El rebusco, en el horizonte.
(Carta en el periódico HOY 27-10-2014)
Los pómulos prominentes eran colinas donde anidaba el hambre y en las cuencas profundas de los ojos había ansiedad y miedo. En la posguerra y muchos años después hubo quien tuvo que agarrarse a la vida en las cáscaras de los deshechos. Frágiles y escasas briznas para no morir mirando al cielo a la espera de milagros que nunca llegaban.
Costaba más un pan que un jornal de sol a sol. Mientras unos se enriquecían con el estraperlo, otros construían artesanales hornos en tinajas para elaborar panes caseros.
El rebusco, con permiso de los dueños, era una solución estacional que aliviaba estrecheces. Por esta zona de olivar y cereales los asideros para no perder el carro de la vida, del que muchos tempranamente se apearon, fueron espigas caídas al suelo en el bregar de la hoz del jornalero y aceitunas de terroso aceite, perdidas en las grietas del barbecho, unas gotas para mojar en los exangües calderos.
Las circunstancias, afortunadamente, no son las mismas, pero la penuria enseña sus orejas negras a muchas familias.. No estaría de más que se regulara esta actividad con la aquiescencia de todos los que estén interesados, evitando los abusos de los pícaros.
Inteligencia y esfuerzo.
Presta Naturaleza inteligencia
sin que el favorecido ponga parte
hasta que tesón, trabajo y arte
eleven al autor a la excelencia.
Por eso no presumas de cabeza
dotada de valiosas cualidades
si el uso que le das a sus bondades
se ahogan en el mar de la pereza.
De tu esfuerzo y tesón eres el dueño,
muéstrate satisfecho y complacido
de las metas debidas a su empeño,
lo demás te fue gratis concedido.
Embrocado
Cuadro del pintor almeriense Antonio Cuevas López
Mueve el talle
con el garbo acompasado
del reloj de las cadencias.
En su porte, cuánto arte
cuando pasa por la calle,
oscilantes las caderas
en el bastidor del aire.
Los hombres cuando la ven
prenden miradas carnales
en los volantes del traje.
Manuela tiene por nombre
y si es su marchar garboso,
más destacan en su rostro
ojos negros de azabache,
manantial con agua oscura
donde se esconde la noche
y, cuando miro, extravío
las bridas de la cordura.
(Póngase en lugar de Manuela, cualquier nombre de mujer. )









