Despertar alondras.
Para despertar alondras
en los surcos de la tierra
hay que pisarle las faldas
a los arrullos del alba,
besar los labios del viento
que es predecesor del agua
cuando cabalga en la sierra
a lomos de potros negros.
Para despertar alondras
en el lecho de los sueños
hay que quitarles las sombras
a los flecos de los velos
que tiene la madrugada,
pisar terrones de alfombra
sobre el colchón del silencio
con un cobertor de estrellas
cubriéndole la cabeza
a los fríos del recencio.
ASTOLL
Aunque no soy miembro de la asociación Tomillo y Orégano de Llerena, sí he hecho con ellos varias veces la ruta del Rey Jayón. Este soneto va en agradecimiento a su labor cultural, divulgativa y defensora de cañadas, cordeles, coladas y resto de vías pecuarias.
Llerena fue el lugar de nacimiento
del grupo de andariegos esforzados
con oloroso nombre bautizados
de aromas de flor y condimento.
Caminan por dehesas y olivares
y ascienden incansables las pendientes
salvando de los ríos sus corrientes
con rítmico tesón en sus andares.
Con igual entusiasmo hacen la marcha
que preparan las migas con sardinas
o comparten festiva romería.
Sin temor a la lluvia o a la escarcha
con Tomillo y Orégano caminas
compartiendo amigable compañía.
Deseo.
Si pudiera dejar atrás mi cuerpo
y abandonarme a un sueño placentero…
Volar en nubes bajo el cielo azul
sin que nadie perturbe mi embeleso
mientras contemplo valles y colinas
transportado sin rumbo por los vientos…
Trascender más allá de los sentidos,
salirme de las cosas,
liberarme de apegos
y encontrar equilibrio en las tendencias.
Si pudiera morirme
y regresar luego, puro y sereno…










