Radicales (intransigentes)

alamcor24

¿Desde qué inconmensurable altura

proceder enjuicia o da lecciones

a quienes, sin hacerle peticiones,

su vida reglan a su modo y cura?

 

¿Qué dios  le otorgó en su botadura

alforja plena de sapiencia y dones

repartiendo indulgencia y bendiciones

a quienes equivocan   singladura?

 

¡Oh, falsario que ve en el  ojo ajeno

defectos en los propios  evidentes

y además se permite dar consejo

 

o censura creencias diferentes

desde la suya, excelsa, que es   modelo

y las de los  demás, inconsistentes!

El recibo de la luz senatorial.

velas

 

El Senado destina dos millones de euros a gastos de  luz y gas para 2016 y 2017.

Se quejan ustedes de vicio. Nuestros representantes senatoriales sí que tienen un recibo de la luz costoso: 2.740 € diarios si se contaran los años por 365 días cada uno, pero. teniendo en cuenta que, según recoge la página web del senado, durante 2014 hubo actividad 127 días, sale cada día a 7.874 €.

Así que nada de quejas, que estos señores sí que llevan sobre sus espaldas, además del peso de la púrpura, trasponiendo el conocido dicho cardenalicio a sus sufridos  hombros patrios, el gravoso recibo de la luz y el gas. Todo por sus desvelos en favor nuestro.

Pensaba yo ante este dislate recomendarles que usaran velas,  quinqués o carburos para alumbrarse por si salía más económico, pero vistas algunas fotos de senadores y “senatrices” dormitando, tal vez por un exceso de trabajo,  o absorbida su atención con el uso de  sus móviles de última generación, no me atrevo con la propuesta, no fuera a ser que en un descuido o ronquido incontrolado rodaran velas, quinqués y carburos por las alfombras y provocaran un incendio de imprevisibles consecuencias.

Sólo me queda recomendarles que al salir el último no se olvide de apagar las luces y la caldera, que no están los tiempos para derroches, aunque pensándolo bien a ellos les darán tres leches (sin IVA), pues nosotros, sufridos contribuyentes, nos haremos cargo  de esos dispendios, sabiendo el bien que nos reportan.

Aquellos rosarios

Ahilloneslluvia

La rutina convirtió el rezo en cantinela,

como el ruido del agua entre las piedras.

Se desgranaban los misterios

de los dolores a la gloria,

pasando por los gozos.

La tarde extendía sus sombras

con  letanías de  beatas

en repetidos soliloquios

de respuestas  decadentes.

Rumor de  solitarias almas

que no esperan respuestas de momento.

Para llevar las cuentas,

hilera  de bolitas ensartadas.

En mí quedaron las metáforas

 labradas con marfil y oro,

una estrella en la mañana y una rosa.

¿Anotaría Dios

mi número de  rezos en sus tomos? 

En la playa

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Tendido boca arriba miro una cometa en el  cielo.  Más arriba, la estela de un avión, blanca sobre azul intenso.

Alrededor el bullicio, cada vez más lejos.

No  pienso nada concreto,

imágenes difusas,

hilvanes de recuerdos inconexos..

Alguna sombra viajera  de una nube pasa por mi pecho.

Una mezcla de realidad imprecisa y de vagos sueños diluyen  mi consciencia en un nirvana placentero.

Si no llega a ser por la cuba del niño vertida en mi rostro, me pierdo.

El  padre del niño,  de cañas y la madre al comadreo, ni saben que he vuelto.

Impasible el ademán

Dialogo

 

 

 

 

Renunciaré a mi denuedo

de labrar la dura roca

con palabras de mi boca

para compartir el credo.

¡Vade retro! Me dan miedo

actitudes arrogantes

de fanáticos pedantes

con escasas reflexiones

y catecismos  simplones

para uniformar atlantes.

 

Suave decadencia

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 No me quitéis con saña

la vida que me disteis.

Dejad que tiempo en su transcurso

cobre los  tributos debidos

en sus plazos naturales.

Sea suave la pendiente hasta el fin,

sin  sobresaltos,

que la luz se consuma lentamente,

como se extingue  la llama del leño.

Yo no pedí venir, dejad que marche

por el camino de poniente

cuando  sienta que el tiempo no me pertenece,

cuando mi ausencia no hiera en demasía a quienes quiero

y la antorcha cedida abra camino en otras manos.

Cantos de sirena

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Llegan a mis oídos

tenues voces infantiles

por los andamios del aire.

Cantos de comba y de rueda

de los niños en la calle.

Ayer fui yo quien gocé

los juegos en la plazuela.

Cuando declina la tarde

incitadoras  sirenas

me reclaman con sus cantos

para emprender la partida.

Sin mástil, cuerdas ni cera

que me salven como a Ulises

su falso embrujo me lleva

derecho hacia el arrecife.

Noche de julio

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Recortaba la luna las  siluetas en la frondosidad de las adelfas. El aire nacarado y  perezoso, sostenía los aromas de la vega. Eran tus ojos azabache brillante en la noche de julio. La luz de harina plateada difuminaba los caminos, los cerros de olivares, la chopera en la ribera…Acunaban al silencio el canto de los grillos y las ranas. Estuvimos mucho tiempo sin decirnos nada, sintiendo  los latidos de los  pechos y deseé que nunca terminara aquel momento,  aquella sensación inabarcable de paz en mitad del campo, dueños  y  centro de todo el universo.  A lo lejos tintineaban las luces del pueblo, sumidas las fatigas en la quietud del sueño. Volvimos por un camino borroso  cuando una bocanada rosa surgía por oriente y la brisa hacía cosquillas a  las sombras de los chopos.

La condición humana

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Cada día, como siempre, el sol eleva impasible su corona de fuego y la hunde en el ocaso en su movimiento aparente. Así, por los  siglos de los siglos. Desde su atalaya,  si pudiera, habrá visto  la evolución  de la tierra, la entrada y la salida de la vida. Féretros y cunas en  hileras. Y en medio, la existencia, las alegrías, las penas y el  transcurrir de generaciones entre batallas y guerras. Testigo indiferente del progreso humano y de nuestra condición:  nos matamos unos a otros, con quijadas  o  plutonio, pasando por piedras, machetes, venenos, lanzas, puñales, pistolas, bombas, misiles,… Hemos perfeccionado  los medios para el mismo fin, que no ha cambiado. La técnica al servicio de nuestra propia destrucción. Los sentimientos de envidia, ambición y odio no han evolucionado,  siguen invariables y  enquistados en nuestra condición humana,  origen de la mayor parte de los males que nos asolan.  

 

Tercos

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No es frágil el junco porque ceda

al viento la doblez de su cintura

y aunque parezca débil desde fuera

tiene en la  tierra la raíz segura

para dar firmeza a su postura.

Nunca existe flaqueza en quien tolera

y con amable educación escucha

opiniones distintas  a la suya,

sin que merme por ello su entereza

ni pierda en el envite  compostura.

Demuestra la endeblez de sus ideas

quien rechaza de entrada las ajenas,

sin más razonamiento o  cobertura

que la terca estrechez de su sesera.