Ausencia
Cuando murió la echamos de menos en sus cosas.
Presentíamos sus pasos como sombras de algodón en zapatillas por la casa.
A bocanadas de añoranza el silencio dejaba entre nosotros la estela de su voz.
Quedó la forma de su cuerpo en los vestidos, colgados en las perchas del ropero.
El sillón, donde pasaba tantas horas detrás de la ventana, conservaba los límites de su figura.
Siguió la marcha el tiempo en el reloj, ya sin los latidos de su pulso.
Las sonrisas de otros días quedan en las fotos para siempre retenidas.
Se posó en sus pertenencias, huérfanas de su calor, la muerte.
Al frío de enero maullaba lastimoso el gato tras la puerta cerrada del corral.
El vacío lo llenó todo de un gris monótono y lluvioso,
espesa estela de recuerdo conmovido.
Matanzas caseras
(Carta en el periódico HOY 29/12/2013)
Las milicias ciudadanas han tomado los caminos que rodean el pueblo para alejar de sus contornos la grasa, el azúcar y la sal. No hay hora de la mañana o de la tarde en las que no se vean entusiastas centinelas de la salud con paso firme y dispuesto disuadiendo a estos declarados enemigos para que se abstengan de penetrar en el recinto amurallado de la buena alimentación.
Tal es su disposición que costumbres enraizadas como las matanzas caseras han descendido de forma considerable. No ha mucho, en estas mañanas de invierno, con los tejados blancos de la helada y el humo saliendo por las chimeneas se oían los agudos gruñidos del sacrificio matancero. Ya son contadas las familias que conservan esta tradición que surtía despensas y alacenas.
El plato de aceitunas con pan ha sido proscrito y culpado de los más abominables problemas de hipertensión y colesterol.
¿Dónde fueron aquellos desayunos a la vera de la candela con manteca “colorá”?
¿Y aquellas cenas con las presas conservadas en manteca?
¿Y los cocidos con tocino fresco y costillas adobadas?
¡Ay, análisis, no dudo del bien que hacéis y de que nos alargáis la vida, pero qué precio más alto estamos pagando!
Cartas de puño y letra.
(Carta en el periódico HOY 19/12/2013)
Ya no se escriben esas cartas. Los teclados y el lenguaje abreviado, casi criptográfico para los no iniciados, han sustituido al papel y la pluma. El telegrama, que por economía nos obligaba a la utilización de enclíticos y a condensar pensamientos, es el digno ancestro de los nuevos mensajes digitales.
La caligrafía se ha convertido en una reliquia, pero a mí me gustan las cartas escritas de puño y letra, esas que contienen sentimientos trabados en las colinas y los valles de los trazos. Da igual que los renglones salgan torcidos, lo que importa es que sean propios de quienes los escriben. Al recibir una carta imaginas las circunstancias en que te la han escrito. Yo, en mi época de internado, pensaba en mis padres, sentados al brasero en las horas tranquilas del anochecido, tras el trajinar diario. Una carta escrita a mano es un retrato del ánimo en un momento concreto que termina siempre con un abrazo firmado.
Cuando pasa el tiempo y vuelves a releer sus líneas en las cuartillas ya pajizas, notas aún los latidos del corazón azul de la tinta. La misma sensación que te produce una flor seca guardada entre las hojas de un libro.
¡Felices fiestas!
Portal de Belén,
junto a la rivera
donde lavanderas
lavan en el agua
con la luna clara
de papel de plata.
Los pastores velan
junto a la candela
de fuego escarlata.
¡Quimeras de niños
en busca de magro
y mocos de fragua
para el portalito!
Con esta letrilla
de recuerdos hecha
quiero para todos
muy felices fiestas.
Recuerdos de Guadalcanal (III).
En el Colegio de Educación Infantil y Primaria Nª Sª de Guaditoca había tres cursos de sexto. Estaban ubicados en un edificio independiente, al fondo del patio y con la vista preciosa de la Sierra del Agua enfrente. Tenía dos plantas y era más antiguo que el edificio que estaba a la derecha, según se entraba al centro, donde daban clases los de segunda etapa y los más pequeños de Primaria. Era de ladrillo visto, con porche. El patio de recreo tenía dos alturas, la de arriba, como una meseta, era el lugar donde los niños jugaban al fútbol. A mano izquierda, según se accedía al centro, estaba el edificio de los parvulitos o preescolar, donde impartía docencia Gracita Rivero. En ese edificio estaba la secretaría y la dirección. Creo que sólo la visité una vez, pues los claustros los celebrábamos en la clase de Paco y más informalmente nos poníamos de acuerdo en ciertos temas pasando una nota a la firma o charlando en el recreo.
D. José Fernández, Pepe para los amigos, era y es una persona inteligente. Además de noble, paciente y excelente compañero. Nunca se enfadaba con nadie. Con fina ironía y mandando sin que se notara, fue mi director durante estos tres años que pasé en Guadalcanal. Le guardo sincero aprecio. Una tarde llegó D. Antonio Martín, el cura, al colegio para concertar el día y la hora de un acto al que iban a asistir los alumnos. Nuestro director y el párroco se pusieron de acuerdo sobre el tema. Estaba Pepe en clase de manualidades con su encuadernadora de cuerdas que tan diestramente utilizaba. Entré yo al cambio clases y en esas llegó un niño y le dijo que de parte de don Fulanito, otro compañero, la hora del acto parroquial sería otra, por no recuerdo ahora qué motivo. Se quedó mirándolo y le dijo: “¡Vaya, hombre, anda, ve y dile a don Antonio que ha llegado una contraorden y que se cambia la hora!”
Un año, al final de curso, celebramos un partido de fútbol femenino entre las alumnas de Cazalla y las de nuestro colegio. A las niñas las entrenaba Alfonso, pero el día del partido no pudo estar y delegó en mí. Aquí pongo la alineación que me dio para el referido partido.
El entrenador del equipo de Cazallla era José Ramón Triviño, compañero mío de estudios y de jugador en el C.D. Santa Marta. Como no había sido designado nadie de árbitro acordaron que fuese yo. Lo hice de la manera más neutral posible, pero no pude evitar que cuando nuestro equipo marcó el 1-0 con el que ganamos diera un salto de alegría celebrándolo. No quedó desapercibido el detalle para el banquillo rival y el colega Triviño después del partido me dijo que sólo me había faltado celebrarlo con las jugadoras, jejeje.












