Retama.

IMG_8168

Celosía del aire

donde el silbo se hace verde

y cierne el  soplo de los  temporales.

Manos que la tierra presta al viento

para que  las cuerdas de sus liras

anuncien la  lluvia cercana.

Albergue de la escarcha

cuando el frío corta trocitos de estrellas en la madrugada

y produce diamantes transparentes

que adornan  de belleza la mañana:

espejos  de  luz,  las gotas de rocío

pendientes de sus ramas.

 

Licencia para vivir.

hongosmargadurán

Fotografía de Marga Durán.

(Carta en el periódico HOY 26-9-2014)

Por este tiempo de primeros de otoño, si la lluvia y el tempero acompañan, salen por los ejidos de nuestros pueblos y en los  posíos de las fincas donde pastan las ovejas  los delicados y efímeros hongos, blancos por fuera y rosas en su micelio.

Asados con sólo con un poco de sal constituyen un bocado exquisito. De siempre hemos salido a por ellos niños y mayores.

He barruntado que hay un proyecto por el que quieren implantar una licencia para poder recoger setas. Arguyen que el fin es  regular esta actividad. No sé si es el medio adecuado para conseguirlo, pero sí que es seguro para recaudar dinero si cobran por ello.

La próxima regulación pueden ser los espárragos y las siguientes poner tasas por mirar la luna, por contemplar un arco iris o por el desgaste que los senderistas hacen de los atajos y senderos. Hay que pagar por todo, hasta por el chubasco que te sorprende en campo abierto entre jaras y brezos. ¡Ah, y por el aroma que desprende el campo con  las primeras lluvias, que eso sí que vale y hasta ahora no tenía precio.

Nubes pasajeras.

IMG_6350

Pasan  dispersas las nubes  delante de la luna. Me contaban de niño que venían del mar a regar los campos y a surtir fuentes  y veneros. Vaciaban y regresaban después   cargadas con sus aguaderas grises. Por las sierras de Fuente del Arco, justo por la ruta del  Pencón, llegaban las más copiosas.  Recostado esta noche  en la pared color marfil, que la luna presta y las nubes pasajeras  quitan, las sigo hasta que se pierden en lo más oscuro del cielo. Deben ser pajes o escuderas que abren paso a las portadoras de lluvia. Desde una hoja  salta  la rana al agua y la luna se quiebra en temblores de plata sobre el fondo oscuro de la alberca. Por un momento se oscurece todo, después el cielo queda limpio con la luna en lo más alto  y  clarean como arterias de alpaca  los caminos  que serpean en los olivos. Lejanas, diviso las luces del pueblo… 

¡Qué bien se está mientras pasa el tiempo de puntillas sin que el reloj  trocee su marcha con las tijeras del tictac!

Licencia para coger setas.

seta2

Con mi respeto y admiración por los auténticos ecologistas.

Ornados con verdosos atavíos

y tocado de pluma el tirolés, 

llegan ecologistas reciclados

de la fina boutique del Corte Inglés.

Recorren el terreno de puntillas

por no manchar de barro su buen paño,

opinando de todo  sin  embargo

con la erudita ciencia que aprendieron

en el blando sillón de sus despachos.

Desde el sumo poder que el cargo presta

decretan que con base en  su experiencia

para  acudir al campo a coger  setas

hará falta obtener una licencia.

Sanado el estupor de su   ocurrencia

para mí, cortésmente, sólo resta

mandarlos muy gustoso  a hacer puñetas.

 

Ensueño.

lunariela

 

 

 

 

 

 

 

 

Levanté   en sueños un castillo

en los acantilados,

donde rompen las olas su bravura

y  en días tranquilos

el cambiante  color de su tersura

llena de cadencias armoniosas

el  apacible transcurso  de las horas.

La franja  rielada de la luna

con brillo  de peces plateados

partía en dos a  la noche marinera.

Su cuerpo de sirena,

largos cabellos y ojos  de zafiro,

protegí  de inclementes  tempestades.

Viajé con ella en nubes de algodón,

recalando en las más recónditas riberas.

La amé como sólo se ama en sueños

con caricias de espumas

en el frágil cristal  de su hermosura…

Desperté aterido.

Por la ventana entreabierta

llegaba el rumor del aguacero.

Quise  anudar  el sueño interrumpido,

pero la diosa Eos  con velo azafranado

había anunciado  a Helios

por los bordes rosados de la aurora.

Primer beso

Niños Besandose. Vervaco

La inocencia de la edad dichosa

fue el  impulso del beso arrebatado

que el chiquillo nervioso y azorado

plantó en la cara a  tan lozana rosa.

 

Sintieron aletëos de mariposa

y el aura del crespúsculo encarnado 

envolvió en abrazo enamorado

su ternura infantil y  candorosa.

  

Un coro de  querubes celestiales

desde los palcos rojos del poniente

les pareció escuchar a  los chavales

 

a la luz imprecisa y decadente

del regreso, entre verdes trigales,

manos asidas y mirar fulgente.

Retratistas

Con Guaditoca-crop

 Mi hermana y yo con Guaditoca en la feria de Ahillones

El retratista  llegaba al pueblo  con el trípode,  la cámara de fuelle y la cubita colgada en un lateral para lavar y aclarar las fotos. En la feria se ponía frente a la fachada del ayuntamiento y allí colocaba un tapiz de fondo con grabados de exóticos lugares. Acudían los padres con sus hijos lavados y repeinados y  los novios de acaramelada expresión para hacerse la instantánea, que no era tal, pues los preparativos y acabados llevaban su tiempo. Disponía también el profesional  de un peine para dar los últimos retoques al cabello por si era menester a causa del viento o  a que algún roce lo hubiese desordenado. Después de colocar a los clientes en el sitio adecuado,  empezaba a maniobrar en la máquina, mano por aquí, mirada al interior   por allá,  y cuando todo estaba listo metía la cabeza  debajo de un trapo negro para accionar el mecanismo que perpetuara por los años de los años el instante supremo. El fotografiado tenía que recomponer posición y sonrisa, pues dado el tiempo transcurrido desde que lo ubicó allí el artista la expresión   se le había mustiado como una flor en un vaso vacío. Los niños salíamos  casi todos con cara de expectación y asombro, buscando el pajarito que surgiría en cualquier momento de la mano mágica del retratista.

Entonces hacerse una  foto tenía su ceremonial  y sus poses. Los niños el día de su primera comunión con sus libritos de nácar,  sus rosarios y sus trajes de marinero. Todo ello después de muchos retoques, de mirarse en el espejo y de que el fotógrafo te cogiese varias veces por la barbilla para rectificar la posición.

Ahora vas a cualquier celebración y cuando te das cuenta estás rodeado de cámaras digitales y móviles que disparan a discreción en todas direcciones.  Al instante te suben a las redes sociales donde tus parientes y amigos  en cualquier lugar del mundo se enterarán de tus andanzas festeras. Y qué decir del “selfie”, ese enroque  de la cámara y el fotógrafo, que  convierte a éste en desertor de su puesto de centinela, dejando al objetivo de la máquina al albur de la buena puntería del brazo extendido…

Propiedad del Estado.

RECIBO IBI PARA A3

Usted, querido lector,

que reunió unas propiedades

con muchas penalidades

para un futuro mejor,

debe salir del error:

usted no es el propietario,

tan sólo es usufructuario

si paga contribución;

si no,  el potente patrón

se queda con el erario.

¿Quién es el usurpador

que con tantas potestades

se apropia de los  caudales

que ganamos con sudor?

Son los gobiernos, señor,

que si es para recaudar

no es fácil delimitar

diferencias sustanciales,

siendo así todos iguales

a la hora de trincar.

Juntar palabras y poesía.

poemas

Esencial a la trova  es la belleza:

igual da  verso libre o verso suelto

o el  poema sin rima bien resuelto

si logran la hermosura con alteza.

 

Como hay  pintores de  pincel incierto 

que por arte despachan garabatos

también existen ciertos literatos

que confunden maraña con acierto.

 

Los versos tendrán música y sentido,

cual si fueran hermosas  melodías

que el lector interpreta conmovido.

 

Si faltan emoción y contenido

quedan sólo inconexas fruslerías

combinadas en un galimatías 

Agosto se va.

sanpedro (11)

La luz de la campiña melifica

la pajiza dispersión de los rastrojos.

Traen bocanadas del desierto los solanos

y llenan el horizonte de espejuelos

con la blanca turbiedad de la calima.

Las gargantas resecas del barbecho

regurgitan la sed en carne viva

de la honda escasez de los veneros.

A la sombra  en calma de la encina

sestea la tórtola africana,

que volará después a la rivera

donde, entre adelfas,

queda un poco de agua remansada.