Lo que pudo haber sido.
A estas alturas de la vida está el fiel de la balanza serenamente equilibrado.
Desventuras y dichas, afectos y agravios se compensan.
Queda la duda de si algunos hilos pudieron ser madeja.
Si se acertó en los cruces de caminos y en los trenes que tomamos.
Entre otras variables, el azar y la ventura jugaron su papel.
Decisiones diferentes hubiesen cambiado el trayecto y quizás la fortuna, pero no la estación de destino.
Se puede jugar a imaginar cambios de fichas y sus múltiples combinaciones en el tablero de la fantasía.
Elucubrar sobre lo que hubiese sucedido. Pero en esta partida sólo hay opciones de futuro.
Se permite mover ficha una vez en cada decisión, las demás quedan abrogadas.
El juego a tiempo pasado es escribir sobre el agua, jugar a lo imposible en la otra cara de la vida.
Charla de sordos.
La lucha por la vida.
Se mueve la ciudad como hormiguero
pisado por un oso.
Cada uno a sus afanes,
casi todos presurosos,
azuzados por el látigo de la ansiedad.
Me entristece algún joven
repartiendo propaganda en los portales.
Mujeres con las bolsas de la compra
van del vaivén
a la esclavitud de sus quehaceres.
Carretilleros de reparto
en la vorágine urgente de las prisas.
Los ojos tristes del parado
en la esquina de la espera sin llamada.
Un traje con corbata y hombre dentro
atado a los balances comerciales
rinde cuentas a su jefe.
Un mundo de lucha y competencia
donde triunfa el empuje de los fuertes.
No hay lugar para los débiles
y si caes pocos evitarán
poner los pies sobre tu frente.
Maletillas.
Se fue por las sombras de las tapias una noche de luna
en busca de fama, gloria y dinero.
De equipaje, ilusiones anudadas a un pañuelo de carencias,
zapatillas aladas y la garza diligente de sus pasos.
Cruzó pedregales, saltó cercados, vadeó arroyos
y durmió envuelto en un capote de verónicas.
Las siluetas de encinas eran cuatreros
embebidos en lances naturales
o rozando ajustadas chicuelinas.
Las estrellas, del tendido a la arena,
flores, pasión y delirio..
Anhelos de jóvenes soñadores,
en una España de pobreza y hambre
que buscaban redención
entre toriles de sangre
y blancos pañuelos al aire.
Papa Francisco.
Miedo me da la deriva que está tomando Su Santidad con las declaraciones que está haciendo últimamente. Los cancerberos rocosos de la moralidad ajena tienen las tripas revueltas y las hachas levantadas. Hay temas que los abanderados de la ortodoxia doctrinal consideran inamovibles. Dogmas teológicos, inveteradas costumbres y asentadas prácticas no deben cuestionarse. No hay que dejar nada al albur del raciocinio. Ojo con tocar la finalidad procreadora del acto sexual, las finanzas vaticanas, la homosexualidad…
Tenga cuidado con las sigilosas sombras curiales que se mueven entre los muros y columnas de palacio y con los que son más papistas que Su Santidad, repartidos profusamente por doquier. Los que viven dentro de la burbuja aséptica, aislados de la ruindad diaria defenderán sus posiciones y sus privilegios a capa pluvial y espada argumental, creyéndose guardianes y depositarios de las esencias tridentinas.
Profesores.
En las universidades, cima de saberes en el escalafón de los conocimientos, encuentras profesionales de reconocido prestigio que imparten docencia con eficacia y provecho.
No obsta la altura de su sabiduría para el trato afable y humano con sus alumnos. Los más preparados académica y científicamente no temen que la cercanía y la ayuda que prestan a sus discípulos cause merma en su prestigio porque están seguros de la solidez de su preparación. Son la mayoría.
Pero hay algunos endiosados que tratan a los alumnos desde castillos que su altivez ha construido para difuminar u ocultar con la distancia la insuficiencia de su formación o las paranoias de su personalidad.
Son los que pretenden dar lustre a sus materias y preeminencia a sus figuras suspendiendo a la mayoría de sus pupilos.
Puede que no se deba a una insuficiente formación académica y sí a una disfunción de la personalidad, que busca suplir con la notoriedad que le da su proceder otras carencias de sus vidas. Olvidan que una regla básica de la enseñanza es conseguir el máximo de aprobados con la preparación y el bagaje requeridos, sin regalar nada, y que los primeros fracasados con tantos suspensos son ellos.
Descansen en paz.
Una curva en forma de guadaña ha cambiado el destino de decenas de viajeros. Iban descuidadamente por los senderos de la vida y llegaron sin quererlo a la estación de muerte por un camino de hierro. El zarpazo arrancó también de cuajo el corazón de sus afectos.
Descansen en paz los muertos y hallen alivio los vivos.
Reformar a los reformadores.
(Carta en el periódico HOY 21-7-2013)










