Echo de menos una televisión estatal independiente y objetiva del tipo de la BBC inglesa. Esto de que cada partido gobernante ponga a sus dóciles voceros para que glosen sus logros le da poca credibilidad a los servicios informativos de la cadena pública. No están acostumbrados estos padres e hijos de la madre patria a que los periodistas les hagan preguntas impertinentes. Y si lo hacen los catalogan de estar sirviendo a intereses del partido rival.
Y sin embargo hay grandes profesionales que en este mercadeo de influencias defienden el tipo y su independencia con extraordinaria brillantez. Tienen que acostumbrarse los prebostes de turno a que la democracia no sirve sólo para que los voten a ellos. Los medios de comunicación públicos son de todos y deben informar con independencia de partidos a la ciudadanía, aunque perjudique la imagen del poder establecido. Esto no es un cortijo donde, como se hacía antiguamente, por san Miguel se cambiaban mayorales y aperadores.
Con este soneto terminaba un servidor la presentación del libro de Tere Montero, “Llerena en el corazón”, que tuvo lugar el pasado sábado día 28 de julio en el centro cultural de la Merced.
Ya está aquí el verano y los periodistas y allegados que viven de crónicas del puteo y cornamentas consentidas y de meter las narices donde no les han llamado empiezan a remover sus posaderas de los asientos invernales para buscar la noticia o su espejismo en las aguas de nuestras costas. Nos abofetearán con imágenes de fantoches engominados en veleros de no sé cuantos metros de eslora. Con el último modelo de bikini de la pija niña de papá que ahora luce a su vigésimo novio por los saraos de moda.Con estos bon vivant no va la crisis. Los ladrones y corruptos se broncean y toman whisky al atardecer en lujosas mansiones veraniegas mientras sus víctimas archivan el tercer aviso de embargo en la carpeta de las facturas Cualquier imagen o información de la familia real, empantanada entre yernos y cacerías, vale su peso en papel couché. A la caza pues de la exclusiva y a enseñarles a la plebe mientras come el gazpacho y la tortilla cómo viven los que entienden este negocio de la vida. El paraíso, real o ficticio, a nuestro alcance con sólo apretar un botón o comprar una revista.