El invierno.

 

 

 

 

 

El Invierno es el reverso de la luz

que en espiral de sombras

profundiza la sima de la noche.

Canto de mágicas sirenas

del mar de los ocasos fríos

cautivando a las estrellas de la tarde.

Lengua de llama y brasa de candela

para el hálito gélido del norte.

Lejanos relatos de la abuela

en la camilla del brasero

a la luz vacilante de una vela.

Es temblor de escarcha

hecha diamante en la alborada

en el filo verde del pino y la retama.

Un ensayo de trayecto hacia la muerte

buscando el valle

donde  en tierra duermen

semillas de  otra primavera en ciernes.

Las parcas.

 

 

Las parcas griegas:

Cloto, hila; Láquesis, devana y Átropos corta el hilo de la vida.

A la espera segura de la muerte

enlaza blancos hilos con ganchillo

hilvanando recuerdos con olvido.

El camino ha concluido,

sólo queda el aviso de llegada

y subir al estribo de partida

a cumplir Átropos su cometido

cortando el frágil hilo de la vida.

Registro de propiedad.

El Registro Civil,  según el anteproyecto de Ley de Reforma Integral de los Registros  que ha elaborado el  Ministerio de Justicia,  presidido por señor Ruiz Gallardón, pasará  a depender de los registradores de la propiedad. Ahora es competencia de los Juzgados. Uno, que tiene una vaga idea de lo que son los Registros de la Propiedad, piensa que cuando los  padres vayan, a partir de la entrada en vigor de la ley,  a inscribir a un hijo,  en realidad van a que el registrador les otorgue el título oficial de propiedad del nacido.

Y cuando los deudos vayan a  notificar una defunción será para dar de baja la propiedad que  el difunto tenía sobre su vida y que ha perdido, no por venta, sino por traspaso forzoso a la eternidad.

Pienso que uno es dueño de su vida y que la muerte es la única que nos arrebata esa propiedad, aunque  cualquiera sabe si esta cesión a los registradores  no es un paso más del dominio de  la Administración sobre los ciudadanos y  si dejamos  de pagar las tasas, como pasa con  el IBI, nos embarguen la vida.

Supersticiones.

No creo que los números, los colores o un determinado uso de las cosas condicionen  o determinen la vida de las personas. Las supersticiones son producto de la incultura y de la herencia de credos que a falta de explicación científica en épocas remotas  ponían  en el lugar que debía  ocupar la razón  las brujerías, las supercherías y las magias. Crecimos desde niños en un ambiente propicio para ello. Desde aquel agua bendita que echábamos el domingo de Resurrección por los rincones de nuestras casas para espantar al diablo hasta la regañina de nuestras madres cuando le dábamos vueltas al paraguas o a las sillas.

Porque a ver quien me explica que un pobre gato negro sea el augurio de desgracias o mala suerte  y  que la joroba de un tullido me acerque la fortuna si le paso el décimo  de lotería por la chepa. Algunas de los hechos que dan mala suerte:

– Derramar sal

-Romper un espejo

-Tener un cuadro torcido en casa

-Poner el sombrero sobre la cama

-Vestir de amarillo

-Dejar las tijeras abiertas

-Dar vueltas a un paraguas o a una silla

-Poner los pies de la cama mirando hacia la puerta

-Ver el novio a la novia antes de la ceremonia.

-Levantarse con el pie izquierdo

-Abrir el paraguas bajo techo

-Ver a un gato negro

-Encender tres cigarros con la misma cerilla

-Pasar debajo de una escalera

-Caer la montera del torero boca arriba

-Ser martes y trece

-Barrer los pies de una soltera o una viuda

-Echar el mal de ojo

Otros pocos que se asocian a la buena suerte:

-Encontrarse una herradura

-Tirar monedas a un pozo o a una fuente

-Sentir zumbido en los oídos

-Caerse una pestaña

-Tocar la joroba a un jorobado

-Poner un cactus en la ventana

-Poner la escoba al revés detrás de la puerta

-Cruzar losa dedos

-Taparse la boca al bostezar

-El perejil

-Entrar en el nuevo hogar llevando a la desposada en brazos

-Arrojar arroz a los recién casados

-Besarse los novios al final de la ceremonia

-Llevar la novia el día de la boda algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul

-Tocar madera

-Encontrar un trébol de cuatro hojas

-Apagar las velas de un soplido

-Ponerse una prenda del revés

Claro que todas estas supersticiones tienen su explicación en tiempos en los que cualquier cosa que no explicara la lógica causal era atribuida a fuerzas ocultas del más allá, a designios desconocidos En la actualidad, cuando se han desbrozado con la luz de los avances técnicos y sociales los matorrales de prejuicios, equivocadas creencias, tabúes y temores infundados sobre la naturaleza y el universo, creer en estos hechizos, sortilegios y brujerías no es sino  manifestación de miedos  atavismos e incultura sin lógica racional alguna.

 

Ellos.

(Carta en el periódico HOY 02/12/2012)

No hay palabra que cobije a un grupo tan numeroso de personas repudiadas como este pronombre personal. Bajo su velo difuso metemos a los supuestos causantes de nuestras carencias y desventuras, a los que creemos que nos burlan hacienda, peculio y bienestar, a los que tienen poder de decidir sobre nuestras vidas. La mayoría tiene la habilidad innata o el apoyo legal para cargar el peso de la tarea común sobre hombros ajenos. A todos, despojados de sus individualidades, les buscamos acomodo en el lóbrego sótano de este sufrido vocablo que encubre nombres y generaliza culpas. “A ellos les da igual”, “verás como ellos no se lo bajan”, ” a ellos no les afecta la crisis”…
Esta forma pronominal es el banco malo de la gramática a donde derivamos los activos tóxicos que originan nuestros pesares. Reina solo, sin consorte, sin compartir trono con su oponente femenino plural. Aquí el masculino se lleva en solitario la palma y el laurel. No se sabe de ningún grupo feminista que haya reivindicado para la forma pronominal “ellas” la partición de poder para ayudar a soportar tan onerosa carga.

Guadalcanal.

Donde dice Andrés Mirón

que Dios puso el paraíso

y trajo aquí su palacio

volví para saludar

a muchos viejos amigos

 y discípulos queridos

que dejé cuando eran niños

en este pueblo escogido

donde pasé algunos años.

En poco tiempo sentí

el afecto y el cariño

de gente tan bien nacida

que recuerdan todavía

 a este humilde servidor

que tuvo la suerte un día

de vivir donde la luz

es belleza y armonía

y agua y viento le dan nombre

a esa hermosa serranía.

Somos pahilones.

 

 

 

 

 

Sacados  de un  lugar del corazón

Obtengo bienestar si la memoria

Muestra aquellos pasajes de mi historia

Ocupados en juegos e ilusión.

Sin más preocupaciones que el balón

Pude sentir los goces de la gloria

Al  lado de la fuente y  de la noria

Hasta alcanzar momentos de pasión.

Ilusiones gozadas  y vividas,

Llevadas con  cariño y gratitud

Orlan, ribeteadas  de emociones,

Nuestra  andanza de  vidas compartidas

En el pueblo que lleva con virtud

Sonoro el gentilicio de pahilones.

Lutos antiguos.

El luto era un cuervo torvo

con la cara amarillenta

nevado de plumas negras

como ligeras pavesas

que  lentas se iban posando

sobre un silencio de plomo.

Una clausura de angustias

llena de  suspiros hondos

que  se escapaban al aire

por las rendijas azules

de las puertas entreabiertas.

Manto y velo de azabache

sobre  la luz  y los sueños.

Rosario de ajadas cuentas

en las sombras  de la noche

de la  habitación a oscuras

con murmullos de panales

que desgranan letanías

con rastras de purgatorio.

En los huecos de los rezos

el martillo del reloj

cortando el envés del tiempo.

Era echar la llave al mundo

y arrojarla a un  pozo oscuro

donde se escuchan   los gritos

infantiles  de unos niños

que llamaban a la mora

las largas  tardes de julio.

Sonetillo acróstico.

A  JUAN  FCO. CARO  PILAR

           (Sonetillo acróstico)

Juan Francisco, verbo ardiente,

Fino, de pluma fluída.

Retratista de la vida,

Agudo, mordaz e hiriente.

Nunca de gracia carente,

Con cierta audacia atrevida,

Irónico sin medida,

Síntomas de inteligente.

Cronista de su pasado,

Observador del presente,

Cual maestro y abogado.

Ahillones está en su mente,

Rincón por siempre añorado.

Oh, Caro amigo,¡tu fuente!

            Isidoro Jaramillo Hdez.

            Llerena, 23-11-2012

 Nota.- Mi agradecimiento por esta composición que me ha dedicado Isidoro Jaramillo,  amigo, colega y compartidor de aficiones flamencas. Me consta que el  término hiriente está utilizado por el autor, como no podía ser menos,  con la acepción de” tocar el punto esencial de una cuestión”, no con  la de ofender o agraviar. 

Viajar en autobús.

(Carta  publicada en el  periódico HOY  22-11-2012)

Trayecto:  Llerena- Montijo. Salida de Llerena a las 11:45. Primer transbordo en Fuente de Cantos. Segundo, en Almendralejo. Tercero en Mérida. Llegada a Montijo a las 16 horas. Total cuatro horas y cuarto.

En Mérida el conductor nos comunica, amablemente, a los tres pasajeros que esperábamos que  ese autobús está para los funcionarios de la Junta y que irá a recogerlos a ellos en primer lugar.  Después, si hay plazas vacantes, podemos subir; de lo contrario no podrá llevarnos. Afortunadamente pudimos finalizar el recorrido y no tuvimos que coger el tren  que sale a las 18:15 o hacer noche en Mérida, pues era el último servicio de autobús  por la reciente supresión del de las 4:45. En la página web de la empresa no se hace mención a esta eventualidad. Sólo indica la hora de salida y llegada.

No quiero ni imaginar lo que puede ser un viaje de Llerena a Herrera del Duque, por ejemplo,  si es que existe esa posibilidad.