La noria.

Pasan  los días

con la cadencia de la noria

que regresa después de cada vuelta

al punto de partida.

Cambia sus matices  la luz

con la alternancia  de  las estaciones

y  cuando acaba un ciclo

vuelven los pasos al camino recorrido.

Ahora es   primavera

y gana la luz  terreno a  las umbrías,

brotan los  espárragos al monte

y   las cigüeñas crotoran  en las espadañas.

Hay  aromas de cantueso y de  tomillo

por estos campos de España.

Vendrá el estío y luego la otoñada

para caer de nuevo en el invierno.

La palanca de la noria  dará un último giro

en un día como otros que ya habíamos vivido.

Los cangilones dejarán de extraer agua

del fondo  fresco del pozo.

Un silencio de metales oxidados

flotará en el vacío.

Sólo quedarán  recuerdos,

colgados en la percha del olvido.

 

Abril.

lilas-2

Abril es adolescente

de pletóricos rubores

que se convierten en  flores

cuando los mira la gente.

Caprichoso y tornadizo

cambia  de  las aguas mil

a las que tiene un barril

o  al azote del granizo.

Con las heladas tardías

o los solanos primeros

llena o seca los graneros

en sólo unos pocos días.

 El cuco  canta en la encina,

pende la lila en racimos

y la veloz golondrina

rasga el aire con su vuelo.

¡Quién tuviera quince abriles

y volver a los sentires

de  enamorarse  de nuevo!

Potro de colores.

 

Fotografía de Manuel Rodríguez Espino.

 

Sin el tiempo que dormimos,

el que las penas amargan

y  la enfermedad lacera

¿qué nos queda?

Pequeñas islas alegres

que el sol alumbra fugaz

y luego se desvanecen

 Yo, por ello,

cabalgo  libre  y ligero

sobre el  potro de colores

que el arco iris me ofrece.

Al galope.

Medalla de luz, la espuela,

 y sin bridas ni monturas,

desnudo sobre sus crines, 

me encamino

con cromáticos destellos,

dispersos entre  la lluvia

y resplandores de sol,

hacia el cielo.

Semana santa.

Este marzo, que nos pinta

pardo nuestro refranero,

tiende mantos grisáceos

sobre el  corazón del  viento.

Llora lágrimas redondas

en el cáliz de las flores

para ofrecer a  los lirios

altares con olor a incienso.

Iban dolorosas vírgenes

y  cristos crucificados

de grandes imagineros

por las calles de mi pueblo.

Yo,  con candor de niño,

deseaba desclavarlos

y ofrecerles mi pañuelo

para consolar su llanto.

Ahora soy yo quien recorre,

sin ser estatua de barro,

las calles sin procesiones,

sin saetas y sin cantos

y nadie viene a  llorarme

ni a  aliviar mi desencanto.

Siembra fértil.

Fotografía de Juan Sevilla 

http://www.flickr.com/photos/juaninda/

En el dulce lugar de su besana

con  exquisito trato placentero

recorre los surcos con esmero

y  con hábil laboreo se   afana.

Abre labios la reja  con  la gana

de  encontrar el origen del venero

que a los bordes aflora tan somero

y genera labranza tan   lozana.

Removida la tierra y volteada

espera en regodeo voluptuoso

la semilla fecunda y deseada

que el sembrador coloca muy dichoso

tras alojar en la doblez mojada

instrumento de siembra tan gozoso.

Jubilación Manolo Rodríguez Espino.

No es por el  obligado  elogio que las despedidas conllevan por lo que quiero destacar  un don y una virtud que sobresalen en  Manolo,  sino por un acto de estricta  objetividad y  merecido reconocimiento. El don lo da la Naturaleza y ella fue generosa al concederle una  sobresaliente  inteligencia. La virtud se gana con el esfuerzo, con  el trabajo y la  nobleza.  El recuerdo agradecido de los que fueron sus alumnos es muestra evidente de su buen hacer como maestro.  Más meritorio aún es que habiendo desempeñado las funciones directivas de secretario, jefe de estudios y director durante tanto tiempo conserve el aprecio de todos los que le conocimos.  Algo tiene el agua cuando la bendicen y  la buena  madera  cuando ennoblece los salones.

Ahora el arquero ha destensado la ballesta

y la flecha que al corazón del tiempo aceleraba

ha caído rota  en la mullida floresta del descanso.

El ritmo del afán ha bajado su compás

y el tiempo se hará para ti más  placentero

aunque éste  siga  impasible sus andanzas.

El reloj señalará ortos y ocasos, no las horas.

En medio, quedan los días y las noches para  recrearlos

desde la vigía privilegiada  de la  adelantada barbacana que te ofrece la jubilación.

La atalaya  que culmina la bella fortaleza

recibirá cada mañana los primeros rayos de sol

en la despereza placentera de la madrugada.

A la tarde, el volteo de las campanas

pondrá música en  la paleta del celaje.

Melodía, sombra y luz  marcarán el ritmo de tu vida,

columpio infantil de regreso a las risas de la aurora.

Y como dispondrás de tiempo, y habilidades y destrezas  no te faltan, enriquecerás tu persona y darás a la vida de los que te rodean los frutos que el  talento y la virtud crean.

 

Tu  fecundo perfil renacentista,

demostrado en tus muchas aficiones

avalan tus probadas condiciones

que van de  carpintero a violinista,

de Gredos a Jayón de senderista,

en tu casa con Gloria de anfitriones.

Incansable viajero por naciones

al hombro tu afición de retratista.

Ahora  el tiempo te abre sus postigos

y te da, generoso, nueva vida.

Disfruta del invierno a sus abrigos

y  en esta primavera florecida

comparte  buenos ratos con amigos

en mesa de buen vino guarnecida.

Eso sí, con medida

pues lleva una excesiva bacanal

a marcar con batuta sustraída

el ritmo a la banda municipal.

 Que el tiempo te colme de lisonjas y tú lo llenes de vida.

Paloma sobre nube.

 

 

El rayo de su blancura

resalta al sol de la tarde

sobre el negro de la nube,

daga de pico lanzada

por el arquero del viento,

paloma,

en un vuelo de silencio.

Blanco corazón de plumas

que los flecos de la lluvia

desvanecen lentamente

en las cenizas del aire.

Si de mí dependiera.

Si de mí dependiera

cargaría   los fusiles

con balas  de algodón y seda.

Levantaría un  solo mástil

y en él, una  bandera

con dos colores:  el azul del cielo 

y  el verde de las praderas.

Si de mí dependiera

daría a los soldados

una mochila llena

con uvas de racimo

y   pistolas de pan

para que dispararan

con puntería certera 

sobre el corazón del hambre.

Si de mí dependiera

haría más  escuelas,

sembraría árboles en las riberas,

llenaría de huertas las vegas

y de trigo los graneros.

Al dinero, como  a los ajos,

le pondría caducidad

y  al  año,  que se pudriera.

Todas estas cosas haría

si de mí dependiera.

Encina

¡Qué suerte tienes, encina,

acariciada por  brisas

de tan diversos destinos!

Desde tu otero divisas

las estrellas de la noche

y los cruces de caminos.

Cada tarde el sol te deja

cobijado entre tus hojas

el  rescoldo de sus brasas

y de noche se resguardan

al amparo de tus ramas

los pajarillos que al alba

alegrarán la mañana.

En el tiempo del estío

das cobijo a los pastores

mientras la chicharra sierra 

el aire de los olivos.

Cuando el viento se enfurece

y remueve tu ramaje

aguantas fuerte y gallarda

sus violentas embestidas.

Y si te dañan, con mimo 

la luna te cura

con su luz de  nácar

 tus ramas ajadas

y  ranas y grillos

te susurran nanas

en el aire quedo

de  la madrugada.

Rezos infantiles.

 

 

 

 

 

¿Por dónde irán mis rezos infantiles?
No habrán llegado aún a su destino
con tan grandes distancias siderales
medidos en millones de años luz.
Emprendieron camino
por el  cielo azul,
surcando las estrellas,
hacia el trono de Dios.

Iban vestidos de inocencia,

puro candor de niño,
desde las imponentes catedrales
o desde la penumbra

acogedora  de la iglesia.
Los más delicados
salieron de la intimidad de mi almohada:
eran súplicas nacidas del temor
por si la muerte me cortaba el paso una mañana.
Temor  al fuego incombustible
con  llanto y rechinar de dientes.
Otros, también hubo sinceros,
arrepentidos, de pecados que no fueron.
Nunca llegarán dónde cantan los coros celestiales
de bellos  serafines,

¡Qué imaginación tan desbordante

la de escribanos y predicadores!
Vagan eternamente,

de galaxia en  galaxia

sin  llegar nunca a ningún sitio.

No hay lugar donde arribar

en ese océano sin riberas:

los novísimos no son lugares, sino estados,

según los últimos desvelos

¡A buenas horas,

después de haber pasado tanto miedo!