El cuerpo.

Para ver el mar no necesito orillas

ni oteros elevados para estar cerca del cielo.

Estoy aquí,  a la vera  de tu cuerpo,

en la dulce  suavidad de tus mejillas,

buscando en el fondo de tus ojos

traslúcidas aguamarinas y zafiros,

destellos de la mar  en tu pupila.

Redondas colinas, cálidos valles,

recorridos palmo a palmo por mis manos

en el gozoso juego de encontrarte.

Despertar alondras.

Para despertar alondras

en los surcos de la tierra

hay que pisarle las faldas

a los arrullos del alba,

besar los labios del viento

que es predecesor del  agua

cuando cabalga en la sierra

a lomos de potros negros.

Para despertar alondras

en el lecho de los sueños

hay que quitarles  las sombras

a  los flecos de los velos

que tiene la madrugada,

pisar terrones de alfombra

sobre el colchón del silencio

con un cobertor de estrellas

cubriéndole la cabeza

a los fríos del recencio.

ASTOLL

 

 

 

 

Aunque no soy miembro de la asociación Tomillo y Orégano de Llerena,  sí he hecho con ellos varias veces la ruta del Rey Jayón. Este soneto va en agradecimiento a su labor cultural, divulgativa y defensora  de cañadas, cordeles, coladas  y resto de vías pecuarias.

 

Llerena fue el lugar de nacimiento

del grupo de andariegos esforzados

con oloroso nombre bautizados

de  aromas de flor y condimento.

Caminan por dehesas y olivares

y ascienden incansables las pendientes

salvando de los  ríos  sus  corrientes

con  rítmico tesón  en sus andares.

Con igual entusiasmo hacen la marcha

que preparan las migas con sardinas

 o comparten festiva romería.

Sin temor a la lluvia  o a la escarcha

con Tomillo y Orégano caminas

compartiendo amigable compañía.

Deseo.

 

 

 

 

 

Si pudiera dejar atrás mi cuerpo
y abandonarme a un sueño placentero…
Volar en nubes bajo el cielo azul
sin que nadie perturbe mi embeleso
mientras contemplo valles y colinas
transportado sin rumbo por los vientos…
Trascender más allá de los sentidos,
salirme de las cosas,
liberarme de apegos
y encontrar equilibrio en las tendencias.
Si pudiera morirme
y regresar luego, puro y sereno…

Piropo.

Cuando pasas por la calle

extasiado queda el  aire

al contemplar el donaire

con que se mueve tu talle.

Contigo tiene el detalle

de abrirte paso galante

y tú le dejas prestante

el roce de tu figura

y el halo que tu hermosura

va despidiendo fragante

Sin futuro.

La ilusión de los padres siempre ha sido

que los hijos disfruten  una vida

mejor que  la que ellos  han tenido.

No importaban fatigas y desvelos

con el fin de  obtener una salida

que impulsara  su sueño  y  sus anhelos.

Fue  así siempre   hasta que llegó esta hora

de pillos, sinvergüenzas y ladrones,

ciegos  de    avaricia  que devora

lo logrado por tres generaciones.

Rutina.

El río en el fluïr de sus corrientes

tiene trechos  tranquilos y  apacibles

aunque muestre maneras irascibles

en  rápidas cascadas   y torrentes.

Siguiendo la igualdad de vida y río

que nos  legó el poeta  en versos hecha

necesitamos las personas  fecha

para gozar sin  ruido y griterío.

Tienen también placeres la rutina

y la dulce cadencia de los días,

ajenos al bullicio de la fiesta,

como el remanso del agua cristalina,

lejana de salvajes  correntías,

entre el verde frescor de la floresta.

Cabello al viento.

Mecía  ondulado el viento su cabello

y,  voluptuoso, acariciaba

labios, pómulos y cuello.

Su mirada,  en el sol,

engastado  en la cima del poniente,

absorta y pensativa.

Quise ser cabello y viento

en la luz dorada de la tarde

para rozar su piel y sentir la calidez de su  mirada.

Llegó la  noche y se perdieron, difusos,

plenos de gozo y fantasía, los sentidos,

en la ilusión inalcanzable de los sueños.

Hebras  de bruma plateada

abrazaron el  talle a los olivos,

hilados con leve   luz  de luna,

en la hondonada  silenciosa de los  valles.

.

Fallida.

Junto a sábanas bordadas

y vistosos mantones de Manila

guardaba los suspiros

en un vetusto arcón arrinconado.

El pletórico cuerpo del deseo

disimulaba encantos

con lasos vestidos

y  excesos de pudor y de recato.

Mientras tanto  la vida se alejaba

calle abajo, bulliciosa y festiva.

Cuando quiso unirse al baile de los gozos

ya era tarde y sintió la pesadez

del lastre de su cuerpo

y la merma de júbilo en sus ganas.

Buscó favor en la rutina

y consuelo en rezos y capillas.

Le quedó un poso triste en la mirada, 

de juventud fallida

y de besos que no dio ni le ofrecieron.

Labios vírgenes adolescentes,

pétalos de  rosas hoy 

caídos en el suelo

tras la lluviosa calidez  de mayo.

Duermevela.

Me deslizo  por  el agua en su corriente

en el velero de la duermevela,

casi ausente,  entre  aneas y juncos de ribera.

A la deriva, va lenta la nave

entre un cálido sopor de nieblas.

Avanza la razón  a  lo inconsciente,

mezclando  realidades y quimeras

en los límites difusos de la mente.