La palabra.

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La palabra puede ser puñal o miel:

como arma hiere, como dulce halaga.

Puede traicionar una lealtad

o aflorar los más nobles sentimientos.

Báculo donde el amigo apoya

la fatiga, la pena o el cansancio

o la daga que corta una amistad

con traición y felonía clavada.

La palabra adecuada en su momento,

unas veces alienta y estimula

y  otras sirve de  bálsamo y consuelo.

La zafia, ruin y malintencionada

agravia, solivianta  y escarnece

a la persona a quien se le dirige

y muestra la ruindad de quien la dice. 

El tío de la sangre.

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A  los niños nos metían miedo los mayores porque era la forma más efectiva de tenernos controlados. ¿Quién no ha escuchado  alguna vez aquello de “¡Que viene el coco!” para que nos calláramos o dejásemos de meter ruido?

Cuando llegaba el tiempo del verano, en esas interminables horas de sopor de la siesta en que el pueblo entraba en un letargo de plomo y chicharras,  nos asustaban con los tíos de la sangre, que secuestraban a los niños para extraerles el preciado líquido rojo. Yo me los imaginaba como vampiros que nos chupaban las venas y nos quedaban más secos que una mojama. Así que durante esas horas, si no nos acostábamos al menos tampoco nos íbamos por  esos campos tan solitarios a esas horas.

La “Mora” vivía en la humedad negra y profunda de los pozos como una bruja desgreñada con largos brazos y retorcidos dedos que arrastraba hacia el interior del pozo a los niños que se asomaban al brocal. Con esa amenaza procuraban evitar el peligro de que nos cayéramos dentro.

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Otro personaje de la inventiva popular era el “tío del Sebo”. Quizás asociada su figura a la negrura de la grasa que tenían  las ruedas de los carros para lubricarlas y que no era otra cosa que tocino añejo que adquiría esa tonalidad con el roce y el polvo de los caminos.

En la finca de Valjuncoso existía y aún existe, aunque taponada de piedras y tierra, la cueva de Poro. Esta persona, que existió realmente, adquirió con el tiempo y la imaginación la imagen huraña y esquiva  que le confería su aislamiento y desaliñado aseo.  Debió ser un hombre que vivió de forma semi salvaje por aquellos parajes. Tan repulsiva  presencia hubo de tener que cuando no obedecíamos nos amenazaban con que vendría Poro a por nosotros, una especie  de monstruo agresivo que se comía a los niños.

Belleza.

belleza

En el azul intenso de tus ojos,

donde se vuelve clara la calina

y la luz brilla  pura y cristalina,

se encuentra la  belleza sin abrojos.

La tarde rota te ofreció de hinojos

arrebol para  cara tan divina

que del  ocaso la paleta  difumina

con un celaje  de reflejos rojos.

En los catorce versos de un soneto

no es posible encerrar tanta hermosura

sin mermar la magnitud de tu guapeza.

La  luz, el  cielo y tú formáis  completo

el cuadro singular de  donosura

en el eximio grado de la alteza

Las bebidas en el Congreso.

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Fotografía de abc.es

Carta en el periódico HOY (7-6-2013)

El abuelo paseaba por  los rollitos del centro de la casa en esas horas previas a la comida en que la calle está tranquila porque aún no han salido los niños de la escuela y el hogar se mantiene en un acogedor sosiego. Le tenía cogidas las vueltas a su mujer  y cuando ésta se metía en la cocina o iba al corral  a tender la ropa, él aprovechaba para beberse un vaso de la botella de  vino que guarda en la alacena, saltándose así la prescripción médica y la vigilancia de su compañera.

Hasta que cualquier día, en una aparición sorpresa, lo cogía con el codo empinado y le escondía el suministro. Duraba unos días la abstinencia  hasta que daba con el escondite.

La opinión pública ha  sorprendido a  los señores diputados y senadores  con  el gin tonic de 3,50 €  en la mano, es un decir,  y  se ha escandalizado con éste y otros precios subvencionados de los que se benefician ellos y  los asiduos visitantes  del  Congreso. No  es que la ciudadanía esté preocupada con  la tensión arterial, el colesterol o la diabetes que puedan padecer sus señorías y convidados, sino que las libaciones están en parte sufragadas con dinero público. En estos tiempos que corren,  en los que a la mayoría  se nos ha quedado el talle estrecho por las apreturas del cinturón, no están bien esas liberalidades tan prescindibles que se hacen con el dinero de todos, sobre todo por quienes deben dar ejemplo de lo que predican.

 

Reencuentro.

Fotografía de Pupualdo , Santiago de Chile

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Pensaba él,  después de tantos años,

cercano a los rubores  de su cuerpo,

qué quedaría de aquella joven

de risa  abierta y mirada absorbente.

La miró a escondidas del descaro,

a hurtadillas de sus ojos,

tan azules y tan claros,

tan bellos.

Y se fue a  la fruta de su boca

a sumergirse, furtivo,

en el gozo de los besos.

Y no le importó el tiempo

porque la eternidad no tiene agujas

ni hay  arrugas en  los sentimientos.

Quiso abrazarla  en el seno del recuerdo,

 a solas con sus pensamientos.

 El ayer inalcanzable y tan presente

 lo envolvía en caricias al socaire de su pelo.

Poema no escrito

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Quiero y no puedo escribir un poema

que deje impreso este fugaz momento.

¡Es  tan difícil copiar la belleza,

trasladar al papel los sentimientos!

Ni siquiera sé si son de alegría

de gozo, de paz, de dicha o contento;

vagos recuerdos y  algunas tristezas,

tal vez un poco de melancolía.

Pero no puedo escribir lo que siento.

Junio.

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Junio es la frontera entre la flor y los  rastrojos.

Ofrece Ceres el pan de las espigas y el sol baila en la mañana de san Juan.

Arde mágico  el fuego en las hogueras de la madrugada

abandonando al sortilegio las venturas y los miedos.

Plenitud y cenit de la luz en el solsticio,

efímera, porque comienza inexorable  su declinar hacia las sombras.

Golondrinas, aviones y vencejos surcan  veloces

el  intenso azul de las mañanas.

En la siesta la chicharra sierra el sopor en los olivos

y de  noche la rana teje,  con  hilos de  luna,

encajes de  agua  en la laguna.

 

Antigua siega.

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(Cuadro de  Rossend Franch Cubells)

Vienen de  juntar  gavillas

en  haces rubios de espigas

con sudores de solano

y abrazadera de hocinos.  

Las manos,  rugoso acero,

traen arcilla entre los dedos

del fondo de los destajos.

Tanto trabajo doblados

sobre el arado y la tierra  

anudó un pañuelo al cuello

uncido al yugo y la pena.

Con ritmo de  hierro y sebo

van los carros con carreros

por las sombras verticales

de la flama y la calima.

Surcos de  viejos senderos

hechos de brega  y fatiga    

con huellas de polvo seco.

La radio.

radio

El 23 de febrero de 1981 la radio se convirtió en el cordón umbilical que nos mantuvo informados de la asonada golpista que Tejero protagonizó en el Congreso de los Diputados. Se habló entonces de la noche de los transistores y muchos descubrieron el papel  que  la voz llegada a través de las ondas puede desempeñar en ciertos momentos.

Mi generación y las anteriores lo habíamos descubierto hacía tiempo. Las noches de invierno en las que había que tener a mano las velas y los quinqués porque  la luz eléctrica dependía  de que una brisa no derribara un palo del tendido eléctrico, nos acompañaba radio Andorra con Liria y Juan Francisco, locutores que se hicieron populares entre los oyentes: “Aquí radio Andorra, emisora del Principado de Andorra. Emitimos en onda normal de…”

De la música que emitían recuerdo algunas canciones de “José Luis y su guitarra“, como  “Mariquilla”:

“Tu cara de rosa y jazmín,
han encendido de un modo mi alma
que ya he perdido la calma
y hago locuras por ti, mi bien.
Mariquilla bonita, graciosa chiquita,
tienes mi querer. Yo te doy mi vida,
mi alma y mi sangre y todito mi ser.
Y te canto bajito lo que te quiero,
cuánto te adoro, tú eres mi bien

y “Campesina”:

“Las mujeres de Colombia son más bonitas que el Sol, 
las de la ciudad dan fuego, las de la ciudad dan fuego, las del campo dan amor”. 

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También la clandestina e interferida  “Pirenaica” que oíamos cuando la puerta de casa estaba bien cerrada y con poco volumen para que no  se escuchara fuera, que no estaban tan lejanos  los tiempos de las delaciones y las inquebrantables lealtades. Así que cuando alguien llamaba a la puerta de las doce de la noche en adelante,  a esas horas siempre con malas noticias, la primera reacción  instintiva era apagar el aparato, sino se escondía también debajo de la cama.

Las tardes las dedicaban nuestras madres, abuelas, tías y parte del vecindario a la costura, si hacía buen tiempo en el patio o en el corral y si no en la sala. Entre el silencio de las puntadas y alguna lágrima emotiva  se oían las novelas. “Ama Rosa” y “El derecho de los hijos” de Guillermo Sautier Casaseca  y Rafael Barón marcaron toda una época. Todavía recuerdo algunos de  aquellos nombres de extraordinarios vocalizadores y actores radiofónicos: Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Eduardo de la Cueva, Juana Ginzo, Matilde Vilariño, Teófilo Martínez.… Si los muchachos llegábamos a la hora que estaban escuchando la novela con entrada impetuosa y bullanguera  a pedir la jícara de chocolate  o el pan con aceite y azúcar la respuesta era un siseo  acompañado de dedos en los labios para que nos calláramos.

Alberto Oliveras con esa voz envolvente y persuasiva presentaba un programa en el que recaudaban dinero para algunos causas humanitarias. “Ustedes son formidables” se llamaba. Con motivo de las inundaciones que produjo el desbordamiento del río Tamarguillo en Sevilla (25 de noviembre de 1961) consiguieron recaudar tres millones de pesetas (de aquella época) para los damnificados.

Los niños de entonces no teníamos ni móviles, ni videoconsolas ni ordenadores. Nos criamos, en la primera infancia,  acompañados del sonido y las voces de la radio. Las imágenes  la poníamos cada uno  con nuestra imaginación vagando libre por las regiones de la fantasía.

 

Confiado amor.

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La adoraba tanto

que  la amaba sólo 

con caricias tiernas

y arrullos de voz.

Así  conservaba

la ilusión intacta

de su noble amor.

Temía romper

el frágil encanto

de seda y de nácar

que él adivinaba

rendido a los pies

de su idolatrada.

Y así la perdió

aquella mañana

entre margaritas

de  praderas verdes.

Ahíta de mimos

su  piel delicada,

la  moza lozana

halló entre los brazos

de un rudo mancebo

amor ardoroso

y loca pasión.

Al  bisoño amante

de ingenuo candor

le quedó en la cara

pasmada expresión

como incauto niño

al que en un descuido

de confiado amor

se le escapa al aire

de las tiernas manos

su amado gorrión.