Noche de san Lorenzo.

La noche de san Lorenzo,

rayando de luz el cielo,

los ángeles se columpian

con un diamante de fuego.

Van de oriente hasta occidente,

desde el sur a la polar

jugando con los luceros.

Les sirven de agarradero

todas las constelaciones

con cuerdas de terciopelo.

Vejez.

 

 

 

Al ritmo de los días y las noches

avanza la vejez por las callejas

oculta tras oscuras candilejas

recogiendo en su alforja los derroches.

Encaja cada parte de los broches

y  convierte  los hilos en madejas,

recorta en  su largura las guedejas

y transforma prestantes en fantoches.

Sin ruido, deposita sigilosa

en las nobles cabezas de la gente

señales de la vida presurosa

que ahondan las arrugas de la frente

y permutan la pasión impetuosa

por  un escepticismo indiferente.

Información independiente.

 

 

 

 

 

 

Echo de menos una televisión estatal independiente y objetiva del tipo de la BBC inglesa. Esto de que cada partido gobernante ponga a sus dóciles  voceros  para que glosen sus logros  le da poca  credibilidad a los servicios informativos de la cadena pública. No están acostumbrados estos padres e  hijos de la madre patria a que los periodistas les hagan preguntas impertinentes. Y si lo hacen los catalogan de estar sirviendo a intereses del partido rival.

Y sin embargo hay grandes profesionales que en este mercadeo de influencias defienden el tipo  y su independencia con  extraordinaria brillantez. Tienen que acostumbrarse los prebostes de turno a que la democracia no sirve sólo para que los voten a ellos. Los medios de comunicación públicos son de todos y deben informar con independencia de partidos  a la ciudadanía, aunque perjudique la imagen del poder establecido. Esto no es un cortijo donde, como se hacía antiguamente,  por san Miguel se  cambiaban  mayorales y aperadores.

Llerena en el corazón

Con este soneto terminaba un servidor la presentación del libro de Tere Montero,  “Llerena en el corazón”, que tuvo lugar el  pasado sábado día 28 de julio en el centro cultural de la Merced.

El recuerdo se aviva  remozado

y en nosotros otra vez se hace presente,

traído de la mano dulcemente

para ser  con nostalgia recordado.

La autora con denuedo ha preguntado

para hallar testimonio entre la gente

de otro tiempo fugaz y   evanescente

que vuelve a nuestras mentes añorado.

Ofrece con primor Tere Montero

el corazón abierto de Llerena

para gozo y solaz de sus paisanos

y desde aquí quiero ser el primero

en darle  la cordial enhorabuena

por el libro que  hoy pone en nuestras manos.

Crónica rosa.

Ya está aquí el verano y los periodistas  y allegados que viven de crónicas  del puteo y cornamentas consentidas  y de meter las narices donde no les han llamado    empiezan a remover sus posaderas de los asientos  invernales para buscar la noticia o su espejismo en las  aguas de nuestras costas. Nos abofetearán con imágenes de fantoches engominados en veleros de no sé cuantos metros de eslora.  Con el  último modelo de bikini de la  pija niña de papá que ahora luce a su vigésimo novio por los saraos de moda.Con estos  bon vivant no va la crisis. Los ladrones y corruptos se broncean y toman whisky al atardecer en lujosas mansiones veraniegas mientras sus víctimas archivan el tercer aviso de embargo  en la carpeta de las facturas Cualquier imagen o información  de la familia real, empantanada entre yernos y cacerías, vale su peso en papel couché. A la caza pues de la exclusiva y a enseñarles a la plebe mientras come el gazpacho y la tortilla cómo viven los que entienden este negocio de la vida. El paraíso, real o ficticio, a nuestro alcance con sólo apretar un botón o comprar una revista.  

Volver.

Ya ni el tango me sirve.

Que si  veinte años no son nada,

cuarenta  sí  lo son

y aunque las estrellas parpadean en lo alto

ya nadie espera mi regreso.

Son otros los cuerpos  que duermen

a cobijo de las casas cerradas

en esta noche lejana

de aquel añorado tiempo.

Tampoco quise el regreso,

pero, sin saber por qué, he vuelto

a  las calles solitarias

donde un día fui dichoso.

Hasta el silencio me parece otro

del que fue cómplice de nuestros besos.

Son otros pasos

los que hollan los caminos

que aquel otoño recorrí con ella.

Conservan halos de abrazos perdidos

las luces de las últimas callejas.

De fiesta.

 

 

 

Mocita,

tus polvos de tocador,

tu colorete rosado,

y un poquito de candor

para esta tarde de fiesta.

 

Mujer,

las holladuras del pie,

los dolores de cabeza.

Para pasar un mal rato

prefiere una buena siesta

Una bala.

Un hombre cuesta una bala

si se le quiere callar.

Sólo faltan los  sicarios

que se presten a apretar

el gatillo del fusil.

Pero  no mueren  ideas

por un pedazo de plomo

como el criminal desea.

Ese trozo de metal

con el tiempo  se convierte

en semilla y en abono

de justicia y  libertad.

 

Verdugos.

¡Qué putada,

sentir el frío acero

en la garganta desnuda y  palpitante!

Pero es tarde para apartar la presa de la daga.

Tajo certero pido al verdugo.

Irremediable el destino,

ofrezco mi cuello caliente y placentero

al  afilado borde de la muerte.

Ya no me importa nada:

dejarme llevar por la corriente

y morir luego.

Postín.

¡Qué postín, qué señorío,

galanura lleva el porte,

grandeza el aire,

embelesada tarde

para, admira, y calla!

¡Pasen los señores

por la acera de los nobles!

¡Qué cabezas tan enhiestas

sobre unos pies que levitan

y miran condescendientes

al resto de los mortales!

Yo, nosotros,

¡qué importantes!

Y al volver la esquina de las mentiras,

¡maldita cáscara vana!

Efímeras vanidades

del fuego de las cerillas.