Tus brazos.

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Tu pelo mojado

dejaba en tu frente

mechón descuidado.

Llovía mansamente.

Tu mirada  perdida

se iba calle abajo

con el agua rota

caída en el suelo.

Quise abrazar

la redondez morena

de tus brazos desnudos,

frescor erizado

del primer aguacero.

No me atreví

a poner mi cuerpo

tan cerca del tuyo. 

Soltando lastre.

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Voy a mis adentros,

cada vez más distante de las cosas,

absorto en mis asuntos,

sin atender llamadas ni  siseos.

Y no es que esté tocado

de ningún mal de la cabeza,

es que cada vez me afectan menos

los tópicos y los cumplidos.

Aprendí con  el tiempo

a relativizar sucesos

y a intentar saber   el  porqué

de las conductas de la gente,

fieras muchas veces,

héroes de calamidades

o de lágrima fácil

cuando ven salir  a las imágenes.

La madurez me va quedando solo,

pero más libre y más ligero,

soltando amarras en el puerto

 y extendiendo velas en el mar,  

a solas con mis pensamientos. 

Belleza o impostura.

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Sucede a veces que las mujeres muy bellas cohíben a los hombres de acercarse a ellas. 

Subí por roquedales escarpados

hasta la vecindad  de su figura,

temeroso de hallar la sepultura

en los riscos  de los acantilados.

 

Tales eran de regios sus tocados

que varones  de apuesta compostura

desistían por miedo a la apretura

de verse en su terreno desarmados.

 

Llegué al temido trono con paciencia

y a medida que hablaba mitigué

la aprensión que inspiraba su presencia.

 

Con el tiempo y el trato  averigüé

qué secreto guardaba su apariencia:

sólo era brillo de papel  cuché.

Los dos tercetos anteriores pueden sustituirse  por los dos siguientes, pues cierto es que  los dos casos podemos encontrarnos en la vida.  

Cerca  de su cuerpo y su semblante

comprobé la  verdad de su hermosura,  

de encanto   natural, fresco y radiante.

 

No había  aderezo ni impostura:

lo que de lejos  parecía arrogante

era la brillantez  de  su figura.

 

Retama.

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Celosía del aire

donde el silbo se hace verde

y cierne el  soplo de los  temporales.

Manos que la tierra presta al viento

para que  las cuerdas de sus liras

anuncien la  lluvia cercana.

Albergue de la escarcha

cuando el frío corta trocitos de estrellas en la madrugada

y produce diamantes transparentes

que adornan  de belleza la mañana:

espejos  de  luz,  las gotas de rocío

pendientes de sus ramas.

 

Licencia para coger setas.

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Con mi respeto y admiración por los auténticos ecologistas.

Ornados con verdosos atavíos

y tocado de pluma el tirolés, 

llegan ecologistas reciclados

de la fina boutique del Corte Inglés.

Recorren el terreno de puntillas

por no manchar de barro su buen paño,

opinando de todo  sin  embargo

con la erudita ciencia que aprendieron

en el blando sillón de sus despachos.

Desde el sumo poder que el cargo presta

decretan que con base en  su experiencia

para  acudir al campo a coger  setas

hará falta obtener una licencia.

Sanado el estupor de su   ocurrencia

para mí, cortésmente, sólo resta

mandarlos muy gustoso  a hacer puñetas.

 

Ensueño.

lunariela

 

 

 

 

 

 

 

 

Levanté   en sueños un castillo

en los acantilados,

donde rompen las olas su bravura

y  en días tranquilos

el cambiante  color de su tersura

llena de cadencias armoniosas

el  apacible transcurso  de las horas.

La franja  rielada de la luna

con brillo  de peces plateados

partía en dos a  la noche marinera.

Su cuerpo de sirena,

largos cabellos y ojos  de zafiro,

protegí  de inclementes  tempestades.

Viajé con ella en nubes de algodón,

recalando en las más recónditas riberas.

La amé como sólo se ama en sueños

con caricias de espumas

en el frágil cristal  de su hermosura…

Desperté aterido.

Por la ventana entreabierta

llegaba el rumor del aguacero.

Quise  anudar  el sueño interrumpido,

pero la diosa Eos  con velo azafranado

había anunciado  a Helios

por los bordes rosados de la aurora.

Primer beso

Niños Besandose. Vervaco

La inocencia de la edad dichosa

fue el  impulso del beso arrebatado

que el chiquillo nervioso y azorado

plantó en la cara a  tan lozana rosa.

 

Sintieron aletëos de mariposa

y el aura del crespúsculo encarnado 

envolvió en abrazo enamorado

su ternura infantil y  candorosa.

  

Un coro de  querubes celestiales

desde los palcos rojos del poniente

les pareció escuchar a  los chavales

 

a la luz imprecisa y decadente

del regreso, entre verdes trigales,

manos asidas y mirar fulgente.

Propiedad del Estado.

RECIBO IBI PARA A3

Usted, querido lector,

que reunió unas propiedades

con muchas penalidades

para un futuro mejor,

debe salir del error:

usted no es el propietario,

tan sólo es usufructuario

si paga contribución;

si no,  el potente patrón

se queda con el erario.

¿Quién es el usurpador

que con tantas potestades

se apropia de los  caudales

que ganamos con sudor?

Son los gobiernos, señor,

que si es para recaudar

no es fácil delimitar

diferencias sustanciales,

siendo así todos iguales

a la hora de trincar.

Juntar palabras y poesía.

poemas

Esencial a la trova  es la belleza:

igual da  verso libre o verso suelto

o el  poema sin rima bien resuelto

si logran la hermosura con alteza.

 

Como hay  pintores de  pincel incierto 

que por arte despachan garabatos

también existen ciertos literatos

que confunden maraña con acierto.

 

Los versos tendrán música y sentido,

cual si fueran hermosas  melodías

que el lector interpreta conmovido.

 

Si faltan emoción y contenido

quedan sólo inconexas fruslerías

combinadas en un galimatías 

Agosto se va.

sanpedro (11)

La luz de la campiña melifica

la pajiza dispersión de los rastrojos.

Traen bocanadas del desierto los solanos

y llenan el horizonte de espejuelos

con la blanca turbiedad de la calima.

Las gargantas resecas del barbecho

regurgitan la sed en carne viva

de la honda escasez de los veneros.

A la sombra  en calma de la encina

sestea la tórtola africana,

que volará después a la rivera

donde, entre adelfas,

queda un poco de agua remansada.