Malajes
Vano botín obtiene aquel que fía
su contento gozando el daño ajeno,
así revela a los demás lo obsceno
que esconde su interior de villanía.
Obrando con abyecta felonía,
entrega en vez de corazón veneno
con infame baldón de fango lleno
para acrecer tu mal y su alegría.
No pongamos su turbia condición
a idéntico nivel que nuestra altura,
pues dichoso con nuestra turbación
enojo busca o malestar procura
por tener satisfecha su intención,
y eso da a su perfidia cobertura.
Las huestes de don Rodrigo
Las huestes de don Rodrígo
rato ha que ya sabían
que a su laureado jefe
la deshonra perseguía
en los campos de batalla.
Ayer consejos vendía
desde el monetario fondo,
hoy ni siquiera se fían
sus más fieles aliados.
La campana que tañía
con repiques jubilosos
cuando a la bolsa salía
su Bankia bien engañada
hoy dobles son de agonía
por tan sangriento revés.
De esta manera decía
cuando triste y desarmado
por tan grande felonía
lo acompañaba hasta el coche
el cuerpo de policía:
La fortuna que amasé
parte de herencia tenía
y el resto de los caudales
lo gané en la lotería.
(Que le pregunten a Fabra
si es verdad o fantasía).
Divagando con la lluvia
Palabras que no dije
permanecen aún en la memoria,
como si vivieran una muerte inacabada.
De vez en cuando afloran,
como ahora,
y escapan por la ventana entreabierta del alma
a mojarse en la lluvia
de esta tarde gris de primavera.
Cuando el corazón latía al galope
por los campos ardientes de las sienes,
la timidez fue brida de caricias
y lazo estanco de pasiones.
A mitad de camino entre la boca
y mis ganas de decir alguna cosa
quedaron frases desmayadas
sin llegar al destino deseado.
En el árbol que se yergue enfrente,
una paloma de ahuecadas plumas
espera a que la lluvia cese.
Hasta mí llega el murmullo del agua
que cae en la arboleda
y un olor a campo verde, preñado
de esperanzas nuevas.
El iris se arquea en el horizonte,
y la paloma vuela
con una rama en el pico
sobre verdes alcaceres…
…y en el fanal brillante de la tarde
desaparece su estela.
Tres micro relatos.
OLVIDO
Las tardes las pasa en la ventana. Habla y sonríe de vez en cuando. Apenas nos da castigo.
Por las mañanas mientras lo aseamos nos cuenta historias de la escuela, de don Antonio, su maestro, de sus amigos de juego, de los paseos por el campo y de su perrilla “Seda”.
Hoy está contento porque dice que vendrán sus padres a verlo. Le traerán caramelos y un libro de cuentos. Ya ve usted. Sus padres, que murieron hace tanto tiempo.
Recuerden ustedes que el tiempo de visita es de cinco a ocho. Se acuestan temprano.
SUEÑO ETERNO
Estaba muy cansado y quería dormir profundamente. Se fue a la última habitación de la casa, al lugar más oscuro y silencioso donde nunca llegaba la luz ni el ruido. Durmió y en su sueño bajó larguísimas escaleras de caracol envueltas en brumas. Lo despertó una voz de querube, dulce pero imperiosa.
-Levántate y dirige tus pasos a la gran explanada, donde están formadas las filas de los que esperan sus destinos. La próxima salida es la tuya, va hacia el Purgatorio.
HAMELIN
La madre le dio un libro de cuentos a su hijo para que se entretuviera mientras ella compraba en las rebajas. Entre lámparas maravillosas de las que salían duendes, frases mágicas que abrían cuevas y animales que hablaban, al hijo se le pasó enseguida parte de la mañana, pero su madre tardaba demasiado. Cuando regresó de las compras no lo encontró en el sitio donde lo había dejado.
-Señora, su hijo iba tocando una flauta con cientos de mujeres detrás cargadas de bolsas.
Veleidosos
Sople el viento del este o de poniente
siempre queda al amparo que guarece
quien vela a Dios y a Lucifer ofrece
buscando para él lo conveniente.
Mas, si luego la apuesta desvanece
invierte adulaciones de repente:
palo al caído, coba al emergente,
sin rubor o reparo que lo empece.
Pero con tantos cambios de partida,
en la opinión ajena dilapida
lo que gana en provecho recurrente,
pues al final de todo nadie olvida
que la fama da lustre a quien merece
y la traición deshonra a quien la ejerce.
Combinados










