Putas guerras.

guerra

A sus maridos los mató una  guerra

que gloriosos patriotas declararon

en defensa de extraños intereses

disfrazados de grandes ideales.

Detrás de la metralla y las trincheras

quedaron huérfanos y madres,

y medallas de plata en las pecheras

de insignes estrategas.

Nadie vino a nutrir  su descendencia

ni a suplir las faltas de sus padres.

Los sudores y el pan que los sustenta

del sacrificio de las madres salen.

El rítmico desfilar  de los cortejos,

al aire las banderas,

botas negras, brillantes bandoleras,

pisan sangre derramada

de personas  inocentes

que murieron engañadas

por espurios intereses.

Al grano.

erahillones

 

(Carta en el periódico HOY 23-4-2014)

El verbo de algunos representantes políticos sufre de  incontinencia y liviandad crónica,  acentuada tal dolencia cuando vislumbran en lontananza el brillo de las urnas. Es tiempo otra vez, con las europeas a la vuelta de la esquina, de  frases ingeniosas o de ocurrencia frívola y trivial, pero efectistas. La facundia se despeña en   manifestaciones que  sonrojarían nuestras mejillas de vergüenza ajena con más frecuencia de la deseable si no fuera por la cura de espanto a que nos han sometido y acostumbrado  y por el sentido del humor, a veces  sarcástico, que tenemos.

Competir con el adversario en  agudeza y perspicacia con  frases ocurrentes  elaboradas por los asesores  para la ocasión,  es norma común y aceptable si son  adorno y no esencia del discurso. Chispas de ingenio, detalles de  banderillero, brillantes a veces, pero efímeras como bengalas si se convierten en el núcleo del mensaje.

Equiparar la españolidad con los defensores de las corridas de toros y tachar  de antiespañoles a los que están en contra es una simplificación burda, aunque haya  nacionalistas que lo hagan como seña de diferenciación e identidad. Lo siguiente podría ser el fútbol, reprobando a los hinchas de determinados equipos y otorgando carné rojo y gualdo a  los de otros.También, clasificando a  las mujeres españolas por el uso o no de mantilla y peineta.

 Señoras y señores, un poco de seriedad, que el envite es fuerte y arriesgado y, aunque algunos les rían las gracias, ni  esto es un circo, ni ustedes payasos ni los ciudadanos niños de parvulario. Al grano.

Frágil propósito de enmienda.

bacanal

 

 

 

 

Tras las celebraciones bacanales

mi  cuerpo yace exhausto y  agotado

y sólo me  apetece estar tirado

aliviando las huellas de sus males.

Comidas y orgías  primaverales

que exuberantemente he celebrado

pasan cuenta por no  haber calculado

que  las dichas son siempre temporales.

A la espera de pronta mejoría

reconduzco mi  vida con templanza

para poder lucir mi lozanía.

Parece que ya siento la bonanza

y regresa a mi cuerpo la alegría.

¡Arriba, y a la calle sin tardanza!

Vida retirada. (Con permiso de Fray Luis)

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No quiero más compañía

que los trinos de las aves

o el tañer de las esquilas

cuando vago  por el campo

sin una dirección fija.

Por encima tengo al cielo,

a mi  lado  las  encinas,

otras veces olivares,

escarpadas serranías,

valles de intenso verdor

o llanuras labrantías.

De vez en cuando me paro

de algún arroyo a la orilla

o  cerca de una pradera

cuajada de margaritas.

Allí gozo y  me recreo

con el tiempo suspendido

de las alas del silencio.

Por  reloj tengo las sombras,

para predecir la lluvia

las figuras de las nubes

y  la dirección del viento.

Si el aguacero sorprende

la pared de algún cortijo

o alguna cerca de piedra

ofrece amparo  y cobijo.

Mientras  el agua  humedece

la arboleda en la  dehesa

la tierra desprende efluvios

de  orégano y  de tomillo

mastranto,  salvia y espliego.

Si la calor incomoda

el fresco de la alameda

alivia sus rigideces

acompañado de trinos

Por tan poco ¡qué más quiero,

si voy hablando conmigo

en un paraíso agreste

haciendo lo que me place

sin que nadie me moleste!

 

Lunas de sangre.

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Esta luna roja que se anuncia para hoy y que desde tiempos muy remotos ha dado lugar a explicaciones apocalípticas, sin base científica alguna, es  sólo un fenómeno físico debido a la refracción de la luz. Se han dado explicaciones mágicas y prodigiosas a fenómenos, como los eclipses, que simplemente  son hechos físicos o químicos que la  naturaleza produce. Uno más pudiera ser el final de la vida en la tierra, cuando el sol agote su combustible de hidrógeno.

Se agostarán las flores

en todas las praderas.

De los montes bajarán

vellones de tinieblas

a confundir caminos,

atajos y veredas.

Se secarán los ríos

y no habrá  sementeras

ni grano en los graneros.

Perdidos, erraremos

por  desérticos campos

y pedregales  yermos.

Hostigarán la tierra

remolinos  de  vientos

que arrancarán de cuajo

 palacios y viviendas.

El último crepúsculo

del final de los tiempos

tendrá un  celaje ocre

de avérnicas figuras.

Una luna de sangre

coronará  los montes.

Surgirán de los mares

con ruidoso  estruendo

los vientres de volcanes

echando lava y fuego

sobre toda la tierra.

Flotarán en el magma

despojos  putrefactos

y animales ardiendo.

El sol se enrocará

en  agujero negro.

Después,  silencio eterno

Inocencia de niño.

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Se despluman las alas de los ángeles

sobre campos de jara.

Lento descenso a tierra

de las quimeras de niño.

Incienso, vidriera y rezos

las tardes de  los oficios.  

Abril.

Azucenas y lirios.

Siete puñales clavados

en el corazón de madre

 y una corona de espinas

en la cabeza del hijo.

¡Oh,  los predicadores!

Y el silencio.

La luz del sol tras las nubes

era  corona de Dios.

Fantasías infantiles,

inocentes pecados de la infancia

en el confesionario oscuro.

¿Dónde quedó el paraíso?

Vana rebeldía.

viejos

 

Ya andaba con dificultad y arrastraba los pies. Un día,  con las pocas fuerzas que quedaban en sus brazos, golpeó el suelo con el bastón y exclamó: “¡Con lo que yo he andado!”.

Había desengaño en esta frase,

decepción,  un envite y un reproche

al  tiempo, por cobranza del derroche,

tal si fuera enemigo que  vengase

 

una antigua afrenta no saldada,

servida con crueldad  en plato frío,

cuando  ya el vigor del bravo río

el delta de  la  muerte vislumbraba.

 

Y vi  en ti, Antonio, aquella tarde

un desplante de vana rebeldía,

una añoranza de la edad perdida.

Al poco de esta acción dejé de verte,

arribadas  las aguas de tu vida 

al mar inevitable  de la muerte.

La fuente del Horno.

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Todavía  se acercan algunos a la fuente  con sus coches a llenar vasijas  de plástico; no 

se fían del agua del pantano y continúan bebiendo ésta que no está clorada y que  sigue

fluyendo continuamente  de su caño dorado y roto.

La fuente del Horno, al lado de la carretera de Llerena y a los pies del cerro del mismo nombre, junto con la denominada del  Lugar y el  pozo del Bañito,  han surtido al vecindario  de Ahillones de agua potable cuando no existía red de abastecimiento público. El pozo del Bañito está  en el cerro cerca de la cruz de la Mota. De éste último tenía la llave de la tapadera del brocal, tía Isabel, conocida como la de las escuelas. Por el  suministro del agua de este pozo se pagaba una pequeña cantidad.

Para el acarreo se utilizaban  asnos, pertrechados con aguaderas o serones. Pernoctaban en las cuadras. Muchas casas disponían de ellas. Hoy están prácticamente desaparecidas. El macho era menos frecuente para estos  menesteres  ya que, si no estaba capado, presentaba armas de momento cuando veía a una hembra. El  escándalo era mayúsculo, con sonoros relinchos de celo y  descomposición de atalajes, compostura  y carga.

Los  tres caminos principales que llegaban a la fuente del Horno partían de las traseras de la calle Nueva, de la esquina del Ejido y de la parte delantera del huerto Blanco, y  confluían, una vez pasado el cerro,  en uno único que  llegaba al manantial.

Como  había que esperar a que tocara el turno para llenar, el lugar se convertía en sitio  de conversación y cotilleo. Se repasaban, con gracejo y pimienta,  los acontecimientos más novedosos del acontecer vecinal.

Tío José,  tío Miguel y Manolito, hijo de éste último, se dedicaron a traer agua al pueblo ,cobrando por ello. Esto fue en los últimos tiempos, antes del agua corriente.  Para los no iniciados aclaro que el título de “tío” que antepongo a algunos nombres es señal en mi pueblo del respeto que inspira la edad madura.

Como casos dignos de mención, por su esfuerzo y habilidad, hay que citar a las mujeres  que portaban dos cántaros y un botijo sin más ayuda que su cuerpo. Uno de los cántaros en la cabeza con una rosquilla que le servía de soporte y amortiguador, otro en el cuadril y el botijo en la mano contraria.

Como dice el refrán: …tanto va el cántaro a la fuente…Y se rompían, claro, con gran quebranto y disgusto de aquellos a los que les sucedía.

Los muchachos, que lo que nos gustaba era poner a la burra a “tos cuatro pies” , cuando  nos encontrábamos con un amigo en el ejido  camino de la fuente, nos echábamos carreras para ver quién llegaba antes. No era extraño que en estas competiciones  el viaje de regreso se precipitara con los restos del naufragio y sin agua.

Indeciso.

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Camuflado en las sombras de la calle

acecha cada noche vigilante

a la joven de busto  exuberante,

esbelto tipo y bien formado  talle.

 

Doliente  de insalvable timidez

a  sus piernas se agarra la flaqueza

y en su boca  aparece la torpeza

cuando quiere mostrar su validez.

 

El tiempo pasa  sin que  se decida

esperando al aguardo imperturbable

ocasión que le ofrezca la  osadía.

 

Una noche la dama conmovida 

le agradece pasión tan perdurable

cuando ya los  cincuenta frisaría.

 

No sé qué pasaría,

pero afecto  que no  se manifiesta

ni merced halla ni le dan respuesta. 

Encopetado.

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Loor y gloria a la  excelencia ilustre,

arquetipo de excelsas probidades,

recto varón de recias cualidades,

que hasta el aire rozado luce lustre

al paso de tan  eminente prócer.

Lento el paso y enhiesta la cabeza,

egregia marcha y preclara alteza,

serena majestad, excelso porte.

Cumplida la ocasión de lucimiento

y colgado el chaqué  en el perchero

 es hora de dejar el fingimiento,

prescindir de desdén  tan altanero

que ajeno a su fin,  fue divertimento

en lugar de deslumbre, caballero.