Feliz jubilación, amigo.
Deleiten tu descanso merecido
al aura tibia del final del día
lecturas de Berceo en armonía
con grata hamaca de vaivén mecido.
Y con fray Luis, poeta encarecido,
disfruta sin desmayo la alegría
de un no rompido sueño que quería
no ver ceño severo y afligido.
De leves pies y espléndidos paisajes
senderos hay ignotos todavía
para colmar tu afán de peregrino.
Más allá de los montes y celajes
un buen vaso de vino en compañía
sanará las fatigas del camino.
Ligar en el cine
Resbalabas tu mano en la butaca
incierta y sigilosa
cual serpiente al acecho de la caza.
Al encontrar tus dedos
la anhelada epidermis de su cuerpo
parabas la incursión,
cauto, a la espera de reacción
rehusada o complaciente.
Si el camino estaba abierto, ascendías
suavemente a las tibias lomas de su brazo.
Con respiración contenida
seguías el avance
en la oscuridad envolvente de la sala.
Las manos enlazadas
sellaban cómplices deseos adolescentes,
mientras en la pantalla iluminada
corrían diligencias
y los cuatreros y el sheriff
arreglaban conflictos a balazos.
El argumento más apetecible
-que recordarás luego tantas veces-
lo escribimos nosotros sin saberlo
en la grata penumbra de los cines,
mientras un chorro cónico de luz
repleto de motitas vaporosas
llenaba la pantalla de ficciones..
Más haikús
Juncos del río
vigilan la corriente
con lanzas verdes.
Misa temprana,
silentes sombras negras
por las callejas.
Noche estrellada,
camino de Santiago
desde la era.
Flor del almendro,
con tan áspero tronco,
delicadeza
Contigo a solas
con muy pocas palabras
cerca del fuego
Llueve en el campo,
bajo un techo de hojas
yo me cobijo
Lluvia en el campo,
rumoroso murmullo
de un gran panal
Paloma blanca
raya la nube negra
de la tormenta
Fuente escondida
sigilosos gemidos
en la maleza
Va el carretero
con el carro cargado
por el camino
Noche serena,
la luna en la laguna,
entre la la adelfa
Un lirio traigo
de lo hondo del valle
para tu pelo
En el silbido
del viento en las cornisas
rompe la lluvia
Por la vidriera
del templo solitario
entran colores.
En el olivo
se posa la abubilla
a media tarde
El pez se esconde
en los juncos del río
de las calores
Allá muy lejos
el cielo y el camino
se han encontrado
La pegatina
La oficina administrativa de la ITV es la sala de espera de una clínica con médicos de monos azules que inspeccionan tu vehículo y dan el visto bueno para que puedas seguir circulando. Llegan el dueño o la dueña de la máquina rodante con gesto serio y despistado pidiendo la vez. Tras el aguardo algo nervioso y pensativo, pasan, carpeta en ristre con la documentación, al túnel de operaciones. Luces, limpiaparabrisas, claxon, gases, meneos de los ejes, rodillos, frenos, volantazos a izquierda y derecha (por cierto, tuve ocasión de observar el ímpetu con que movía el volante el conductor que me precedía. No sé cómo quedaría con sus cervicales). El examen termina y se sale a la luz del día por la puerta opuesta tras el inmisericorde zarandeo propinado al coche. De nuevo a la oficina donde se espera con ansiedad el dictamen facultativo. Llama el empleado que devuelve la documentación con la pegatina recién obtenida o pronuncia la temida frase: “tiene que volver”. El apto conlleva un cambio radical en el semblante del dueño del vehículo. Si a la llegada dio unos buenos días que daban pena, ahora falta poco para que abrace al oficinista que le entrega tan preciado salvoconducto. La despedida a los presentes que siguen aguardando, es eufórica y amable, hasta la acompaña de gestos de cabeza y manos. Y es que somos como niños.
Anótalo en mi cuenta
Hoy no tengo ganas de hacer nada,
sólo quiero mirar las musarañas,
dejar pasar las horas indolente
sin más aspiración ni pretensiones.
Vayan los demás a sus quehaceres
con prisas por llegar sin saber dónde
y volver ignorando a qué habían ido
en trajín de hormigueros con alzheimer.
Que el guardagujas del reloj anote
estas horas perdidas en mi cuenta,
en la página que afecta al debe.
La deuda que hoy contraigo en mi provecho
abonaré con amplia demasía
con el trabajo que me den de muerto
Primavera tardía
(El rapto de Psique de W.A. Bourguerau)
Tengo en mis sueños
los labios de quererte en carne viva,
los deseos, someros,
como la flor de espiga,
fecunda de graneros
desde su levedad inadvertida.
Primavera a destiempo
que el agua fresca de la lluvia aviva
de la tierra en el fecundo seno.
La tez endurecida
da nuevamente brotes, pasajeros,
pero ansiosos de vida,
como la sed busca veneros,
como el alba rosada anuncia el día.
Esas miradas…
Ese mirar tuyo
que traba o resbala,
que manda o que ruega,
reprocha o aprueba,
que besa sin labios
o hiere sin daga,
subyuga o eleva
o deja perplejo
a quien le incomoda,
que aísla o arrastra,
que turba o serena,
enerva y altera,
Ese mirar tuyo
me lleva abstraído,
obseso y poseso
tras su bella estela.
Campaña electoral
Las próximas elecciones
serán sobre Venezuela
y no sobre la cazuela
que se cuece en los fogones.
¡La cosa tiene cojones!
Con los temas que tenemos
y que solamente hablemos,
para ocultar las tarjetas
y los robos de los jetas,
del partido de Podemos.
Los jefes a su porfía:
Que a mí no me das lecciones,
que tú tienes más ladrones,
que tú eres más todavía.
¿Y de lo nuestro qué había,
señores procuradores?
¿Olvidan nuestros dolores,
mientras sobre el lodazal
discuten del bien y el mal
postulantes regidores?
Haikús
La mariposa
en la flor de la jara
y tú conmigo.
En el estanque
a la luz de la luna
canta la rana.
Sendas de plata
en noches de verano
por los olivos.
Un beso a oscuras
se perdió en tus labios
por la calleja.
Tarde de siesta,
en el fondo del pozo
perdí los ecos.
En el balcón
de una calle desierta
canta un jilguero.
Qué guapa estás
con el cabello al aire
mirando lejos.
En la rivera
a la sombra del chopo
el agua pasa.
El bieldo al aire
separa paja y grano
con la marea
En los olivos
serrando siesta y aire
va la chicharra.
Noche de invierno
por callejas a oscuras,
huellas de barro










