Besos del aire.
En la sombra de tu ausencia
tomo el fresco de la tarde.
Forma el viento remolinos
y me traen aquí tu cuerpo
a la vera de mi asiento.
Cintillo verde en tu pelo
descubre tu hermosa frente
sobre el azul de tus ojos.
Tu talle de miel y junco
y tus redondas caderas…
Tus labios, granadas llenas
de azúcar, luz y canela,
caricias tiernas que el aire
coloca sobre los míos.
Envidia.
La envidia se disfraza con afeites
y perfuma su hedionda fetidez
con costosos aromas de Chanel
y vistosos modelos de Cibeles,
pero el color cetrino de la inquina
más pronto que tarde reaparece
inundando el ambiente de toxinas.
Es tan fuerte su miasma nauseabunda
que a las más destacadas carroñeras
apesta el hedor de su inmundicia.
La noria.
Pasan los días
con la cadencia de la noria
que regresa después de cada vuelta
al punto de partida.
Cambia sus matices la luz
con la alternancia de las estaciones
y cuando acaba un ciclo
vuelven los pasos al camino recorrido.
Ahora es primavera
y gana la luz terreno a las umbrías,
brotan los espárragos al monte
y las cigüeñas crotoran en las espadañas.
Hay aromas de cantueso y de tomillo
por estos campos de España.
Vendrá el estío y luego la otoñada
para caer de nuevo en el invierno.
La palanca de la noria dará un último giro
en un día como otros que ya habíamos vivido.
Los cangilones dejarán de extraer agua
del fondo fresco del pozo.
Un silencio de metales oxidados
flotará en el vacío.
Sólo quedarán recuerdos,
colgados en la percha del olvido.
Abril.
Abril es adolescente
de pletóricos rubores
que se convierten en flores
cuando los mira la gente.
Caprichoso y tornadizo
cambia de las aguas mil
a las que tiene un barril
o al azote del granizo.
Con las heladas tardías
o los solanos primeros
llena o seca los graneros
en sólo unos pocos días.
El cuco canta en la encina,
pende la lila en racimos
y la veloz golondrina
rasga el aire con su vuelo.
¡Quién tuviera quince abriles
y volver a los sentires
de enamorarse de nuevo!
Potro de colores.
Fotografía de Manuel Rodríguez Espino.
Sin el tiempo que dormimos,
el que las penas amargan
y la enfermedad lacera
¿qué nos queda?
Pequeñas islas alegres
que el sol alumbra fugaz
y luego se desvanecen
Yo, por ello,
cabalgo libre y ligero
sobre el potro de colores
que el arco iris me ofrece.
Al galope.
Medalla de luz, la espuela,
y sin bridas ni monturas,
desnudo sobre sus crines,
me encamino
con cromáticos destellos,
dispersos entre la lluvia
y resplandores de sol,
hacia el cielo.
Semana santa.
Este marzo, que nos pinta
pardo nuestro refranero,
tiende mantos grisáceos
sobre el corazón del viento.
Llora lágrimas redondas
en el cáliz de las flores
para ofrecer a los lirios
altares con olor a incienso.
Iban dolorosas vírgenes
y cristos crucificados
de grandes imagineros
por las calles de mi pueblo.
Yo, con candor de niño,
deseaba desclavarlos
y ofrecerles mi pañuelo
para consolar su llanto.
Ahora soy yo quien recorre,
sin ser estatua de barro,
las calles sin procesiones,
sin saetas y sin cantos
y nadie viene a llorarme
ni a aliviar mi desencanto.
Siembra fértil.
Fotografía de Juan Sevilla
http://www.flickr.com/photos/juaninda/
En el dulce lugar de su besana
con exquisito trato placentero
recorre los surcos con esmero
y con hábil laboreo se afana.
Abre labios la reja con la gana
de encontrar el origen del venero
que a los bordes aflora tan somero
y genera labranza tan lozana.
Removida la tierra y volteada
espera en regodeo voluptuoso
la semilla fecunda y deseada
que el sembrador coloca muy dichoso
tras alojar en la doblez mojada
instrumento de siembra tan gozoso.
Jubilación Manolo Rodríguez Espino.
No es por el obligado elogio que las despedidas conllevan por lo que quiero destacar un don y una virtud que sobresalen en Manolo, sino por un acto de estricta objetividad y merecido reconocimiento. El don lo da la Naturaleza y ella fue generosa al concederle una sobresaliente inteligencia. La virtud se gana con el esfuerzo, con el trabajo y la nobleza. El recuerdo agradecido de los que fueron sus alumnos es muestra evidente de su buen hacer como maestro. Más meritorio aún es que habiendo desempeñado las funciones directivas de secretario, jefe de estudios y director durante tanto tiempo conserve el aprecio de todos los que le conocimos. Algo tiene el agua cuando la bendicen y la buena madera cuando ennoblece los salones.
Ahora el arquero ha destensado la ballesta
y la flecha que al corazón del tiempo aceleraba
ha caído rota en la mullida floresta del descanso.
El ritmo del afán ha bajado su compás
y el tiempo se hará para ti más placentero
aunque éste siga impasible sus andanzas.
El reloj señalará ortos y ocasos, no las horas.
En medio, quedan los días y las noches para recrearlos
desde la vigía privilegiada de la adelantada barbacana que te ofrece la jubilación.
La atalaya que culmina la bella fortaleza
recibirá cada mañana los primeros rayos de sol
en la despereza placentera de la madrugada.
A la tarde, el volteo de las campanas
pondrá música en la paleta del celaje.
Melodía, sombra y luz marcarán el ritmo de tu vida,
columpio infantil de regreso a las risas de la aurora.
Y como dispondrás de tiempo, y habilidades y destrezas no te faltan, enriquecerás tu persona y darás a la vida de los que te rodean los frutos que el talento y la virtud crean.
Tu fecundo perfil renacentista,
demostrado en tus muchas aficiones
avalan tus probadas condiciones
que van de carpintero a violinista,
de Gredos a Jayón de senderista,
en tu casa con Gloria de anfitriones.
Incansable viajero por naciones
al hombro tu afición de retratista.
Ahora el tiempo te abre sus postigos
y te da, generoso, nueva vida.
Disfruta del invierno a sus abrigos
y en esta primavera florecida
comparte buenos ratos con amigos
en mesa de buen vino guarnecida.
Eso sí, con medida
pues lleva una excesiva bacanal
a marcar con batuta sustraída
el ritmo a la banda municipal.
Que el tiempo te colme de lisonjas y tú lo llenes de vida.











