Agua de pozo

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Está la tarde  anclada en los espejos
de calientes calimas blanquecinas,
un dogal  ata el aire a  las esquinas
y  flamean  antorchas  a lo lejos.
Rejón de luz  al agua negra llega
por la sombra redonda de los pozos,
desde el cenit al fondo cenagoso
do  fugaces escamas centellean.
Mi invocación  de  estremecidos ecos
espera la  respuesta de la mora
 con el miedo  infantil  a que saliera.
La siesta y yo supimos los secretos
del agua oculta que en silencio implora
pedacitos  de cielo entre las piedras.

Palabras que callamos

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Cuesta a veces decir lo que se siente,

por eso no te extrañes  si me callo

cuando juntos miramos el ocaso

o el discurrir del agua en su corriente.

 

No  hace falta decir  para quererte

la ternura que en mi pecho guardo   

ni el ardor que me empuja hasta tus brazos

para gozar unidos  complacientes.

 

Mas hoy, venzo la inercia del silencio

y anudo  la palabra al sentimiento

del más profundo amor, siempre constante

 

que alcanza el infinito con tus besos

y me  arrastra en tu ausencia al desaliento 

hasta el vibrante gozo de encontrarte.

 

 

 

En la playa

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Tendido boca arriba miro una cometa en el  cielo.  Más arriba, la estela de un avión, blanca sobre azul intenso.

Alrededor el bullicio, cada vez más lejos.

No  pienso nada concreto,

imágenes difusas,

hilvanes de recuerdos inconexos..

Alguna sombra viajera  de una nube pasa por mi pecho.

Una mezcla de realidad imprecisa y de vagos sueños diluyen  mi consciencia en un nirvana placentero.

Si no llega a ser por la cuba del niño vertida en mi rostro, me pierdo.

El  padre del niño,  de cañas y la madre al comadreo, ni saben que he vuelto.

Impasible el ademán

Dialogo

 

 

 

 

Renunciaré a mi denuedo

de labrar la dura roca

con palabras de mi boca

para compartir el credo.

¡Vade retro! Me dan miedo

actitudes arrogantes

de fanáticos pedantes

con escasas reflexiones

y catecismos  simplones

para uniformar atlantes.

 

Suave decadencia

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 No me quitéis con saña

la vida que me disteis.

Dejad que tiempo en su transcurso

cobre los  tributos debidos

en sus plazos naturales.

Sea suave la pendiente hasta el fin,

sin  sobresaltos,

que la luz se consuma lentamente,

como se extingue  la llama del leño.

Yo no pedí venir, dejad que marche

por el camino de poniente

cuando  sienta que el tiempo no me pertenece,

cuando mi ausencia no hiera en demasía a quienes quiero

y la antorcha cedida abra camino en otras manos.

Cantos de sirena

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Llegan a mis oídos

tenues voces infantiles

por los andamios del aire.

Cantos de comba y de rueda

de los niños en la calle.

Ayer fui yo quien gocé

los juegos en la plazuela.

Cuando declina la tarde

incitadoras  sirenas

me reclaman con sus cantos

para emprender la partida.

Sin mástil, cuerdas ni cera

que me salven como a Ulises

su falso embrujo me lleva

derecho hacia el arrecife.

Noche de julio

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Recortaba la luna las  siluetas en la frondosidad de las adelfas. El aire nacarado y  perezoso, sostenía los aromas de la vega. Eran tus ojos azabache brillante en la noche de julio. La luz de harina plateada difuminaba los caminos, los cerros de olivares, la chopera en la ribera…Acunaban al silencio el canto de los grillos y las ranas. Estuvimos mucho tiempo sin decirnos nada, sintiendo  los latidos de los  pechos y deseé que nunca terminara aquel momento,  aquella sensación inabarcable de paz en mitad del campo, dueños  y  centro de todo el universo.  A lo lejos tintineaban las luces del pueblo, sumidas las fatigas en la quietud del sueño. Volvimos por un camino borroso  cuando una bocanada rosa surgía por oriente y la brisa hacía cosquillas a  las sombras de los chopos.

Tercos

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No es frágil el junco porque ceda

al viento la doblez de su cintura

y aunque parezca débil desde fuera

tiene en la  tierra la raíz segura

para dar firmeza a su postura.

Nunca existe flaqueza en quien tolera

y con amable educación escucha

opiniones distintas  a la suya,

sin que merme por ello su entereza

ni pierda en el envite  compostura.

Demuestra la endeblez de sus ideas

quien rechaza de entrada las ajenas,

sin más razonamiento o  cobertura

que la terca estrechez de su sesera.

 

Tiempo perdido

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Busco el lugar dónde se esconde

el tiempo que se pierde.

El otro quedó en los afanes  y las cosas.

Donde esté el perdido

las musarañas urdirán ficciones  

y en sus techos  habrá

pinturas de querubes extasiados.

Debe de estar cerca de Babia,

con borreguitos saltando  maderos

en las noches en  vela

y nubes blancas en el cielo

que admiraron los ojos del poeta.

Habrá relojes parados con música de  boleros,

inviernos al fuego,

madrugadas al fresco en la plaza del pueblo,

primaveras floridas,

olor a tierra mojada del final de los veranos.

También debe de  haber besos  y abrazos,

frustrados  cuando el tiempo era deseo

y no un reloj martilleando.

Allí será  todo muy  bello…

Un tiempo  sin usar,

perdido y hallado para  perderlo de nuevo.

 

 

La rosa y el mar.

 Vicente Fernández Sanvicente

(Fotografía de Vicente Fernández Sanvicente)

Una rosa flota en el mar a merced del viento.

Alguien la  echaría  en recuerdo  de  una  ausencia.

La mecen columpios de espumas

desde  las rocas hasta el mar abierto,

desde la cresta a la sima de las olas.

Una mañana con la luz del alba

la encontré en la arena,

maltrecha y sola.

El mar devuelve ofrendas

porque no encuentra el destino de los muertos,

sólo se los lleva para un viaje sin regreso..