Las huestes de don Rodrigo

donrodrigo

Las huestes de don Rodrígo

rato ha que  ya sabían

que a su laureado jefe 

la deshonra perseguía

en los campos de batalla.

Ayer consejos vendía

desde el monetario  fondo,

hoy ni siquiera se fían

sus más fieles aliados.

La campana que tañía

con repiques  jubilosos

cuando a la bolsa salía

su Bankia bien engañada

hoy dobles son de agonía

por tan sangriento revés.

De esta manera decía

cuando triste y desarmado

por tan grande felonía

lo acompañaba hasta el coche

el cuerpo de policía:

La fortuna que amasé

parte de  herencia tenía

y el resto de los caudales

lo gané  en  la lotería.

(Que le pregunten a Fabra

si  es verdad o fantasía).

Divagando con la lluvia

rocío

Palabras que no  dije

permanecen aún en la memoria,

como si vivieran una muerte inacabada.

De vez en cuando  afloran,

como ahora,

y escapan por la ventana entreabierta del alma

a mojarse en la lluvia

de esta tarde gris de primavera.

Cuando el corazón latía al galope

por los campos ardientes de las  sienes,

la timidez fue brida de caricias

 y lazo estanco de pasiones.

A mitad de camino entre la boca

y mis ganas de decir  alguna cosa

quedaron frases desmayadas

sin llegar al  destino deseado.

En el árbol que se yergue enfrente,

una paloma de ahuecadas  plumas

espera a que la lluvia  cese.

Hasta mí llega el murmullo  del agua

que cae en la arboleda

y un olor a campo verde,  preñado

de esperanzas  nuevas.

El iris  se arquea en el horizonte,

y la paloma  vuela

con una rama en el pico

sobre verdes alcaceres…

…y en el fanal brillante de la tarde

 desaparece su estela.

 

Veleidosos

camaleon

 

 

 

 

 

 

Sople el viento del este o de poniente

siempre queda al amparo que guarece

quien vela a Dios y a Lucifer ofrece

buscando para él lo conveniente.

 

Mas,  si luego  la apuesta desvanece

invierte   adulaciones   de repente:

palo  al caído,  coba al emergente,

sin rubor o reparo que  lo empece.

 

Pero con tantos cambios  de partida,

en la opinión  ajena  dilapida

lo que gana en provecho recurrente,

 

pues al final de todo  nadie olvida                  

que la fama  da lustre a quien merece

 y la traición  deshonra a quien la ejerce.

Corazón de piedra

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Esta piedra de curvados bordes

tiene nubes disecadas de tormenta

en los musgos de  su piel.

Dentro  se enquistó

un relámpago de resplandores comprimidos.

Leves cauces de lluvia, sus arrugas.

Una herida de escarcha en el costado

vierte  lágrimas de hielo

con el sol de invierno,

cuando, oblicuo y aterido,

la cubre de caricias ambarinas.

La eterna  materia inanimada

no tiene que morir

para volver a ser de nuevo nada.

No estoy arrepentido

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Pecados de mi inocencia infantil

entre los muros de la  iglesia

confesados.

¿Llegó mi contrición  a su destino

aquellas mañanas de abril

con los lirios?

 Si la veis entre estrellas de camino

mandádmela otra vez a mí,

sin demora.

Cuando me hice mayor me di cuenta

que ya no estaba arrepentido

de haber sido

sólo un niño.

Feliz jubilación, amigo.

 

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Deleiten tu descanso merecido

al aura   tibia del final  del día

lecturas de Berceo  en armonía

con  grata hamaca de vaivén mecido.

Y con fray Luis, poeta encarecido,

disfruta sin desmayo la alegría

de un  no rompido sueño que quería

no  ver  ceño  severo y afligido.

De leves pies y espléndidos  paisajes

senderos hay ignotos  todavía

para colmar tu afán de peregrino.

Más allá de los montes y celajes

un buen vaso de vino  en compañía

sanará   las fatigas del camino.

Ligar en el cine

cine

Resbalabas tu mano en la butaca

incierta y sigilosa

cual serpiente al acecho de la caza.

Al encontrar tus dedos

 la anhelada epidermis de su cuerpo

parabas la incursión,

cauto, a la espera de reacción

rehusada o complaciente.

Si el camino estaba abierto, ascendías

suavemente  a las tibias lomas de su brazo.

Con respiración contenida

seguías el avance

en la oscuridad envolvente de la sala.

Las manos enlazadas

sellaban cómplices deseos adolescentes,

mientras en la pantalla iluminada

corrían  diligencias

 y los cuatreros y el  sheriff

arreglaban conflictos a balazos.

El argumento más apetecible

-que recordarás luego tantas veces-

lo escribimos nosotros sin saberlo

en la  grata penumbra  de los  cines,

mientras un chorro cónico de luz

repleto de motitas vaporosas

llenaba la pantalla de ficciones..

Más haikús

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Juncos del río

vigilan la corriente

con lanzas verdes.

Misa temprana,

silentes sombras negras

por las callejas.

 

Noche estrellada,

camino de Santiago

desde la era.

 

Flor del almendro,

con  tan áspero tronco,

delicadeza

 

Contigo a solas

con muy pocas palabras

cerca del fuego

 

Llueve  en el campo,

bajo un techo de hojas

yo me cobijo

 

Lluvia en el campo,

rumoroso murmullo

de un gran panal

 

Paloma blanca

raya  la  nube negra

de la tormenta

 

Fuente escondida

sigilosos  gemidos

en la maleza

 

Va el carretero

con el carro cargado

por el camino

 

Noche serena,

la luna en la laguna,

entre la  la adelfa

 

Un lirio traigo

de lo hondo del valle

para tu pelo

 

En el silbido

del viento en las cornisas

rompe la lluvia

 

Por la vidriera

del templo solitario

entran  colores.

 

En el olivo

se posa la abubilla

a media tarde

 

El pez se esconde

en los juncos del río

de las calores

 

Allá muy lejos

el cielo y el camino

se han encontrado

 

Anótalo en mi cuenta

debe-haber

Hoy no tengo ganas  de hacer nada,

sólo quiero mirar las musarañas,

dejar  pasar las horas indolente

sin más aspiración  ni  pretensiones.

 

Vayan los demás a sus quehaceres

con  prisas por llegar sin saber dónde

y volver ignorando a qué habían ido

en trajín de hormigueros con alzheimer.

 

Que el guardagujas del reloj anote

estas horas perdidas en mi cuenta,

en la página que afecta al debe.

 

La deuda que hoy contraigo  en mi provecho

abonaré con amplia  demasía

con el trabajo que me den de muerto

 

Primavera tardía

W. A. Bouguerau, “El rapto de Psique”

(El rapto de Psique de W.A. Bourguerau)

Tengo en mis sueños
los labios de quererte en carne viva,
los deseos, someros, 
como la flor de espiga,
fecunda de graneros
desde su levedad inadvertida.
Primavera a destiempo
que el agua fresca de la lluvia aviva 
de la tierra en el fecundo seno. 
La tez endurecida
da nuevamente brotes, pasajeros,
pero ansiosos de vida,
como la sed busca veneros, 
como el alba rosada anuncia el día.