salutaciones de bienvenida a los clientes.

No siendo yo amigo de asociaciones  cerradas y selectivas, acudía allí, sin embargo, por no apartarme de los compañeros a hora de tan placentero y reconstituyente asueto. Casi todas las personas con las traté en esta institución  eran de trato afable y urbana discreción.  Algún remilgado de abrigo austriaco y sombrero tirolés, más enhiesto por reverencias ajenas que por méritos propios, se dejaba ver por allí esporádicamente. En aquellas dependencias conocí a Casto,  el cartero, a mi paisano Antonio Serna, a Ángel, el médico, a Emilio el practicante y a mucha  gente más.  Después, cuando Antonio Osorio dejó de ser repostero, sustituido por Eduardo, excelente persona y gran profesional también,  alternábamos este lugar con el bar Nuevo, por no abandonar a quien tan bien nos trató y nos siguió tratando después. El grupo lo formábamos habitualmente Pepe, nuestro director, Ramón, Pedro, Alfonso, Paco, Juan y yo.

No era raro el día que, de recogida ya,  tomábamos la espuela en la Puntilla Ramón, Pedro,  Enrique, el farmacéutico y yo. Todos residíamos en la calle san Sebastián. Alfonso, que también compartía fonda en casa del Nene, estaba ennoviando por estas fechas y faltaba a veces a estas libaciones por razones obvias.

En ciertas ocasiones  se unía al grupo Antonio Martín , el cura, que llegaba con su teja y sus manteos, infatigable en sus labores musicales. Un año nos invitó a probar unas presas a la matanza que había hecho su madre, que vivía con él. Antonio  era del Real de la Jara donde yo tenía un pariente político. Por eso y por sus funciones en el colegio, entablamos  relación amistosa. Tal,  que un año la banda de música, que estaba en sus inicios y  que él creó fue a instancias mías  a Ahillones, mi pueblo, a adornar y ensalzar una semana cultural. Una arroba de vino de la bodega de mi cuñado le traje como agradecimiento, correspondiendo así el ayuntamiento  a su desinteresada colaboración.

Por la noche yo solía ir al Cebollino, donde me encontraba al decano de los compañeros, don Andrés Mirón, padre del extraordinario poeta del mismo nombre,  que por cercanía a su domicilio tomaba allí sus chatos de vino. Lo recuerdo en invierno  en el extremo de la barra  con su abrigo largo y su cigarro.  El bar de esta sociedad recreativa lo regentaba Pepe Baños, personaje curioso y entrañable. Por carnavales se disfrazaba  solitariamente y visitaba los sitios que le parecía oportuno. Lo recuerdo un año en la escuela de retratista antiguo  con la máquina fotográfica y  su  trípode a cuestas. 

Silbos en la noche.

vendaval

 

 

 

 

 

 

 

 

Bate fuerte esta noche  mi ventana,

quiero sentir  el roce  de tus brazos

forjar a silbos  bucles en  las rejas,

oír cómo el puñal de las cornisas

raja la fortaleza de tu pecho,

escuchar el rumor tumultuoso

de las  turbias y espesas  alamedas.

Después, me voy contigo

ciñendo  las esquinas.

Subir, subir, subir  en remolinos

y cuando esté muy alto,

en la cuna del soplo sostenido,

mecerme en las crestas de la noche

donde el aire es estrella

y el tiempo se encamina  al infinito.

 

Respeto humano.

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Vaya por Dios, mujer,

otra vez el desconsuelo:

la costura, la ventana

 y ver la vida pasar

a través de la persiana.

Otra vez con el hastío,

la desgana,

hilvanar las horas vanas

en ojales sin botones

que coser.

Crono pasa

por las horas sin relojes

atrapada en los hilvanes

del temor a los demás.

Vuelo de perdiz.

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Surge impetuosa la perdiz rompiendo el aire

con metálico  batir de  alas y ajeos entrecortados.

Sorprendido el cazador, se encara la escopeta

y dispara acelerado.

La perdiz se aleja enderezando el vuelo

hacia una zona más quebrada.

Quedan resonando en la mañana,

con temblor de ecos, los disparos,

mientras se alejan los latidos de los perros

por oteros y cañadas.

Las castañas.

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Como todos los años,

llegaron las castañas

con el  corazón color trigueño.

Germinaron en el vientre del erizo

y traen del monte fresco

la rubia  arruga

hecha  apetitoso fruto.

El asador raja sus  pechos

para darle al fuego,

abiertas en canal,  su ardiente entraña. 

Esparcen fragancias en el aire de noviembre,

calientan nuestras manos

en  cucuruchos de papel de estraza

y ya en la boca

abren en  ramilletes de sabores

las esencias del otoño.

Gracias.

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Tengo los chivos vendidos y el dinero en la faldriquera, o recurriendo a prestado y más fino, puesto ya el pie en el estribo…  pocas trabas  o anclas me sujetan o atan al puerto de la timidez  que no sean las del  respeto debido a los demás. Por eso, sin ofender y guardando la necesaria compostura,  escribo lo que me viene en gana. Carente de pudores, no me importa desnudar mi sentimientos y mostrarlos tal cual. ¿Qué gano con el disimulo y las  fintas sinuosas a esta altura del camino? A las claras,  desbrozadas las hierbas del alma y abierto el espíritu en canal,  aquí está lo que siento.

Gratitud a la nobleza y a la crítica sincera, que lo cortés no quita lo valiente, y uno, que no ignora sus múltiples  fallos  y carencias, las agradece vivamente. Con la edad y la experiencia se va descubriendo que cuanto más se  cree saber, más se ignora. Así que lejos de autosuficiencias, presto este blog, con sumo gusto, a la curiosidad ajena y al deleite gozoso de quien lo disfrute.

Sobrepasadas las cuarenta mil visitas, agradezco  de corazón a todos los que se asoman por  aquí su cortesía y gentileza y pido disculpas si alguna palabra, expresión u opinión han llegado a molestarles.

Ofensas

terrorista

Coronan sus cabezas con laureles

y ondean las banderas a su gloria

pidiendo   para ellos  la memoria

labrada  en ornados  capiteles.

Las gestas de tan bravos paladines,

aguerridos  y valientes luchadores

no son guerras ganadas con sudores

ni asaltos a difíciles fortines.

Son el tiro en la nuca y la metralla,

la bomba traicionera  en el mercado

y  el rapto de  personas indefensas.

Mi voz no puede permitir ni calla

que del abyecto crimen ensalzado

lancen a nuestras caras las ofensas. 

Carpe diem

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El tiempo pasa sin que tú lo empujes,

no  fijes metas en lejanos días

por  gozar de hipotéticos placeres,

pues puede suceder que nunca lleguen.

Disfruta de la vida cada instante,

sin  prisas por  que pasen los presentes.

Los futuros son pájaros al aire:

vuelan hoy, pueden no hacerlo  mañana.

Si fías al incierto porvenir

placeres, diversiones y  fortuna

cualquier insospechado  albur arruina

la esperanza de gozo  que aplazaste

y quedas  como el gallo de Morón

el canto al aire y perdidas las plumas.

 

 

Soledad.

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La soledad,  si es  triste,

oscurece la sombra de su vuelo

con negros presagios

y  agudos graznidos.

Un tictac penetrante

de buril de acero

horada  la sala vacía.

De madrugada el ángel

marca las puertas de los elegidos

con la espada de sangre y de fuego.

Punzan las sienes latidos

y la pupila dilata los miedos.

Al llegar la mañana hay por las calles

jirones de niebla,

estelas frías del dios vengativo.