El cuerpo en las manos
En julio, de calor seco y cansino,
con luz que ciega y quema los rastrojos,
perdió el verde que el mar puso en sus ojos,
oasis a esta altura del camino
que, por dulce, querido y por divino
frescura y juventud, mofletes rojos,
tornaron a la tierra ya de abrojos
en lozano vergel y repentino.
Con el ánimo en paz, aunque aturdido,
– ¿fue un sueño, una quimera, una utopía? –
volvió la vista atrás agradecido.
Sintió cómo en sus manos aún latía
el cuerpo tantas veces recorrido
que nadie nunca más le quitaría.
Caminos
Tras el arco de verde honor trenzado,
que grata sombra al caminante ofrece,
la luz a bocanadas aparece
con un cielo de azules coronado.
Siguiendo el caminar, en la hondonada,
un arroyo entre adelfas espejea
y en la montaña el águila planea
en la quietud del tiempo abandonada.
A veces el camino son veredas,
trochas, desfiladeros o cañada.
Bajo el éter azul con blancas nubes,
caminas por dehesas y alamedas
y ahincando el paso a la colina subes
entre escarpados riscos y roquedas
Armonía
Las amapolas son la espuma roja
de las olas del mar de los trigales.
Los senderos, corrientes naturales
que el corazón de la dehesa aloja.
El mismo viento que en la mar arroja
bajeles al abismo en temporales
furiosamente azota matorrales
y al tronco de sus ramas lo despoja.
Islas son los pequeños pegujales,
las espigas dobladas, mar rizada
que acaricia la brisa de poniente.
Tierra y mar, tan opuestos, pero iguales
en la bella armonía no captada
que rige el universo desde siempre.
Fuente del Arco
A sus pies amplias dehesas,
Fuente del Arco, patena,
crisol de Sierra Morena
donde el sol hace promesas.
El agua en sus manantiales
canta nanas de voz clara
para la virgen del Ara
con arrullos celestiales.
Orgullo de Extremadura,
la mina de la Jayona
y la ermita a su patrona,
magia de luz y hermosura.
Quien siempre va conmigo

Yo, cuando estoy mejor es cuando yago,
en la grata acepción de estar tendido.
No sea usted mal pensado, buen amigo,
pues no es goce carnal que satisfago.
En dulce duermevela, feliz vago,
hablo con el que siempre va conmigo,
ese complementario con quien sigo,
me entiende y no me exige ningún pago.
Lo dejo abandonado cuando el sueño
me lleva de su mano al otro lado,
donde todo se vuelve fantasía.
Y aguarda, siempre fiel, siempre risueño
mi vuelta, sin pesar y sin enfado,
para seguir la charla en compañía.
Corona de laurel

A lo lejos, la gloria de la cima.
¿Cuántos recodos quedan al sendero?
¿Cuánto peligro acecha traicionero
antes que la congoja el pecho oprima?
El justo premio a tanto esfuerzo anima,
hace nuestro penar más llevadero,
el andar, con tal fin, asaz ligero
y el ánimo exultante con la estima.
Así vamos, etapa tras etapa,
un poco más allá, como que escapa
al inmediato alcance nuestra meta
por afán de tenerla ya completa,
mas, por mucho que tarden nuestras mieles,
coronarán las testas de laureles.
Zapatero, a tus zapatos.
No te afanes ni sufras por librar
batallas que no deben importarte,
a no ser por justicia o caridad,
que tal razón merece empeño aparte.
Fijada la excepción, en lo demás,
ni metas las narices ni te muestres
falsamente afectado de pesar
porque ni lustre obtienes ni mereces.
Si por fija obsesión de tal actúas
no te extrañes si airados te responden
que limpies bien tu casa de basuras
antes que tus pies ajen predio extraño,
pues en el propio cada cual conoce
dónde colgar candil y guardar paño.







