Licencia para vivir.
Fotografía de Marga Durán.
(Carta en el periódico HOY 26-9-2014)
Por este tiempo de primeros de otoño, si la lluvia y el tempero acompañan, salen por los ejidos de nuestros pueblos y en los posíos de las fincas donde pastan las ovejas los delicados y efímeros hongos, blancos por fuera y rosas en su micelio.
Asados con sólo con un poco de sal constituyen un bocado exquisito. De siempre hemos salido a por ellos niños y mayores.
He barruntado que hay un proyecto por el que quieren implantar una licencia para poder recoger setas. Arguyen que el fin es regular esta actividad. No sé si es el medio adecuado para conseguirlo, pero sí que es seguro para recaudar dinero si cobran por ello.
La próxima regulación pueden ser los espárragos y las siguientes poner tasas por mirar la luna, por contemplar un arco iris o por el desgaste que los senderistas hacen de los atajos y senderos. Hay que pagar por todo, hasta por el chubasco que te sorprende en campo abierto entre jaras y brezos. ¡Ah, y por el aroma que desprende el campo con las primeras lluvias, que eso sí que vale y hasta ahora no tenía precio.
Licencia para coger setas.
Con mi respeto y admiración por los auténticos ecologistas.
Ornados con verdosos atavíos
y tocado de pluma el tirolés,
llegan ecologistas reciclados
de la fina boutique del Corte Inglés.
Recorren el terreno de puntillas
por no manchar de barro su buen paño,
opinando de todo sin embargo
con la erudita ciencia que aprendieron
en el blando sillón de sus despachos.
Desde el sumo poder que el cargo presta
decretan que con base en su experiencia
para acudir al campo a coger setas
hará falta obtener una licencia.
Sanado el estupor de su ocurrencia
para mí, cortésmente, sólo resta
mandarlos muy gustoso a hacer puñetas.
Retratistas
Mi hermana y yo con Guaditoca en la feria de Ahillones
El retratista llegaba al pueblo con el trípode, la cámara de fuelle y la cubita colgada en un lateral para lavar y aclarar las fotos. En la feria se ponía frente a la fachada del ayuntamiento y allí colocaba un tapiz de fondo con grabados de exóticos lugares. Acudían los padres con sus hijos lavados y repeinados y los novios de acaramelada expresión para hacerse la instantánea, que no era tal, pues los preparativos y acabados llevaban su tiempo. Disponía también el profesional de un peine para dar los últimos retoques al cabello por si era menester a causa del viento o a que algún roce lo hubiese desordenado. Después de colocar a los clientes en el sitio adecuado, empezaba a maniobrar en la máquina, mano por aquí, mirada al interior por allá, y cuando todo estaba listo metía la cabeza debajo de un trapo negro para accionar el mecanismo que perpetuara por los años de los años el instante supremo. El fotografiado tenía que recomponer posición y sonrisa, pues dado el tiempo transcurrido desde que lo ubicó allí el artista la expresión se le había mustiado como una flor en un vaso vacío. Los niños salíamos casi todos con cara de expectación y asombro, buscando el pajarito que surgiría en cualquier momento de la mano mágica del retratista.
Entonces hacerse una foto tenía su ceremonial y sus poses. Los niños el día de su primera comunión con sus libritos de nácar, sus rosarios y sus trajes de marinero. Todo ello después de muchos retoques, de mirarse en el espejo y de que el fotógrafo te cogiese varias veces por la barbilla para rectificar la posición.
Ahora vas a cualquier celebración y cuando te das cuenta estás rodeado de cámaras digitales y móviles que disparan a discreción en todas direcciones. Al instante te suben a las redes sociales donde tus parientes y amigos en cualquier lugar del mundo se enterarán de tus andanzas festeras. Y qué decir del “selfie”, ese enroque de la cámara y el fotógrafo, que convierte a éste en desertor de su puesto de centinela, dejando al objetivo de la máquina al albur de la buena puntería del brazo extendido…
Propiedad del Estado.
Usted, querido lector,
que reunió unas propiedades
con muchas penalidades
para un futuro mejor,
debe salir del error:
usted no es el propietario,
tan sólo es usufructuario
si paga contribución;
si no, el potente patrón
se queda con el erario.
¿Quién es el usurpador
que con tantas potestades
se apropia de los caudales
que ganamos con sudor?
Son los gobiernos, señor,
que si es para recaudar
no es fácil delimitar
diferencias sustanciales,
siendo así todos iguales
a la hora de trincar.
Juntar palabras y poesía.
Esencial a la trova es la belleza:
igual da verso libre o verso suelto
o el poema sin rima bien resuelto
si logran la hermosura con alteza.
Como hay pintores de pincel incierto
que por arte despachan garabatos
también existen ciertos literatos
que confunden maraña con acierto.
Los versos tendrán música y sentido,
cual si fueran hermosas melodías
que el lector interpreta conmovido.
Si faltan emoción y contenido
quedan sólo inconexas fruslerías
combinadas en un galimatías
Funcionarios.
(Carta en el periódico HOY 3-8-2014)









