Milagros.

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Tan simples y tan complejos somos

que lo que  niega  la razón con argumentos

lo abraza efusiva la emoción.

Yo, que pienso que no son verdad los cuentos,

no puedo evitar estremecerme.

Y es que los santos no son de madera ni las vírgenes de cera:

Son de lágrimas y pies descalzos.

El milagro no vendrá de mantos de seda bordados con oro

ni de varales repujados  en plata.

El milagro eres tú, corpulento varón, llorando como un niño.

O tú, mujer, cumpliendo promesas por el altar del suelo.

O tú, costalero, uncido a las trabajaderas.

Por eso  me admiran las personas  capaces de odiar y amar en una misma mañana,

posesos de codicia y  al poco de  desprendimiento.

El prodigio diario encarnado en cada uno de nosotros.

Lo que pudo haber sido.

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A estas alturas de la vida está  el fiel de la balanza  serenamente equilibrado.

Desventuras y dichas, afectos y agravios se compensan.

Queda la duda de si algunos hilos pudieron ser madeja.

Si  se acertó en los cruces de caminos y en los trenes que tomamos.

Entre otras variables, el azar y  la ventura jugaron su papel.

Decisiones  diferentes hubiesen cambiado el trayecto y quizás la fortuna, pero no la estación de destino.

Se puede jugar a imaginar cambios de fichas y sus múltiples combinaciones en el tablero de la fantasía.

Elucubrar sobre lo que hubiese sucedido. Pero en esta partida sólo hay opciones de futuro.

Se permite mover ficha una vez  en cada decisión, las demás quedan abrogadas.

El juego a tiempo pasado es  escribir sobre el agua, jugar a lo imposible en la otra cara de la vida.

Charla de sordos.

sordos

En esta conversación

los dos se ponen a hablar

sin ni siquiera escuchar

del contrario la opinión.

Y es que no se dan razón,

pues cuando el otro está hablando

el primero está pensando

lo que va a decir después

sin demostrar interés

por lo que le  están contando.

Este pobre cuerpo.

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 No me despertaréis hasta que muera

y cuando esto suceda cambiaré

los sueños de  almohada de crepé

por el descanso  eterno  de la  espera.

En otra luz  de celestial  esfera

donde nadie conoce, dormiré

sin problemas y dudas con la fe:

el enigma será razón certera.

Sólo una pena empañará mi muerte:

este cuerpo que siempre fue conmigo

abandonado a tan ingrata suerte

después de ser confidente y amigo

entre lanzas de cipreses, inerte

pasará de la ceniza al olvido.

La lucha por la vida.

luchar

 

 

 

 

 

Se mueve la  ciudad como hormiguero
pisado por un oso.
Cada uno a sus  afanes,
casi todos presurosos,
azuzados por el látigo de la ansiedad.
Me entristece algún joven 
repartiendo propaganda en los portales.
Mujeres con las bolsas de la compra
van del vaivén
a la esclavitud de sus quehaceres. 
Carretilleros de reparto
en la vorágine urgente de las prisas.
Los ojos tristes del parado
en la esquina de la espera sin llamada.
Un traje con corbata y hombre dentro
atado a los balances comerciales
rinde cuentas a su jefe.
Un mundo de lucha y competencia
donde triunfa el empuje de los fuertes.
No hay lugar para los débiles
y si caes pocos evitarán
poner los pies sobre tu frente.

Maletillas.

 

maletilla

 

 

Se fue por  las sombras de las tapias una noche de luna

en busca de fama,  gloria y dinero.

De equipaje, ilusiones anudadas a un pañuelo de carencias,

zapatillas aladas y la garza diligente de sus pasos.

Cruzó pedregales, saltó cercados, vadeó arroyos

y durmió  envuelto en un capote  de verónicas.

Las siluetas  de  encinas eran cuatreros

embebidos en  lances naturales

o rozando  ajustadas chicuelinas.

Las estrellas, del tendido a la arena,

flores, pasión y delirio.. 

Anhelos de jóvenes soñadores,

en una España de pobreza y hambre

que buscaban redención 

entre toriles de sangre

y blancos  pañuelos al aire. 

 

Agosto.

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Vuelan las tórtolas del encinar

hasta los ya maduros girasoles

y de allí a la rivera,

al agua remansada de las pozas,

para volver después

a pasar el sesteo

en la  sombra  de la fresca arboleda.

Disponen  Baco con Noé las tinas

para el mosto  primero

y san Bartolomé  adelanta el agua 

con redoble de truenos veraniegos

y anuncio de la próxima otoñada.

Se agazapa en las vegas el rocío

con fragancias de mañana nueva.

Agosto, con redonda lozanía,

se desliza vestido de  amarillo

por la falda menguante de la luz

para darle color a los membrillos.

En el  descenso de su plenitud,

con declive de sombras,

deja una estela de fresco en la noche

enroscada al abrigo de tu cuello 

y en tus brazos, mis manos

dando calor a  los primeros fríos.

Papa Francisco.

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Miedo me da la deriva que está tomando Su Santidad con las declaraciones que está haciendo últimamente. Los cancerberos rocosos de la moralidad ajena tienen las tripas revueltas y las hachas levantadas. Hay temas que los abanderados de la ortodoxia doctrinal consideran inamovibles. Dogmas teológicos, inveteradas costumbres y asentadas prácticas  no deben  cuestionarse. No hay que dejar nada al albur del raciocinio. Ojo con  tocar la finalidad procreadora  del acto sexual,  las finanzas vaticanas, la homosexualidad…

Tenga cuidado con las sigilosas sombras  curiales que se mueven entre los muros y columnas de palacio y con los  que son  más papistas que Su Santidad, repartidos profusamente por doquier. Los que viven dentro de la  burbuja aséptica, aislados de la ruindad diaria defenderán sus posiciones y sus privilegios a capa pluvial y espada argumental, creyéndose   guardianes y depositarios de las esencias tridentinas.  

Callejas del vino

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Por las callejas del vino

quedan restos de amargura

envuelta en vómitos secos.

Huellas  de   pisadas turbias

en un cruce de caminos

que a ningún lugar conducen

y de todos sitios llegan,

arrastrado la  tristeza

en una noche de  fiesta.

 

Profesores.

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En las universidades, cima de saberes en el escalafón de los conocimientos, encuentras profesionales de reconocido prestigio que imparten docencia con eficacia y provecho.

No obsta la altura de su sabiduría para el trato afable y humano con sus alumnos. Los más preparados académica y científicamente no temen que la cercanía y la ayuda que prestan  a sus discípulos cause merma en su prestigio porque están seguros de la solidez de su preparación. Son la mayoría.

Pero hay algunos endiosados que tratan a los alumnos  desde castillos que su altivez ha construido para difuminar u ocultar con la distancia la insuficiencia de su formación o las paranoias de su personalidad.

Son los que pretenden dar lustre a sus materias y preeminencia a sus figuras suspendiendo a la mayoría de sus pupilos.

Puede que no se deba  a una insuficiente formación académica y sí a una disfunción de la personalidad, que busca suplir con la notoriedad que le da su proceder otras  carencias de sus vidas. Olvidan que una regla básica de la enseñanza es conseguir el máximo de aprobados con la preparación y el bagaje requeridos, sin regalar nada,   y que los primeros  fracasados   con tantos suspensos son ellos.