

El Blog de Juan Francisco Caro
Blog personal de Juan Francisco Caro Pilar, maestro y abogado.

Fotografía de Juan Sevilla.
http://www.flickr.com/photos/juaninda/
Se encienden suavemente las esquinas
cuando la luz resbala cada la tarde
por la lejana espalda de los montes
buscando del océano las orillas.
Regresan los labriegos por caminos,
de la brega, el sudor y la fatiga,
a mujeriega de cansadas mulas
en busca del calor y del cobijo.
Llama el bronce ruidoso a la oración,
al rezo del temor que da la noche.
Al alba volverán a la besana,
a la rutina, al surco y la labor
hasta que el sol se duerma una mañana
entre la espuma blanca de las olas
y queden secas las espigas solas
en desolados campos de dolor.
Fotografía de Manuel Rodríguez Espino
http://www.panoramio.com/user/1368766?with_photo_id=18723512
CARTA EN EL PERIÓDICO HOY 25-11-11
La madre le preparó el traje y lo mandó a la plaza a lucir el tipo de mocito en edad de merecer. A la luz clara del día las mangas del repasado traje le venían un poco cortas, igual que las perneras a pesar de haberle soltado las bastillas. Estrecho el talle de forma que si se abrochaba el botón delantero le respingaba la chaqueta por detrás. El brillo resaltaba en antebrazos y culeras por el uso de difuntos usuarios. Aseado sí iba, recién duchado y con brillantina en el pelo, buen tipo, prestante presencia y seguro el paso.
Pero esa prima lejana apetente y resabida no se dejaba embaucar. Estaba avisada por su padre, tratante avezado de ferias y mercados. La tenía bien aleccionada: olivares, buenas casas y cortijos y feraces tierras de labranza. Las apariencias engañan, entérate de hipotecas y desahucios. Así que la escurridiza parienta, cuando contestó a sus requerimientos, lo hizo con folklórico recochineo: “Anda diciendo tu madre que tienes un olivar y el olivar que tú tienes es que te quieres casar”.
Fotografía de Juan Sevilla.
http://www.flickr.com/photos/juaninda/
Esta impúdica prima ha perdido definitivamente la vergüenza. Toda la noche de juerga y farra y ahora se le suben los puntos a la cabeza por la desmesurada ingesta a granel de garrafa ajena. Atiborrada de gustos caprichosos y ajada por su vida licenciosa, la muy insolente ya no se recata de exhibir su pródiga desvergüenza, sino que nos arroja a la cara sus lúbricos desmanes. Por más que nosotros, su honorable familia, hemos hecho lo indecible por disimular sus veleidades, ella paga nuestros desvelos paseándose desnuda y desgreñada por el patio de vecindad con las prendas íntimas en la mano. ¡Qué bochorno para una honra ganada a lo largo de generaciones de ejemplar comportamiento!
Las pocas, pero bien ganadas pertenencias de la familia, al albur de usureros prestamistas que como buitres planean en busca de cadáveres con que saciar su voraz apetito.