Belleza o impostura.
Sucede a veces que las mujeres muy bellas cohíben a los hombres de acercarse a ellas.
Subí por roquedales escarpados
hasta la vecindad de su figura,
temeroso de hallar la sepultura
en los riscos de los acantilados.
Tales eran de regios sus tocados
que varones de apuesta compostura
desistían por miedo a la apretura
de verse en su terreno desarmados.
Llegué al temido trono con paciencia
y a medida que hablaba mitigué
la aprensión que inspiraba su presencia.
Con el tiempo y el trato averigüé
qué secreto guardaba su apariencia:
sólo era brillo de papel cuché.
Los dos tercetos anteriores pueden sustituirse por los dos siguientes, pues cierto es que los dos casos podemos encontrarnos en la vida.
Cerca de su cuerpo y su semblante
comprobé la verdad de su hermosura,
de encanto natural, fresco y radiante.
No había aderezo ni impostura:
lo que de lejos parecía arrogante
era la brillantez de su figura.
Retama.
Celosía del aire
donde el silbo se hace verde
y cierne el soplo de los temporales.
Manos que la tierra presta al viento
para que las cuerdas de sus liras
anuncien la lluvia cercana.
Albergue de la escarcha
cuando el frío corta trocitos de estrellas en la madrugada
y produce diamantes transparentes
que adornan de belleza la mañana:
espejos de luz, las gotas de rocío
pendientes de sus ramas.
Nubes pasajeras.
Pasan dispersas las nubes delante de la luna. Me contaban de niño que venían del mar a regar los campos y a surtir fuentes y veneros. Vaciaban y regresaban después cargadas con sus aguaderas grises. Por las sierras de Fuente del Arco, justo por la ruta del Pencón, llegaban las más copiosas. Recostado esta noche en la pared color marfil, que la luna presta y las nubes pasajeras quitan, las sigo hasta que se pierden en lo más oscuro del cielo. Deben ser pajes o escuderas que abren paso a las portadoras de lluvia. Desde una hoja salta la rana al agua y la luna se quiebra en temblores de plata sobre el fondo oscuro de la alberca. Por un momento se oscurece todo, después el cielo queda limpio con la luna en lo más alto y clarean como arterias de alpaca los caminos que serpean en los olivos. Lejanas, diviso las luces del pueblo…
¡Qué bien se está mientras pasa el tiempo de puntillas sin que el reloj trocee su marcha con las tijeras del tictac!
Licencia para coger setas.
Con mi respeto y admiración por los auténticos ecologistas.
Ornados con verdosos atavíos
y tocado de pluma el tirolés,
llegan ecologistas reciclados
de la fina boutique del Corte Inglés.
Recorren el terreno de puntillas
por no manchar de barro su buen paño,
opinando de todo sin embargo
con la erudita ciencia que aprendieron
en el blando sillón de sus despachos.
Desde el sumo poder que el cargo presta
decretan que con base en su experiencia
para acudir al campo a coger setas
hará falta obtener una licencia.
Sanado el estupor de su ocurrencia
para mí, cortésmente, sólo resta
mandarlos muy gustoso a hacer puñetas.
Ensueño.
Levanté en sueños un castillo
en los acantilados,
donde rompen las olas su bravura
y en días tranquilos
el cambiante color de su tersura
llena de cadencias armoniosas
el apacible transcurso de las horas.
La franja rielada de la luna
con brillo de peces plateados
partía en dos a la noche marinera.
Su cuerpo de sirena,
largos cabellos y ojos de zafiro,
protegí de inclementes tempestades.
Viajé con ella en nubes de algodón,
recalando en las más recónditas riberas.
La amé como sólo se ama en sueños
con caricias de espumas
en el frágil cristal de su hermosura…
Desperté aterido.
Por la ventana entreabierta
llegaba el rumor del aguacero.
Quise anudar el sueño interrumpido,
pero la diosa Eos con velo azafranado
había anunciado a Helios
por los bordes rosados de la aurora.
Primer beso
La inocencia de la edad dichosa
fue el impulso del beso arrebatado
que el chiquillo nervioso y azorado
plantó en la cara a tan lozana rosa.
Sintieron aletëos de mariposa
y el aura del crespúsculo encarnado
envolvió en abrazo enamorado
su ternura infantil y candorosa.
Un coro de querubes celestiales
desde los palcos rojos del poniente
les pareció escuchar a los chavales
a la luz imprecisa y decadente
del regreso, entre verdes trigales,
manos asidas y mirar fulgente.
Juntar palabras y poesía.
Esencial a la trova es la belleza:
igual da verso libre o verso suelto
o el poema sin rima bien resuelto
si logran la hermosura con alteza.
Como hay pintores de pincel incierto
que por arte despachan garabatos
también existen ciertos literatos
que confunden maraña con acierto.
Los versos tendrán música y sentido,
cual si fueran hermosas melodías
que el lector interpreta conmovido.
Si faltan emoción y contenido
quedan sólo inconexas fruslerías
combinadas en un galimatías
Agosto se va.
La luz de la campiña melifica
la pajiza dispersión de los rastrojos.
Traen bocanadas del desierto los solanos
y llenan el horizonte de espejuelos
con la blanca turbiedad de la calima.
Las gargantas resecas del barbecho
regurgitan la sed en carne viva
de la honda escasez de los veneros.
A la sombra en calma de la encina
sestea la tórtola africana,
que volará después a la rivera
donde, entre adelfas,
queda un poco de agua remansada.
Alba.










