Miedo me da la deriva que está tomando Su Santidad con las declaraciones que está haciendo últimamente. Los cancerberos rocosos de la moralidad ajena tienen las tripas revueltas y las hachas levantadas. Hay temas que los abanderados de la ortodoxia doctrinal consideran inamovibles. Dogmas teológicos, inveteradas costumbres y asentadas prácticas no deben cuestionarse. No hay que dejar nada al albur del raciocinio. Ojo con tocar la finalidad procreadora del acto sexual, las finanzas vaticanas, la homosexualidad…
Tenga cuidado con las sigilosas sombras curiales que se mueven entre los muros y columnas de palacio y con los que son más papistas que Su Santidad, repartidos profusamente por doquier. Los que viven dentro de la burbuja aséptica, aislados de la ruindad diaria defenderán sus posiciones y sus privilegios a capa pluvial y espada argumental, creyéndose guardianes y depositarios de las esencias tridentinas.
En las universidades, cima de saberes en el escalafón de los conocimientos, encuentras profesionales de reconocido prestigio que imparten docencia con eficacia y provecho.
No obsta la altura de su sabiduría para el trato afable y humano con sus alumnos. Los más preparados académica y científicamente no temen que la cercanía y la ayuda que prestan a sus discípulos cause merma en su prestigio porque están seguros de la solidez de su preparación. Son la mayoría.
Pero hay algunos endiosados que tratan a los alumnos desde castillos que su altivez ha construido para difuminar u ocultar con la distancia la insuficiencia de su formación o las paranoias de su personalidad.
Son los que pretenden dar lustre a sus materias y preeminencia a sus figuras suspendiendo a la mayoría de sus pupilos.
Puede que no se deba a una insuficiente formación académica y sí a una disfunción de la personalidad, que busca suplir con la notoriedad que le da su proceder otras carencias de sus vidas. Olvidan que una regla básica de la enseñanza es conseguir el máximo de aprobados con la preparación y el bagaje requeridos, sin regalar nada, y que los primeros fracasados con tantos suspensos son ellos.