Putas guerras.

guerra

A sus maridos los mató una  guerra

que gloriosos patriotas declararon

en defensa de extraños intereses

disfrazados de grandes ideales.

Detrás de la metralla y las trincheras

quedaron huérfanos y madres,

y medallas de plata en las pecheras

de insignes estrategas.

Nadie vino a nutrir  su descendencia

ni a suplir las faltas de sus padres.

Los sudores y el pan que los sustenta

del sacrificio de las madres salen.

El rítmico desfilar  de los cortejos,

al aire las banderas,

botas negras, brillantes bandoleras,

pisan sangre derramada

de personas  inocentes

que murieron engañadas

por espurios intereses.

Corazón.

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Ya no uso reloj.

Mi huso horario va de los  deleites a las penas

y en medio  el apacible tiempo entretenido.

¿Para qué  medir la cuenta atrás?

Del  tictac se encarga el corazón con sus latidos,

aunque a veces tenga  prisa    

y quiera salir de su cárcel de costillas

clavándome en  las sienes

punzantes  inquietudes.

También  lo siento dormido, tan quedo

como  el agua remansada.

Le aguijé las espuelas

en carreras de potros desbocados,

a destajo y a deshoras.

Se unió ardoroso a otros latidos

y a compás o a contramano,

recibió premio y castigo.

Por ahí estarán las cicatrices,

labios ya cosidos y sanados.

Debe de estar  desfallecido

de regar tantas  parcelas,

pero aún no ceja en la pasión y  se emociona.

Temo que un día

se me cruce  de arterias y  de venas

y deje  de mover la vieja noria,

desvencijados ya sus cangilones,

y el agua  negra y  fría

quede en el fondo del pozo detenida.

 

Frágil propósito de enmienda.

bacanal

 

 

 

 

Tras las celebraciones bacanales

mi  cuerpo yace exhausto y  agotado

y sólo me  apetece estar tirado

aliviando las huellas de sus males.

Comidas y orgías  primaverales

que exuberantemente he celebrado

pasan cuenta por no  haber calculado

que  las dichas son siempre temporales.

A la espera de pronta mejoría

reconduzco mi  vida con templanza

para poder lucir mi lozanía.

Parece que ya siento la bonanza

y regresa a mi cuerpo la alegría.

¡Arriba, y a la calle sin tardanza!

Vida retirada. (Con permiso de Fray Luis)

faro32

No quiero más compañía

que los trinos de las aves

o el tañer de las esquilas

cuando vago  por el campo

sin una dirección fija.

Por encima tengo al cielo,

a mi  lado  las  encinas,

otras veces olivares,

escarpadas serranías,

valles de intenso verdor

o llanuras labrantías.

De vez en cuando me paro

de algún arroyo a la orilla

o  cerca de una pradera

cuajada de margaritas.

Allí gozo y  me recreo

con el tiempo suspendido

de las alas del silencio.

Por  reloj tengo las sombras,

para predecir la lluvia

las figuras de las nubes

y  la dirección del viento.

Si el aguacero sorprende

la pared de algún cortijo

o alguna cerca de piedra

ofrece amparo  y cobijo.

Mientras  el agua  humedece

la arboleda en la  dehesa

la tierra desprende efluvios

de  orégano y  de tomillo

mastranto,  salvia y espliego.

Si la calor incomoda

el fresco de la alameda

alivia sus rigideces

acompañado de trinos

Por tan poco ¡qué más quiero,

si voy hablando conmigo

en un paraíso agreste

haciendo lo que me place

sin que nadie me moleste!

 

Lunas de sangre.

lunasrojas

 

Esta luna roja que se anuncia para hoy y que desde tiempos muy remotos ha dado lugar a explicaciones apocalípticas, sin base científica alguna, es  sólo un fenómeno físico debido a la refracción de la luz. Se han dado explicaciones mágicas y prodigiosas a fenómenos, como los eclipses, que simplemente  son hechos físicos o químicos que la  naturaleza produce. Uno más pudiera ser el final de la vida en la tierra, cuando el sol agote su combustible de hidrógeno.

Se agostarán las flores

en todas las praderas.

De los montes bajarán

vellones de tinieblas

a confundir caminos,

atajos y veredas.

Se secarán los ríos

y no habrá  sementeras

ni grano en los graneros.

Perdidos, erraremos

por  desérticos campos

y pedregales  yermos.

Hostigarán la tierra

remolinos  de  vientos

que arrancarán de cuajo

 palacios y viviendas.

El último crepúsculo

del final de los tiempos

tendrá un  celaje ocre

de avérnicas figuras.

Una luna de sangre

coronará  los montes.

Surgirán de los mares

con ruidoso  estruendo

los vientres de volcanes

echando lava y fuego

sobre toda la tierra.

Flotarán en el magma

despojos  putrefactos

y animales ardiendo.

El sol se enrocará

en  agujero negro.

Después,  silencio eterno

Inocencia de niño.

jara

Se despluman las alas de los ángeles

sobre campos de jara.

Lento descenso a tierra

de las quimeras de niño.

Incienso, vidriera y rezos

las tardes de  los oficios.  

Abril.

Azucenas y lirios.

Siete puñales clavados

en el corazón de madre

 y una corona de espinas

en la cabeza del hijo.

¡Oh,  los predicadores!

Y el silencio.

La luz del sol tras las nubes

era  corona de Dios.

Fantasías infantiles,

inocentes pecados de la infancia

en el confesionario oscuro.

¿Dónde quedó el paraíso?

Vana rebeldía.

viejos

 

Ya andaba con dificultad y arrastraba los pies. Un día,  con las pocas fuerzas que quedaban en sus brazos, golpeó el suelo con el bastón y exclamó: “¡Con lo que yo he andado!”.

Había desengaño en esta frase,

decepción,  un envite y un reproche

al  tiempo, por cobranza del derroche,

tal si fuera enemigo que  vengase

 

una antigua afrenta no saldada,

servida con crueldad  en plato frío,

cuando  ya el vigor del bravo río

el delta de  la  muerte vislumbraba.

 

Y vi  en ti, Antonio, aquella tarde

un desplante de vana rebeldía,

una añoranza de la edad perdida.

Al poco de esta acción dejé de verte,

arribadas  las aguas de tu vida 

al mar inevitable  de la muerte.

Indeciso.

farola

 

Camuflado en las sombras de la calle

acecha cada noche vigilante

a la joven de busto  exuberante,

esbelto tipo y bien formado  talle.

 

Doliente  de insalvable timidez

a  sus piernas se agarra la flaqueza

y en su boca  aparece la torpeza

cuando quiere mostrar su validez.

 

El tiempo pasa  sin que  se decida

esperando al aguardo imperturbable

ocasión que le ofrezca la  osadía.

 

Una noche la dama conmovida 

le agradece pasión tan perdurable

cuando ya los  cincuenta frisaría.

 

No sé qué pasaría,

pero afecto  que no  se manifiesta

ni merced halla ni le dan respuesta. 

Unos ojos.

Ojos_azules

La Naturaleza, caprichosa,

combinó  colores

en el bello crisol de su paleta.

Cogió del cielo tonos azulados,

de cuando sopla el norte

y luce esplendoroso el cielo claro.

Sumergió el pincel de la creación

en mares de color azul turquesa

y  trasladó, divinidad pintora,

el cóctel a tus ojos.

Para darle brillo a la  mirada

engastó un diamante de luz en tu pupila.

Ahora  mirándolos  estoy,

sin atender  palabras, seducido,

ante el inmenso azul de la belleza,

buscando  en las profundidades

aguamarinas, perlas  y  zafiros .

 

Encopetado.

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Loor y gloria a la  excelencia ilustre,

arquetipo de excelsas probidades,

recto varón de recias cualidades,

que hasta el aire rozado luce lustre

al paso de tan  eminente prócer.

Lento el paso y enhiesta la cabeza,

egregia marcha y preclara alteza,

serena majestad, excelso porte.

Cumplida la ocasión de lucimiento

y colgado el chaqué  en el perchero

 es hora de dejar el fingimiento,

prescindir de desdén  tan altanero

que ajeno a su fin,  fue divertimento

en lugar de deslumbre, caballero.