Noche de Reyes.

Reyes-Magos

Les mandé hasta Oriente

un carta alada

con trazos confusos

e inocencia blanca.

Mientras yo dormía

un paje con  capa

mi sueño de Reyes

ponía en la ventana.

Era tan real

que me despertaba

sin haber dormido,

¿o tal vez soñaba

estando despierto

en la madrugada?

Esta noche quiero

volver a ser niño

a ver si un prodigio

trae lo que espero.

Tiempos modernos

charlot

Tiene los ojos tristes esta  joven

de blanquecina piel y ojeras lilas.

Mientras  pasa mecánica  mi compra

por el pitido  agudo  de la caja

observo las facciones  de su cara

y su acción repetida me  recuerda

la esclavitud humana que retrata  

la excelente parodia de Charlot.

Y pienso que tal vez en un mañana

ni siquiera hará falta una cajera.

Modernos aparatos digitales

marcarán los productos que compremos.

A nosotros también en las espaldas

nos pondrán una clave programada.

 

Bella

caminareslamejormedicina

Perdone mi indiscreción

si vuelvo atrás la cabeza

tras ese andar tan garboso

que va dejando una estela

de gloria, fragancia  y arte,

señora.

¡Qué curvas tan bien mecidas

en los columpios del aire

por los goznes de su talle!

Almendra y miel en sus ojos,

sus brazos de piel morena

y sus pechos…

Debió bajarse del cielo,

luz, encanto y esplendor,

la diosa Venus al suelo.

Hasta después de la muerte

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Surge este poema de la inspiración  de la letra de un fandango que, ¡quién no ha cantado alguna  vez!

“Hasta después de la muerte

te tengo que estar queriendo,

que muerto tambien se quiere,

yo te quiero con el alma

y el alma nunca se muere”

Si me dejan soñar después de muerto,

aunque ya no despierte,

no te perderé nunca.

Te llevaré en el subconsciente

y seguro que aflora

en un tiempo sin horas,

libre de ataduras, tu recuerdo.

Iremos  en una permanente  juventud

por  prados verdes bajo cielo azul,

asidos de la mano de nuestros sentimientos.

Te llamaré a mis sueños

para unir los tuyos  con los míos.

Crearemos historias con bellos argumentos.

Así debe de ser la gloria,

la que esta tarde de diciembre,

acordándome de ti, presiento. 

 

Besos de despedida

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A mitad de la calleja

está sola la farola.

Resonaron hace horas

los  ecos de los últimos pasos presurosos

y bajó la madrugada

con su traje de escarcha

a posarse brillante entre las tejas.

La  salamanquesa acecha

el vuelo de una palomilla.

En el aire quedaron  los besos de una despedida,

dos chiquillos casi,

asomados   al despertar amoroso de la vida.

Vuela alto

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Para sentirte libre vuela sobre las cosas.

Con tu mirada abarca  todas las menudencias

que de cerca  te  crean los  problemas

y de lejos son nada,

simples quimeras.

Despréndete de ataduras, lazos  y problemas.

Planea dueño de ti sin más limitación

que lo que determina  tu conciencia

e intenta ser feliz

a tu manera.

Ahora

vino

Ya no es antes,

ni aún puede  ser después.

Es  ese preciso instante

en que en la copa de vino

que se derrama en tu boca

destella el brillo radiante

en una reunión de amigos.

Irrepetible y fugaz.

Ahora tienes delante

otro momento presente.

Y acabado este poema

ya es pasado.

No volverán

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Esta melancolía de las hojas caídas  en el suelo  

tiene la desazón y la tristeza del adiós definitivo.

Irremediable viaje hacia el olvido

tras  alegre primavera

de brisas risueñas  compartidas.

Desnudas las ramas en  invierno

se dormirá la vida  en las heladas.

Anunciarán las yemas nuevas hojas,

pero no volverán  éstas,  caídas,

como de Bécquer no volvieron

aquellas golondrinas,

esas que yo también mañana

echaré de menos  cuando tú te vayas. 

Entre el agua y el aire

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Aquella tarde en la rivera

cruzabas el agua  sonriente

sobre el  inestable  pasil de la corriente.

Yo esperaba en la otra orilla

el gozoso final para abrazarte,

pero en la postrer piedra de la hilera

resbalaste

y  el  goce de tu cuerpo  con el  mío

murió

entre el agua y el aire.

El alba en la ventana

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El día en que tu sueño se haga eterno

pasará por  tu cara  la luz de la ventana

sin que sientas la alborada.

Alguien entrará por tu tardanza

y zarandeará tu cuerpo inerte.

Acudirán vecinos asustados y morbosos.

Un trajín de muerte irá del médico  a los óleos

y de estos a los dobles de los muertos.

La memoria de los vivos conservará el recuerdo de tus pasos

en las estancias de la casa.

Recordarán  la sombra de tu ausencia algunos años

y en la cama donde la parca  te robó  el aliento

quedará una oquedad con tu silueta inmóvil

cada vez que alguien mire dentro.

Por las rendijas  cada día

seguirá entrando  la delicada luz de la mañana

por donde escapó tu  último  suspiro,

el  que nadie escuchó aquella madrugada.

Pero no hay oquedades ni añoranzas

que no llenen el tiempo y el olvido.