Mi querida España

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta piel de toro que habitamos con rabo por Gibraltar, costillares en la meseta e ijares en tierras extremeñas, está curtida al sol del mediodía y azotada por vientos de distintas direcciones: solanos, cierzos, mistrales, gallegos, tramontanas…Además de remolinos y tolvaneras que sorprenden con violentas espirales. Pero, al mismo tiempo, es susceptible e irritable cuando le tocan sus partes más sensibles.

No es alergia de adolescencia, pues es vieja y está experimentada en mil batallas. Lo genera su propia idiosincrasia, su sistema inmune que se replica a sí mismo como el eco de la tormenta entre montañas.

 

 

 

 

 

 

 

 

En ella pusieron sus pies iberos, celtas, celtíberos, fenicios, griegos, tartesios, cartagineses romanos, godos, musulmanes que fueron dejando un poso de culturas y civilizaciones…Y, desgraciadamente, también de guerras. Tenemos un listado numeroso. Entre otras, la de Sucesión a la muerte de Carlos II, la de la Independencia contra los franceses, la guerra de los Comuneros de Castilla, con Carlos I de España y V de Alemania como emperador, que llevaron al cadalso a Padilla Bravo y Maldonado, como citábamos de corrido en la escuela. Tres guerras carlistas por la pugna entre los partidarios del infante Carlos María Isidro e Isabel II, la permanente disputa entre conservadores y liberales. Y la más reciente, la civil del treinta y seis.

La Constitución de 1978, con zonas de penumbra mejorables, ha propiciado un largo periodo de estabilidad y progreso. Pero a esta piel, que debería de estar curada de espanto y asentada, todavía le salen urticarias.

Después de seis siglos no hemos conseguido tapar las grietas de su construcción por la falta de visión política de unos dirigentes que se pasan o no llegan.

 

 

 

 

Este desasosiego de acostarnos temiendo que las goteras del techo, allá arriba, nos echen el edificio abajo, es un continuo sinvivir. No podemos soportar permanentemente esta zozobra.

José Ortega y Gasset en la ‘España invertebrada’ escribe: “La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás”.

Y cuando uno no se siente parte del grupo tira de la manta y deja con los pies al aire a los demás. Viendo de donde proceden los tirones puede suponerse quiénes vamos a sufrir los primeros estornudos.

No queremos una situación como la que describió Antonio Machado: “Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda, la malherida España/ de carnaval vestida/nos la pusieron pobre, escuálida y beoda, /para que no acertara la mano con la herida”.

Cambiarán los gobiernos, pero los problemas seguirán mientras no se les dé solución, que no pasa por enfrentar a la mitad de los españoles con la otra mitad. Esta tarea corresponde a estadistas de altura que, sin caballos de Pavía ni destrucción del Estado, sean capaces de fijar límites claros, precisos y estables, sin menoscabo de dignidad y derechos para nadie.

Nuevas tecnologías y aprendizaje

 

Fueron llegando los ordenadores a los centros de enseñanza poco a poco, con pisadas de ratón sobre almohadillas. Los primeros, rudimentarios, con tarjeta de presentación de MS-dos.

Los maestros más veteranos los miraban con recelo.

Mediaba la década de los ochenta. La informática estaba en pañales y los que debíamos de empezar a utilizarla en pelotas. Comenzamos a familiarizarnos con términos desconocidos hasta entonces: sistema operativo, gigas, pixeles…

Organizaban cursos para formar, con premura y falta de criterios claros. Yo asistí a uno en el antiguo CEIRE (Círculos de Estudios e Intercambios para la Renovación Educativa) de Berlanga. Teníamos que aprender a programar. La ignorancia propia de los novatos, unida a un escaso material y a lo enrevesado del contenido terminaron por desanimar a muchos.  No era esa nuestra función ser programadores.

Convocaron proyectos, como el Atenea, restringido a los centros que presentaran solicitud y compromiso de aplicarlo.

Llegó después la expansión con mejoras funcionales. Entonces sí que las ciencias adelantaban que era una barbaridad. Se dotó a las aulas de ordenadores, pizarras digitales, impresoras…

Pero es momento ya de hacer balance, sin negar el indudable adelanto que han supuesto y las ventajas que conllevan las nuevas tecnologías.

Suecia va a revisar y a corregir ciertos aspectos en su utilización. No hay una correspondencia entre su uso y una mejora de los resultados académicos.

Un estudio realizado por la OCDE, ‘Estudiantes, ordenadores y aprendizaje’, pone de manifiesto sus peligros y desviaciones.

Han marginado la escritura a mano, empobrecido el vocabulario, devaluado la reflexión y profundidad en los trabajos, dispersado la atención y la concentración…

Nos señalaron un objetivo y nuestra mirada quedó trabada en el medio que lo facilitaba. Nos deslumbraron las pantallas.

Hay que dosificar y racionalizar su uso.  Abogan por utilizar más el papel, los apuntes a mano, la elaboración personal de los trabajos. Menos pasividad y rincones para vagos.

Los entendidos consideran que en las primeras etapas de la enseñanza, que son fundamentales para asentar las bases sobre la que se construirá el edificio de la formación posterior, no debe generalizarse su uso.  

Aunque lo de la letra con sangre entra está, afortunadamente desterrado, aprender precisa un poco más de implicación, de concentración y esfuerzo.

 

Hay un camino que va de los sentidos al cerebro, de lo concreto a lo abstracto, que es preferible recorrerlo con actividades más elaboradas por nosotros, más personales.

En expresión escrita, la caligrafía, los dictados, las redacciones y los comentarios de textos adaptados a la edad, así como en expresión oral las exposiciones coherentes y razonadas, constituyen el armazón de una buena formación académica.

De aquel maestro que describió Antonio Machado con un libro en la mano mientras los colegiales recitaban “mil veces ciento cien mil, mil veces mil, un millón”, un fósil de ámbar conservado en la carcomida estantería de los recuerdos, quizás haya que rescatar algo que no cambia con las modas.

 

La vida, en bancarrota

 

Los que vimos por televisión las imágenes no las olvidaremos jamás. Sucedió en Armero (Colombia) en el año 1985. La niña Omayra Sánchez estuvo durante tres días atrapada en una poza envuelta en el lodo que había provocado la erupción del volcán Nevado del Ruiz. Le llegaba el agua hasta la boca y apoyaba sus pies sobre los cadáveres de su familia. Los intentos por salvarla, carentes de los medios adecuados, resultaron inútiles. Su lenta agonía conmovió a todo el mundo por la entereza, el valor y la sensatez que demostró en aquellos momentos tan dramáticos.

 Bastantes años antes de este suceso, en junio de 1972, el fotógrafo Nick Ut fotografió a un grupo de niños vietnamitas que huían despavoridos por una carretera de las bombas de napalm. La niña que corría desnuda gritando de dolor por las quemaduras, junto con sus primos, era Kim Phuc.  Esta impactante instantánea ganó el premio Pullizer al año siguiente.

Son dos testimonios que reflejan el sufrimiento que pueden provocar la naturaleza o la barbarie humana. Incontrolable en un caso, previsible y evitable en otro, si la condición humana no estuviera podrida por el odio, los fanatismos y los intereses económicos.

La inmensa mayoría nos conmovimos al contemplar estas escenas. Habría que tener muy mala baba para no hacerlo o ser un psicópata que no es capaz de sentir empatía por las víctimas.

Esa misma índole es la que en su faceta positiva salva vidas o muestra apoyo y solidaridad con los que sufren. De los dos comportamientos existen ejemplos abundantes.  Repulsivos unos, encomiables otros.  Como seres humanos rozamos la gloria o avivamos los infiernos.

Las guerras hacen rutina de la muerte y, como consecuencia, la vida pierde valor, hasta la insignificancia. El bien fundamental, individual e irrepetible, está a merced de sanguinarios iluminados, revestidos de mesías de sus pueblos.

Los medios de comunicación informan diariamente de los muertos y heridos que se van produciendo en atentados y contiendas.  La última salvajada, centenares en un hospital. Números que conforman estadísticas a los que nos estamos habituando con pasmosa indiferencia.

Más abyecto aún, más denigrante, más enfermizo es justificar o condenar según bando, religión o ideología a los que pertenecen las víctimas. Una aberrante malformación de las conciencias y distorsión de valores que siente alivio el malsano placer de la venganza.

Existe un derecho natural, fundamentado a lo largo de los siglos por eminentes filósofos y pensadores, que distingue lo justo de lo injusto con validez universal y permanencia en el tiempo.

La humanidad va degenerando. Vamos cuesta abajo en la rodada hacia la autodestrucción.

¿En nombre de qué patria o de qué ideas pueden encontrarse justificaciones para matar a niños y personas inocentes?

Erigimos pedestales o condenamos al olvido, según y cómo. Creamos héroes o convertimos en villanos. Memoria u olvido, a conveniencia. Nadie, enarbolando banderas, tiene derecho a hacer sufrir a sus semejantes.

Dar pico y salir con pala

Cuatro letras, cuatro fonemas enlazados en la escritura o en la boca bastan para abrir un variado abanico de significados y acepciones. La polisemia es rica, pero, al mismo tiempo, exige concreción. Un uso ambiguo produce equívocos.

En una clase de lengua de primaria realizábamos un ejercicio sobre las diversas formas de decir la hora. Al preguntarle a una alumna sobre el significado de ‘es la una y pico’, respondió que era el momento de tomar algo para picar.

Si alguien dice, ‘me pidió un pico y se lo di’, sin más información, puede que el que escuche interprete que se refiere a un beso en los labios, de esos que son como un roce de alas de mariposas, o a la herramienta con la que se abren zanjas y se lastiman espaldas. Puedes ir a por lana y salir escaldado.

Hay que especificar contexto y situación para que el oyente o lector comprenda de qué va el asunto.

 El diccionario de la RAE recoge los posibles usos de este término. Hay casos curiosos. Una de las expresiones del mundo marinero es ‘pico cangrejo’, expresando esta última la verga que se ajusta al palo. La mente se adentra en el atrayente terreno del erotismo. Pero hay que aclarar. Aquí no es pene, sino percha labrada convenientemente a la cual se asegura el grátil de una vela. Vuelva al redil la imaginación libidinosa.

El pico puede ser de aves, mesas, canteros, vasijas, candiles o velones. Aludir a la cúspide aguda de una montaña o a la montaña de cumbre puntiaguda. Al todo o a parte.

A un pañal triangular para niños, a una cuantía pequeña de dinero que excede de un número (cien euros y pico) o a una cantidad abundante (eso vale un pico).

Puede referirse a la pinza de las patas delanteras de los crustáceos, a la punta o porción de ganado o al órgano chupador de los hemípteros.

De quien posee facilidad oratoria decimos que tiene un pico de oro.

Beber a pico de jarro es hacerlo con desmesura, sin medida, tirándoselo a pecho hasta que la respiración aguante.

Abrir el pico y cerrar el pico, son formas de expresar habla o calla 

El que anda a picos pardos se dedica a hacer cosas sin provecho y el que está de picos pardos, anda de juerga.

 

 

 

 

 

 

 

En la actividad cinegética existen otras acepciones. Entrar de pico, cuando el ave viene hacia el cazador de frente o con el pico al viento, cuando vuela contra él.

El que habla de pico lo hace de boquilla, habla por hablar, sin comprometerse a lo que dice. Quien hace el pico a alguien, se entiende que lo está manteniendo de comida.

Tener una palabra en el pico de la lengua es tenerla a punto de acudir a la memoria.

Y por fin hincar el pico, que es morir. Rico vocabulario el nuestro.

Bloques

El toreo ha tenido en diversas etapas de su historia figuras representativas de estilos diferentes. Cada una con detractores acérrimos y ardientes defensores.  Viene de muy atrás: De ‘Costillares’ y Pedro Romero, de Lagartijo y Frascuelo, de Joselito y Juan Belmonte. Yo conocí en los años sesenta la rivalidad entre los partidarios de Antonio Ordóñez, representante del toreo clásico, y los de Manuel Benítez, ‘El Cordobés’, que rompió cánones con su heterodoxo salto de la rana.

Pasa también con el fútbol. Aunque hay aficionados para todos los clubes, a nivel nacional, y traspasando fronteras locales, el grueso de la afición se decanta por el R. Madrid y el Barça.  Si queremos comprobar el resultado de esta rivalidad, no hay nada más que juntar en un bar a forofos de uno y otro equipo un día de partido.

A nivel político está sucediendo algo parecido. Alrededor de los dos partidos mayoritarios se han formado dos bloques que han polarizado filias y fobias, manifestadas por seguidores y detractores con frecuentes insultos y difamaciones. Basta con asomarse al vomitorio de las redes sociales para comprobarlo.

Como agujeros negros, las formaciones grandes, engullen lo que hay alrededor. Y como se tragan a los que están en sus extremos sufren la indigestión de tan dispar comida, al tiempo que sus imágenes ante los electores se cargan de tonos más intensos, rojos y azules.  

La elección se reduce a dos bloques que, aunque formados por variadas siglas, pueden reducirse a dos: derechas e izquierdas.

Dicen los entendidos que tener muchas posibilidades para escoger puede generar angustia e insatisfacciones. Es lo que llaman la ‘paradoja de la elección’: más libertad, pero más dudas.

Cuando las opciones se reducen a dos, te caldeas menos la cabeza, pero existe el inconveniente de que acentúan la división entre los partidarios de ambas opciones. Hay expresiones populares de esta dicotomía: Lo tomas o lo dejas. Teta o chupe. Bebes o soplas. Conmigo o contra mí.  Monárquico o republicano.  Simplismo elevado al cuadrado.

Demos las gracias por que no ha llegado todavía el que proclame:  Yo o el caos.

Nos quieren llevar por dos grandes cañadas al aprisco, con alambradas a los lados y eliminando las alternativas de las veredas.

 

Mientras no modifiquen la Ley Electoral vigente, y esto no les interesa a los grandes partidos, la representación estará distorsionada. No es justo que una formación con poco más de 390.000 votos saque siete escaños y a otros no les sirvan 600.000 para obtener un diputado. Es solo un ejemplo.

Exigir impunidad y referéndum de autodeterminación a cambio del apoyo a la gobernabilidad, contando con solo siete diputados, no es de recibo. El 1,60% de votantes no puede condicionar al 98,40%. 

Faltan un poco de sentido común y altura de miras. El bien común antes que el propio.

Hasta septiembre, si por bien es y así lo quieren. Ha sido un placer. 

Nuestras casas

Los bloques de pisos son corazones que laten con pulsaciones luminosas desde que empiezan a encenderse las primeras luces en sus habitaciones hasta que se van apagando poco a poco.   Cada punto de luz es un latido. Aunque se perciben desde fuera, solo los que están en su interior saben los motivos por los que se encienden o se apagan.  Marcan las horas de sueño y los desvelos. El llanto de un niño que despierta a los padres, la encarnación del amor o el desasosiego de los que esperan. Tal vez un malestar repentino.  La vida, con sus preocupaciones y esperanzas.

Las viviendas son los refugios en los que nos resguardamos de la intemperie. Lugares donde hallamos descanso y, sin composturas ni poses obligadas, nos relajamos. Los silencios no son incómodos y las palabras fluyen espontáneas, sin cumplidos ni obligación de tener que abrir la boca.

La alegría y la tristeza se manifiestan sin filtros, también los enfados y, desgraciadamente, a veces, la violencia.

De niños corríamos hacia la nuestra cuando nos encontrábamos en apuros, como los animales lo hacen a sus madrigueras si presienten el peligro.

¡Ay los timbres en la madrugada y los aporreos en las puertas a deshoras, cuando no se espera a nadie! Toques de ansiedad cuyos ecos quedan flotando en el silencio de la incertidumbre. ¿Quién será a estas horas?

 En los pueblos las casas han dejado de ser los lugares donde se desarrollaban tres hechos fundamentales: nacer, celebrar los casamientos y velar a los muertos. Vida, amor y muerte. Las tres heridas que escribió Miguel Hernández.

La comadrona y las vecinas ayudaban a dar a luz. Los parientes de ambas ramas preparaban los convites de las bodas. En los duelos se despedía al difunto acompañándolo por última vez.

Cuando la noche estaba en su cresta y los gallos aún no habían movido la suya para picar el alba, quedaban la familia y los vecinos más allegados. Entre cabezadas se fumaba y se charlaba con lagunas de silencio en las que solo se oía el tictac del reloj, marcando la cuenta atrás a la alborada. Alguien, que se asomaba al exterior de vez en cuando, anunciaba el clarear. La luz del día pasaría de largo, por primera vez y para siempre, por las pupilas inertes del difunto.

Lo dijo Pascal. Todas las desdichas vienen por no saber permanecer en casa. Te acuerdas en los apuros.

Una noche borrascosa, con viento y lluvia, regresábamos un grupo de amigos de la discoteca de un pueblo cercano por una carretera poco transitada. Pinchamos una de las ruedas del coche. Casi a tientas, nos pusimos manos a la obra para cambiarla. Uno de los compañeros de expedición, paraguas en mano y de espaldas al ábrego, aliviaba la hinchazón de su vejiga.  Estando en estas, exhaló un suspiro que le salió del alma: “¡Quién estuviera en casa meando para acostarse!”

Empacho

Los solsticios y los equinoccios juegan a la comba con el sol. La eclíptica es la cuerda hecha camino que va de la plenitud de la luz al avance de las sombras. En la noche de san Juan es tradición, entre hechizos y supersticiones, hacer hogueras donde se quema lo viejo al tiempo que se piden deseos para el futuro.

Yo echaría, con ese afán de limpieza y regeneración, como Juan Ramón el corazón al surco, las incoherencias y chirridos del vetusto y oxidado engranaje de ciertas prácticas y costumbres.

Y si no puedo hacerlo, por el riesgo de propagación de incendio que conlleva, buscaré retiro por la escondida senda, como Fray Luis de León, hasta un lugar tranquilo donde no lleguen los ruidos de cáscaras vacías, las imágenes de destrucción y muerte, los derroches ostentosos de ricos sobrevenidos y los olores emanados del lodazal donde hozan manipuladores de verdades sesgadas, que no son sino la voz de sus amos que les pagan para defender sus intereses, crear odios y equivocar conciencias.

Necesitaré una cura de desintoxicación para el empacho de este guiso espeso y grasiento, aliñado con tan heterogéneos y dañinos componentes.

Campañas y pactos post electorales. Las primeras porque prometen lo que al día siguiente olvidan y las segundas por las inescrupulosas tragaderas por donde entran sapos y culebras con tal de tocar los dorados varales del poder.

Presiones de los que sin presentarse a elecciones están siempre presentes. Manos que señalan con guantes de seda y garfios de piratas, encauzando intenciones para llevar el agua a sus molinos.

Vidas regaladas de linajes, que pisan como alfombras los principios de igualdad, capacidad y mérito.

Cotillas sociales, llamados por aquí escusados, y quienes se prestan a vender sus intimidades como saldos de mercadillo.

Oligofrenia de forofos que insultan a otros seres humanos por el color de su piel.

Divulgación de ostentosas fiestas privadas. No porque las celebren, pues en eso cada cual haga de su capa un sayo, sino por la indelicadeza insolente de pregonarlas.

Guerras voceadas y las que se silencian.  Mercenarios y asesinos que quieren hacernos creer que son encomiables patriotas.

Armarios que se llenan o vacían con acompañamiento de animadores y palmeros, debiéndome importar tres pitos quienes entren o salgan.

Disparidad de medios, según se busquen submarinos en el fondo del océano o pateras que se hunden a la vista de las costas.

 Y algunos ingredientes más … Deje reposar unos minutos. Añada picante al gusto y el cólico está listo para ser depuesto.

La canción de los Sirex decía: “Si yo tuviera una escoba, cuántas cosas barrería”.

Pero quiero terminar con pensamientos más elevados y poéticos. La poesía es un arma cargada de futuro (G. Celaya) y quizás sea el mejor fuego para quemar trastos viejos. “Se dicen los poemas/que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, / piden ser, piden ritmo/piden ley para aquello que sienten excesivo”.

Ponerse al tanto

Un joven intentaba informar a la persona mayor que se le acercó sobre cómo acceder por internet a su cuenta bancaria. Entre claves, páginas web, app y SMS navegaban los ojos asombrados del solicitante con la escotilla de la boca medio abierta y rascándose la cabeza de vez en cuando. Esto es mucho arroz para un pollo, sentenció, tras naufragar en las procelosas aguas del océano informático.  Tras esto, guardó el teléfono, “miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.

Al hilo de este caso, con licencia de don Miguel de Cervantes, me surgieron algunas reflexiones.

No es igual saber mucho de un tema que explicarlo nítidamente. Creo que muchos hemos conocido a profesores que sabían hacerlo muy bien y otros que, sabiendo mucho, fallaban en la comunicación.

Un buen docente enlaza los conocimientos previos que debe tener el alumno con los nuevos, como los sogueros unen los cabos para hacer las sogas.

 

 

 

 

 

 

 

El profesor de matemáticas no debe comenzar exponiendo las unidades del sistema métrico decimal sin que los alumnos sepan antes qué es un sistema y qué significan métrico y decimal.  Conceptos básicos para empezar a levantar el edificio. Si falla la base, se viene abajo.

Conocí a una persona, probablemente existan más casos, que comenzaba las conversaciones por la mitad. Afloraba su discurrir en el punto en que ya lo traía elaborado en su cabeza, creyendo que los demás estaban al tanto.

En la enseñanza es preferible identificar un ángulo entre las paredes de la clase, en las puertas entreabiertas o en un reloj de pared que verlo dibujado en la pizarra.

No conviene memorizar el teorema de Pitágoras recitando como un loro que la hipotenusa al cuadrado de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los catetos si antes no sabemos qué es una hipotenusa, qué son los catetos, que son los cuadrados y para qué sirve todo eso.

Los que han comprendido conceptos o aprendido oficios salvando complicaciones, saben, cuando tienen que enseñarlos a otros, dónde pueden encontrar dificultades.

En el diálogo que mantienen en la zarzuela ‘La verbena de la paloma’ don Hilarión y don Sebastián, este exclama: ‘Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad’. A una velocidad de vértigo lo hacen actualmente las comunicaciones.

En los años cincuenta y sesenta hubo una campaña de alfabetización en España que consiguió reducir la tasa de analfabetos de un 17% en 1950 a un 9% en 1970.

Sería conveniente lanzar otra digital porque los intentos hechos hasta ahora parece que no han sido suficientes.

Cada vez son más los trámites que pueden hacerse por internet. Pedir cita en las ITV, en los Centros de Salud, en la Seguridad Social, en la Agencia Tributaria…Y no digamos en los bancos, sin sucursales en los pueblos pequeños. Muchas personas necesitan la ayuda que les dé acceso a este mundo digital. Vivir al margen ocasiona perjuicios.

Mayo, despeñado

 

San Isidro era la linde que en estas tierras labrantías dividía al mes de mayo en dos vertientes, una mirando a la primavera y la otra al verano. Las espigas, mecidas por los aires gallegos en un mar de ondulaciones, granaban por este tiempo. Las amapolas, eran el adorno rojo de sus faldas verdes. El clima va alterando lenta, pero inexorablemente, la cadencia de las estaciones. Los tránsitos de unas a otras se solapan con límites difusos. La primavera se adelanta y el verano se prolonga. Un cambalache inestable donde deambulan como zombis los más enraizados refranes, sin saber dónde encajar su experiencia acumulada. Ni marzo fue ventoso ni abril lluvioso. Le quitaron a mayo el lucimiento en la pasarela de los meses. Devino de florido a canoso en un precipitado declive.

Los embajadores de malos presagios fueron preparando este desolador paisaje. Las calimas con sus redes de velos anaranjados y polvorientos viajaron desde el sur en varias y poco habituales ocasiones. Invasión turbia y silenciosa que ha ido tomando posiciones para quitar verdor y sustituirlo por el gris Sahara. Se le conocían incursiones en años anteriores, pero eran más esporádicas y tardías. Reptil sediento que ha arrastrado su vientre escamoso por vegas, valles y cañadas, llevándose humedades y dejando polvo.

Echamos en falta las brisas tibias de otros mayos y el verde que agostó temprano. Envejeció prematuramente de calor y yace escaso de frutos y sobrado de sequedades en mitad del páramo de este año.  No es por falta de santos que lo amparen. Está bien servido, desde la Cruz a san Fernando. En medio, la Virgen con tres pastores.  Y el patrón agricultor rezando mientras le labran la besana dos ángeles custodios. Al frente del santoral cortejo, portando estandarte reivindicativo por concesión de Pío XII, va san José, obrero y artesano.

Echamos de menos el gozo de los sentidos visuales y olfativos que, en otras primaveras más largas, destacaban. Estos días tienen el sabor salobre de la desesperanza.

Llegan de muy lejos, como consuelo en el recuerdo, las voces infantiles ofreciendo a una virgen de sonrisa permanente flores para el dosel y aromas de azahar en la capilla.

De la adolescencia, el pañuelo al cuello de la joven en aquellas romerías por veredas entre verdes trigales. Mariposa que aleteaba en su cara con el tibio céfiro de poniente.

Al chico que canta Sabina le robaron el mes de abril y a nosotros nos han dejado huérfanos de mayo. Lo han despeñado por la vertiente que da al verano.

Hoy viernes es luna llena. La veré levantarse sobre el horizonte, extender su manto, primero amarillento, después plateado, sobre las espigas secas y caminos polvorientos. Quizás canten los grillos. Ranas, pocas. Yo, con ella enfrente, añoraré el tiempo que se nos fue de las manos.

Faltará el rumor del agua sobre el mármol de la fuente del jardín que describió Antonio Machado.

El teatro

 

 

 

 

 

Los griegos celebraban fiestas en honor de Dionisio. En ellas se narraban sus supuestas proezas.  Un día a alguien se le ocurrió ponerse en lugar del dios del vino y empezó a hablar y a actuar en su nombre.  Fue el principio del teatro.

En esos comienzos un solo actor representaba a todos los personajes, cambiando la máscara que cubría su rostro cada vez que interpretaba a uno distinto. El coro, bajo la dirección del corifeo, simbolizaba al pueblo.

Poco a poco fue evolucionando y se incorporaron más actores para los distintos papeles.

Esquilo, Sófocles y Eurípides son autores renombrados de tragedias. Aristófanes, de comedias.

También la cultura romana produjo grandes comediógrafos, como Terencio y Plauto.

A las dos formas teatrales básicas, la tragedia y la comedia, se fueron agregando otras con el paso del tiempo y el cambio de las modas y los gustos, sin que el teatro clásico haya perdido vigencia. Dramas, pasos, sainetes, entremeses, autos sacramentales, zarzuelas, óperas…

Las tres unidades básicas de lugar, tiempo y acción que estableció Aristóteles duraron hasta que Lope de Vega las cambió en el siglo XVI. Y de entonces hasta ahora ha habido muchas innovaciones, unas con más fortuna que otras.

No es pretensión de este artículo mencionar a todos los autores que han existido a lo largo de la historia. Pero a William Shakespeare hay que citarlo.

Las grandes pasiones humanas: el amor, el odio, la envidia, los celos, la venganza… subieron a los escenarios de la pluma de este insigne autor inglés.

El extremeño de Torre de Miguel Sesmero, Bartolomé Torres Naharro, el talaverano Diego Sánchez de Badajoz, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Fernando de Rojas,  Jacinto Benavente, Federico García Lorca… son algunos de los numerosos autores españoles.

De la profesionalidad de los actores depende que la obra dramática cale en los espectadores y que estos se emocionen, se diviertan y aprendan, hasta el punto de que el público los identifica con los personajes y olvida que sólo son intérpretes.

En muchos de nuestros pueblos existen grupos que conservan la llama viva del teatro, aportando cultura, emociones y diversión, como tiempo atrás lo hicieron Eduardo Ugarte y Federico García Lorca con ‘La Barraca’.  De los actuales, cito a ‘Teatro de Papel’, de Llerena por su calidad y cercanía, sin olvidar a todos los que recorren la geografía extremeña con sus representaciones.

Un día me llevé una agradable sorpresa cuando recibí el siguiente mensaje con motivo de una columna escrita en este periódico, que reproduje en mi blog.  Hablaba del teatro Mari Paqui, que recorrió nuestra región en los años sesenta. Decía así: “Hola. Soy Marisa Lahoz, la Mari del Teatro Mari Paqui. Me ha hecho muchísima ilusión encontrar este blog. Le pasaré el dato a mi hermano. Era Paquito, por eso el nombre de Mary Paqui, por nosotros. Éramos unos niños…”.

El lunes se celebra el día del teatro. Felicidades.