Descanse en paz.

Esta frase rutinaria que repetimos cada vez que alguien muere y que transmite  el deseo de paz y descanso para los difuntos contiene una vana pretensión. Cuando uno  muere no  descansa porque  le falta al descanso una cualidad fundamental: el gozo de saberse descansando. El muerto no puede darse media vuelta en la  seminconsciencia de la duermevela  para cambiar de posición ni chasquear la lengua en mitad del sueño. Le falta al descanso eterno despertar para percibir el beneficio de tan reconfortante reposo. No hay descanso, como tampoco hay cansancio ya que falta el movimiento y las herramientas de la brega quedaron arrinconadas para siempre. Lo que hay es un retorno al punto de salida, que es la nada y de la nada no hay conciencia ni recuerdo.

La muerte.

 

 

 

 

 

Tu familia velará tus agitados sueños
en largas noches de agonía
previendo el fin  cercano.
Ella no faltará a la cita;
llegará sigilosa, como niebla,
al lado de tu lecho.
Te envolverá en  un angustioso abrazo,
lleno de temblores fríos
hasta dejar tu cuerpo inerte
con el último suspiro.
Seguirá impasible su camino
dejando luto y llanto entre los vivos
y una campana al viento
te abrirá paso por la senda del olvido

Marcha triunfal.

 

 

 

 

 

El órdago se ha transformado en un tsunami independentista. Vistos los efectos, a los que lo lanzaron o se aprovecharon de él,  no les queda otra opción que correr hacia adelante so pena de ser arrastrados por su ímpetu.
Está comprobado que pueden más consignas repetidas que raciocinio sereno para tapar ineficiencias y distraer atenciones. En estas circunstancias una convocatoria electoral es lo más parecido a un plebiscito. Y con esta carga emotiva, a un plebiscito sobre sentimientos.
Votar con las emociones a flor de piel es la mejor forma de lamentarlo después. Otro problema es que alguien se crea ungido por la historia y por la  aclamación popular para llevar a sus conciudadanos,  cautiva la bandera enemiga, a la gloria de la independencia en un desfile triunfal de paladines.

El teatro Mari Paqui.

 

 

 

El teatro Mari Paqui se instaló en la Plazuela.  Pepe  se llamaba el  empleado  que  organizaba el montaje de toda la infraestructura: sillas, escenario, telones… Le faltaba un ojo. Los que éramos niños entonces, principios de los sesenta, andábamos detrás de él porque si le ayudábamos en algo nos regalaba entradas. También se las regalaba a los vecinos que le prestaban alguna silla o algún cuadro para las representaciones.  Había una función infantil y otra para mayores.”El crimen de D. Benito”, con la desafortunada Inés María como protagonista, era una de las obras que traían en su repertorio y que más gustó al respetable. Los actores que componían el plantel de aquel teatro ambulante eran  bastante buenos.  Como aún no había televisión, el recinto se llenaba  todas las noches. Quedó en el recuerdo una canción, que era como su carta de presentación: “Mari Paqui, el teatro de las grandes simpatías…” Aún perdura su recuerdo entre quienes lo conocimos.

Inquisidores.

Hipócritas  e inquisidores, a los que no les importaría encender una hoguera en la plaza del pueblo para que Olvido Hormigos ardiera como una tea  en ella, se manifestaron a la entrada del Ayuntamiento de Los Yébenes con gritos de puta, zorra y guarra entre otros cariñosos epítetos.

No sé si las razones son políticas, misóginas o religiosas o una mezcla de todas ellas. De todo habrá porque la fauna de torquemadas mentales en estos páramos” por donde anduvo errante la sombra de Caín” es prolífica y variada.

Sólo ha sucedido que una persona en ejercicio de su libertad ha usado su cuerpo sexualmente  como le ha venido en gana.

Ni a usted, beata enlutada, portadora  de consignas morales trasnochadas, ni a usted vigía de valores de castas, más atentas a los pecados de sexo que a robos  e injusticias sociales,  ni a usted  hipócrita sepulcro blanqueado  a quien los gusanos de la envidia y el odio corroen por dentro, les importa un bledo lo que cada uno  haga con su cuerpo en la intimidad.

Polvo de estrellas.

 

 

 

 

Me siento insignificante  cuando miro al cielo en  una noche estrellada. Es una buena terapia para bajar humos y  acortar ambiciones, para relativizar el valor de las cosas y para hacernos algunas preguntas que no por repetidas han perdido vigencia.  Perdido en la cola de una galaxia está  nuestro sistema solar, del  que aún desconocemos muchas cosas. La estrella más cercana a nosotros, aparte del sol, está a  4,4  años luz, que equivalen a unos 43 billones de kilómetros de distancia, o sea, que tardaríamos cuatro años en llegar a ella viajando a la velocidad de la luz, lo que todavía no se ha conseguido. La Vía Láctea, nuestra galaxia, tiene  aproximadamente un diámetro de 100 mil años luz y 200 mil millones de estrellas. Una de las galaxias más cercanas a la Vía Láctea-La Gran Nube de Magallanes- está aproximadamente a unos doscientos mil años luz. Y en el espacio, según estimaciones hechas en 2005, hay más de 500 mil millones de galaxias.

Demasiado poco somos para darnos la importancia que nos damos algunas veces.¿Verdad, Cristiano?

Feliz año nuevo.


 

 

 

 

El comienzo natural del año es septiembre. Se guarda la ropa veraniega y se empieza a buscar en los roperos y arcones  la de abrigo.  Un aire fresco, húmedo y fecundo sustituye a las calimas.  Los agricultores inician  campaña abriendo en labios receptivos las besanas para la siembra. Tambores de tormentas anuncian la retirada del calor y la llegada de  los ábregos,  fértiles aires  cargados de humedad, para que las semillas germinen y las primeras lluvias vistan de verde las secas y polvorientas praderas. Si es dadivoso, volverá a correr por regajos y arroyos la fértil bendición del agua y brotarán  hongos y setas, acné púber de la fecundidad, como ofrenda generosa de la tierra por el riego recibido. Fermentan en los lagares y bodegas los nuevos caldos. El año meteorológico también arranca con las mediciones de pluviosidad, que se cuentan de septiembre a agosto. Estrenan  nuevo curso los estudiantes en los distintos niveles educativos. Si  enero tiene su cuesta, no es menor la que se avecina en septiembre con el equipamiento escolar y el gasto hecho en vacaciones y fiestas patronales. Así pues, feliz año nuevo.

Carta a Bretón.

 

 

 

 

No creo todavía que hayas podido ser el verdugo de esas dos criaturas que eran tus hijos. No me lo creo porque es difícil comprender que una persona pueda llegar a tal grado de abyección. Apoyo mi leve esperanza en que  aún no has sido juzgado ni condenado por un juez y aunque las evidencias de las puebas te van quedando sin coartada, queda un tenue rayo de luz. Pero si el juicio al que hasta los más depravados asesinos tienen derecho comprueba tu culpabilidad, me costará trabajo asimilar que las personas podemos ser capaces de tan horrendos crímenes. Si así fuera, cuando tenías a tus hijos  inocentemente confiados en ti,   ¿no tuviste ni  un solo instante de  remordimiento o pena por lo que ibas a hacerles? No podían imaginarse nada de lo que intentabas porque eran niños y se creían seguros con su padre. Se quitarían la vez para contarte cosas que habían hecho desde la última vez que los viste. Reirían mientras tú planeabas los detalles de  su muerte traicionera y vil. Seguro que cuando pusiste tus manos sobre ellos estarían pensando que les ibas a hacer unas caricias o a darles algún abrazo y ni siquiera cuando empezaste a hacerles daño podían sospechar lo que tu satánica mente tramaba. Pensarían que se trataba de una broma. Seguramente ni instantes antes de sus muertes llegaron a creer que su padre, al que querían y en el que confiaban como el primer cobijo al que recurrir en caso de peligro, iba a matarles. Tú, su progenitor, su protector, en cuyos brazos se habrían entregado al sueño placentero en más de una ocasión, iba a hacerles el mayor daño que se le puede hacer a una persona: quitarles la vida.  Si así fuera, eres  un asesino en el más alto grado de  ignominia y depravación. Ni la mayoría de los animales hacen eso con sus hijos; al contrario, llegado el caso, la ofrecen  generosamente en su lugar.  Los que somos de la especie humana  a la que tú  perteneces no podemos olvidar las miradas inocentes, luminosas y alegres de tus hijos,  de  Ruth y José, que tenían toda una vida por delante y que tú, a quién querían y en quien confiaban,  les ha robado con fría saña. Si fue así, maldito seas por siempre. Pero  se me hace casi imposible creer que lo hayas hecho y aún espero un milagro.

Vejez.

 

 

 

Al ritmo de los días y las noches

avanza la vejez por las callejas

oculta tras oscuras candilejas

recogiendo en su alforja los derroches.

Encaja cada parte de los broches

y  convierte  los hilos en madejas,

recorta en  su largura las guedejas

y transforma prestantes en fantoches.

Sin ruido, deposita sigilosa

en las nobles cabezas de la gente

señales de la vida presurosa

que ahondan las arrugas de la frente

y permutan la pasión impetuosa

por  un escepticismo indiferente.

Información independiente.

 

 

 

 

 

 

Echo de menos una televisión estatal independiente y objetiva del tipo de la BBC inglesa. Esto de que cada partido gobernante ponga a sus dóciles  voceros  para que glosen sus logros  le da poca  credibilidad a los servicios informativos de la cadena pública. No están acostumbrados estos padres e  hijos de la madre patria a que los periodistas les hagan preguntas impertinentes. Y si lo hacen los catalogan de estar sirviendo a intereses del partido rival.

Y sin embargo hay grandes profesionales que en este mercadeo de influencias defienden el tipo  y su independencia con  extraordinaria brillantez. Tienen que acostumbrarse los prebostes de turno a que la democracia no sirve sólo para que los voten a ellos. Los medios de comunicación públicos son de todos y deben informar con independencia de partidos  a la ciudadanía, aunque perjudique la imagen del poder establecido. Esto no es un cortijo donde, como se hacía antiguamente,  por san Miguel se  cambiaban  mayorales y aperadores.