Para escribir.

89083_escritor

(A Maribeli Nuar Cabo. Un comentario suyo a una fotografía inspiró este poema)

Mil veces caminante,  una poeta.

Cuando escribas llena  tus sentidos

de emociones y experiencias,

La vida te da  motivos de  alegrías y tristezas.

El placer y el dolor marcan  distancias

entre lo efímero y lo permanente.

Lo dijo Gustavo Adolfo Bécquer:

“Cuando siento, no escribo”.

Se vierte en el papel lo ya sentido,

lo que dejó huellas en la piel del espíritu

y posos en el vaso ya bebido.

En el silencio de bodega vieja,

a solas contigo,

evoca y recrea lo que has vivido.

El peso del orgullo.

ciervo_curiosoanimal.blogspot.com (13)

Lejos de mí el  ofender

ni causarle irritación.

Sólo  por admonición

para su buen proceder

quisiera hacerle saber,

quizás con dura franqueza,

que no  lleve la cabeza

por la plaza paseada

tan erguida  y encumbrada

presumiendo de grandeza.

Es que   mire usted, señor,    

¿sabe que el interesado

es el último enterado

sobre su honra y su honor?

Antes que sufra dolor

voy a poner en su cuenta

que lo que en su testa ostenta

con posturas tan marciales

lo sufren las cervicales

debido a  la cornamenta.

Solo en casa.

Ahilloneslluvia

 

El viento en remolinos

ha juntado a la vuelta de la esquina

restos de papeles y hojas secas.

Refresca y amenaza lluvia.

Es hora de cerrar todas  las puertas. 

La noche  llega oculta tras las   sombras.

Ni el albergue ni la leña suplen las  ausencias.

El   aullido  de un perro abandonado

lima triste y lastimoso,

los barrotes de las rejas.

Se extingue la candela lentamente,

en púrpuras llamas  vacilantes.

El viento afila su pecho sonoro

en los salientes

y se aleja.

Después suena

el libar  rumoroso de la lluvia en los  panales de la tierra.

El agua de  canales

chapotea tumultuosa.

El barco de la soledad se echa a la mar oscura de la noche.

Amigo Juan.

juangarcía5-crop

Amigo Juan:

Ya has emprendido el viaje por el camino sin límites y  sin retorno.  Habrás cruzado la frontera donde la luz abandona a los viajeros y los deja solos, sin equipaje, frente al más allá o frente al olvido.  No sé, pero tu recuerdo queda entre nosotros mientras vivamos los que te hemos conocido.

Los lugares que ocupó tu cuerpo  se han llenado de  ausencias y  nos evocan, cuando los miramos, los momentos agradables que compartimos. Esos tiempos  con el reloj parado intercambiando confidencias delante de un vaso de vino.

En la dimensión  azul de los espíritus,  cerca de un luminoso  ventanal, te imagino.

Muy lejos, el  puntito azul de la tierra.

No quiero que llegue, pero cuando irremediablemente sea, allí  seguiremos  la charla que la muerte ha interrumpido, porque  “tarde no es y prisa no hay”.

Balanzas y pescado.

balanza

(Carta en el periódico HOY 8-3-2014)

Cuando  en los caladeros del Sáhara faenaban libremente los barcos españoles abundaba en España el pescado relativamente barato,  no sólo en las lonjas de las ciudades,  sino en cualquier pueblo del interior de Extremadura.

Por la carretera nacional 630 subían los camiones procedentes de los puertos andaluces, sobre todo de Huelva. Los pescaderos acudían a puntos determinados del trayecto, en el caso del sur de Badajoz a Fuente de Cantos,  y  se surtían de una oferta variada y fresca:  bogas, pescadillas, cazón, rubio, rayas, jureles…

Los vendedores voceaban por las calles el producto. Lo pesaban en  balanzas, unas clásicas o de cruz con platillos  colgantes y otras apoyadas sobre firme, como la  de Roberval.

Observaba yo  cómo el vendedor sujetaba la balanza con una mano por el medio del astil  y con la otra  ponía en  los platillos dorados las pesas y el pescado.  Alguna vez el dedo meñique de la mano que sostenía ayudaba al  fiel a alcanzar el punto justo del equilibrio. Pequeñas trampillas.

En la España actual, con menos pescado que vender, tenemos diecisiete balanzas y otros tantos meñiques  queriendo llevar  el fiel a su terreno.

No les dije nada.

desmotivado.es_Las-palabras-que-se-dicen-Son-muy-pocas-comparadas-con-las-que-se-callan_136170950249

 

 

 

Debieron ver las intenciones en mis ojos,

pero no les dije nada.

Las  palabras no dichas quedaron en mi boca,

huérfanas de su destino 

como inmaduro fruto con la helada inoportuna,

como abrazo o disparo a mitad de camino.

Pudieron evitar tristezas, dar ánimos o aclarar malentendidos.

También debieron poner a algún imbécil,

sobrado de alardes y grandezas, en su sitio,

pero ya es tarde.

Destemplado el acero,

no sirven martillos

y aguas pasadas no mueven molino.

Descenso al valle.

IMG_0016

Abre  las puertas  del acceso al valle

que quiero disfrutar de sus encantos

uncido a la cordada de tu talle.

En el desfiladero de floresta,

revuelta, acogedora y envolvente,

buscaré recreo, solaz   y fiesta.

Dichosa conjunción de  su  acogida

con mi feliz llegada descendente.

Bajada, que jamás por  repetida,

deja a mi querencia  indiferente

ni a mi voluntad desfallecida

Por tangos.

viejotango

Toma la tercera espuela

invitando  a  las quimeras

en la macilenta luz 

de  una lóbrega taberna.

Mientras sostiene la copa,

un remoto tango llega

mecido en aires de aromas

de la feraz primavera.

Evoca  el canto el desgarro 

en clave de fracaso amargo.

La puerta abierta a la noche

enseña un manto de estrellas.

El acordeón desgrana

notas de melancolía

que  reviven añoranzas.

Va la estela  de su cuerpo,

el cuerpo siempre soñado,

componiendo melodías

con los luceros del cielo.

Vana ilusión de regreso,  

cuando ya nada es lo mismo.

¡Otra copa, tabernero¡

Lentamente envenenados.

esparr6

Leonor, mujer valiente y luchadora  en tiempos de penurias y de miedos, cuando reclamar derechos básicos era poco menos que un atentado al sacrosanto orden impuesto, pasaba las tardes de primavera  por las casas con un canasto de mimbre en la cabeza vendiendo espárragos, lavados y amanojados  con juncos,  que sus hijos habían  cogido por la mañana.  

El campo ofrecía  estacionalmente su ayuda.   Las setas que, en el tiempo al que me refiero, sólo algunos se atrevían a coger por el miedo visceral que producían,  abundaban en posíos, siembras y barbechos pues  los arados profundizaban poco y no rompían los micelios.

Las criadillas, que otros llaman trufas, difíciles de localizar y que sólo los pastores,  en su deambular tranquilo por las dehesas y las riberas de los ríos,  conocían los lugares donde se criaban.

La romaza, la achicoria y  la tagarnina  también eran recolectadas para hacer ensaladas y tortillas.

Por estas fechas  de preludio primaveral  en que  están a punto de brotar los espárragos y se llenan  los campos de aficionados para cogerlos, echo de menos, en sentido ecológico, los tiempos pasados cuando  todavía se bebían las aguas corrientes y limpias  de las gavias,  se criaba el berro fresco a la  vera de los manantiales y las fuentes. No te encontrabas entonces vasijas de plástico abandonadas con restos de herbicidas después de cumplir su  letal misión de envenenarnos lentamente.

Monte de Venus.

venus

 

Garganta penumbrosa tras el monte

que Venus colocó en una ladera

para gozo de holganza  placentera

a la gloria sin tasa  de Caronte.

 

Receptivas paredes de humedeces

facilitan descenso en la pendiente

con  cálida  posada  y envolvente

que dilatan sus primeras estrecheces.

 

Agradable  acogida  al visitante

que penetra en estancia tan oscura

con  ávida firmeza exuberante.

 

Al poco de ajustar la envergadura,

situados   inquilino y hospedante,

se mueve  con total desenvoltura.