Pasan veloces las nubes delante de la luna. Vienen cuarteadas, enladrilladas, como borregos de un rebaño que huyen del lobo. Si las miras mucho rato parece que es la luna la que anda en dirección contraria detrás de ellas. Aparece y desaparece como jugando al escondite. Cuando se asoma por los claros extiende su brillo de alpaca sobre los tejados.
Mañana me despertarán las canales al amanecer y los borreguitos del cielo se habrán convertido en carneros acuosos.Ya lo dice el refrán: “borreguitos en el cielo, carneros en el suelo”. Para entonces la luna ya estará a cobijo y por las crestas de la sierra se arrastrarán los flecos y jirones de un denso vestido gris empujado por vientos ábregos cargados de humedad.
La muerte.
Tu familia velará tus agitados sueños
en largas noches de agonía
previendo el fin cercano.
Ella no faltará a la cita;
llegará sigilosa, como niebla,
al lado de tu lecho.
Te envolverá en un angustioso abrazo,
lleno de temblores fríos
hasta dejar tu cuerpo inerte
con el último suspiro.
Seguirá impasible su camino
dejando luto y llanto entre los vivos
y una campana al viento
te abrirá paso por la senda del olvido
Marcha triunfal.
El órdago se ha transformado en un tsunami independentista. Vistos los efectos, a los que lo lanzaron o se aprovecharon de él, no les queda otra opción que correr hacia adelante so pena de ser arrastrados por su ímpetu.
Está comprobado que pueden más consignas repetidas que raciocinio sereno para tapar ineficiencias y distraer atenciones. En estas circunstancias una convocatoria electoral es lo más parecido a un plebiscito. Y con esta carga emotiva, a un plebiscito sobre sentimientos.
Votar con las emociones a flor de piel es la mejor forma de lamentarlo después. Otro problema es que alguien se crea ungido por la historia y por la aclamación popular para llevar a sus conciudadanos, cautiva la bandera enemiga, a la gloria de la independencia en un desfile triunfal de paladines.
Condena.
Donde está la sospecha lo devora
y abandona el lugar con la esperanza
de encontrar otro sitio sin tardanza
que le ofrezca una estancia acogedora.
Tampoco allí se encuentra bien ahora
y transcurren los días sin bonanza
entre angustia recelo, y asechanza
que rondan por su mente a cada hora.
Fantasmas que aparecen en su vida
y lo hacen divagar de pena en pena
sin lograr encontrar otra salida
que lo libre de lastre y de cadena
y alivie la existencia dolorida
de sufrir, sin saber, una condena.
Belleza efímera.
Tu risa, la flor, la noche, la luna, tu voz.
La brisa, la nube, la lluvia, el iris, la luz.
La fuente, el río, la corriente
y el paso adelante de la juventud.
El vino, la copla, el amor,
licores, comida, mantel,
amantes radiantes de vida y salud.
O tú, tan tierna, tan dulce, tan bella.
Frondosa alameda, vergel.
Apresa, poema, el momento,
eterniza ese goce fugaz,
sólo queda, pasada la hora,
la palabra plasmada en papel.
Sé tú.
Ningún gurú me indicará el camino
que tengo que seguir en esta vida,
pues no soy perro de ningún pastor
ni acostumbro a seguir ninguna esquila.
Más que grupos me gustan las personas
que muestran su sentir de forma clara.
Prefiero el individuo que razona
y me habla sin ambages cara a cara.
No quiero números que forman masa
ni ovejas que componen un rebaño
siguiendo el parecer de quien lo manda.
Quiero ser yo, aunque así me venga el daño.
El teatro Mari Paqui.
El teatro Mari Paqui se instaló en la Plazuela. Pepe se llamaba el empleado que organizaba el montaje de toda la infraestructura: sillas, escenario, telones… Le faltaba un ojo. Los que éramos niños entonces, principios de los sesenta, andábamos detrás de él porque si le ayudábamos en algo nos regalaba entradas. También se las regalaba a los vecinos que le prestaban alguna silla o algún cuadro para las representaciones. Había una función infantil y otra para mayores.”El crimen de D. Benito”, con la desafortunada Inés María como protagonista, era una de las obras que traían en su repertorio y que más gustó al respetable. Los actores que componían el plantel de aquel teatro ambulante eran bastante buenos. Como aún no había televisión, el recinto se llenaba todas las noches. Quedó en el recuerdo una canción, que era como su carta de presentación: “Mari Paqui, el teatro de las grandes simpatías…” Aún perdura su recuerdo entre quienes lo conocimos.
Septiembre.
Hoy sólo tengo ganas de estar sin hacer nada,
de echarme descuidado a la sombra de estos chopos
que murmuran confidencias al oído.
En su gozo, me regalan caricias de algún rayo de sol
que, leve, dorado y esquivo,
juguetea con las primeras hojas caídas
en este adviento de otoño que es septiembre.
Pacenteros los sentidos,
en la soledad buscada,
acuden esporádicos recuerdos,
mezclados con luz, sombra y olvidos.
Inquisidores.
Hipócritas e inquisidores, a los que no les importaría encender una hoguera en la plaza del pueblo para que Olvido Hormigos ardiera como una tea en ella, se manifestaron a la entrada del Ayuntamiento de Los Yébenes con gritos de puta, zorra y guarra entre otros cariñosos epítetos.
No sé si las razones son políticas, misóginas o religiosas o una mezcla de todas ellas. De todo habrá porque la fauna de torquemadas mentales en estos páramos” por donde anduvo errante la sombra de Caín” es prolífica y variada.
Sólo ha sucedido que una persona en ejercicio de su libertad ha usado su cuerpo sexualmente como le ha venido en gana.
Ni a usted, beata enlutada, portadora de consignas morales trasnochadas, ni a usted vigía de valores de castas, más atentas a los pecados de sexo que a robos e injusticias sociales, ni a usted hipócrita sepulcro blanqueado a quien los gusanos de la envidia y el odio corroen por dentro, les importa un bledo lo que cada uno haga con su cuerpo en la intimidad.
Polvo de estrellas.










