Aislados.

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(La destrucción de Sodoma y Gomorra, John Martin, 1832.)

Vivimos juntos, pero aislados.

Entre nosotros y ellos hay  porcelanas  que aíslan del fluir de los afectos

y lubricantes de modales que evitan los chirridos de los goznes.

La soledad  prevalece como un vacío de ecos  que rebotan de peña en peña sin que nadie preste oídos.

Cada uno en su coraza, enroscado en las lindes de lo suyo.

Si llueve fuera, yo estoy a cobijo en este mundo sin celdas compartidas.

Los muertos son ajenos cuando no están bajo el mismo techo

y el dolor del  otro  se filtra por la tierra sin que llegue a los vecinos,

tan cercanos y tan lejos.

Sólo los buenos, que son pocos,  nos salvarán del  azufre y del fuego.  

Buscando

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En la esfera de todos los relojes

busco a  un niño en la escuela

y a un joven aturdido

por los  destellos de las discotecas.

La jícara de chocolate al sol,

los juegos sin reloj de la plazuela,

luz del anochecido

y el canto de los grillos en las eras.

Farolillos de feria, levemente mecidos

por la brisa fresca de septiembre

y el tiempo en las  rejas prendido

entre  geranios y  la luna llena. 

Muertos ilustres

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Entierro de Primera Clase celebrado en el año 1952. Museo Pusol.

Somos un país-quizás otros también lo sean- de alabados muertos y envidiados vivos. Si la Parca se lleva a un  ilustre finado se lucha a codo, oídas las primeras campanadas,  por llegar primero a expresar condolencias por tan desgraciada  ausencia. Todos fueron sus amigos. El duelo es un  cajón de latiguillos y tópicos al uso que envasan el dolor en cómodos envases. Con el rostro amagando  pucheros, el abrazo al doliente,  palmoteo en la espalda levantando pelusas que posaban su liviandad  hasta hace poco en el ropero, desfilan los manifestantes.  Este muerto,  en las mismas bocas que hoy le cantan salmos, sólo hace unos  días  era un engreído, pillo de cuidado, o nido de avaricia. Con los ojos cerrados por los siglos de los siglos, es crisol luciente de magnas virtudes que calientes bocas pregonan al viento con jabón sobrado. Y si fue algo ruin, eran sus cosillas, pero no era malo.

Oh, país de grandiosos  panteones  sobre rumia de  gusanos. Dios nos libre del día de las alabanzas.

Luz desprendida

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La luz viaja por el espacio  

aunque muera la fuente  que es su estrella.

Pienso esta noche,

mirando desde campo abierto

la grandiosa bóveda del cielo,

si, abierta la crisálida del alma que les dio cobijo,

mi inocencia primera

y mi ruborosa adolescencia

surcan también los espacios siderales

y, traspasada  Andrómeda,

vayan, quizás, con ellas

en un viaje infinito,

las  alegrías y las penas

de ese tiempo pasado.

Tal vez un telescopio

desde algún planeta lejano 

captará la estela de  su errante destino,

si  la vida sigue ese viaje

como la luz de las estrellas,

aunque ya no estemos vivos.

Pregoneros

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El pregonero de mi pueblo era una  persona de ocupaciones  variadas y estipendios escasos con los que apenas cubría las necesidades básicas de su familia. Su ocupación principal era la de zapatero, que desarrollaba en la primera habitación de su casa habilitada al efecto. Disponía de  los avíos imprescindibles para realizar las labores fundamentales del  oficio. Unas chavetas, tenazas, leznas, puntas, tachuelas, cerote e hilo. Era conocido con el sobrenombre  del sacristán por las funciones  que realizaba en la iglesia,  sobrenombre que transmitió a su descendencia.  El Ayuntamiento lo requería esporádicamente para difundir pregones por las esquinas cuando el alcalde  consideraba necesario informar al vecindario de normas que atañían de forma directa e importante al buen gobierno municipal, generalmente uso adecuado del muladar, estercoleros del ejido, escombreras, ubicación de las eras, acarreo de paja en los carros, llegada del cobrador de contribuciones,…

Como la lectura no era hábito extendido   entre la población por desidia o ignorancia, los regidores lanzaban al aire sus proclamas por boca de los pregoneros, que tocaban  una trompetilla para reclamar la atención de los  vecinos. El primer edil  se aseguraba así que sus normas y reconvenciones llegaran a todos: “De orden del señor alcalde se hace saber…”

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Los muchachos los seguíamos de calle en calle, más atentos al rito y al  toque metálico que al contenido del mensaje.

Era suficiente  que se enterasen unos cuantos vecinos en cada calle porque al poco el boca a boca había extendido la novedad por todo el pueblo. Algunas mujeres  salían a la puerta con el delantal recogido y la escoba en la mano al oír el aviso metálico del pregón. Las tiendas  eran lugares donde la información se propagaba como fuego en rastrojo. Los hombres, generalmente en el campo en ese momento,   recibían las noticias al llegar al  anochecido a sus casas.

Al pregonero-sacristán y zapatero lo sustituyó el latero, que como su antecesor completaba  los escasos ingresos de su oficio con los que ocasionalmente le generaba prestar su voz al viento.  Recorría éste con su anafe de brasas y el estaño las calles para restañar las piteras de canalones, jarras, palanganas, cacerolas, regaderas,… que los vecinos le entregaban.  En el anafe llevaba un hierro soldador con mango de madera y que una vez caliente arrimaba al estaño para derretirlo sobre la picadura. Después remataba la faena con el soldador aún caliente y un  martillo, estropajo y trapo  para que quedase lo más fino posible. Fumador empedernido, su voz cascada y rota no llegaba más allá de unos metros del corro de la chiquillería que lo rodeaba, por lo que después los que no se habían enterado le preguntaban qué es lo que decía el bando. Una vez escuché a una vecina con un torrente de voz más saludable y potente que el suyo recomendarle desde su  puerta que tomara clara de huevo para aclararla.

Tiempos estos donde la voz de los  pregoneros y los  vendedores ambulantes, además de los sones de las  campanas, eran los canales de comunicación que,  a través del aire, interrumpían la rutina diaria.  

 

Promesas electorales

candidato_promesas_electorales Obras surgen por doquier,

fiestas, inauguraciones,

saludos con efusiones,

sonrisas de mercader…     

…lo que fuere menester.     

Se aplican a la faena  

que bien merece la pena

con tal de ganar el voto    

y al  remiso hacer devoto 

para llenar la alacena. 

Me abruma tanta largueza

de tan pródigos cuatreños

que pasan de  pedigüeños

a dar fortuna y riqueza.

Circula por mi cabeza

que esta súbita largura

tiene duración segura

hasta que las elecciones

pongan fin a las ficciones

de tanta candidatura.

                     

Infantiles

juegos

(Juego del paso de Francisco de Goya)

LA NIÑA SOLA

Con su vestidito nuevo

sentada está en el umbral

una tarde de domingo

a ver la gente pasar.

Tras la puerta medio abierta

la madre comienza a hilar.

Se oyen risas por la plaza.

¡La niña qué sola está!

UNA MAÑANA AL SOL

En las ramas de los chopos

canta un bello ruiseñor.

La hormiguita en  procesión,

la abeja liba en la flor.

¡Qué bonita primavera

cuando brilla tanto el sol!

LUNA LLENA

Al salir del horizonte

la luna llena se tapa

con un mantón amarillo

su hermosa cara de plata,

pero sube, sube y sube

y al llegar la madrugada

los luceros la cortejan

con brillos de porcelana.

 

MARIPOSA

Ha llovido en el jardín

y una gotita quedó

temblando sobre una hoja.

A mirarla se acercó

una linda mariposa.

Tan gran susto se llevó

que agitó sus bellas alas

y voló, voló y voló.

VIENTOS

El viento del norte hiela,

el viento del sur me quema,

el solano me reseca

y el gallego me refresca.

Norte, sur, este y oeste

Ábrego, cierzo, solano,

y el fresquito del poniente

en las tardes de verano.

EL NIDO
Una paloma voló
de lo alto de la loma
a un verde y alto trigal.
Granitos de trigo toma
para llevarlos al nido
que tiene en el encinar

Malajes

Maldición_del_Odio

Vano  botín   obtiene  aquel que fía

su contento gozando el daño ajeno,

así revela a los demás lo obsceno

que esconde  su interior de villanía.

 

Obrando con  abyecta  felonía,

entrega  en vez de corazón veneno

con infame  baldón  de fango lleno

para acrecer tu mal y su alegría.

 

No pongamos su turbia condición

a idéntico  nivel  que nuestra altura,

pues dichoso con  nuestra turbación

 

enojo busca o  malestar procura

por  tener satisfecha  su intención,

y eso da  a  su perfidia cobertura.

 

Las huestes de don Rodrigo

donrodrigo

Las huestes de don Rodrígo

rato ha que  ya sabían

que a su laureado jefe 

la deshonra perseguía

en los campos de batalla.

Ayer consejos vendía

desde el monetario  fondo,

hoy ni siquiera se fían

sus más fieles aliados.

La campana que tañía

con repiques  jubilosos

cuando a la bolsa salía

su Bankia bien engañada

hoy dobles son de agonía

por tan sangriento revés.

De esta manera decía

cuando triste y desarmado

por tan grande felonía

lo acompañaba hasta el coche

el cuerpo de policía:

La fortuna que amasé

parte de  herencia tenía

y el resto de los caudales

lo gané  en  la lotería.

(Que le pregunten a Fabra

si  es verdad o fantasía).

Divagando con la lluvia

rocío

Palabras que no  dije

permanecen aún en la memoria,

como si vivieran una muerte inacabada.

De vez en cuando  afloran,

como ahora,

y escapan por la ventana entreabierta del alma

a mojarse en la lluvia

de esta tarde gris de primavera.

Cuando el corazón latía al galope

por los campos ardientes de las  sienes,

la timidez fue brida de caricias

 y lazo estanco de pasiones.

A mitad de camino entre la boca

y mis ganas de decir  alguna cosa

quedaron frases desmayadas

sin llegar al  destino deseado.

En el árbol que se yergue enfrente,

una paloma de ahuecadas  plumas

espera a que la lluvia  cese.

Hasta mí llega el murmullo  del agua

que cae en la arboleda

y un olor a campo verde,  preñado

de esperanzas  nuevas.

El iris  se arquea en el horizonte,

y la paloma  vuela

con una rama en el pico

sobre verdes alcaceres…

…y en el fanal brillante de la tarde

 desaparece su estela.