Palabras que callamos
Cuesta a veces decir lo que se siente,
por eso no te extrañes si me callo
cuando juntos miramos el ocaso
o el discurrir del agua en su corriente.
No hace falta decir para quererte
la ternura que en mi pecho guardo
ni el ardor que me empuja hasta tus brazos
para gozar unidos complacientes.
Mas hoy, venzo la inercia del silencio
y anudo la palabra al sentimiento
del más profundo amor, siempre constante
que alcanza el infinito con tus besos
y me arrastra en tu ausencia al desaliento
hasta el vibrante gozo de encontrarte.
En la playa
Tendido boca arriba miro una cometa en el cielo. Más arriba, la estela de un avión, blanca sobre azul intenso.
Alrededor el bullicio, cada vez más lejos.
No pienso nada concreto,
imágenes difusas,
hilvanes de recuerdos inconexos..
Alguna sombra viajera de una nube pasa por mi pecho.
Una mezcla de realidad imprecisa y de vagos sueños diluyen mi consciencia en un nirvana placentero.
Si no llega a ser por la cuba del niño vertida en mi rostro, me pierdo.
El padre del niño, de cañas y la madre al comadreo, ni saben que he vuelto.
Impasible el ademán
Suave decadencia
No me quitéis con saña
la vida que me disteis.
Dejad que tiempo en su transcurso
cobre los tributos debidos
en sus plazos naturales.
Sea suave la pendiente hasta el fin,
sin sobresaltos,
que la luz se consuma lentamente,
como se extingue la llama del leño.
Yo no pedí venir, dejad que marche
por el camino de poniente
cuando sienta que el tiempo no me pertenece,
cuando mi ausencia no hiera en demasía a quienes quiero
y la antorcha cedida abra camino en otras manos.
Cantos de sirena
Llegan a mis oídos
tenues voces infantiles
por los andamios del aire.
Cantos de comba y de rueda
de los niños en la calle.
Ayer fui yo quien gocé
los juegos en la plazuela.
Cuando declina la tarde
incitadoras sirenas
me reclaman con sus cantos
para emprender la partida.
Sin mástil, cuerdas ni cera
que me salven como a Ulises
su falso embrujo me lleva
derecho hacia el arrecife.
Noche de julio
Recortaba la luna las siluetas en la frondosidad de las adelfas. El aire nacarado y perezoso, sostenía los aromas de la vega. Eran tus ojos azabache brillante en la noche de julio. La luz de harina plateada difuminaba los caminos, los cerros de olivares, la chopera en la ribera…Acunaban al silencio el canto de los grillos y las ranas. Estuvimos mucho tiempo sin decirnos nada, sintiendo los latidos de los pechos y deseé que nunca terminara aquel momento, aquella sensación inabarcable de paz en mitad del campo, dueños y centro de todo el universo. A lo lejos tintineaban las luces del pueblo, sumidas las fatigas en la quietud del sueño. Volvimos por un camino borroso cuando una bocanada rosa surgía por oriente y la brisa hacía cosquillas a las sombras de los chopos.
Tercos
No es frágil el junco porque ceda
al viento la doblez de su cintura
y aunque parezca débil desde fuera
tiene en la tierra la raíz segura
para dar firmeza a su postura.
Nunca existe flaqueza en quien tolera
y con amable educación escucha
opiniones distintas a la suya,
sin que merme por ello su entereza
ni pierda en el envite compostura.
Demuestra la endeblez de sus ideas
quien rechaza de entrada las ajenas,
sin más razonamiento o cobertura
que la terca estrechez de su sesera.
Tiempo perdido
Busco el lugar dónde se esconde
el tiempo que se pierde.
El otro quedó en los afanes y las cosas.
Donde esté el perdido
las musarañas urdirán ficciones
y en sus techos habrá
pinturas de querubes extasiados.
Debe de estar cerca de Babia,
con borreguitos saltando maderos
en las noches en vela
y nubes blancas en el cielo
que admiraron los ojos del poeta.
Habrá relojes parados con música de boleros,
inviernos al fuego,
madrugadas al fresco en la plaza del pueblo,
primaveras floridas,
olor a tierra mojada del final de los veranos.
También debe de haber besos y abrazos,
frustrados cuando el tiempo era deseo
y no un reloj martilleando.
Allí será todo muy bello…
Un tiempo sin usar,
perdido y hallado para perderlo de nuevo.
La rosa y el mar.
(Fotografía de Vicente Fernández Sanvicente)
Una rosa flota en el mar a merced del viento.
Alguien la echaría en recuerdo de una ausencia.
La mecen columpios de espumas
desde las rocas hasta el mar abierto,
desde la cresta a la sima de las olas.
Una mañana con la luz del alba
la encontré en la arena,
maltrecha y sola.
El mar devuelve ofrendas
porque no encuentra el destino de los muertos,
sólo se los lleva para un viaje sin regreso..










