Ellos.
(Carta en el periódico HOY 02/12/2012)
No hay palabra que cobije a un grupo tan numeroso de personas repudiadas como este pronombre personal. Bajo su velo difuso metemos a los supuestos causantes de nuestras carencias y desventuras, a los que creemos que nos burlan hacienda, peculio y bienestar, a los que tienen poder de decidir sobre nuestras vidas. La mayoría tiene la habilidad innata o el apoyo legal para cargar el peso de la tarea común sobre hombros ajenos. A todos, despojados de sus individualidades, les buscamos acomodo en el lóbrego sótano de este sufrido vocablo que encubre nombres y generaliza culpas. “A ellos les da igual”, “verás como ellos no se lo bajan”, ” a ellos no les afecta la crisis”…
Esta forma pronominal es el banco malo de la gramática a donde derivamos los activos tóxicos que originan nuestros pesares. Reina solo, sin consorte, sin compartir trono con su oponente femenino plural. Aquí el masculino se lleva en solitario la palma y el laurel. No se sabe de ningún grupo feminista que haya reivindicado para la forma pronominal “ellas” la partición de poder para ayudar a soportar tan onerosa carga.
Somos pahilones.
Sacados de un lugar del corazón
Obtengo bienestar si la memoria
Muestra aquellos pasajes de mi historia
Ocupados en juegos e ilusión.
Sin más preocupaciones que el balón
Pude sentir los goces de la gloria
Al lado de la fuente y de la noria
Hasta alcanzar momentos de pasión.
Ilusiones gozadas y vividas,
Llevadas con cariño y gratitud
Orlan, ribeteadas de emociones,
Nuestra andanza de vidas compartidas
En el pueblo que lleva con virtud
Sonoro el gentilicio de pahilones.
Lutos antiguos.
El luto era un cuervo torvo
con la cara amarillenta
nevado de plumas negras
como ligeras pavesas
que lentas se iban posando
sobre un silencio de plomo.
Una clausura de angustias
llena de suspiros hondos
que se escapaban al aire
por las rendijas azules
de las puertas entreabiertas.
Manto y velo de azabache
sobre la luz y los sueños.
Rosario de ajadas cuentas
en las sombras de la noche
de la habitación a oscuras
con murmullos de panales
que desgranan letanías
con rastras de purgatorio.
En los huecos de los rezos
el martillo del reloj
cortando el envés del tiempo.
Era echar la llave al mundo
y arrojarla a un pozo oscuro
donde se escuchan los gritos
infantiles de unos niños
que llamaban a la mora
las largas tardes de julio.
Sonetillo acróstico.
A JUAN FCO. CARO PILAR
(Sonetillo acróstico)
Juan Francisco, verbo ardiente,
Fino, de pluma fluída.
Retratista de la vida,
Agudo, mordaz e hiriente.
Nunca de gracia carente,
Con cierta audacia atrevida,
Irónico sin medida,
Síntomas de inteligente.
Cronista de su pasado,
Observador del presente,
Cual maestro y abogado.
Ahillones está en su mente,
Rincón por siempre añorado.
Oh, Caro amigo,¡tu fuente!
Isidoro Jaramillo Hdez.
Llerena, 23-11-2012
Nota.- Mi agradecimiento por esta composición que me ha dedicado Isidoro Jaramillo, amigo, colega y compartidor de aficiones flamencas. Me consta que el término hiriente está utilizado por el autor, como no podía ser menos, con la acepción de” tocar el punto esencial de una cuestión”, no con la de ofender o agraviar.
Viajar en autobús.
(Carta publicada en el periódico HOY 22-11-2012)
Trayecto: Llerena- Montijo. Salida de Llerena a las 11:45. Primer transbordo en Fuente de Cantos. Segundo, en Almendralejo. Tercero en Mérida. Llegada a Montijo a las 16 horas. Total cuatro horas y cuarto.
En Mérida el conductor nos comunica, amablemente, a los tres pasajeros que esperábamos que ese autobús está para los funcionarios de la Junta y que irá a recogerlos a ellos en primer lugar. Después, si hay plazas vacantes, podemos subir; de lo contrario no podrá llevarnos. Afortunadamente pudimos finalizar el recorrido y no tuvimos que coger el tren que sale a las 18:15 o hacer noche en Mérida, pues era el último servicio de autobús por la reciente supresión del de las 4:45. En la página web de la empresa no se hace mención a esta eventualidad. Sólo indica la hora de salida y llegada.
No quiero ni imaginar lo que puede ser un viaje de Llerena a Herrera del Duque, por ejemplo, si es que existe esa posibilidad.
Tedio.
Otra tarde esperando que anochezca
entre apáticas horas de recuerdos
y cansinas cadencias sin sucesos.
Tictac del tiempo monocorde y gris
abocado a un ocaso sin colores.
Va el río encajonado en las riberas
ajeno a los placeres de la orilla.
En el silencio oscuro de la sala
no hay límites al tiempo y al espacio,
sólo sombras de lo que pasa fuera,
como había en la cueva de Platón,
la volátil ficción de una quimera.
Políticos desprestigiados.










