He visto a la luna

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía de JuanSevilla http://www.flickr.com/photos/juaninda/

Sobre la  fuente de mármol,

arrayán y enredadera,

que cantaron los Machado.

Hecha  alpaca en los olivos

en el envés de las hojas

que sólo el viento destapa.

Grande, amarilla y serena

tras la noche de tormenta

que trajo la tempestad.

Marfil en la plazoleta

que oscurece intermitente

la veloz nube viajera.

Recuerdo  que cuando niño

miraba  durante horas

pasar delante de ella

los borreguitos del cielo

que venían de la mar;

el ruido de las canales

espabilaban después

mi sueño de madrugada.

Bálsamo para  tejados

en la sangre de sus tejas

por las heridas del sol.

Allá en el fondo del cubo

donde Platero bebía

yo le he querido tocar

su cara de porcelana.

¡Tan sola entre los caminos

en el lago de las juncias

con los pespuntes del grillo

tejiendo ribetes negros¡

Blanca almohada en la alcoba

enredada entre cabellos

como cinta desatada

entre  suspiros  y anhelos

de mocita enamorada.

Me gusta

 

 

 

 

 

 

 

Me gusta el pueblo en su vivir diario,

sin ruidos ni tumultos bullangueros.

El trajín cotidiano,

el detalle, el gesto,

Me gusta la luz resplandeciente en las solanas,

el sombrero inclinado y somnoliento

al  tibio sol del mediodía.

El vuelo de cigüeñas

bajo el intenso añil de primavera,

las sábanas al sol de los corrales

y también el borbolleo del puchero a la candela.

La mirada  curiosa y presentida

detrás del blanco encaje en la ventana.

Oír la  una en la plaza silenciosa

cuando no queda nadie por la calle

y la noche se cubre con manteos .

Me gusta ver el  haz de sol dorado

clavarle a la penumbra

rejón de polvo y luz.

Y el leve sol de invierno

lavando con caricias

de gotas de rocío a la retama.

Y en el campo solitario sentirme

envuelto por la lluvia y sus rumores

Y el vino con amigos,

compartiendo secretos y porfías.

Ver  llamas de piruetas caprichosas

consumir leños con sus lenguas rojas.

Y tú. Me gustas tú,

inspiración de todas estas cosas.

Hembra

 

 

 

 

 

 

Por los contornos que su cuerpo deja

al pasar por el  aire me sumerjo.

En ese espacio perfumado y hueco

bulle  aún su presencia fugitiva.

Quedó flotando cual tules de raso

su cabello brillante y ondulado.

Al quicio de la puerta del deseo

un cuerpo  bellamente torneado

me atrae como al agua el sumidero.

Su mirada lanzada al   escarceo

me arrastra impetuoso a la lascivia

sobre las fuertes alas del dios Eros.

Las tardes se acortan

 

 

 

 

 

La luz resbala oblicua

repartiendo  caricias amarillas

por el lomo ondulado de las tejas

y por el aire de la tarde esquiva.

Van conquistando espacio las umbrías

y rocío las plantas de las vegas.

Se llena el campo de humedad brumosa

en  valles y riberas.

Pastan ovejas primerizas hierbas

entre  tañer de esquilas.

Entran  en receptiva cuarentena

las olvidadas llares

para  el parto del leño en la candela

El paro

 

 

 

 

 

Parece ser que nunca pasa nada

en la engañosa calma de los pueblos.

Los días y las noches,

cangilones cansinos de  la noria,

pasan en sucesivas alternancias

de ocasos y alboradas.

Transitan las mujeres

como hormigas de casa a los comercios.

Los varones en paro

al resguardo  del norte en  las solanas,

gorra visera y pantalón de pana,

hasta que llegue la hora del almuerzo

para comer el pan de la desgana.

Da vergüenza mirarse  cara a cara

si no se gana en la honrada labor de la faena.

En  el silencio denso

de la deshabitada  madrugada

los suspiros  se engarzan con las penas

carcomiendo las alas de la estima

bajo el curvo cobijo de las tejas.

 

Solo de trompeta

 

 

 

 

 

 

 

Una trompeta en la noche

abre en la bóveda oscura del cielo

con filigrana de bucles rizada

brecha radiante y sonoro destello.

Lance  vibrante y audaz

roto en pedazos de lejanos ecos

que flotan con rítmicas notas,

mecidos tan sólo un momento

en la cuna del aire, tan quedo.

…y bajan pausadas de alardes vencidos

en copos de suaves reflejos.

…Y después la sutura del tiempo

sella  la noche  otra vez

con rotundo y espeso silencio.

 

La vieja farola

 

 

farola

 

 

 

 

Sola, en la esquina de la calle más lejana,  desnuda y olvidada, está la vieja farola, ajena a los vestigios de una noche ebria y borrascosa. Ya no alumbra los pasos diligentes de  mujeres enlutadas ni el andar presuroso del labriego en la alborada. Huyó la corte de  mosquitos zumbadores  y salamanquesas  cazadoras que aguardaban sigilosas  el momento del ataque.

Cómplice otrora de furtivos amores y de besos pubescentes, los ábregos, la desidia y la crueldad  terminaron por doblar su resistencia. Esqueleto metálico, deforme y herrumbroso, que alberga sólo el ruin casquillo de una bombilla rota.

Esta noche que necesito su luz me ofrece sólo el afilado silbido del  viento entre sus hierros retorcidos. Vacío, sin rumbo y triste, he llegado a este lugar presintiendo entre los mantos negros de la madrugada el borde anguloso de su talle. A oscuras, he sentido la fría pena de su soledad y mi amargura.

Octubre

 

 

 

 

 

 

Fecundo mes octubre  en que la tierra
recoge en  su matriz a la simiente
con calidez de una vestal yacente
que entreabre sus labios y los cierra.
 
El agua se descuelga de la sierra
con la luz de la tarde decadente
y empapa los sembrados  lentamente
tras la semilla que el arado entierra.
 
En cadencia temprana de horizontes,
rojos y carmesí, la luz se aleja
de los  húmedos valles y cañadas
 
y borra las siluetas de los montes
entre  el tañer de  lastimosa queja
de un aprisco de ovejas encerradas.

La cama

La cama es el lugar donde los sueños

construyen con espumas verticales

torreones que alba desvanece,

donde el dolor se siente

como acerada puñalada hendida

en el inquieto mar de los insomnios.

El  ansia del deseo

diluye el ímpetu de sus  efluvios

en el tranquilo lago de Morfeo.

Llega del fondo oscuro y acüoso

la vida envuelta en llanto.

Refugio de la mente

que oculta su tristeza

huyendo de la luz y de la gente.

Lecho en que el brazo  fuerte del arado

voltea la besana del descanso

y la patena en que  la vida ofrece

su  forzada gabela

a los alcabaleros de la muerte.