La llamada del mar.

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Fotografía de Juan Sevilla.

 

http://www.flickr.com/photos/juaninda/

Las olas del mar tienden en la orilla 

con rítmico vaivén  de sonajeros

alfombras  a los pies  de los  viajeros

hasta el barco sin jarcia, ancla ni quilla.

Espera  en alta mar entre la bruma,

al mando del timón, diestro Caronte,

para el viaje con rumbo al horizonte

donde hallar  el origen de la espuma.

 Hay en la inmensidad de este paisaje

avisos incesantes de arribada

de ninfas al  romper del oleaje.

Frente al mar,  en mi soledad buscada, 

mirando  al sol difuso  entre el celaje,

he oído de Neptuno la llamada.

Hay que salir

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Ya tienen sol las esquinas donde los parados hablan a las doce del mediodía. El reloj, que a esa hora marca la divisoria  entre el  trajín y la indolencia, cruza  sus brazos  en la   frontera de la tarde.  Doce tañidos quedan vibrando en el aire como doce interrogaciones y  anuncian el final de  la espera sin esperanza. Nadie vino a tocar la aldaba del trabajo. Los bolsillos se agrandan con la horma de las manos  para dar cobijo a la impotencia. Los ojos rehúyen las miradas de otros ojos. Se está apoderando de nuestros pueblos una resignación peligrosa  que hace que la gente se refugie en sus casas a aguardar hasta que  pase esta nube negra que dura ya demasiado. Una lenta filtración de escepticismo y miedo se  cuela entre las grietas del futuro.

Pero hay que evitar que esta resbaladiza  pendiente de resignación nos arrastre hasta el fondo. Hay que agarrarse a la esperanza y luchar por un sitio bajo el sol que no sean las esquinas del conformismo.

Carnet de españolidad.

Toro Osborne

Solicito, atildados caballeros y  encopetadas damas de abolengo y  postín,  credencial de   españolidad que ustedes se arrogan el derecho de conceder. Ignoro con  qué  criterios, potestades o prerrogativas.

 Establecidos  los  cánones  por el excluyente  y exaltado proceder de sus muy respetadas personas, tengo a bien hacer algunas pertinentes  salvedades antes de su magnánima concesión, si procediera.

Quizás obste a mi osada petición tibieza  de fervores  patrioteros, que no patriotas,  pero me siento tan español como el que más. Mi patria  es la tierra en que nací y toda su gente. Es el trabajo y la dignidad de las personas. Defiendo la convivencia en paz y la igualdad de trato ante la ley. Respeto a los que discrepan de mis opiniones, pero  me defiendo   de quienes quieren imponerme las suyas. Valoro y apoyo la solidaridad y la justicia distributiva. Hago un sitio a la lumbre a  quien se acerca aterido y comparto vino, pan  y charla con quien me encuentro en la andadura. Considero que nadie es mejor ni peor  por la cuna en que nació. Apoyo  el espíritu de superación  en el trabajo y la constancia en el estudio.  Aprecio y encarezco la bata blanca y la azul, el mono y el uniforme.

Expuestas estas consideraciones, si ustedes las aceptan y  lo tienen a bien, pueden extenderme el carnet, de no ser así les ruego tengan por declinada mi solicitud, pero seguiré amando de igual manera a esta hermosa tierra y  respetando a todos sus ciudadanos sin importarme credo ni afiliación. Muchas gracias.

Besos del aire.

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En la sombra de tu ausencia

tomo el fresco de la tarde.

Forma el viento remolinos

y me traen aquí tu cuerpo

a la vera de mi asiento.

Cintillo verde en tu pelo

descubre tu hermosa frente  

sobre el azul de tus  ojos.

Tu talle de miel y junco

y tus redondas caderas…

Tus labios, granadas llenas

de azúcar, luz y canela,  

caricias tiernas  que el  aire

coloca  sobre los míos.

Envidia.

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La envidia se  disfraza con afeites

y perfuma su hedionda fetidez

con costosos aromas  de Chanel

y  vistosos modelos de Cibeles,

pero el color cetrino de la inquina

más pronto que tarde reaparece

inundando el ambiente de toxinas.

Es tan fuerte su miasma nauseabunda

que a las más destacadas carroñeras

apesta el hedor de su inmundicia.

La noria.

Pasan  los días

con la cadencia de la noria

que regresa después de cada vuelta

al punto de partida.

Cambia sus matices  la luz

con la alternancia  de  las estaciones

y  cuando acaba un ciclo

vuelven los pasos al camino recorrido.

Ahora es   primavera

y gana la luz  terreno a  las umbrías,

brotan los  espárragos al monte

y   las cigüeñas crotoran  en las espadañas.

Hay  aromas de cantueso y de  tomillo

por estos campos de España.

Vendrá el estío y luego la otoñada

para caer de nuevo en el invierno.

La palanca de la noria  dará un último giro

en un día como otros que ya habíamos vivido.

Los cangilones dejarán de extraer agua

del fondo  fresco del pozo.

Un silencio de metales oxidados

flotará en el vacío.

Sólo quedarán  recuerdos,

colgados en la percha del olvido.

 

Abril.

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Abril es adolescente

de pletóricos rubores

que se convierten en  flores

cuando los mira la gente.

Caprichoso y tornadizo

cambia  de  las aguas mil

a las que tiene un barril

o  al azote del granizo.

Con las heladas tardías

o los solanos primeros

llena o seca los graneros

en sólo unos pocos días.

 El cuco  canta en la encina,

pende la lila en racimos

y la veloz golondrina

rasga el aire con su vuelo.

¡Quién tuviera quince abriles

y volver a los sentires

de  enamorarse  de nuevo!

Potro de colores.

 

Fotografía de Manuel Rodríguez Espino.

 

Sin el tiempo que dormimos,

el que las penas amargan

y  la enfermedad lacera

¿qué nos queda?

Pequeñas islas alegres

que el sol alumbra fugaz

y luego se desvanecen

 Yo, por ello,

cabalgo  libre  y ligero

sobre el  potro de colores

que el arco iris me ofrece.

Al galope.

Medalla de luz, la espuela,

 y sin bridas ni monturas,

desnudo sobre sus crines, 

me encamino

con cromáticos destellos,

dispersos entre  la lluvia

y resplandores de sol,

hacia el cielo.

Mourinho.

Este señor acaba de bajar  ahora de sus altares ególatras diciendo que el premio de mejor entrenador a Vicente del Bosque estuvo amañado y que le correspondía a él porque algunos de sus presuntos votantes le habían comunicado su voto favorable. Pero ojo, que el voto es secreto y una cosa es lo que se dice y otra lo que va en el sobre, pero si está seguro, adelante con las acciones que crea pertinentes.  También ha dicho que es difícil ser portugués en España. No debe generalizar, él no es el único luso en  nuestra patria y quizás el mal trato que le dan en ciertos medios de comunicación no se debe a su nacionalidad sino a su  forma de ser. Le sucede lo que a  algunos  malos políticos nacionalistas, que ponen su país como escudo.

Con estas declaraciones ha conseguido menospreciar a Del Bosque, ofender a la FIFA  y ponernos en mal lugar a los españoles.

El R. Madrid, un gran club que tiene una excelente trayectoria en el mundo y una imagen ganada a lo largo de muchos años, no puede permitirse un entrenador  endiosado que cuando le viene en gana amaga con que quiere irse al fútbol inglés teniendo contrato multimillonario en vigor y que tiene la mitad del vestuario  de su equipo dividido y en contra de su gestión. La Institución está por encima de las personas.

Siembra fértil.

Fotografía de Juan Sevilla 

http://www.flickr.com/photos/juaninda/

En el dulce lugar de su besana

con  exquisito trato placentero

recorre los surcos con esmero

y  con hábil laboreo se   afana.

Abre labios la reja  con  la gana

de  encontrar el origen del venero

que a los bordes aflora tan somero

y genera labranza tan   lozana.

Removida la tierra y volteada

espera en regodeo voluptuoso

la semilla fecunda y deseada

que el sembrador coloca muy dichoso

tras alojar en la doblez mojada

instrumento de siembra tan gozoso.