Ya tienen sol las esquinas donde los parados hablan a las doce del mediodía. El reloj, que a esa hora marca la divisoria entre el trajín y la indolencia, cruza sus brazos en la frontera de la tarde. Doce tañidos quedan vibrando en el aire como doce interrogaciones y anuncian el final de la espera sin esperanza. Nadie vino a tocar la aldaba del trabajo. Los bolsillos se agrandan con la horma de las manos para dar cobijo a la impotencia. Los ojos rehúyen las miradas de otros ojos. Se está apoderando de nuestros pueblos una resignación peligrosa que hace que la gente se refugie en sus casas a aguardar hasta que pase esta nube negra que dura ya demasiado. Una lenta filtración de escepticismo y miedo se cuela entre las grietas del futuro.
Pero hay que evitar que esta resbaladiza pendiente de resignación nos arrastre hasta el fondo. Hay que agarrarse a la esperanza y luchar por un sitio bajo el sol que no sean las esquinas del conformismo.
Solicito, atildados caballeros y encopetadas damas de abolengo y postín, credencial de españolidad que ustedes se arrogan el derecho de conceder. Ignoro con qué criterios, potestades o prerrogativas.
Establecidos los cánones por el excluyente y exaltado proceder de sus muy respetadas personas, tengo a bien hacer algunas pertinentes salvedades antes de su magnánima concesión, si procediera.
Quizás obste a mi osada petición tibieza de fervores patrioteros, que no patriotas, pero me siento tan español como el que más. Mi patria es la tierra en que nací y toda su gente. Es el trabajo y la dignidad de las personas. Defiendo la convivencia en paz y la igualdad de trato ante la ley. Respeto a los que discrepan de mis opiniones, pero me defiendo de quienes quieren imponerme las suyas. Valoro y apoyo la solidaridad y la justicia distributiva. Hago un sitio a la lumbre a quien se acerca aterido y comparto vino, pan y charla con quien me encuentro en la andadura. Considero que nadie es mejor ni peor por la cuna en que nació. Apoyo el espíritu de superación en el trabajo y la constancia en el estudio. Aprecio y encarezco la bata blanca y la azul, el mono y el uniforme.
Expuestas estas consideraciones, si ustedes las aceptan y lo tienen a bien, pueden extenderme el carnet, de no ser así les ruego tengan por declinada mi solicitud, pero seguiré amando de igual manera a esta hermosa tierra y respetando a todos sus ciudadanos sin importarme credo ni afiliación. Muchas gracias.
Este señor acaba de bajar ahora de sus altares ególatras diciendo que el premio de mejor entrenador a Vicente del Bosque estuvo amañado y que le correspondía a él porque algunos de sus presuntos votantes le habían comunicado su voto favorable. Pero ojo, que el voto es secreto y una cosa es lo que se dice y otra lo que va en el sobre, pero si está seguro, adelante con las acciones que crea pertinentes. También ha dicho que es difícil ser portugués en España. No debe generalizar, él no es el único luso en nuestra patria y quizás el mal trato que le dan en ciertos medios de comunicación no se debe a su nacionalidad sino a su forma de ser. Le sucede lo que a algunos malos políticos nacionalistas, que ponen su país como escudo.
Con estas declaraciones ha conseguido menospreciar a Del Bosque, ofender a la FIFA y ponernos en mal lugar a los españoles.
El R. Madrid, un gran club que tiene una excelente trayectoria en el mundo y una imagen ganada a lo largo de muchos años, no puede permitirse un entrenador endiosado que cuando le viene en gana amaga con que quiere irse al fútbol inglés teniendo contrato multimillonario en vigor y que tiene la mitad del vestuario de su equipo dividido y en contra de su gestión. La Institución está por encima de las personas.