Alba.

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Toca el alba caracolas

en el mar de la dehesa

con trinos de plata fresca

 y marea de luces nuevas.

Cáliz, el monte de jara,

el sol,  la vida  redonda,

pan y vino derramados

por  la campiña dorada.

Las hojas de las encinas

con ojeras de recencio

espabilan con la brisa

el  sueño  de la mañana.

Olivares y cortijos,

despiertan a la alborada

con el canto de los gallos

y el trabajo campesino.

La retama

y el viento en sus dedos verdes…,

cosquillas de amanecida

en el vientre de la aurora.

Por una senda lejana,

sombra larga, paso quedo,

un hombre va a sus tareas

a lomos de su silencio.  

Funcionarios.

funcionario

 

 

 

 

 

 

(Carta en el periódico HOY 3-8-2014)

Una administración  excesivamente reglamentista,  lenta  e  ineficaz fue retratada en el siglo XIX magistralmente por Mariano José de Larra  en  su artículo “Vuelva usted mañana”. 

Posteriormente, en los años de la dictadura, apareció un tipo de funcionario  que asumió en su fuero interno el papel  de criba y vigía de la pureza ideológica  de aquellos que fueron en su día inmutables principios fundamentales. El acceso a la oficialidad documental se conseguía con un depurado papeleo a través  de las angostas ventanillas tras las  cuales estaba con bigotillo al uso y cara de póquer el meticuloso oficinista que con golpes contundentes  sellaba papeles y otorgaba el visto bueno  después de haber cumplimentado el sufrido ciudadano la instancia y demás documentos adjuntos con  las más variadas pólizas y timbres móviles.

La sombra de esta rémora de desesperante burocracia  y trato a veces denigrante se ha extendido durante años por las  administraciones públicas,  afortunadamente ya en claro retroceso por las garantías constitucionales y administrativas de la democracia, aunque queden vicios,  no extinguidos totalmente,  de hábitos displicentes en escasos reductos de la maquinaria. 

 Viene lo anterior a colación por un reconocimiento que quiero hacer  a todos los empleados públicos que ejercen sus funciones con eficacia y además ponen  de su parte un plus de cordialidad,  que, aunque no  está entre sus obligaciones, hace más fácil y  agradable las a veces liosas gestiones burocráticas.

Personifico este reconocimiento en Carmen,  administrativa de la  Facultad de Filosofía y Letras  de Cáceres  a la que sólo conozco por haber acompañado a mi hija a cumplimentar los trámites de matriculación. Ella,  quizás,  ni sepa quién soy, pero  que nos ha atendido  por segundo año consecutivo  con  eficiencia y  un trato humano exquisito.  Muchas gracias.

Pasatiempos de vacaciones.

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(Carta en el periódico HOY 25-7-2014)

El tiempo de vacaciones se presta a lijar las crestas de los altibajos, a hacer más plano el discurrir de las horas.

Su transcurso se llena de plácidas ondulaciones, como leves dunas de arena cerca de la playa. En este nirvana existencial sobrevuelo con una vista distante las noticias de periódico y examino, por eso de hacer más agradable la espera, algunas de sus secciones.

Recomiendan los que entienden de refrescar memorias y mantener alerta el sistema neuronal hacer crucigramas y sudokus y a ello me presto con afán preventivo y temeroso de que lo de meter el azucarero en el frigorífico que me ocurrió días atrás  no vaya a más y sea sólo un despiste pasajero.

Encuentro un pasatiempo  que por desconocido llama mi atención y al intentar resolverlo se derrumba de golpe toda esperanza de que mis deterioradas células neuronales recobren algo de la perdida viveza de que gozaron años atrás. Se llama el referido entretenimiento que ha dado al traste con mis ilusiones de retrasar la decrepitud,  “Deducciones” y consiste en  que a partir de unas palabras dadas tienes que averiguar una nueva con los datos de que unas de sus  letras se repiten y algunas de ellas  en el mismo lugar, lo que se indica con números al lado de cada palabra en dos columnas.

Desisto de momento  y echo de menos lo bien que estaría yo ahora cerca de la rubia espumosa y refrescante, pero no me resigno y releo las instrucciones para resolver el acertijo. Las columnas se me vuelven filas y los números gatean del suelo hasta el bajante.

Aquellos jeroglíficos egipcios escritos en arcilla me parecen más sencillos. Hay que aceptar la realidad de la irremisible decadencia, pero por asirme a la postrera esperanza de que el error también pueda estar en quién redacta  las instrucciones del invento es por lo que escribo. Por favor sáquenme de la duda y díganme si esto tiene cura, lo mío y lo del redactor. Por ir, si no,  reservando plaza en el Imserso

Quintillas

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ENGREID@

Aires de elevadas dotes

muestra enhiesto en sus posturas

el más necio de los zotes,

campeón de los Pichotes

por memeces y tonturas.

 

 

 AGUADOR@

A por agua iba a la fuente

con la burra y  aguaderas

donde hablaba con la gente

durante espera paciente

hasta que su turno fuera.

Amor y contrato.

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El amor entre  Margarita Gautier y Armando Duval  en La Dama de las Camelias, entre Yuri Andréyevich Zhivago y Lara en  Doctor Zhivago, entre  Calixto y Melibea en La Celestina, entre Oliver y Jenny en Love story …Los amores adolescentes, recíprocamente sentidos, los que dibujan lunas en el agua de la fuente de  arrayán y enredadera,  el verdadero por incontaminado y desprendido…

Ante el cura o el juez  se refrendan y declaran esos  sentimientos, pero ya no es lo mismo. Porque  eso es un  contrato y los contratos son negocios entre partes, que se otorgan y reciben ante ministros y  testigos. ¿Cómo se pueden mezclar los sentimientos con un negocio mercantil?

Cuando el amor es puro y se rompe, queda tristeza, vacío, ansiedad y noches en vela. Cuando se rompe el contrato hay más: se reparten los trastos, la casa familiar, la  pensión compensatoria y el régimen de visitas a los hijos.

En eso queda la promesa ante el altar lleno de flores con  los compases de Meldelson o ante la Constitución. El  amor, el verdadero, se hace eterno en el recuerdo, en el suspiro que añora.  El amor no necesita ceremonias, ni firmas  en sacristías,  ayuntamientos  y juzgados.  Vuela libre y se recrea cada momento. No se rompe si alguna vez se acaba. Se llora o se lamenta, o simplemente se posa suavemente en el recuerdo. El contrato mercantiliza el amor,  lo ata, lo encierra en una jaula y  a veces los arrullos de palomas se convierten en zarpas de león enfurecido, aunque haya amores refrendados ante oficiantes, eclesiásticos o civiles,   que duren toda  vida.

Fachendoso.

Ezequiel Martín Baró.

(Cuadro de Ezequiel Martín Baró)

Enhiesto,  a guisa  de torero

haciendo el paseíllo,

entra el caballero

de acicalada compostura,

ufano el aire y relamido el pelo.

En calmosa y estudiada pose

observa en derredor a  los presentes

que, infelices,  su dicha no merecen.

De  pitillera de bruñida alpaca

extrae un cigarrillo

y con mechero de destellos áureos

enciende el cilindro de tabaco.

En columpio de gozo complaciente

da una profunda calada

y exhala el abundante humo

 por sus apéndices nasales  y entreabierto belfo.

Acodado en la barra,

¡oh,  pequeño mundo a sus pies postrado!

 demanda  un combinado

de exótico apellido

sin mirar al camarero.

 A solas,

con aquellos, sabrá Dios qué pensamientos,

sonríe despectivo.

De compras.

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Aquí en el Faro esperando

 a que acaben las mujeres

 sus labores mercaderes

 de tienda en tienda comprando.

 Hay otros más aguardando

 con caras de sufridores

 al pie de los surtidores

 de la fuente iluminada.

 ¡Ya está la espera acabada!

 piensas cuando con sudores

 las ves  de lejos venir   

 hasta las cejas cargadas

 con marchas aceleradas.  

 Te volviste a confundir  

 si  ese fue tu discurrir

 al ver de pronto su vuelta.

 Se debe a dejada y  suelta

 de una primigenia  entrega

 para seguir en la brega

 con disposición  resuelta.

 

Olas

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Extienden las olas en la arena

alfombras de espumas para el viaje.

Vienen de muy lejos, de alta mar,

de las batallas de los temporales

y la  fuerza espiral  de los tornados.

Traen restos remotos en sus crestas

de  naufragios, los cantos de sirenas

que tentaron a Ulises y sus remeros

y la bruñida luz de los fanales.

Parece que las olas vuelven solas,

pero llevan las almas de los muertos

en el vientre azul de las mareas.

Las gaviotas emiten,  plañideras,

apenados graznidos en los  duelos.

Amantes.

amantes

De melocotón suave su mejilla

acoge sonrosada mi ternura

en la cálida faz  de su hermosura,

mujer plena y cara de  chiquilla.

Mientras la llama de sus ojos brilla

recorro con caricias la dulzura

donde la piel se vuelve comisura

y el pasto de los besos candelilla.

Nuestros cuerpos  ligados al deseo

gozan de la ascensión concupiscente

al ritmo acompasado del jadeo.

Acoplados de forma complaciente

en lúbrica coyunda o himeneo

llega el cénit esplendorosamente.

Permanencia.

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Como la adolescencia es tan viva

parece que la vida es siempre nueva.

¡El resplandor  azul de aquellos ojos

entre el verde frescor de las espigas!

 

Su corazón de par en par abierto,

sin límites de afecto y de cariño,

puro, como la nieve en la cumbre

y la mirada limpia de los niños.

 

Ya no tiene la luz el mismo brillo

ni el aura tibia  de las alamedas 

mueve igual las  hojas en la tarde,

 

pero  siguen conmigo, como entonces,

detenidos en el tiempo su  belleza

y el  mar de sus ojos insondables.