Quintilla y quinteto.

cabecerametrica

Tú no te apures, chiquilla,

si te mandó el profesor

que hicieras una quintilla.

Trabájala con primor

que es una labor sencilla.

Y  puestos a dar ejemplos  aprovecho mi osadía

y preparo un traje en verso para su hermano el quinteto,

trabajo que no es costoso pues  sigue la misma guía.

Agrandando las hechuras logro sin   ningún  aprieto

este quinteto mayor que completa mi alegría.

Primavera.

sendero

Hay que dejar, a pesar de las penas,

que nos lleve  la vida

en volandas por senderos de flores

en un bajel  con velas

empujado por  auras

tibias y perfumadas.

Mar de aromas y colores.

Es primavera y,   aunque repetida,

siempre es nueva  en corazones  jóvenes.

Por efímera y fugaz, más bella.

El agua transparente

que corre en los arroyos

huirá  en el estiaje,

las margaritas de los prados,

gayas sonrisas de limón y nata,

son briznas pasajeras,

pero la belleza se ha posado en ellas,

apasionadamente,

y las mima como  a grácil niña

que en las rosetas de su cara

lleva su condición,

de intensa brevedad, labrada.

 

Sueño eterno.

sueños

La muerte  no es un sueño ni un descanso 

porque no estás dormido, sino muerto

y los muertos ni duermen ni descansan. 

No puedes dar la vuelta

ni chasquear la lengua a media noche.

No existe el subconsciente

del que surgen los sueños placenteros

o  pesadillas que nos desvelan

sobresaltados en la madrugada.

La muerte es la nada eterna

y la nada ni sueña ni recuerda.

Para el final quiero.

sevillanas

 La vida en sus afanes  aligera

el plazo  de la cita con la muerte,

alivio pasajero  de la suerte

que irremediablemente nos espera.

 

En  alejar del trance el pensamiento

empleamos  las horas y los días

en festejos, trabajos y porfías

que ayudan al olvido del momento.           

 

No podemos  cambiar nuestro destino,

pero sí disfrutar la travesía

hasta que el  barco  acabe su camino.

 

Que suene para mí la  melodía

de un bolero tomándome un buen vino

como postrera y sola compañía.

 

Si no, me gustaría

una  alegre  y festiva sevillana

que enaltezca la juerga y la jarana.

Para escribir.

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(A Maribeli Nuar Cabo. Un comentario suyo a una fotografía inspiró este poema)

Mil veces caminante,  una poeta.

Cuando escribas llena  tus sentidos

de emociones y experiencias,

La vida te da  motivos de  alegrías y tristezas.

El placer y el dolor marcan  distancias

entre lo efímero y lo permanente.

Lo dijo Gustavo Adolfo Bécquer:

“Cuando siento, no escribo”.

Se vierte en el papel lo ya sentido,

lo que dejó huellas en la piel del espíritu

y posos en el vaso ya bebido.

En el silencio de bodega vieja,

a solas contigo,

evoca y recrea lo que has vivido.

Solo en casa.

Ahilloneslluvia

 

El viento en remolinos

ha juntado a la vuelta de la esquina

restos de papeles y hojas secas.

Refresca y amenaza lluvia.

Es hora de cerrar todas  las puertas. 

La noche  llega oculta tras las   sombras.

Ni el albergue ni la leña suplen las  ausencias.

El   aullido  de un perro abandonado

lima triste y lastimoso,

los barrotes de las rejas.

Se extingue la candela lentamente,

en púrpuras llamas  vacilantes.

El viento afila su pecho sonoro

en los salientes

y se aleja.

Después suena

el libar  rumoroso de la lluvia en los  panales de la tierra.

El agua de  canales

chapotea tumultuosa.

El barco de la soledad se echa a la mar oscura de la noche.

No les dije nada.

desmotivado.es_Las-palabras-que-se-dicen-Son-muy-pocas-comparadas-con-las-que-se-callan_136170950249

 

 

 

Debieron ver las intenciones en mis ojos,

pero no les dije nada.

Las  palabras no dichas quedaron en mi boca,

huérfanas de su destino 

como inmaduro fruto con la helada inoportuna,

como abrazo o disparo a mitad de camino.

Pudieron evitar tristezas, dar ánimos o aclarar malentendidos.

También debieron poner a algún imbécil,

sobrado de alardes y grandezas, en su sitio,

pero ya es tarde.

Destemplado el acero,

no sirven martillos

y aguas pasadas no mueven molino.

Descenso al valle.

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Abre  las puertas  del acceso al valle

que quiero disfrutar de sus encantos

uncido a la cordada de tu talle.

En el desfiladero de floresta,

revuelta, acogedora y envolvente,

buscaré recreo, solaz   y fiesta.

Dichosa conjunción de  su  acogida

con mi feliz llegada descendente.

Bajada, que jamás por  repetida,

deja a mi querencia  indiferente

ni a mi voluntad desfallecida

Por tangos.

viejotango

Toma la tercera espuela

invitando  a  las quimeras

en la macilenta luz 

de  una lóbrega taberna.

Mientras sostiene la copa,

un remoto tango llega

mecido en aires de aromas

de la feraz primavera.

Evoca  el canto el desgarro 

en clave de fracaso amargo.

La puerta abierta a la noche

enseña un manto de estrellas.

El acordeón desgrana

notas de melancolía

que  reviven añoranzas.

Va la estela  de su cuerpo,

el cuerpo siempre soñado,

componiendo melodías

con los luceros del cielo.

Vana ilusión de regreso,  

cuando ya nada es lo mismo.

¡Otra copa, tabernero¡

Monte de Venus.

venus

 

Garganta penumbrosa tras el monte

que Venus colocó en una ladera

para gozo de holganza  placentera

a la gloria sin tasa  de Caronte.

 

Receptivas paredes de humedeces

facilitan descenso en la pendiente

con  cálida  posada  y envolvente

que dilatan sus primeras estrecheces.

 

Agradable  acogida  al visitante

que penetra en estancia tan oscura

con  ávida firmeza exuberante.

 

Al poco de ajustar la envergadura,

situados   inquilino y hospedante,

se mueve  con total desenvoltura.