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Reminiscencia arqueológica del Angelus de Millet, de S, Dalí.
Esta estrofa manriqueña
tiene en su verso cortado
decepciones,
como el cándido que sueña
un amor apasionado
con ficciones.
Que del sueño a la verdad
se transforman ilusiones
en engaños
y la misma realidad
nos va dando pescozones
con los años.

Solos ellos en un cuarto cerrado
ante espejos de fina azoguería
prometan lunas a la galería
y a cándido elector cielo estrellado.
Comuniquen con verbo acalorado,
poses de retadora torería
y un punto de fingida bonhomía
su plan al del espejo reflejado.
Puede que se convenzan a sí mismos
o plenos de arrobada egolatría
se abracen al azogue embelesados.
Lo primero es juntar cielo y abismos.
De orgullo, por lo visto cada día,
parece que de afán andan sobrados.
Mas, disculpen honrados,
que no es de bien nacido en mismo saco
meter a gentilhombre y a bellaco.

Valían más los carros en la puerta
que en el aire fantásticas quimeras
e importaban seguras sementeras
más que aventuras de fortuna incierta
Se juntaban las tierras de una huerta
con las que a la sazón eran linderas
y sumaban montones a las eras
a cambio de dejar a hembra cubierta.
Mas no espanten, que no es esta costumbre
practicada en los pueblos solamente,
pues los acomodados en la cumbre
aseguran fortuna y ascendente
buscando par entre su misma gente
…que el amor con el roce saca lumbre.
…O chispas, que en tal lid no hay certidumbre
y lo que se apañó por conveniencia
tórnase con el tiempo en inclemencia.

(Reloj de Salvador Dalí)
Al tiempo de empezar el alba a abrir,
venturosa y feliz de rosa grana
el claro despuntar de la mañana,
nace la cuenta atrás para morir.
Lamentarse del presto transcurrir
no detiene a la parca que devana
el tiempo, indiferente a queja vana,
ni alarga nuestro plazo de vivir.
Es tan breve y fugaz este presente
que el rato placentero que pasamos
se convierte en estela evanescente
sin apenas saber que lo gozamos
y al querer convertirlo en permanente
ya sólo lo perdido lamentamos.

Anochece sentado junto al fuego.
La guitarra despierta sentimientos
con lento compás.
Los demás, silencio.
El tiempo se detiene en la candela
queriendo ser eterno.
Evocan y estremecen los acordes:
petenera, soleá, tientos…
La llama tiene hechuras de mujer
acompañando al baile con cu cuerpo.

Procesión del viernes santo,
luz de vela y luna llena.
La soledad de la Virgen,
siete puñales de penas
en su corazón de madre.
Quejido de una saeta
rasga el manto de la noche
como cada primavera.
Ritos de muerte y calvario
incensario, palio y cera.
Detrás de las alambradas
hay una madre que espera
con el hijo entre sus brazos
que les abran las fronteras.
Y recordé que Jesús
huyó también de su tierra
por la amenaza de Herodes.
¿Y si Jesucristo fuera
quien renacido otra vez
por tanta injusticia y guerra
aguarda la mano amiga
que le ofrezca su defensa?
Morirá otra vez Jesús
y con cada primavera
celebraremos su muerte
a la luz de luna llena.

En el torrente de sus labios
naufragaron mis besos muchas noches.
Quedaban a las puertas de la gloria,
jadeante el aliento
al leve roce de las rojas amapolas prominentes.
Desbocada pasión para entregarse
a la inconsciencia placentera de quererse.
La flor ardiente del deseo
quedó entreabierta, presta al acople,
para fundir en una dos vertientes.

Quien quiere descollar, por codicioso
queda en su proceder desmesurado
a los ojos ajenos retratado
y en su propio semblante ruboroso.
Si no pierde por mor del entorchado
totalmente el recato pudoroso
y se encuentra por ello más dichoso
convertido en total desvergonzado.
Las ansias de poder y encumbramiento
fuera de razonables pretensiones
conducen a vivir con fingimiento
y con tal de lograr las ambiciones,
sin advertir ningún remordimiento,
van cubriendo el camino de traiciones.

Vengo de entregarle al viento
pétalos de rosas granas
para que borde en las velas
de aquel barco en lontananza
un adiós de despedida.
Bajel de jarcias escasas
y de sentidas ausencias.
Hacia el olvido y la nada
se aleja en el mar del tiempo
dejando estelas de plata,
en la bocana tristeza
y luego… la mar en calma.