Caminos
Tras el arco de verde honor trenzado,
que grata sombra al caminante ofrece,
la luz a bocanadas aparece
con un cielo de azules coronado.
Siguiendo el caminar, en la hondonada,
un arroyo entre adelfas espejea
y en la montaña el águila planea
en la quietud del tiempo abandonada.
A veces el camino son veredas,
trochas, desfiladeros o cañada.
Bajo el éter azul con blancas nubes,
caminas por dehesas y alamedas
y ahincando el paso a la colina subes
entre escarpados riscos y roquedas
Armonía
Las amapolas son la espuma roja
de las olas del mar de los trigales.
Los senderos, corrientes naturales
que el corazón de la dehesa aloja.
El mismo viento que en la mar arroja
bajeles al abismo en temporales
furiosamente azota matorrales
y al tronco de sus ramas lo despoja.
Islas son los pequeños pegujales,
las espigas dobladas, mar rizada
que acaricia la brisa de poniente.
Tierra y mar, tan opuestos, pero iguales
en la bella armonía no captada
que rige el universo desde siempre.
Fuente del Arco
A sus pies amplias dehesas,
Fuente del Arco, patena,
crisol de Sierra Morena
donde el sol hace promesas.
El agua en sus manantiales
canta nanas de voz clara
para la virgen del Ara
con arrullos celestiales.
Orgullo de Extremadura,
la mina de la Jayona
y la ermita a su patrona,
magia de luz y hermosura.
Quien siempre va conmigo

Yo, cuando estoy mejor es cuando yago,
en la grata acepción de estar tendido.
No sea usted mal pensado, buen amigo,
pues no es goce carnal que satisfago.
En dulce duermevela, feliz vago,
hablo con el que siempre va conmigo,
ese complementario con quien sigo,
me entiende y no me exige ningún pago.
Lo dejo abandonado cuando el sueño
me lleva de su mano al otro lado,
donde todo se vuelve fantasía.
Y aguarda, siempre fiel, siempre risueño
mi vuelta, sin pesar y sin enfado,
para seguir la charla en compañía.
Corona de laurel

A lo lejos, la gloria de la cima.
¿Cuántos recodos quedan al sendero?
¿Cuánto peligro acecha traicionero
antes que la congoja el pecho oprima?
El justo premio a tanto esfuerzo anima,
hace nuestro penar más llevadero,
el andar, con tal fin, asaz ligero
y el ánimo exultante con la estima.
Así vamos, etapa tras etapa,
un poco más allá, como que escapa
al inmediato alcance nuestra meta
por afán de tenerla ya completa,
mas, por mucho que tarden nuestras mieles,
coronarán las testas de laureles.
Sé prevenido.
(Tempestad en el mar por la noche de Iván Aivazovsky)
Súbito vendaval e inesperado
sorprendió a mi velero sin anclaje,
y al albur de inclemencias mi equipaje
por taludes y simas despeñado.
Más estragos sufrí por ser confiado
que los que provocó el turbión salvaje
y extraída lección y aprendizaje
surtiré para el próximo tornado.
Que la calma presente no previene
providencias de nuevas singladuras
y dejar las espaldas inseguras,
blanco ofrece al rival y no conviene,
pues habrá quien de cañas haga lanzas
y convierta amistad en asechanzas.
Del que nunca se equivoca
Aquel que tiene boca se equivoca,
referido sin duda al oponente,
porque a quien discursea prepotente
no afecta tal refrán ni le provoca.
De cualquier tema que de charla toca
él tiene la versión más pertinente
y solo rara vez, condescendiente,
paternal y solícito revoca.
Son sentencias sus doctas opiniones,
máximas que no admiten discusiones
y quienes contradigan, anatemas,
así que yo para evitar problemas,
de cabeza dolores y castigo,
como a los locos, nunca contradigo.
Dios me libre del día de las alabanzas.
Cuando me dejen en el lecho
donde nadie se da la media vuelta
para dormir el sueño eterno,
volverán compungidos
muchos de los que me dejaron dentro.
Serán falsos sollozos
descontados tiempo ha del haber de los afectos.
Me sobra capital
de quienes quise y me quisieron.
Así que resérvense halagos y alabanzas
los farsantes el día que esté muerto.
Amor deshabitado
Off, de Edmund Blair Leighton.
Bécquer mandaba al aire los suspiros,
las lágrimas al mar.
Ignoraba el destino del amor
cuando hay olvido.
¿Subsistirán los sentimientos
deshabitados de personas?
¿A dónde va el dolor cuando abandona
el cuerpo del enfermo fallecido?
¿Y la ternura que provoca
la franca inocencia de los niños?
¿Vagan dispersos por el éter
a la espera de nuevos inquilinos?
Si os dejáis caer por estos lares
traed amor
que aún no he consumido
y quedaos con los pesares,
que de tales sinsabores
tengo el corazón servido.








