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Dormir es un placer
cuando se está cansado,
un regodeo dar
vueltas de madrugada
sobre el límite de la consciencia
y un deleite que el alba te despierte
con un soplo de plata en la ventana,
ver sobre la colcha de la cama
monedas de oro que el sol cuela
por las rendijas en los postigos de madera.
Es un anticipo a cuenta del capital
que supone un nuevo día
para gastar a manos llenas.

En los surcos vaporosos de la tierra
que el arado caló profundamente
introduce su cuerpo la simiente
tras roces ajustados de abre y cierra.
Viene el agua en cortinas de la sierra
con la luz de octubre decadente
a brotar con verdor resplandeciente
la promesa que el otoño encierra.
Como esperaba Machado yo espero
verdes hojas de una esperanza nueva
en la agostada piel de la besana.
Al socaire apacible del tempero
mi corazón ilusionado lleva
las velas dirigidas al mañana.

Hora de retirar de los roperos
el jersey guardado en el verano.
Está doblado con el cuello arriba,
postergado de la fiesta de la luz.
Con las mangas dobladas a la espalda
pacientemente espera,
sabiendo que los brazos que en su día
por el amor del sol lo abandonaron
volverán con la carne de gallina
a buscar a su amparo la calor.

La luna, copo de ovalado nácar,
pende del pecho cóncavo del cielo
en el azul violeta de la tarde.
Los leños en la chimenea arden,
componiendo figuras con su fuego,
volátiles, esquivas y deformes.
Del recóndito fondo del olvido
surgen inesperados los recuerdos
como niebla escapada de los valles
en las frescas mañanas del otoño.
Desde los límites de la consciencia
hacia el sopor del sueño me dirijo,
vencidos de cansancio los desvelos.
Me voy hundiendo un poco con la tarde
en la viscosa luz de lo indeciso
…y llego sin saberlo
al hermético mundo de los muertos.
Túnicas blancas sobre fondo negro
abren pasillos hacia el infinito
donde una luz lejana centellea.
Hacia el fin del camino me dirijo,
absorto y transportado en leve viento.
Detrás de mí las túnicas se cierran
y abrazan suavemente mi cintura,
mientras señalan sus abiertas manos
la cegadora luz que me apodera.
Una vorágine espiral me lleva
hacia un placentero goce sensual
perdido en el envés de la consciencia.
…Y vuelvo sin querer
a la apagada llama de la leña.
Fuera, la noche inmensa parpadea
en el silencio espeso de la ausencia.

Fruto de lluvias y soles
creció al albor con rocío
y con nieblas otoñales
en besanas labrantías.
Por mayo con las calores
en suaves auras mecido
granó su sueño de panes
a la luz del mediodía.
En tahonas y molinos
se ofrece al dios artesano
este alimento divino
que ayer escaso y loado
fue en la mesas bendecido.
Hoy por dietas relegado,
es sin razón ofendido.
Tributo de admiración
por los servicios prestados
públicamente rendimos
quienes gozosos mojamos
salsas con su migajón.

De pensar y sentir yo soy el dueño
de tesoros que siempre van conmigo
y, si así lo decido, a nadie enseño.
Si debo hablar, cavilo antes que digo,
mas callo lo que pienso con frecuencia
y soslayo del verbo hacer castigo,
pues la verdad desnuda es insolencia
si ofende más que ayuda al que nombrado
intenta con razón su conveniencia.
Mas a veces traspaso lo adecuado
por la rabia que provocan los falaces
mintiendo con descaro reiterado.
Salvo a estos farisaicos con disfraces,
que ponen una cara por delante
y un puñal en la espalda lenguaraces,
con los demás, procuro ser galante
si no produzco daño a algún honrado,
que entonces la palabra va delante.
Si en el silencio no hay perjudicado
nada ganas diciendo lo que piensas,
pues los necios te habrán tergiversado
y los demás inventarán ofensas.

De la campiña es Llerena
a los pies de san Miguel
de antiguas huertas, vergel
y de belleza, serena.
Grandeza de historia llena
alberga en cualquier rincón
huellas de su condición
de antigua, noble y leal,
siendo el mayor capital
de su gente, el corazón.

Mi mano sigilosa en la frontera
de dos cuerpos de ardor adolescente
reptaba sondeando compañera
en la envolvente oscuridad del cine.
Tras un paso, astuta y cautelosa,
ocupaba el terreno conquistado
y seguía avanzando en su aventura
hasta el ansiado roce en que esperaba
con la respiración sujeta en bridas
el rechazo o la cálida acogida
La quietud era indicación de avance
hacia el querido otero de la tuya,
que con un voluptuoso desperezo
giraba receptiva su postura,
uniendo palmas y enlazando dedos,
mientras tropas de yanquis galopaban
con toques de cornetas estridentes
por las llanuras ardientes del desierto.

¿Desde qué inconmensurable altura
proceder enjuicia o da lecciones
a quienes, sin hacerle peticiones,
su vida reglan a su modo y cura?
¿Qué dios le otorgó en su botadura
alforja plena de sapiencia y dones
repartiendo indulgencia y bendiciones
a quienes equivocan singladura?
¡Oh, falsario que ve en el ojo ajeno
defectos en los propios evidentes
y además se permite dar consejo
o censura creencias diferentes
desde la suya, excelsa, que es modelo
y las de los demás, inconsistentes!

La rutina convirtió el rezo en cantinela,
como el ruido del agua entre las piedras.
Se desgranaban los misterios
de los dolores a la gloria,
pasando por los gozos.
La tarde extendía sus sombras
con letanías de beatas
en repetidos soliloquios
de respuestas decadentes.
Rumor de solitarias almas
que no esperan respuestas de momento.
Para llevar las cuentas,
hilera de bolitas ensartadas.
En mí quedaron las metáforas
labradas con marfil y oro,
una estrella en la mañana y una rosa.
¿Anotaría Dios
mi número de rezos en sus tomos?