La lucha por la vida.

luchar

 

 

 

 

 

Se mueve la  ciudad como hormiguero
pisado por un oso.
Cada uno a sus  afanes,
casi todos presurosos,
azuzados por el látigo de la ansiedad.
Me entristece algún joven 
repartiendo propaganda en los portales.
Mujeres con las bolsas de la compra
van del vaivén
a la esclavitud de sus quehaceres. 
Carretilleros de reparto
en la vorágine urgente de las prisas.
Los ojos tristes del parado
en la esquina de la espera sin llamada.
Un traje con corbata y hombre dentro
atado a los balances comerciales
rinde cuentas a su jefe.
Un mundo de lucha y competencia
donde triunfa el empuje de los fuertes.
No hay lugar para los débiles
y si caes pocos evitarán
poner los pies sobre tu frente.

Maletillas.

 

maletilla

 

 

Se fue por  las sombras de las tapias una noche de luna

en busca de fama,  gloria y dinero.

De equipaje, ilusiones anudadas a un pañuelo de carencias,

zapatillas aladas y la garza diligente de sus pasos.

Cruzó pedregales, saltó cercados, vadeó arroyos

y durmió  envuelto en un capote  de verónicas.

Las siluetas  de  encinas eran cuatreros

embebidos en  lances naturales

o rozando  ajustadas chicuelinas.

Las estrellas, del tendido a la arena,

flores, pasión y delirio.. 

Anhelos de jóvenes soñadores,

en una España de pobreza y hambre

que buscaban redención 

entre toriles de sangre

y blancos  pañuelos al aire. 

 

Agosto.

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Vuelan las tórtolas del encinar

hasta los ya maduros girasoles

y de allí a la rivera,

al agua remansada de las pozas,

para volver después

a pasar el sesteo

en la  sombra  de la fresca arboleda.

Disponen  Baco con Noé las tinas

para el mosto  primero

y san Bartolomé  adelanta el agua 

con redoble de truenos veraniegos

y anuncio de la próxima otoñada.

Se agazapa en las vegas el rocío

con fragancias de mañana nueva.

Agosto, con redonda lozanía,

se desliza vestido de  amarillo

por la falda menguante de la luz

para darle color a los membrillos.

En el  descenso de su plenitud,

con declive de sombras,

deja una estela de fresco en la noche

enroscada al abrigo de tu cuello 

y en tus brazos, mis manos

dando calor a  los primeros fríos.

Papa Francisco.

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Miedo me da la deriva que está tomando Su Santidad con las declaraciones que está haciendo últimamente. Los cancerberos rocosos de la moralidad ajena tienen las tripas revueltas y las hachas levantadas. Hay temas que los abanderados de la ortodoxia doctrinal consideran inamovibles. Dogmas teológicos, inveteradas costumbres y asentadas prácticas  no deben  cuestionarse. No hay que dejar nada al albur del raciocinio. Ojo con  tocar la finalidad procreadora  del acto sexual,  las finanzas vaticanas, la homosexualidad…

Tenga cuidado con las sigilosas sombras  curiales que se mueven entre los muros y columnas de palacio y con los  que son  más papistas que Su Santidad, repartidos profusamente por doquier. Los que viven dentro de la  burbuja aséptica, aislados de la ruindad diaria defenderán sus posiciones y sus privilegios a capa pluvial y espada argumental, creyéndose   guardianes y depositarios de las esencias tridentinas.  

Callejas del vino

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Por las callejas del vino

quedan restos de amargura

envuelta en vómitos secos.

Huellas  de   pisadas turbias

en un cruce de caminos

que a ningún lugar conducen

y de todos sitios llegan,

arrastrado la  tristeza

en una noche de  fiesta.

 

Profesores.

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En las universidades, cima de saberes en el escalafón de los conocimientos, encuentras profesionales de reconocido prestigio que imparten docencia con eficacia y provecho.

No obsta la altura de su sabiduría para el trato afable y humano con sus alumnos. Los más preparados académica y científicamente no temen que la cercanía y la ayuda que prestan  a sus discípulos cause merma en su prestigio porque están seguros de la solidez de su preparación. Son la mayoría.

Pero hay algunos endiosados que tratan a los alumnos  desde castillos que su altivez ha construido para difuminar u ocultar con la distancia la insuficiencia de su formación o las paranoias de su personalidad.

Son los que pretenden dar lustre a sus materias y preeminencia a sus figuras suspendiendo a la mayoría de sus pupilos.

Puede que no se deba  a una insuficiente formación académica y sí a una disfunción de la personalidad, que busca suplir con la notoriedad que le da su proceder otras  carencias de sus vidas. Olvidan que una regla básica de la enseñanza es conseguir el máximo de aprobados con la preparación y el bagaje requeridos, sin regalar nada,   y que los primeros  fracasados   con tantos suspensos son ellos.

Descansen en paz.

 

trenmuerteUna curva en forma de guadaña ha cambiado el destino de decenas de viajeros. Iban descuidadamente  por los senderos de  la vida y llegaron sin quererlo a la  estación de muerte por un camino de hierro. El zarpazo arrancó también de cuajo el corazón de sus afectos.

Descansen en paz los muertos y  hallen alivio  los vivos.  

Ildefonso.

ildelfonsoCada año por estas fechas me acuerdo de Ildefonso y cada vez que paso por la curva de la carretera de Valverde a  Fuente del Arco, donde la noche del 22 de julio de 1971 se quebró su vida con veinte años, también.

Éramos tan jóvenes aún que el impacto brutal de la noticia nos abrió de par en par las entrañas y la cicatriz sigue dando señales de la herida cada cierto tiempo.

Sus padres y su hermana nunca lograron levantar vuelo después del mazazo y vernos a uno de nosotros suponía ver el hueco de su ausencia.

Su cuerpo inerte en el cuartel de la guardia civil, tendido en un banco, donde sus padres lo encontraron ya para siempre desgajado de sus vidas, con la misma ropa con la que  unas horas antes se había despedido de ellos  lleno de vitalidad, fue un hachazo en mitad del alma con el filo dentellado de la crueldad.

Durante mucho tiempo después, cada anochecido, miraba yo la ventana de su casa en las Cuatro Esquinas y veía como siempre la luz de la lámpara que la fatídica noche se apagó bruscamente  ante la llamada de la muerte.

 

Reformar a los reformadores.

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(Carta en el periódico HOY 21-7-2013)

Los partidos políticos extienden sus tentáculos por todos los niveles administrativos, institucionales  y de servicios del Estado.

Cada vez que hay un cambio de poder se producen en muchos puestos de trabajo el cese de los que pierden y su sustitución por los afiliados y adictos de los vencedores.

Hay, además, como en los movimientos sísmicos, réplicas y contrarréplicas que afectan a los niveles inferiores de los organismos, derivadas del cambio en las cabezas de los organigramas. De un día para otro te encuentras a quien ayer era un soldado raso con cartera de cuero y galones de mando.

¿Los méritos de los recién llegados? Los mismos que tuvieron los que salen. Por encima de otros cualesquiera, su  afiliación o afección al partido de turno. En esta especie  de interregno se producen el desconcierto  y la ralentización en el ritmo de trabajo debidos a la falta de experiencia de los que llegan y al lógico proceso adaptativo. 

La profesionalización de la Administración debería acabar con esta práctica  cada vez que hay un  vuelco electoral.  Estos puestos sometidos a mudanzas cíclicas deben ser ocupados teniendo en cuenta los principios de igualdad, mérito  y capacidad. Esto supondría  debilitar una de las características no deseadas de estas  formaciones políticas, que es el clientelismo y eso quizás sea pedir demasiado.

Adolescencia.

adolescencia

Cuando más la quiso fue cuando bordeaba las caricias de unas manos esquivas y rozaba la piel rosada de su cara con la   excusa de mirar para otro lado.

Cuando se asomaba a sus ojos desde el brocal de un pozo de aguas transparentes con un fondo azul inalcanzable.

Cuando los suspiros por su ausencia subían desde el pecho a la garganta como olas desbordadas.

Cuando pasaba por las calles buscando sus estelas y al verla, fugaz, se aceleraba el corazón.

Cuando el deseo era un juego de cómplices miradas y cada frase un enigma a descifrar.

Cuando sus ojos se juntaban en la luna y las palabras eran  silencios compartidos.

Cuando quererla  era ternura frágil, pura, transparente  y soñada.