Miedo me da la deriva que está tomando Su Santidad con las declaraciones que está haciendo últimamente. Los cancerberos rocosos de la moralidad ajena tienen las tripas revueltas y las hachas levantadas. Hay temas que los abanderados de la ortodoxia doctrinal consideran inamovibles. Dogmas teológicos, inveteradas costumbres y asentadas prácticas no deben cuestionarse. No hay que dejar nada al albur del raciocinio. Ojo con tocar la finalidad procreadora del acto sexual, las finanzas vaticanas, la homosexualidad…
Tenga cuidado con las sigilosas sombras curiales que se mueven entre los muros y columnas de palacio y con los que son más papistas que Su Santidad, repartidos profusamente por doquier. Los que viven dentro de la burbuja aséptica, aislados de la ruindad diaria defenderán sus posiciones y sus privilegios a capa pluvial y espada argumental, creyéndose guardianes y depositarios de las esencias tridentinas.
En las universidades, cima de saberes en el escalafón de los conocimientos, encuentras profesionales de reconocido prestigio que imparten docencia con eficacia y provecho.
No obsta la altura de su sabiduría para el trato afable y humano con sus alumnos. Los más preparados académica y científicamente no temen que la cercanía y la ayuda que prestan a sus discípulos cause merma en su prestigio porque están seguros de la solidez de su preparación. Son la mayoría.
Pero hay algunos endiosados que tratan a los alumnos desde castillos que su altivez ha construido para difuminar u ocultar con la distancia la insuficiencia de su formación o las paranoias de su personalidad.
Son los que pretenden dar lustre a sus materias y preeminencia a sus figuras suspendiendo a la mayoría de sus pupilos.
Puede que no se deba a una insuficiente formación académica y sí a una disfunción de la personalidad, que busca suplir con la notoriedad que le da su proceder otras carencias de sus vidas. Olvidan que una regla básica de la enseñanza es conseguir el máximo de aprobados con la preparación y el bagaje requeridos, sin regalar nada, y que los primeros fracasados con tantos suspensos son ellos.
Una curva en forma de guadaña ha cambiado el destino de decenas de viajeros. Iban descuidadamente por los senderos de la vida y llegaron sin quererlo a la estación de muerte por un camino de hierro. El zarpazo arrancó también de cuajo el corazón de sus afectos.
Descansen en paz los muertos y hallen alivio los vivos.
Cada año por estas fechas me acuerdo de Ildefonso y cada vez que paso por la curva de la carretera de Valverde a Fuente del Arco, donde la noche del 22 de julio de 1971 se quebró su vida con veinte años, también.
Éramos tan jóvenes aún que el impacto brutal de la noticia nos abrió de par en par las entrañas y la cicatriz sigue dando señales de la herida cada cierto tiempo.
Sus padres y su hermana nunca lograron levantar vuelo después del mazazo y vernos a uno de nosotros suponía ver el hueco de su ausencia.
Su cuerpo inerte en el cuartel de la guardia civil, tendido en un banco, donde sus padres lo encontraron ya para siempre desgajado de sus vidas, con la misma ropa con la que unas horas antes se había despedido de ellos lleno de vitalidad, fue un hachazo en mitad del alma con el filo dentellado de la crueldad.
Durante mucho tiempo después, cada anochecido, miraba yo la ventana de su casa en las Cuatro Esquinas y veía como siempre la luz de la lámpara que la fatídica noche se apagó bruscamente ante la llamada de la muerte.
Los partidos políticos extienden sus tentáculos por todos los niveles administrativos, institucionales y de servicios del Estado.
Cada vez que hay un cambio de poder se producen en muchos puestos de trabajo el cese de los que pierden y su sustitución por los afiliados y adictos de los vencedores.
Hay, además, como en los movimientos sísmicos, réplicas y contrarréplicas que afectan a los niveles inferiores de los organismos, derivadas del cambio en las cabezas de los organigramas. De un día para otro te encuentras a quien ayer era un soldado raso con cartera de cuero y galones de mando.
¿Los méritos de los recién llegados? Los mismos que tuvieron los que salen. Por encima de otros cualesquiera, su afiliación o afección al partido de turno. En esta especie de interregno se producen el desconcierto y la ralentización en el ritmo de trabajo debidos a la falta de experiencia de los que llegan y al lógico proceso adaptativo.
La profesionalización de la Administración debería acabar con esta práctica cada vez que hay un vuelco electoral. Estos puestos sometidos a mudanzas cíclicas deben ser ocupados teniendo en cuenta los principios de igualdad, mérito y capacidad. Esto supondría debilitar una de las características no deseadas de estas formaciones políticas, que es el clientelismo y eso quizás sea pedir demasiado.