El recibo de la luz senatorial.
El Senado destina dos millones de euros a gastos de luz y gas para 2016 y 2017.
Se quejan ustedes de vicio. Nuestros representantes senatoriales sí que tienen un recibo de la luz costoso: 2.740 € diarios si se contaran los años por 365 días cada uno, pero. teniendo en cuenta que, según recoge la página web del senado, durante 2014 hubo actividad 127 días, sale cada día a 7.874 €.
Así que nada de quejas, que estos señores sí que llevan sobre sus espaldas, además del peso de la púrpura, trasponiendo el conocido dicho cardenalicio a sus sufridos hombros patrios, el gravoso recibo de la luz y el gas. Todo por sus desvelos en favor nuestro.
Pensaba yo ante este dislate recomendarles que usaran velas, quinqués o carburos para alumbrarse por si salía más económico, pero vistas algunas fotos de senadores y “senatrices” dormitando, tal vez por un exceso de trabajo, o absorbida su atención con el uso de sus móviles de última generación, no me atrevo con la propuesta, no fuera a ser que en un descuido o ronquido incontrolado rodaran velas, quinqués y carburos por las alfombras y provocaran un incendio de imprevisibles consecuencias.
Sólo me queda recomendarles que al salir el último no se olvide de apagar las luces y la caldera, que no están los tiempos para derroches, aunque pensándolo bien a ellos les darán tres leches (sin IVA), pues nosotros, sufridos contribuyentes, nos haremos cargo de esos dispendios, sabiendo el bien que nos reportan.
Aquellos rosarios
La rutina convirtió el rezo en cantinela,
como el ruido del agua entre las piedras.
Se desgranaban los misterios
de los dolores a la gloria,
pasando por los gozos.
La tarde extendía sus sombras
con letanías de beatas
en repetidos soliloquios
de respuestas decadentes.
Rumor de solitarias almas
que no esperan respuestas de momento.
Para llevar las cuentas,
hilera de bolitas ensartadas.
En mí quedaron las metáforas
labradas con marfil y oro,
una estrella en la mañana y una rosa.
¿Anotaría Dios
mi número de rezos en sus tomos?
En la playa
Tendido boca arriba miro una cometa en el cielo. Más arriba, la estela de un avión, blanca sobre azul intenso.
Alrededor el bullicio, cada vez más lejos.
No pienso nada concreto,
imágenes difusas,
hilvanes de recuerdos inconexos..
Alguna sombra viajera de una nube pasa por mi pecho.
Una mezcla de realidad imprecisa y de vagos sueños diluyen mi consciencia en un nirvana placentero.
Si no llega a ser por la cuba del niño vertida en mi rostro, me pierdo.
El padre del niño, de cañas y la madre al comadreo, ni saben que he vuelto.
Impasible el ademán
Suave decadencia
No me quitéis con saña
la vida que me disteis.
Dejad que tiempo en su transcurso
cobre los tributos debidos
en sus plazos naturales.
Sea suave la pendiente hasta el fin,
sin sobresaltos,
que la luz se consuma lentamente,
como se extingue la llama del leño.
Yo no pedí venir, dejad que marche
por el camino de poniente
cuando sienta que el tiempo no me pertenece,
cuando mi ausencia no hiera en demasía a quienes quiero
y la antorcha cedida abra camino en otras manos.
Cantos de sirena
Llegan a mis oídos
tenues voces infantiles
por los andamios del aire.
Cantos de comba y de rueda
de los niños en la calle.
Ayer fui yo quien gocé
los juegos en la plazuela.
Cuando declina la tarde
incitadoras sirenas
me reclaman con sus cantos
para emprender la partida.
Sin mástil, cuerdas ni cera
que me salven como a Ulises
su falso embrujo me lleva
derecho hacia el arrecife.
Noche de julio
Recortaba la luna las siluetas en la frondosidad de las adelfas. El aire nacarado y perezoso, sostenía los aromas de la vega. Eran tus ojos azabache brillante en la noche de julio. La luz de harina plateada difuminaba los caminos, los cerros de olivares, la chopera en la ribera…Acunaban al silencio el canto de los grillos y las ranas. Estuvimos mucho tiempo sin decirnos nada, sintiendo los latidos de los pechos y deseé que nunca terminara aquel momento, aquella sensación inabarcable de paz en mitad del campo, dueños y centro de todo el universo. A lo lejos tintineaban las luces del pueblo, sumidas las fatigas en la quietud del sueño. Volvimos por un camino borroso cuando una bocanada rosa surgía por oriente y la brisa hacía cosquillas a las sombras de los chopos.
La condición humana
Cada día, como siempre, el sol eleva impasible su corona de fuego y la hunde en el ocaso en su movimiento aparente. Así, por los siglos de los siglos. Desde su atalaya, si pudiera, habrá visto la evolución de la tierra, la entrada y la salida de la vida. Féretros y cunas en hileras. Y en medio, la existencia, las alegrías, las penas y el transcurrir de generaciones entre batallas y guerras. Testigo indiferente del progreso humano y de nuestra condición: nos matamos unos a otros, con quijadas o plutonio, pasando por piedras, machetes, venenos, lanzas, puñales, pistolas, bombas, misiles,… Hemos perfeccionado los medios para el mismo fin, que no ha cambiado. La técnica al servicio de nuestra propia destrucción. Los sentimientos de envidia, ambición y odio no han evolucionado, siguen invariables y enquistados en nuestra condición humana, origen de la mayor parte de los males que nos asolan.










