Por mi puerta pasarás

Teníamos por costumbre reunirnos en una taberna, con parada y fonda en los últimos peldaños de la noche. Días de vino y rosas de juventud.

Algunos acudían después de pelar la pava con sus pretendidas y los que no teníamos donde poner las manos, sino en el pentagrama del aire para apoyar conversaciones, tras haber estado de ‘cordeleo’, actividad también denominada viacrucis, sin ser pastores en el primer caso ni penitentes en el segundo.

Tío Juan era el dueño de la tasca. Analfabeto de papeles, pero avispado por naturaleza y por aprendizaje adquirido con el trato con la gente en sus diversos oficios. Recovero, comprador al peso de hierro, vendedor de cuajo para hacer queso y tabernero, entre otros. Bagaje que le ayudó a comprender los vericuetos de la condición humana y reflejarlo en sus opiniones y en la cautela al exponerlas.

Ponía de aperitivos patatas y sangre aliñadas con tomate. Gozaron de merecida fama en los contornos.

Nos avisaba cuando quedaba un resto con la salsa y esa noche comprábamos un pan para mojar en la perola. Charla, vino, comida y buena compañía.  Pequeños placeres de la vida.

Él cenaba detrás de la barra mientras nosotros charlábamos en una mesa camilla sobre cualquier tema que caía a pelo con la fogosidad y vehemencia de la juventud.

Escuchaba y callaba. Sólo en ocasiones participaba con comentarios puntuales para aclarar alguna historia del pueblo de la que desconocíamos los detalles o para dar referencias de parentesco.

Si uno de los presentes exageraba en el relato se colocaba su pañuelo en la cabeza, lo que venía a significar que para él aquello era una trola difícil de digerir.

Usaba una frase admonitoria cuando referíamos acciones que él, por su edad avanzada y sus achaques, ya no podía realizar: ‘Por mi puerta pasarás’, dándonos a entender que las limitaciones que él padecía entonces las sufriríamos nosotros cuando llegáramos a su edad.   Y vaya si tenía razón.

Mi amigo José María reside desde hace muchos años en Badajoz. Me comenta las dificultades para desplazarse por la ciudad. Tiene amputada una pierna y utiliza una silla de ruedas motorizada. Su domicilio está en una esquina donde se cruzan la Avenida de Colón y Antonio Masa. Me da detalles de aceras cercanas y de su mal estado.  El otro día para llegar al río tuvo que hacer parte del trayecto por la calzada, con el consiguiente peligro. ¿Que a qué viene esto? Pues porque ya hemos llegado a aquella puerta que nos decía el curtido tabernero. Traigo aquí su caso para apoyar su petición, que, hasta ahora, no ha recibido respuesta. 

Pónganse, señores munícipes, en su lugar y en el de todos los que están en parecidas circunstancias. Por esa puerta habrán de pasar también ustedes y comprenderán entonces cuánto se agradece poder pasear por la ciudad donde uno vive sin que haya que ir esquivando obstáculos. 

Dar pico y salir con pala

Cuatro letras, cuatro fonemas enlazados en la escritura o en la boca bastan para abrir un variado abanico de significados y acepciones. La polisemia es rica, pero, al mismo tiempo, exige concreción. Un uso ambiguo produce equívocos.

En una clase de lengua de primaria realizábamos un ejercicio sobre las diversas formas de decir la hora. Al preguntarle a una alumna sobre el significado de ‘es la una y pico’, respondió que era el momento de tomar algo para picar.

Si alguien dice, ‘me pidió un pico y se lo di’, sin más información, puede que el que escuche interprete que se refiere a un beso en los labios, de esos que son como un roce de alas de mariposas, o a la herramienta con la que se abren zanjas y se lastiman espaldas. Puedes ir a por lana y salir escaldado.

Hay que especificar contexto y situación para que el oyente o lector comprenda de qué va el asunto.

 El diccionario de la RAE recoge los posibles usos de este término. Hay casos curiosos. Una de las expresiones del mundo marinero es ‘pico cangrejo’, expresando esta última la verga que se ajusta al palo. La mente se adentra en el atrayente terreno del erotismo. Pero hay que aclarar. Aquí no es pene, sino percha labrada convenientemente a la cual se asegura el grátil de una vela. Vuelva al redil la imaginación libidinosa.

El pico puede ser de aves, mesas, canteros, vasijas, candiles o velones. Aludir a la cúspide aguda de una montaña o a la montaña de cumbre puntiaguda. Al todo o a parte.

A un pañal triangular para niños, a una cuantía pequeña de dinero que excede de un número (cien euros y pico) o a una cantidad abundante (eso vale un pico).

Puede referirse a la pinza de las patas delanteras de los crustáceos, a la punta o porción de ganado o al órgano chupador de los hemípteros.

De quien posee facilidad oratoria decimos que tiene un pico de oro.

Beber a pico de jarro es hacerlo con desmesura, sin medida, tirándoselo a pecho hasta que la respiración aguante.

Abrir el pico y cerrar el pico, son formas de expresar habla o calla 

El que anda a picos pardos se dedica a hacer cosas sin provecho y el que está de picos pardos, anda de juerga.

 

 

 

 

 

 

 

En la actividad cinegética existen otras acepciones. Entrar de pico, cuando el ave viene hacia el cazador de frente o con el pico al viento, cuando vuela contra él.

El que habla de pico lo hace de boquilla, habla por hablar, sin comprometerse a lo que dice. Quien hace el pico a alguien, se entiende que lo está manteniendo de comida.

Tener una palabra en el pico de la lengua es tenerla a punto de acudir a la memoria.

Y por fin hincar el pico, que es morir. Rico vocabulario el nuestro.

Bloques

El toreo ha tenido en diversas etapas de su historia figuras representativas de estilos diferentes. Cada una con detractores acérrimos y ardientes defensores.  Viene de muy atrás: De ‘Costillares’ y Pedro Romero, de Lagartijo y Frascuelo, de Joselito y Juan Belmonte. Yo conocí en los años sesenta la rivalidad entre los partidarios de Antonio Ordóñez, representante del toreo clásico, y los de Manuel Benítez, ‘El Cordobés’, que rompió cánones con su heterodoxo salto de la rana.

Pasa también con el fútbol. Aunque hay aficionados para todos los clubes, a nivel nacional, y traspasando fronteras locales, el grueso de la afición se decanta por el R. Madrid y el Barça.  Si queremos comprobar el resultado de esta rivalidad, no hay nada más que juntar en un bar a forofos de uno y otro equipo un día de partido.

A nivel político está sucediendo algo parecido. Alrededor de los dos partidos mayoritarios se han formado dos bloques que han polarizado filias y fobias, manifestadas por seguidores y detractores con frecuentes insultos y difamaciones. Basta con asomarse al vomitorio de las redes sociales para comprobarlo.

Como agujeros negros, las formaciones grandes, engullen lo que hay alrededor. Y como se tragan a los que están en sus extremos sufren la indigestión de tan dispar comida, al tiempo que sus imágenes ante los electores se cargan de tonos más intensos, rojos y azules.  

La elección se reduce a dos bloques que, aunque formados por variadas siglas, pueden reducirse a dos: derechas e izquierdas.

Dicen los entendidos que tener muchas posibilidades para escoger puede generar angustia e insatisfacciones. Es lo que llaman la ‘paradoja de la elección’: más libertad, pero más dudas.

Cuando las opciones se reducen a dos, te caldeas menos la cabeza, pero existe el inconveniente de que acentúan la división entre los partidarios de ambas opciones. Hay expresiones populares de esta dicotomía: Lo tomas o lo dejas. Teta o chupe. Bebes o soplas. Conmigo o contra mí.  Monárquico o republicano.  Simplismo elevado al cuadrado.

Demos las gracias por que no ha llegado todavía el que proclame:  Yo o el caos.

Nos quieren llevar por dos grandes cañadas al aprisco, con alambradas a los lados y eliminando las alternativas de las veredas.

 

Mientras no modifiquen la Ley Electoral vigente, y esto no les interesa a los grandes partidos, la representación estará distorsionada. No es justo que una formación con poco más de 390.000 votos saque siete escaños y a otros no les sirvan 600.000 para obtener un diputado. Es solo un ejemplo.

Exigir impunidad y referéndum de autodeterminación a cambio del apoyo a la gobernabilidad, contando con solo siete diputados, no es de recibo. El 1,60% de votantes no puede condicionar al 98,40%. 

Faltan un poco de sentido común y altura de miras. El bien común antes que el propio.

Hasta septiembre, si por bien es y así lo quieren. Ha sido un placer. 

Nuestras casas

Los bloques de pisos son corazones que laten con pulsaciones luminosas desde que empiezan a encenderse las primeras luces en sus habitaciones hasta que se van apagando poco a poco.   Cada punto de luz es un latido. Aunque se perciben desde fuera, solo los que están en su interior saben los motivos por los que se encienden o se apagan.  Marcan las horas de sueño y los desvelos. El llanto de un niño que despierta a los padres, la encarnación del amor o el desasosiego de los que esperan. Tal vez un malestar repentino.  La vida, con sus preocupaciones y esperanzas.

Las viviendas son los refugios en los que nos resguardamos de la intemperie. Lugares donde hallamos descanso y, sin composturas ni poses obligadas, nos relajamos. Los silencios no son incómodos y las palabras fluyen espontáneas, sin cumplidos ni obligación de tener que abrir la boca.

La alegría y la tristeza se manifiestan sin filtros, también los enfados y, desgraciadamente, a veces, la violencia.

De niños corríamos hacia la nuestra cuando nos encontrábamos en apuros, como los animales lo hacen a sus madrigueras si presienten el peligro.

¡Ay los timbres en la madrugada y los aporreos en las puertas a deshoras, cuando no se espera a nadie! Toques de ansiedad cuyos ecos quedan flotando en el silencio de la incertidumbre. ¿Quién será a estas horas?

 En los pueblos las casas han dejado de ser los lugares donde se desarrollaban tres hechos fundamentales: nacer, celebrar los casamientos y velar a los muertos. Vida, amor y muerte. Las tres heridas que escribió Miguel Hernández.

La comadrona y las vecinas ayudaban a dar a luz. Los parientes de ambas ramas preparaban los convites de las bodas. En los duelos se despedía al difunto acompañándolo por última vez.

Cuando la noche estaba en su cresta y los gallos aún no habían movido la suya para picar el alba, quedaban la familia y los vecinos más allegados. Entre cabezadas se fumaba y se charlaba con lagunas de silencio en las que solo se oía el tictac del reloj, marcando la cuenta atrás a la alborada. Alguien, que se asomaba al exterior de vez en cuando, anunciaba el clarear. La luz del día pasaría de largo, por primera vez y para siempre, por las pupilas inertes del difunto.

Lo dijo Pascal. Todas las desdichas vienen por no saber permanecer en casa. Te acuerdas en los apuros.

Una noche borrascosa, con viento y lluvia, regresábamos un grupo de amigos de la discoteca de un pueblo cercano por una carretera poco transitada. Pinchamos una de las ruedas del coche. Casi a tientas, nos pusimos manos a la obra para cambiarla. Uno de los compañeros de expedición, paraguas en mano y de espaldas al ábrego, aliviaba la hinchazón de su vejiga.  Estando en estas, exhaló un suspiro que le salió del alma: “¡Quién estuviera en casa meando para acostarse!”

Empacho

Los solsticios y los equinoccios juegan a la comba con el sol. La eclíptica es la cuerda hecha camino que va de la plenitud de la luz al avance de las sombras. En la noche de san Juan es tradición, entre hechizos y supersticiones, hacer hogueras donde se quema lo viejo al tiempo que se piden deseos para el futuro.

Yo echaría, con ese afán de limpieza y regeneración, como Juan Ramón el corazón al surco, las incoherencias y chirridos del vetusto y oxidado engranaje de ciertas prácticas y costumbres.

Y si no puedo hacerlo, por el riesgo de propagación de incendio que conlleva, buscaré retiro por la escondida senda, como Fray Luis de León, hasta un lugar tranquilo donde no lleguen los ruidos de cáscaras vacías, las imágenes de destrucción y muerte, los derroches ostentosos de ricos sobrevenidos y los olores emanados del lodazal donde hozan manipuladores de verdades sesgadas, que no son sino la voz de sus amos que les pagan para defender sus intereses, crear odios y equivocar conciencias.

Necesitaré una cura de desintoxicación para el empacho de este guiso espeso y grasiento, aliñado con tan heterogéneos y dañinos componentes.

Campañas y pactos post electorales. Las primeras porque prometen lo que al día siguiente olvidan y las segundas por las inescrupulosas tragaderas por donde entran sapos y culebras con tal de tocar los dorados varales del poder.

Presiones de los que sin presentarse a elecciones están siempre presentes. Manos que señalan con guantes de seda y garfios de piratas, encauzando intenciones para llevar el agua a sus molinos.

Vidas regaladas de linajes, que pisan como alfombras los principios de igualdad, capacidad y mérito.

Cotillas sociales, llamados por aquí escusados, y quienes se prestan a vender sus intimidades como saldos de mercadillo.

Oligofrenia de forofos que insultan a otros seres humanos por el color de su piel.

Divulgación de ostentosas fiestas privadas. No porque las celebren, pues en eso cada cual haga de su capa un sayo, sino por la indelicadeza insolente de pregonarlas.

Guerras voceadas y las que se silencian.  Mercenarios y asesinos que quieren hacernos creer que son encomiables patriotas.

Armarios que se llenan o vacían con acompañamiento de animadores y palmeros, debiéndome importar tres pitos quienes entren o salgan.

Disparidad de medios, según se busquen submarinos en el fondo del océano o pateras que se hunden a la vista de las costas.

 Y algunos ingredientes más … Deje reposar unos minutos. Añada picante al gusto y el cólico está listo para ser depuesto.

La canción de los Sirex decía: “Si yo tuviera una escoba, cuántas cosas barrería”.

Pero quiero terminar con pensamientos más elevados y poéticos. La poesía es un arma cargada de futuro (G. Celaya) y quizás sea el mejor fuego para quemar trastos viejos. “Se dicen los poemas/que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, / piden ser, piden ritmo/piden ley para aquello que sienten excesivo”.

Ponerse al tanto

Un joven intentaba informar a la persona mayor que se le acercó sobre cómo acceder por internet a su cuenta bancaria. Entre claves, páginas web, app y SMS navegaban los ojos asombrados del solicitante con la escotilla de la boca medio abierta y rascándose la cabeza de vez en cuando. Esto es mucho arroz para un pollo, sentenció, tras naufragar en las procelosas aguas del océano informático.  Tras esto, guardó el teléfono, “miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.

Al hilo de este caso, con licencia de don Miguel de Cervantes, me surgieron algunas reflexiones.

No es igual saber mucho de un tema que explicarlo nítidamente. Creo que muchos hemos conocido a profesores que sabían hacerlo muy bien y otros que, sabiendo mucho, fallaban en la comunicación.

Un buen docente enlaza los conocimientos previos que debe tener el alumno con los nuevos, como los sogueros unen los cabos para hacer las sogas.

 

 

 

 

 

 

 

El profesor de matemáticas no debe comenzar exponiendo las unidades del sistema métrico decimal sin que los alumnos sepan antes qué es un sistema y qué significan métrico y decimal.  Conceptos básicos para empezar a levantar el edificio. Si falla la base, se viene abajo.

Conocí a una persona, probablemente existan más casos, que comenzaba las conversaciones por la mitad. Afloraba su discurrir en el punto en que ya lo traía elaborado en su cabeza, creyendo que los demás estaban al tanto.

En la enseñanza es preferible identificar un ángulo entre las paredes de la clase, en las puertas entreabiertas o en un reloj de pared que verlo dibujado en la pizarra.

No conviene memorizar el teorema de Pitágoras recitando como un loro que la hipotenusa al cuadrado de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los catetos si antes no sabemos qué es una hipotenusa, qué son los catetos, que son los cuadrados y para qué sirve todo eso.

Los que han comprendido conceptos o aprendido oficios salvando complicaciones, saben, cuando tienen que enseñarlos a otros, dónde pueden encontrar dificultades.

En el diálogo que mantienen en la zarzuela ‘La verbena de la paloma’ don Hilarión y don Sebastián, este exclama: ‘Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad’. A una velocidad de vértigo lo hacen actualmente las comunicaciones.

En los años cincuenta y sesenta hubo una campaña de alfabetización en España que consiguió reducir la tasa de analfabetos de un 17% en 1950 a un 9% en 1970.

Sería conveniente lanzar otra digital porque los intentos hechos hasta ahora parece que no han sido suficientes.

Cada vez son más los trámites que pueden hacerse por internet. Pedir cita en las ITV, en los Centros de Salud, en la Seguridad Social, en la Agencia Tributaria…Y no digamos en los bancos, sin sucursales en los pueblos pequeños. Muchas personas necesitan la ayuda que les dé acceso a este mundo digital. Vivir al margen ocasiona perjuicios.

Lo necesario y lo prescindible

John Steinbeck narra en ” Las uvas de la ira” las penurias de la familia Joad y el ingenio de la madre para preparar la comida diaria con las escasas viandas disponibles.   

La mayoría de los españoles de nuestro pasado reciente tuvo que recorrer un camino de privaciones ocasionadas por las secuelas que dejó el enfrentamiento fratricida. Lo primordial era procurar alimentos para poder comer todos los días.

La ropa pasaba de unos hermanos a otros, tras el artesanal trabajo de adaptación de habilidosas manos costureras. Sisa arriba, bastilla abajo, acondicionaban las prendas para el nuevo inquilino.

Pantalones remendados desde las culeras a los perniles, con progresiva mengua del género original. A los cuellos desgastados de las camisas se les daba la vuelta y se zurcían los rotos de los calcetines con un huevo de madera en su interior. Los vestidos se confeccionaban en casa con tela comprada por metros.  Los zapatos tenían tantas vidas como los gatos, gracias a los zapateros, que eran los encargados de prolongar su existencia con leznas, cabos y cerote, echando medias suelas o poniendo tacones nuevos. Los campesinos usaban para el trabajo botos bastos con tachuelas en las plantas. Así las protegían del desgaste en el campo y las dotaban de acompañamiento musical cuando pisaban sobre las calles enrolladas.

Los viajes eran escasos, los inevitables por la salud.  El de bodas, por pocos días, a la capital de España o a la ciudad de la Giralda. Y si la escasez apretaba, a casa de unos parientes. Los de placer a destinos exóticos quedaban para la fantasía.

El descanso estival lo disfrutaban los turistas y los emigrantes que regresaban al pueblo en verano. Los demás, con sentarse al fresco por las noches y celebrar las fiestas patronales con algún extraordinario daban el trámite por cumplido.

Hubo niveles en el acceso a alimentos básicos.  Los más afortunados disponían de aceite para el año, maquila para panes, cerdo para la matanza y huevos de corral. Otros, desgraciadamente, debían afanarse cada día, si tenían dónde, para disponer de sustento.

Algunos, a pesar de esas privaciones y sacrificios, incluso fueron capaces de ahorrar para comprar una fanega de tierra, casar a una hija o tener disponibilidad para un imprevisto.

Lo prescindible y lo necesario dependen de las circunstancias personales y temporales.

Probablemente cada uno de nosotros trazaría la línea divisoria por un sitio diferente. Pero hay donde meter tijeras, hablando en términos medios, porque existen grupos que desgraciadamente pueden prescindir de poco.  Echemos un vistazo a los contenedores después de opíparas celebraciones, a los roperos con ropa que apenas nos ponemos… Es una buena reflexión para comprender la relatividad de lo necesario cuando se dispone de medios donde elegir y lo escasas que son las opciones para quienes tienen que hacerlo entre poco y nada. Conviene tenerlo en cuenta por si llega el caso. La vida da muchas vueltas.

Mayo, despeñado

 

San Isidro era la linde que en estas tierras labrantías dividía al mes de mayo en dos vertientes, una mirando a la primavera y la otra al verano. Las espigas, mecidas por los aires gallegos en un mar de ondulaciones, granaban por este tiempo. Las amapolas, eran el adorno rojo de sus faldas verdes. El clima va alterando lenta, pero inexorablemente, la cadencia de las estaciones. Los tránsitos de unas a otras se solapan con límites difusos. La primavera se adelanta y el verano se prolonga. Un cambalache inestable donde deambulan como zombis los más enraizados refranes, sin saber dónde encajar su experiencia acumulada. Ni marzo fue ventoso ni abril lluvioso. Le quitaron a mayo el lucimiento en la pasarela de los meses. Devino de florido a canoso en un precipitado declive.

Los embajadores de malos presagios fueron preparando este desolador paisaje. Las calimas con sus redes de velos anaranjados y polvorientos viajaron desde el sur en varias y poco habituales ocasiones. Invasión turbia y silenciosa que ha ido tomando posiciones para quitar verdor y sustituirlo por el gris Sahara. Se le conocían incursiones en años anteriores, pero eran más esporádicas y tardías. Reptil sediento que ha arrastrado su vientre escamoso por vegas, valles y cañadas, llevándose humedades y dejando polvo.

Echamos en falta las brisas tibias de otros mayos y el verde que agostó temprano. Envejeció prematuramente de calor y yace escaso de frutos y sobrado de sequedades en mitad del páramo de este año.  No es por falta de santos que lo amparen. Está bien servido, desde la Cruz a san Fernando. En medio, la Virgen con tres pastores.  Y el patrón agricultor rezando mientras le labran la besana dos ángeles custodios. Al frente del santoral cortejo, portando estandarte reivindicativo por concesión de Pío XII, va san José, obrero y artesano.

Echamos de menos el gozo de los sentidos visuales y olfativos que, en otras primaveras más largas, destacaban. Estos días tienen el sabor salobre de la desesperanza.

Llegan de muy lejos, como consuelo en el recuerdo, las voces infantiles ofreciendo a una virgen de sonrisa permanente flores para el dosel y aromas de azahar en la capilla.

De la adolescencia, el pañuelo al cuello de la joven en aquellas romerías por veredas entre verdes trigales. Mariposa que aleteaba en su cara con el tibio céfiro de poniente.

Al chico que canta Sabina le robaron el mes de abril y a nosotros nos han dejado huérfanos de mayo. Lo han despeñado por la vertiente que da al verano.

Hoy viernes es luna llena. La veré levantarse sobre el horizonte, extender su manto, primero amarillento, después plateado, sobre las espigas secas y caminos polvorientos. Quizás canten los grillos. Ranas, pocas. Yo, con ella enfrente, añoraré el tiempo que se nos fue de las manos.

Faltará el rumor del agua sobre el mármol de la fuente del jardín que describió Antonio Machado.

Mentiras

 

 

 

 

 

 

 

Quien haya afirmado que no ha mentido nunca, que vuelva a decirlo y habrá mentido una vez más. De niños, por temor al castigo o espera de recompensa. De adolescentes, por pudor y rubores. De mayores las causas son más complejas, tienen más capas que ocultan intenciones.  Se puede mentir por altruismo o solidaridad para librar a otros de una condena injusta o por desvergonzada estafa. El muestrario de embustes va de la piedad a lo perverso, como los antiguos muestrarios de viajantes de tejidos. Del casi blanco de la inocencia a los que pasan del castaño oscuro.

Hay fingimientos que lubrifican las relaciones sociales. ¿Qué ventajas tiene decir verdades que solo perjudican a quienes van dirigidas y no aprovechan a nadie? Vale más una mentirijilla que anime que una verdad que ofenda. Qué buen aspecto tiene usted o qué bien le sienta el traje, decimos o nos dicen, aunque el deterioro sea evidente y al traje haya que cogerle las sisas.

Lo repudiable es hacer daño intencionadamente para buscar provecho propio abusando de la buena fe.

Abundan los mentirosos que se atribuyen méritos de otros.  Javier Cercás cuenta en su novela, ‘El impostor’, la historia de Enric Marco, que fingió durante años ser una de las víctimas de los campos de concentración nazis.

De másteres y títulos académicos, falsos o regalados, hay surtida colección. Ínfulas de vanidosos que buscan aparentar más de lo que son.

Un recurso habitual de algunos pillos cogidos en el renuncio es alegar que sus palabras fueron sacadas de contexto, cuando leídas o escuchadas de nuevo demuestran la palmaria claridad de su mensaje.

La mentira es intrínsecamente mala para la moral católica.  Por eso tuvo que rebuscar en el cajón de la dialéctica un argumento sibilino que salvara el dilema de situaciones en que se debe decir la verdad, pero no se quiere. Es la restricción o reserva mental. Se omite lo que se supone que debe entender el avispado oyente.  Cuando a alguien le piden dinero y responde que no tiene, el solicitante debe deducir que es para él para quien no dispone.

Un señor de estos lares no quería asistir a una celebración a la que insistentemente lo invitaban. Le ofrecían todo tipo de facilidades para acomodar tal evento a sus obligaciones, de tal manera que lo harían cuando él tuviera disponibilidad. Puso excusas de un viaje que tenía que hacer, de una comida familiar, del cumpleaños de un nieto… Agotados los pretextos y agobiado por la obstinada pesadez del anfitrión, cuando le ofrecieron el jueves de la semana siguiente, que parecía quedar libre en su agenda, alegó que ese día tampoco porque tenía que asistir a un entierro.

Las mentiras van y vienen, como las cigüeñas a los campanarios, como los gitanos a Macondo, como la ‘Milana’ al hombro de Azarías, que sigue inocentemente en el andén, esperando el paso de los trenes.

 

 

 

El teatro

 

 

 

 

 

Los griegos celebraban fiestas en honor de Dionisio. En ellas se narraban sus supuestas proezas.  Un día a alguien se le ocurrió ponerse en lugar del dios del vino y empezó a hablar y a actuar en su nombre.  Fue el principio del teatro.

En esos comienzos un solo actor representaba a todos los personajes, cambiando la máscara que cubría su rostro cada vez que interpretaba a uno distinto. El coro, bajo la dirección del corifeo, simbolizaba al pueblo.

Poco a poco fue evolucionando y se incorporaron más actores para los distintos papeles.

Esquilo, Sófocles y Eurípides son autores renombrados de tragedias. Aristófanes, de comedias.

También la cultura romana produjo grandes comediógrafos, como Terencio y Plauto.

A las dos formas teatrales básicas, la tragedia y la comedia, se fueron agregando otras con el paso del tiempo y el cambio de las modas y los gustos, sin que el teatro clásico haya perdido vigencia. Dramas, pasos, sainetes, entremeses, autos sacramentales, zarzuelas, óperas…

Las tres unidades básicas de lugar, tiempo y acción que estableció Aristóteles duraron hasta que Lope de Vega las cambió en el siglo XVI. Y de entonces hasta ahora ha habido muchas innovaciones, unas con más fortuna que otras.

No es pretensión de este artículo mencionar a todos los autores que han existido a lo largo de la historia. Pero a William Shakespeare hay que citarlo.

Las grandes pasiones humanas: el amor, el odio, la envidia, los celos, la venganza… subieron a los escenarios de la pluma de este insigne autor inglés.

El extremeño de Torre de Miguel Sesmero, Bartolomé Torres Naharro, el talaverano Diego Sánchez de Badajoz, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Fernando de Rojas,  Jacinto Benavente, Federico García Lorca… son algunos de los numerosos autores españoles.

De la profesionalidad de los actores depende que la obra dramática cale en los espectadores y que estos se emocionen, se diviertan y aprendan, hasta el punto de que el público los identifica con los personajes y olvida que sólo son intérpretes.

En muchos de nuestros pueblos existen grupos que conservan la llama viva del teatro, aportando cultura, emociones y diversión, como tiempo atrás lo hicieron Eduardo Ugarte y Federico García Lorca con ‘La Barraca’.  De los actuales, cito a ‘Teatro de Papel’, de Llerena por su calidad y cercanía, sin olvidar a todos los que recorren la geografía extremeña con sus representaciones.

Un día me llevé una agradable sorpresa cuando recibí el siguiente mensaje con motivo de una columna escrita en este periódico, que reproduje en mi blog.  Hablaba del teatro Mari Paqui, que recorrió nuestra región en los años sesenta. Decía así: “Hola. Soy Marisa Lahoz, la Mari del Teatro Mari Paqui. Me ha hecho muchísima ilusión encontrar este blog. Le pasaré el dato a mi hermano. Era Paquito, por eso el nombre de Mary Paqui, por nosotros. Éramos unos niños…”.

El lunes se celebra el día del teatro. Felicidades.