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Esta noche la luna ha pintado caminos de marfil en los llanos.
Cubrió de nácar las encinas y al envés de la hoja del olivo le dio un baño de brisas plateadas.
Cuando la precoz aurora de san Juan levantó claridades tras los montes, aún quedaban rescoldos de magia y brujería en las candelas.
Una pareja adolescente duerme en la cuna de la playa con sonajeros de olas.
La luna se aleja sola, presumida y orgullosa, henchida con el cortejo de todas las miradas.

¿Quién nos llevó a esta ruina, caballeros?
¿El hechizo virtual de algún fantasma
que se coló en las cuentas desde el plasma,
o los amos de bolsas y dineros?
Quizás sean banqueros alemanes,
o tal vez “ brothers” norteamericanos.
¡Quién sabe si mafiosos sicilianos
son responsables de nuestros desmanes!
Lo indago por tener conocimiento
de quién ampara al grupo de bribones
que apandan los manteles y el asiento
y se llevan a Suiza los millones.
Mi sólo afán por el descubrimiento
es darle una patada en los cojones.

Mientras me tomo la vida
en una copa de vino,
suena lejano en la noche
el ritmo de un viejo tango.
La nostalgia de volver
a donde se fue feliz
-o al menos así se cree-
siempre lleva al desengaño,
porque no es igual que ayer
el arrabal añorado
donde estuvimos antaño.
Sólo la mente conserva
ese tiempo retenido
-burbuja de dulce miel-
que la añoranza recrea,
pero ya nada es lo mismo.
Regresa el tango otra vez
con su evocador sonido
enredado en las estrellas
con clave de luna llena
¡Echa otra copa de vino!

La vida es un paréntesis en la eternidad
con puertas de entrada y salida.
De la nada a la vida, no me acuerdo.
De la vida a la nada
está por ver el día y la hora,
pero es cierta y segura la partida.
El tiempo que se va deja atrás sólo vacío,
un vacío que se viste de recuerdos
para darle un ropaje a las ausencias.
Por delante, cada paso
es una aventura incierta,
una pisada a ciegas sobre lo desconocido
hasta que, un día cualquiera, te despeñas
por el acantilado de la muerte.
Después, todo será para mí
como antes de mi nacimiento.

La palabra puede ser puñal o miel:
como arma hiere, como dulce halaga.
Puede traicionar una lealtad
o aflorar los más nobles sentimientos.
Báculo donde el amigo apoya
la fatiga, la pena o el cansancio
o la daga que corta una amistad
con traición y felonía clavada.
La palabra adecuada en su momento,
unas veces alienta y estimula
y otras sirve de bálsamo y consuelo.
La zafia, ruin y malintencionada
agravia, solivianta y escarnece
a la persona a quien se le dirige
y muestra la ruindad de quien la dice.

En el azul intenso de tus ojos,
donde se vuelve clara la calina
y la luz brilla pura y cristalina,
se encuentra la belleza sin abrojos.
La tarde rota te ofreció de hinojos
arrebol para cara tan divina
que del ocaso la paleta difumina
con un celaje de reflejos rojos.
En los catorce versos de un soneto
no es posible encerrar tanta hermosura
sin mermar la magnitud de tu guapeza.
La luz, el cielo y tú formáis completo
el cuadro singular de donosura
en el eximio grado de la alteza
Fotografía de Pupualdo , Santiago de Chile

Pensaba él, después de tantos años,
cercano a los rubores de su cuerpo,
qué quedaría de aquella joven
de risa abierta y mirada absorbente.
La miró a escondidas del descaro,
a hurtadillas de sus ojos,
tan azules y tan claros,
tan bellos.
Y se fue a la fruta de su boca
a sumergirse, furtivo,
en el gozo de los besos.
Y no le importó el tiempo
porque la eternidad no tiene agujas
ni hay arrugas en los sentimientos.
Quiso abrazarla en el seno del recuerdo,
a solas con sus pensamientos.
El ayer inalcanzable y tan presente
lo envolvía en caricias al socaire de su pelo.

Quiero y no puedo escribir un poema
que deje impreso este fugaz momento.
¡Es tan difícil copiar la belleza,
trasladar al papel los sentimientos!
Ni siquiera sé si son de alegría
de gozo, de paz, de dicha o contento;
vagos recuerdos y algunas tristezas,
tal vez un poco de melancolía.
Pero no puedo escribir lo que siento.

Junio es la frontera entre la flor y los rastrojos.
Ofrece Ceres el pan de las espigas y el sol baila en la mañana de san Juan.
Arde mágico el fuego en las hogueras de la madrugada
abandonando al sortilegio las venturas y los miedos.
Plenitud y cenit de la luz en el solsticio,
efímera, porque comienza inexorable su declinar hacia las sombras.
Golondrinas, aviones y vencejos surcan veloces
el intenso azul de las mañanas.
En la siesta la chicharra sierra el sopor en los olivos
y de noche la rana teje, con hilos de luna,
encajes de agua en la laguna.

(Cuadro de Rossend Franch Cubells)
Vienen de juntar gavillas
en haces rubios de espigas
con sudores de solano
y abrazadera de hocinos.
Las manos, rugoso acero,
traen arcilla entre los dedos
del fondo de los destajos.
Tanto trabajo doblados
sobre el arado y la tierra
anudó un pañuelo al cuello
uncido al yugo y la pena.
Con ritmo de hierro y sebo
van los carros con carreros
por las sombras verticales
de la flama y la calima.
Surcos de viejos senderos
hechos de brega y fatiga
con huellas de polvo seco.