La palabra.

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La palabra puede ser puñal o miel:

como arma hiere, como dulce halaga.

Puede traicionar una lealtad

o aflorar los más nobles sentimientos.

Báculo donde el amigo apoya

la fatiga, la pena o el cansancio

o la daga que corta una amistad

con traición y felonía clavada.

La palabra adecuada en su momento,

unas veces alienta y estimula

y  otras sirve de  bálsamo y consuelo.

La zafia, ruin y malintencionada

agravia, solivianta  y escarnece

a la persona a quien se le dirige

y muestra la ruindad de quien la dice. 

Belleza.

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En el azul intenso de tus ojos,

donde se vuelve clara la calina

y la luz brilla  pura y cristalina,

se encuentra la  belleza sin abrojos.

La tarde rota te ofreció de hinojos

arrebol para  cara tan divina

que del  ocaso la paleta  difumina

con un celaje  de reflejos rojos.

En los catorce versos de un soneto

no es posible encerrar tanta hermosura

sin mermar la magnitud de tu guapeza.

La  luz, el  cielo y tú formáis  completo

el cuadro singular de  donosura

en el eximio grado de la alteza

Reencuentro.

Fotografía de Pupualdo , Santiago de Chile

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Pensaba él,  después de tantos años,

cercano a los rubores  de su cuerpo,

qué quedaría de aquella joven

de risa  abierta y mirada absorbente.

La miró a escondidas del descaro,

a hurtadillas de sus ojos,

tan azules y tan claros,

tan bellos.

Y se fue a  la fruta de su boca

a sumergirse, furtivo,

en el gozo de los besos.

Y no le importó el tiempo

porque la eternidad no tiene agujas

ni hay  arrugas en  los sentimientos.

Quiso abrazarla  en el seno del recuerdo,

 a solas con sus pensamientos.

 El ayer inalcanzable y tan presente

 lo envolvía en caricias al socaire de su pelo.

Poema no escrito

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Quiero y no puedo escribir un poema

que deje impreso este fugaz momento.

¡Es  tan difícil copiar la belleza,

trasladar al papel los sentimientos!

Ni siquiera sé si son de alegría

de gozo, de paz, de dicha o contento;

vagos recuerdos y  algunas tristezas,

tal vez un poco de melancolía.

Pero no puedo escribir lo que siento.

Junio.

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Junio es la frontera entre la flor y los  rastrojos.

Ofrece Ceres el pan de las espigas y el sol baila en la mañana de san Juan.

Arde mágico  el fuego en las hogueras de la madrugada

abandonando al sortilegio las venturas y los miedos.

Plenitud y cenit de la luz en el solsticio,

efímera, porque comienza inexorable  su declinar hacia las sombras.

Golondrinas, aviones y vencejos surcan  veloces

el  intenso azul de las mañanas.

En la siesta la chicharra sierra el sopor en los olivos

y de  noche la rana teje,  con  hilos de  luna,

encajes de  agua  en la laguna.

 

Antigua siega.

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(Cuadro de  Rossend Franch Cubells)

Vienen de  juntar  gavillas

en  haces rubios de espigas

con sudores de solano

y abrazadera de hocinos.  

Las manos,  rugoso acero,

traen arcilla entre los dedos

del fondo de los destajos.

Tanto trabajo doblados

sobre el arado y la tierra  

anudó un pañuelo al cuello

uncido al yugo y la pena.

Con ritmo de  hierro y sebo

van los carros con carreros

por las sombras verticales

de la flama y la calima.

Surcos de  viejos senderos

hechos de brega  y fatiga    

con huellas de polvo seco.

Confiado amor.

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La adoraba tanto

que  la amaba sólo 

con caricias tiernas

y arrullos de voz.

Así  conservaba

la ilusión intacta

de su noble amor.

Temía romper

el frágil encanto

de seda y de nácar

que él adivinaba

rendido a los pies

de su idolatrada.

Y así la perdió

aquella mañana

entre margaritas

de  praderas verdes.

Ahíta de mimos

su  piel delicada,

la  moza lozana

halló entre los brazos

de un rudo mancebo

amor ardoroso

y loca pasión.

Al  bisoño amante

de ingenuo candor

le quedó en la cara

pasmada expresión

como incauto niño

al que en un descuido

de confiado amor

se le escapa al aire

de las tiernas manos

su amado gorrión.

 

Reloj, no marques las horas.

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¿Quién no ha pedido alguna vez que  pare

el reloj  el andar de sus manillas

al ritmo musical de aquel bolero

que el mejicano de Ciudad Madero,

Cantoral, le escribió a su esposa un día?

Entre brumas de olvido y fantasía,

mezclando lo  que fue con los deseos,

vivimos una noche inolvidable

allá en el fondo de la edad perdida.

Cuando las notas de   esta melodía

extienden sus acordes por el aire,

¡oh, beatíficas caras trascendidas

hacia la mística de lo sublime!

Amanecerá- porque nadie escucha

la vana pretensión de que se quede

el tiempo detenido en nuestras manos-

Que el sol me encuentre entre tus brazos quiero

al aire fresco de la amanecida

y el fondo musical de este bolero.

 

Llueve en la dehesa.

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Derrama el agua su melancolía

vertida con   cadencia de rumores.

Vellones  grisáceos de neblinas

entretejen por toda la dehesa

el ramaje en flor de las encinas.

Cubierto con el manto de la lluvia,

soy una parte más de este paisaje

que une la soledad y la  belleza,

plenas de  placenteras  sensaciones,

sobre el altar de la naturaleza.

Tu apoyo.

calma

Fotografía de Manuel Rodríguez Espino

http://www.panoramio.com/user/1368766

Rota la vela  y el timón quebrado

se distanció mi barca de la orilla.

Refugiado en el fondo de la quilla

me abandoné a mi suerte resignado.

 

A merced de la mar embravecida

en el febril delirio de mi sueño

imagino  un paisaje ribereño

que me acoge y evita la deriva.

 

En un abrupto despertar me encuentro

al timón  unas  manos compañeras

que gobiernan mi barca mar adentro

 

entre fuertes galernas traicioneras.

Diestramente, la proa a sotavento,

enfila y me  conduce  a las riberas.